Le dijo pobrecito al lobo sin saber que consolaba al Rey Alfa

Le dijo pobrecito al lobo sin saber que consolaba al Rey Alfa

PARTE 1

Nunca imaginé que la criatura más temida del reino terminaría encontrando refugio en mi pequeña cabaña.

Para todos, el Rey Alfa Casian Vilhart era una leyenda. Un líder invencible, un guerrero que había derrotado enemigos durante años y cuyo nombre hacía temblar incluso a los lobos más fuertes.

Pero aquella tarde de invierno, yo no encontré a un rey.

Encontré a un animal herido que parecía tener más miedo de sí mismo que de mí.

Mi nombre es Ara, una simple Omega que vivía lejos de la capital, en un pequeño huerto de manzanos abandonado. Aquella tarde solo buscaba hierbas medicinales para ayudar a Martha Bell, una anciana del pueblo que sufría dolores en las articulaciones.

La nieve cubría los árboles y el silencio era tan profundo que podía escuchar el agua derritiéndose bajo las raíces.

Entonces escuché un sonido extraño.

No era un gruñido de amenaza.

Era un sonido de dolor.

Seguí el ruido hasta un viejo muro de piedra derrumbado y allí lo vi.

Un enorme lobo negro estaba tendido entre las raíces de un antiguo manzano. Su pelaje brillaba bajo la nieve y una línea plateada cruzaba su pecho como un rayo de luna.

Era demasiado grande.

Demasiado poderoso.

Cualquier persona habría huido.

Pero yo vi la sangre en su hombro. Vi cómo sus garras estaban enterradas en la tierra helada, como si estuviera luchando contra algo dentro de su propio cuerpo.

—Pobrecito… —susurré.

El lobo abrió sus ojos plateados y me miró con una dignidad tan orgullosa que casi sonreí.

—Sí, ya sé que das miedo. Pero incluso las criaturas aterradoras pueden tener un mal día, ¿verdad?

No sabía que aquel lobo podía entender cada palabra.

No sabía que detrás de esos ojos estaba el hombre más poderoso del reino.

Casian estaba sufriendo por un veneno oscuro llamado Matalobos Negro. La sustancia había alterado su transformación y había convertido cada instinto en una amenaza.

Había escapado de sus propios guardias porque temía lastimarlos.

Pero conmigo ocurrió algo diferente.

Cuando me acerqué lentamente y coloqué mi bufanda sobre su cuerpo, algo cambió.

Su respiración se calmó.

Sus garras dejaron de romper la tierra.

Y su lobo reconoció algo que ninguno de los dos esperaba.

Una compañera.

Yo solo pensé que había encontrado un animal perdido.

—Voy a ayudarte, pero por favor no muerdas mi ropa. Es la única buena que tengo.

El enorme lobo me miró como si hubiera insultado su orgullo.

Aun así, permitió que lo llevara hasta mi cabaña.

La tarea fue mucho más difícil de lo esperado. Intenté improvisar un pequeño trineo con ramas y una cuerda, pero se rompió inmediatamente bajo su peso.

Me quedé mirando las ramas destruidas.

Él seguía acostado sobre mi manta como si fuera un noble descansando en un palacio.

—¿Podrías ayudar un poco?

El lobo apartó la mirada.

Por alguna razón, parecía ofendido.

Después de varios intentos, finalmente consiguió caminar hasta mi cabaña.

Aquella noche limpié su herida junto al fuego. Mientras mis manos curaban sus heridas, hablaba con él como si fuera un vecino difícil de convencer.

No sabía por qué, pero aquel lobo parecía entenderme.

Nunca había visto un animal aceptar la ayuda de alguien con tanta tristeza en los ojos.

Mientras dormía junto al fuego, apoyé una mano sobre su cabeza.

—Descansa. Nadie te hará daño aquí.

Por primera vez en muchos años, el Rey Alfa Casian Vilhart durmió sin miedo.

Pero mientras yo creía haber salvado a un simple lobo herido, alguien más ya había encontrado sus huellas.

Y al amanecer, cuando abrí los ojos, descubrí que mi huésped no era un animal.

Era un hombre.

Un hombre enorme, de cabello oscuro y ojos plateados, acostado junto a mi chimenea.

Mi mano todavía estaba sobre su pecho.

Y cuando él abrió los ojos, me miró directamente.

—¿Sabes quién soy? —preguntó con una voz profunda.

Yo levanté lentamente una sartén.

—No.

Hice una pausa.

—Pero supongo que tú sabes dónde está mi lobo.

El extraño guardó silencio.

Entonces dijo:

—Ara… yo soy ese lobo.

PARTE 2

Pensé que era una broma.

Un truco.

Cualquier cosa menos la verdad.

Pero cuanto más lo observaba, más imposible era negarlo.

La herida estaba exactamente en el mismo lugar donde había tratado al lobo. Sus ojos eran iguales. Su aroma era el mismo: cedro, bosque frío y tormenta.

El hombre frente a mí no era un desconocido.

Era Casian Vilhart.

El Rey Alfa que todo el reino buscaba.

—¿Me estás diciendo que el lobo que dormía junto a mi chimenea era un rey? —pregunté.

Casian bajó la mirada.

—Preferiría que recordaras al lobo.

Aquella respuesta me sorprendió.

Porque por primera vez no vi a un rey.

Vi a un hombre cansado.

Un hombre que había pasado demasiado tiempo siendo fuerte para todos los demás.

Él me explicó que el veneno había debilitado su transformación y que regresar al palacio era peligroso. Si sus enemigos descubrían su estado, intentarían destruirlo.

Pero había algo que no podía perdonarle.

Me había ocultado la verdad.

—Yo confié en el lobo —le dije—. No sé si puedo confiar en el rey.

Casian aceptó mis palabras sin defenderse.

Eso fue lo que más me sorprendió.

Un hombre con tanto poder podría haber ordenado mi silencio.

Pero no lo hizo.

Antes de que pudiéramos hablar más, llegaron los guardias reales.

El capitán Rowen Hale se arrodilló frente a él.

—Su Majestad, el reino está cayendo sin usted.

Mi corazón se detuvo.

El lobo que había cuidado durante días era realmente el rey.

Casian tuvo que regresar a la capital.

Pero antes de irse me prometió algo.

—Volveré.

No sabía si creerle.

Los reyes siempre prometen cosas que olvidan.

Esa misma noche, soldados llegaron a mi puerta.

Traían una orden de arresto.

Decían que yo había usado magia prohibida para controlar al Rey Alfa.

Pero algo estaba mal.

El sello era falso.

La cera era negra.

El verdadero sello de Casian era plateado.

Alguien quería culparme.

Alguien quería eliminarme.

Me llevaron al palacio, donde los nobles me miraron como si fuera una amenaza.

El consejo me acusó de manipular al rey.

Yo solo había curado una herida.

Solo había ofrecido comida.

Solo había dado un lugar seguro a un ser que todos temían.

Entonces las puertas del salón se abrieron.

Casian entró.

Ya no llevaba la ropa sencilla de mi cabaña.

Vestía como un rey.

La corona descansaba sobre su cabello oscuro.

Todos se inclinaron.

Pero él no miró al consejo.

No miró a los nobles.

Me miró a mí.

Y delante de todo el reino dijo una frase que nadie esperaba:

—Ella no me controló.

Silencio absoluto.

Casian caminó hasta quedar frente a mí.

—Ella fue la única persona que me trató como un hombre cuando todos solo veían un rey.

El consejo quedó sin palabras.

Pero entonces Lord Verck sonrió.

Porque todavía tenía una última carta.

Y cuando reveló el verdadero motivo por el que Casian había huido del palacio, todo el reino descubrió que el mayor enemigo del Rey Alfa no estaba fuera de sus fronteras…

Estaba sentado dentro del propio consejo.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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