La Sirvienta Amamantó en Secreto al Bebé Moribundo del Rey Vampiro… Pero Cuando Dominic Descubrió Qué Corría Realmente por las Venas de Ella, Toda la Ciudad Sobrenatural Quiso Capturarla
La Sirvienta Amamantó en Secreto al Bebé Moribundo del Rey Vampiro… Pero Cuando Dominic Descubrió Qué Corría Realmente por las Venas de Ella, Toda la Ciudad Sobrenatural Quiso Capturarla

PARTE 1
Dominic Hastings podía comprar casi cualquier cosa.
Hospitales privados.
Médicos imposibles de contratar.
Edificios enteros de Manhattan.
Durante siglos había sobrevivido a guerras, traiciones y enemigos que ni siquiera figuraban en los libros de historia.
Pero aquella noche estaba perdiendo contra algo mucho más sencillo.
El hambre de su hijo.
Lucas había nacido apenas unas semanas antes. Era un dhampir, hijo de Dominic y de Victoria, una mujer humana que había muerto durante el parto.
Desde entonces, el bebé rechazaba todo.
Fórmula.
Sangre procesada.
Nutrientes intravenosos.
Cada día estaba más delgado.
El médico privado de Dominic finalmente pronunció las palabras que nadie quería escuchar.
—Si esto continúa, le quedan muy pocos días.
Dominic no respondió.
Solo permaneció frente a la incubadora observando cómo su hijo respiraba con dificultad.
En otra parte de la mansión trabajaba Nerra Henderson.
Había sido contratada como sirvienta temporal.
Nadie conocía su secreto.
Nerra también acababa de perder un bebé.
Su hija Sophie había nacido sin vida.
Su cuerpo, sin embargo, seguía produciendo leche.
Cada llanto de Lucas atravesaba los pasillos y golpeaba el mismo lugar roto dentro de ella.
Hasta que una noche dejó de escuchar su llanto.
Eso fue peor.
Nerra entró en la habitación creyendo que iba a cambiar unas sábanas.
Vio al pequeño dentro de la incubadora.
Pálido.
Débil.
Con la boca abriéndose desesperadamente buscando alimento.
Entonces su cuerpo reaccionó.
Nerra miró hacia la puerta.
Sabía que podían despedirla.
Sabía que Dominic era peligroso.
Pero también sabía que no soportaría ver morir a otro niño.
Lo tomó entre sus brazos.
Y lo alimentó.
Lucas se aferró a ella inmediatamente.
Nerra comenzó a llorar cuando escuchó el sonido de su garganta tragando.
El monitor cambió.
Su pulso se estabilizó.
El color regresó lentamente a sus mejillas.
—Estás comiendo… —susurró ella—. Dios mío, estás comiendo.
Entonces una voz helada sonó detrás.
—¿Qué demonios estás haciendo?
Nerra se quedó inmóvil.
Dominic estaba en la puerta.
Sus ojos eran rojos.
Sus colmillos estaban completamente expuestos.
En un instante estuvo frente a ella.
—¿Te atreves a tocar a mi hijo?
Nerra protegió instintivamente al bebé con su cuerpo.
Pero Dominic se detuvo.
Lucas estaba comiendo.
No vomitaba.
No se ahogaba.
Su corazón latía con fuerza.
Dominic cayó lentamente de rodillas.
—¿Cómo…?
Nerra tragó saliva.
—Perdí a mi hija. Mi cuerpo todavía produce leche. Solo quería intentarlo.
Dominic observó a Lucas.
Después a ella.
Aquella misma noche ordenó analizar la leche de Nerra.
El resultado cambió todo.
—No eres completamente humana —le explicó Dominic.
Nerra se rió nerviosamente.
—Mis padres eran contadores de Syracuse.
—Llevas sangre Aurelian.
Era un antiguo linaje humano que los vampiros creían extinto. Su sangre tenía propiedades capaces de fortalecer, curar y estabilizar organismos vampíricos.
El embarazo de Nerra había despertado aquel gen dormido.
Y Lucas estaba despertándolo todavía más.
Su leche no solo alimentaba al bebé.
Lo estaba reparando.
En pocos días Lucas comenzó a ganar peso.
Nerra empezó a ver en la oscuridad.
A escuchar corazones detrás de las paredes.
Sus heridas pequeñas desaparecían demasiado rápido.
Y alguien más descubrió que una Aurelian seguía viva.
Camila Laurent, enemiga ancestral de Dominic y figura poderosa del Alto Consejo Vampírico.
—Tráiganme a la mujer viva —ordenó—. Y al niño también.
Poco después, Dominic tuvo que abandonar la mansión para asistir a un evento público.
Dejó guardias alrededor de Nerra y Lucas.
Pero esa noche Nerra despertó con una sensación extraña.
Escuchó el pasillo.
Nada.
Los corazones de los guardias habían desaparecido.
Tomó a Lucas.
Lo envolvió contra su pecho.
Entonces escuchó el sonido electrónico de la cerradura.
La puerta se abrió.
Un hombre vestido de negro entró lentamente.
Sus ojos brillaban en color ámbar.
Sacó una larga hoja de plata.
—Lady Camila envía sus saludos.
Nerra retrocedió.
—No te llevarás a Lucas.
El asesino sonrió.
—No necesito que cooperes.
Dio un paso hacia ella.
—Solo necesito que sigas viva el tiempo suficiente para extraer tu sangre.
PARTE 2
Nerra agarró lo primero que encontró.
Una pesada estatua de bronce.
El asesino atacó con una velocidad que una persona normal ni siquiera habría podido seguir.
Pero Nerra ya no era una persona normal.
El mundo pareció ralentizarse.
Esquivó la primera cuchillada.
Golpeó la rodilla del vampiro con la estatua y escuchó el hueso quebrarse.
No esperó.
Corrió hacia el baño reforzado de la suite y cerró la puerta de seguridad.
Lucas comenzó a llorar.
—Estoy aquí —susurró Nerra—. Mamá está aquí.
La palabra salió de su boca antes de que pudiera pensarla.
Mamá.
Ya no importaba que no compartieran sangre.
Ella había salvado a aquel niño.
Y estaba dispuesta a morir protegiéndolo.
El primer golpe contra la puerta hizo temblar las paredes.
El segundo rompió una bisagra.
El tercero arrancó la puerta completamente.
El asesino entró mostrando los colmillos.
—Me rompiste la rodilla.
Levantó la hoja de plata.
—Voy a llevarme algo tuyo a cambio.
Nerra abrazó a Lucas y cerró los ojos.
La cuchilla nunca llegó.
Escuchó un impacto brutal.
Cuando abrió los ojos, Dominic estaba entre ella y el atacante.
Había regresado.
El asesino estaba muerto.
Dominic permanecía inmóvil, cubierto de sangre, con los ojos convertidos en un rojo aterrador.
Nerra debería haberle tenido miedo.
En cambio, caminó hacia él.
Le tocó la mejilla.
—Volviste.
Aquellas dos palabras destruyeron algo dentro del vampiro.
Dominic cayó de rodillas y rodeó con los brazos a Nerra y Lucas.
—Entraron en mi casa —dijo con voz rota—. Amenazaron a mi hijo.
Levantó la mirada.
—Intentaron llevarte.
La rabia regresó a sus ojos.
—Mañana desaparece el Alto Consejo.
Pero primero necesitaban descubrir cómo había conseguido entrar el asesino.
Las defensas de la mansión requerían una llave biológica vinculada con alguien de dentro.
La investigación condujo a un nombre que Nerra conocía demasiado bien.
Harrison.
El hombre con quien había vivido durante dos años.
El padre de Sophie.
O eso había creído.
Dominic se sentó frente a ella.
—Harrison Gallagher nunca fue agente de seguros.
Su verdadero nombre era Harrison Croft.
Era un familiar humano ligado mediante juramento de sangre a Camila Laurent.
Nerra sintió que el suelo desaparecía.
—Vivimos juntos dos años.
—Te estaba vigilando.
Camila llevaba décadas buscando descendientes del linaje Aurelian. Sus agentes infiltraban bases de datos médicas y observaban análisis sanguíneos anormales.
El embarazo de Nerra había llamado su atención.
Harrison fue enviado para acercarse a ella.
Para ganarse su confianza.
Para controlar al bebé cuando naciera.
—¿Sophie murió por ellos? —preguntó Nerra.
Dominic negó con firmeza.
La niña había muerto debido a la inestabilidad genética del linaje Aurelian.
Pero después de la pérdida, Harrison comprendió que su misión había fracasado y huyó.
Antes de hacerlo dejó una muestra del cabello de Nerra.
Su ADN.
La llave que permitió al asesino atravesar las defensas de la mansión.
Nerra dejó de llorar.
Algo dentro de ella cambió.
Sus ojos adquirieron un tenue resplandor dorado.
—Dijiste que ibas contra Camila.
—Sí.
—Entonces necesitarás una ventaja.
Dominic comprendió demasiado tarde lo que pretendía hacer.
Nerra descubrió su cuello.
—Bebe de mí.
Él retrocedió.
—No sabes lo que estás ofreciendo.
La sangre Aurelian no era simplemente alimento.
Si Dominic bebía directamente de ella, se crearía un vínculo permanente.
—Harrison me robó dos años —respondió Nerra—. Camila envió a alguien para llevarse al niño que acabo de salvar.
Lo miró directamente.
—Usa lo que querían robarme.
Dominic luchó contra sí mismo.
—Nerra…
—Hazlo.
Él finalmente hundió los colmillos.
La sangre Aurelian entró en su organismo como fuego líquido.
Su piel perdió el frío habitual.
Sus músculos se tensaron.
Sus ojos adquirieron destellos dorados entre el rojo.
El poder que recorrió su cuerpo fue tan enorme que incluso Nerra pudo sentirlo a través del vínculo recién creado.
Dominic se separó.
Besó su frente.
—Volveré antes de que anochezca.
El Obsidian Club era considerado inexpugnable.
Allí gobernaba el Alto Consejo.
Dominic entró por la puerta principal.
No negoció.
Las armas diseñadas para matar vampiros apenas consiguieron dañarlo.
La sangre de Nerra había transformado temporalmente cada célula de su cuerpo.
Cuando llegó ante Camila, ella intentó utilizar magia de sangre.
El ataque golpeó directamente su pecho.
Dominic ni siquiera retrocedió.
Camila miró el brillo dorado de sus ojos.
Y comprendió.
—Bebiste de ella.
Dominic avanzó.
—No solo encontré a una Aurelian.
La tomó por el cuello.
—Encontré a mi reina.
Camila murió allí mismo.
Después Dominic se volvió hacia los demás miembros del consejo.
—La ciudad está bajo mi autoridad.
Nadie discutió.
—Si vuelven a acercarse a mi hijo o a Nerra, no terminaré solamente con ustedes. Terminaré con todo su linaje.
Uno a uno, los antiguos vampiros inclinaron la cabeza.
Cuando Dominic regresó a Hudson Valley, Nerra estaba esperando en el vestíbulo con Lucas en brazos.
El bebé estaba sano.
Despierto.
Mordisqueándose tranquilamente el puño.
Dominic se acercó.
Su traje estaba destruido.
Pero por primera vez desde la muerte de Victoria y el nacimiento de Lucas, ya no parecía un hombre aplastado por el miedo.
Se arrodilló frente a Nerra.
Tomó su mano.
—El consejo terminó.
Besó sus nudillos.
—Estás a salvo.
Miró al bebé.
—Lucas está a salvo.
Nerra sonrió.
—Lo sé.
Dominic levantó la mirada.
—¿Cómo?
Ella colocó una mano sobre su pecho.
—Lo sentí.
El vínculo seguía allí.
Dominic se puso de pie y rodeó a ambos con los brazos.
Un rey vampiro temido durante siglos.
Una mujer que había entrado en la mansión usando uniforme de sirvienta.
Y un niño nacido entre dos mundos.
Nerra apoyó la cabeza contra Dominic.
Había llegado a aquella casa rota.
Había perdido a Sophie.
Había descubierto que el hombre al que había amado nunca había sido quien decía ser.
Había sido vigilada como si su cuerpo fuera una mercancía.
Pero Lucas le había dado un lugar donde poner todo el amor que no había podido entregar.
Y Dominic, el monstruo que toda la ciudad temía, había sido el primero en mirar su dolor sin intentar utilizarlo.
—¿Qué soy ahora? —preguntó ella.
Dominic miró a Lucas.
Después a ella.
—Lo que tú elijas ser.
Nerra observó las enormes puertas de la mansión.
Al llegar había entrado por la puerta de servicio.
Como una empleada temporal.
Como alguien destinada a pasar desapercibida.
Ahora el mundo sobrenatural conocía su nombre.
Y nadie volvería a decidir por ella.
Nerra abrazó un poco más fuerte a Lucas.
Dominic puso una mano sobre su espalda.
Por primera vez desde aquella habitación estéril donde había perdido a Sophie, Nerra no sintió que su vida hubiera terminado.
Sintió que algo nuevo acababa de comenzar.
Porque había entrado en la mansión de un rey vampiro creyendo que solo necesitaba un trabajo.
Y terminó descubriendo tres cosas que nadie había podido comprar con todos los millones de Dominic Hastings:
una madre para Lucas, una compañera para el rey… y una reina que jamás volvería a arrodillarse ante nadie.