Llegaron seis amigos a la cabaña… pero después de perder a uno, alguien contó seis personas otra vez dentro de la sala.

Llegaron seis amigos a la cabaña… pero después de perder a uno, alguien contó seis personas otra vez dentro de la sala.

PARTE 1

Claudia siempre creyó que aquellas vacaciones serían uno de los mejores recuerdos de su juventud.

Después de un semestre agotador en la universidad, ella y cinco amigos decidieron alejarse durante unos días de tareas, exámenes y teléfonos. Eran seis en total: tres hombres y tres mujeres.

Encontraron por internet una cabaña en la Sierra Norte de Puebla. Las fotografías mostraban un lugar rodeado de bosque, con una gran alberca y suficiente espacio para pasar varios días completamente aislados.

Parecía perfecto.

Llegaron por la tarde cargados de comida, bebidas, una bocina y demasiadas ganas de divertirse.

Mientras algunos bajaban las maletas, Claudia y sus amigas comenzaron a recorrer la casa.

Una de ellas subió al segundo piso para escoger habitación.

No habían pasado ni diez minutos cuando escucharon pasos rápidos sobre las escaleras.

La muchacha apareció completamente pálida.

—¿Qué te pasó?

Tardó varios segundos en responder.

—Había alguien detrás de mí.

Los demás se miraron.

Ella explicó que estaba frente al espejo arreglándose el cabello cuando sintió que un mechón se levantaba solo. Al mirar el reflejo, vio una pequeña silueta detrás de ella.

Parecía una niña.

Todos intentaron tranquilizarla.

Uno incluso comenzó a bromear.

—Seguro fue el viaje. Relájate.

Pero ella insistía en que había visto algo.

Horas después, mientras todos estaban cerca de la alberca, Ernesto decidió demostrarle que no existía ningún motivo para tener miedo.

—Voy a revisar ese cuarto.

Subió solo.

Los demás esperaban verlo regresar riéndose.

Pero cuando Ernesto bajó, ya no sonreía.

Tenía el rostro blanco.

—Vi una niña.

El ambiente cambió inmediatamente.

Ernesto explicó que había revisado la habitación y no encontró nada. Sin embargo, al salir al pasillo vio a una pequeña de unos siete años caminando hacia otro cuarto.

Pensando que podía tratarse de alguien que se había metido a la propiedad, la siguió.

La niña entró en una habitación.

Ernesto llegó segundos después.

No había nadie.

Revisó debajo de la cama.

Dentro del armario.

Detrás de la puerta.

Nada.

Dos personas del grupo ya estaban convencidas de que algo extraño ocurría en aquella cabaña.

Los demás no querían escuchar.

Habían esperado meses por esas vacaciones y no permitirían que una historia de fantasmas arruinara la primera noche.

Pusieron música.

Abrieron bebidas.

Intentaron seguir divirtiéndose.

Pero conforme cayó la oscuridad, el ambiente se volvió cada vez más pesado.

Finalmente decidieron que nadie dormiría arriba. Todos pasarían la noche juntos en la sala.

A uno de los chicos no le gustó la idea.

—Están arruinando todo por una tontería.

Discutió con el grupo y salió molesto hacia la alberca.

—Yo voy a seguir disfrutando. Si ustedes quieren quedarse encerrados muertos de miedo, es su problema.

Los otros cinco permanecieron dentro.

Pasaron las horas.

Cerca de la medianoche escucharon sonidos afuera.

Parecía que su amigo intentaba gritar.

También se escuchaba como si tuviera dificultades para respirar.

Uno de ellos negó con la cabeza.

—Está haciendo eso para asustarnos. No le hagan caso.

Los sonidos continuaron.

Después cesaron.

Pasaron algunos minutos.

Finalmente uno de los muchachos salió para pedirle que terminara con la broma.

Miró hacia la alberca.

Su amigo estaba flotando inmóvil sobre el agua.

—¡Ya estuvo! —gritó—. ¡Deja de jugar!

No respondió.

Entonces los demás salieron.

Claudia vio cómo uno de ellos entraba desesperadamente a la alberca para sacarlo.

Segundos después levantó la mirada hacia todos.

Su expresión fue suficiente.

Aquello no era una broma.

Y en ese instante Claudia comprendió que, mientras ellos habían estado encerrados intentando protegerse de algo que no podían ver…

su amigo había dejado de responder a pocos metros de la cabaña.

PARTE 2

El pánico se apoderó del grupo.

Intentaron llamar a emergencias, pero ninguno de los teléfonos tenía señal.

También descubrieron otro problema: estaban demasiado lejos del poblado y el transporte que los había llevado hasta allí no regresaría hasta la mañana siguiente.

No tenían forma segura de salir.

Así que tomaron una decisión terrible.

Pasarían el resto de la noche despiertos, todos juntos, esperando que amaneciera.

Nadie volvió a mencionar a la niña.

Ya no era necesario.

Cada crujido de la madera hacía que todos giraran la cabeza.

Cada sombra parecía moverse.

Claudia intentaba encontrar una explicación racional.

Tal vez su amigo había sufrido algún problema repentino.

Tal vez había entrado a la alberca después de beber y algo había salido mal.

Pero entonces recordaba a su amiga mirando aterrorizada hacia el espejo.

Recordaba a Ernesto asegurando que había seguido a una niña hasta una habitación vacía.

Y sentía que algo no encajaba.

Las horas avanzaron lentamente.

Nadie durmió realmente.

Algunos permanecían sentados con los ojos cerrados durante unos minutos, tratando simplemente de descansar.

Cuando finalmente comenzó a entrar la primera luz de la mañana por las ventanas, uno de los muchachos se levantó para ir al baño.

Regresó pocos minutos después.

Al entrar en la sala se detuvo.

Claudia estaba sentada junto a los demás.

Él comenzó a contar mentalmente.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

Pero había alguien más.

Una sexta figura estaba sentada con ellos.

El joven permaneció inmóvil.

Durante un segundo pensó que el cansancio lo estaba confundiendo.

Miró otra vez.

La figura continuaba allí.

—¿Quién eres? —preguntó.

Nadie respondió.

Claudia abrió los ojos al escuchar la voz de su amigo.

La misteriosa figura levantó lentamente el rostro.

El muchacho gritó.

Todos despertaron sobresaltados.

—¡Ahí! ¡Hay alguien ahí!

Señaló hacia un rincón de la sala.

Pero ya no había nadie.

—Estaba sentado con nosotros —insistía—. ¡Éramos seis otra vez!

La frase provocó un silencio absoluto.

Porque todos entendieron inmediatamente lo que quería decir.

Ellos habían llegado seis personas a la cabaña.

Pero después de lo ocurrido junto a la alberca, solamente cinco permanecían dentro.

Y aun así, durante unos instantes, habían vuelto a ser seis.

Nadie quiso permanecer allí un minuto más.

Tan pronto como hubo suficiente luz, buscaron ayuda.

Personas de la zona llegaron hasta la propiedad y posteriormente aparecieron las autoridades.

Durante semanas, Claudia y sus amigos tuvieron que responder preguntas.

La historia sobre una niña en el espejo, una figura caminando por el pasillo y una sexta presencia sentada entre ellos sonaba imposible.

La investigación finalmente concluyó que no existían indicios de que otra persona hubiera provocado lo sucedido a su amigo.

Aquello debería haberlos tranquilizado.

No lo hizo.

Porque ninguna investigación podía explicar lo que habían visto dentro de aquella casa.

Después de regresar a sus vidas, el grupo comenzó a distanciarse.

Ya no organizaron reuniones.

No volvieron a viajar juntos.

Y prácticamente dejaron de hablar sobre aquella noche.

La amistad que había llevado a seis jóvenes hasta aquella cabaña terminó allí.

Claudia nunca regresó.

Tampoco quiso investigar demasiado sobre la historia del lugar.

Solo sabe que aquella propiedad continuó existiendo y que otras personas podían seguir alquilándola sin conocer lo sucedido.

A veces todavía piensa en algo que la inquieta más que todo lo demás.

Durante la primera tarde, aquella pequeña figura apareció detrás de su amiga.

Después Ernesto vio a una niña caminar tranquilamente por el segundo piso, como si aquella casa le perteneciera.

Y al amanecer, cuando solamente quedaban cinco amigos reunidos en la sala, alguien volvió a completar el grupo.

Seis personas.

Exactamente el mismo número con el que habían llegado.

Por eso, cuando alguien le pregunta a Claudia qué fue lo peor de aquellas vacaciones, ella nunca responde que fue el bosque, la alberca o aquella cabaña aislada.

Siempre dice lo mismo:

—Lo peor fue descubrir demasiado tarde que desde el momento en que llegamos… nunca estuvimos solos.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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