Llegó al palacio como una simple secretaria del rey vampiro, pero una noche descubrieron que su sangre escondía el secreto más peligroso del reino
Llegó al palacio como una simple secretaria del rey vampiro, pero una noche descubrieron que su sangre escondía el secreto más peligroso del reino

PARTE 1
La noche en que entré al salón del rey vampiro con un vestido rojo, no sabía que estaba a punto de revelar un secreto que podía cambiar todo el reino.
Durante casi un año trabajé para Lucian Thorne, el hombre más temido del mundo sobrenatural.
Y aunque todos a mi alrededor me advertían que nunca debía acercarme demasiado a él, yo era la única persona en el palacio que se atrevía a discutir sus decisiones.
Mi nombre es Isabella Rose, aunque casi todos me llamaban Bella.
Cuando acepté el puesto de secretaria personal del rey, pensé que solo sería un trabajo difícil.
No imaginaba que terminaría descubriendo una verdad sobre mi propia sangre que nadie había querido contarme.
El Palacio Thornwood era un lugar impresionante.
Torres oscuras, pasillos interminables y criaturas que parecían existir solo en las historias que la gente contaba para asustar a los niños.
Pero yo estaba ahí todos los días.
Organizaba reuniones.
Preparaba documentos.
Y ayudaba a un rey que parecía no necesitar a nadie.
Lucian Thorne tenía una reputación imposible de ignorar.
Decían que había vivido durante siglos.
Que ningún enemigo se atrevía a desafiarlo.
Que su corazón se había vuelto frío después de perder a las personas que más amaba.
Y, sinceramente, al principio yo también creía que era alguien incapaz de sentir algo.
Hasta que empecé a verlo de otra manera.
Porque detrás de esa imagen de rey perfecto había un hombre cansado.
Un hombre que nunca descansaba.
Un hombre que siempre estaba protegiendo a todos, pero que jamás permitía que alguien lo protegiera a él.
Lo extraño era que conmigo actuaba diferente.
Cuando entraba a su oficina, levantaba la mirada.
Cuando todos aceptaban sus órdenes sin cuestionar, yo le decía cuando estaba equivocado.
Y aunque fingía molestarse, sabía que escuchaba cada palabra.
Esa noche se celebraba la reunión más importante del año.
Líderes vampiros, brujas, hombres lobo y representantes de diferentes clanes llegarían al palacio para discutir el futuro del mundo sobrenatural.
Como secretaria del rey, debía estar presente.
Antes de salir de mi habitación miré mi reflejo.
Había elegido un vestido rojo elegante.
No porque quisiera llamar la atención.
Sino porque estaba cansada de sentir que debía esconderme para encajar en un lugar donde todos intentaban hacerme sentir pequeña.
—No tengo miedo —me dije a mí misma.
Y por primera vez lo creí.
Cuando entré al gran salón, todas las conversaciones disminuyeron.
Sentí cientos de miradas sobre mí.
Algunos vampiros me observaban con curiosidad.
Otros parecían preguntarse por qué una humana caminaba con tanta seguridad dentro del palacio del rey.
Pero entonces vi a Lucian.
Estaba hablando con otros líderes, pero dejó de escuchar en cuanto me vio.
Su expresión cambió.
Como si durante unos segundos hubiera olvidado dónde estaba.
Intentó mantener la calma, pero pude notar la tensión en su rostro.
No entendía por qué.
Hasta que otro vampiro se acercó.
Se llamaba Vincent.
Era joven, arrogante y demasiado confiado.
Comenzó a hablar conmigo como si ya me conociera.
Yo intenté ser amable y mantener la distancia.
Pero desde el otro lado del salón sentí la mirada de Lucian.
No era enojo normal.
Era algo mucho más intenso.
Cuando Vincent insistió en quedarse conmigo, Lucian finalmente dejó de observar.
Caminó hacia nosotros.
Todo el salón quedó en silencio.
Incluso los seres más poderosos parecían saber que algo estaba a punto de ocurrir.
Lucian llegó a mi lado y miró al otro vampiro.
No levantó la voz.
No necesitó hacerlo.
Su presencia fue suficiente.
Después se volvió hacia mí.
Y con una expresión que nunca había visto antes, dijo:
—Isabella… tenemos que hablar.
No entendía qué estaba pasando.
Pensé que estaba molesto conmigo.
Pensé que quizá había cruzado una línea.
Pero cuando cerró la puerta de su oficina y se quedó frente a mí, comprendí que no era enojo lo que veía en sus ojos.
Era miedo.
Y entonces dijo algo que jamás esperaba escuchar de un rey vampiro.
—No tienes idea de lo peligrosa que es tu presencia aquí.
PARTE 2
Me quedé inmóvil.
Durante meses había pensado que el peligro dentro del palacio eran los vampiros.
Pero ahora entendía que quizá el mayor misterio era yo.
—¿De qué estás hablando? —pregunté.
Lucian caminó hasta la ventana.
Por primera vez desde que lo conocía, parecía no tener una respuesta preparada.
—He intentado ignorarlo durante mucho tiempo —dijo finalmente—. Pero cada día es más difícil.
No sabía si hablaba de mi seguridad o de algo más.
Entonces volvió a mirarme.
—Todos en este palacio han sentido que eres diferente.
Negué con la cabeza.
—Soy humana.
Pero Lucian no respondió.
Y esa pausa fue suficiente para preocuparme.
Antes de que pudiera preguntarle más, la puerta se abrió.
Era Marcus, uno de los guardias de confianza del rey.
Su expresión era seria.
—Majestad, la líder de las brujas necesita hablar con Isabella.
Lucian inmediatamente cambió.
Volvió a ser el rey.
Protector.
Autoritario.
Pero ahora había algo nuevo.
Preocupación.
Cuando llegamos a la cámara del consejo, una anciana bruja llamada Olandra me observó durante varios segundos.
Como si estuviera viendo algo que yo no podía ver.
—Finalmente te encontramos —susurró.
Sentí un escalofrío.
—Creo que hay un error. Yo solo soy una secretaria.
La mujer negó lentamente.
—No, Isabella. Esa es la historia que te hicieron creer.
Entonces reveló algo que cambió todo.
Mi familia no había desaparecido por casualidad.
Mis padres habían intentado ocultarme porque pertenecía a un linaje casi desaparecido.
Un grupo antiguo conocido como los Nightborn.
Personas con una conexión especial con la magia.
Personas capaces de resistir ciertos poderes vampíricos.
Toda mi vida pensé que era normal.
Pensé que las pequeñas coincidencias extrañas eran simplemente suerte.
Pero ahora entendía por qué podía caminar por lugares protegidos con magia.
Por qué algunas criaturas nunca pudieron influenciarme.
Y por qué Lucian había sentido que algo era diferente desde el primer día.
Pero había un problema.
Alguien más también había descubierto mi identidad.
Un antiguo grupo de vampiros quería encontrarme.
No por quién era como persona.
Sino por lo que representaba.
Mi existencia podía cambiar el equilibrio entre los mundos.
Esa misma noche, el palacio fue atacado.
Las puertas se cerraron.
Las alarmas comenzaron a sonar.
Y por primera vez vi a Lucian perder la calma.
No porque tuviera miedo por él.
Sino porque tenía miedo de perderme a mí.
Me escondieron en una antigua cámara mientras los guardias protegían el palacio.
Pero algo dentro de mí sabía que no podía quedarme esperando.
Por primera vez, sentí algo despertando.
Una energía que siempre había estado ahí.
Una fuerza que no entendía.
Cuando pensé en Lucian, cuando sentí que estaba en peligro, esa energía respondió.
Una luz violeta apareció en mis manos.
Me quedé mirando sin poder creerlo.
No era miedo.
Era como si una parte de mí hubiera estado esperando toda mi vida ese momento.
Encontré a Lucian en el gran salón.
Estaba herido, pero seguía luchando.
Cuando me vio, su primera reacción no fue alegría.
Fue preocupación.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
Sonreí ligeramente.
—Supongo que ya no soy tan indefensa como pensabas.
Por primera vez, vi al rey vampiro quedarse sin palabras.
Los demás seres sobrenaturales también observaron.
Porque ya no veían a una simple secretaria humana.
Veían a alguien que había estado escondiendo su verdadero poder.
Después de esa noche, nada volvió a ser igual.
Yo ya no era la mujer que había llegado al palacio buscando un empleo.
Y Lucian ya no era solamente el rey al que todos temían.
Era alguien que había elegido protegerme.
No por mi sangre.
No por mi destino.
Sino por quien era realmente.
Tiempo después, cuando me preguntaron qué sentí la primera vez que entré al Palacio Thornwood, siempre respondí lo mismo:
Pensé que estaba entrando al hogar de un monstruo.
Pero descubrí que, detrás de la oscuridad de un rey inmortal, también podía existir un corazón que llevaba siglos esperando encontrar a alguien.