La rechazaron y la dejaron morir en la nieve, pero un misterioso lobo plateado apareció y cambió el destino de todo un reino
La rechazaron y la dejaron morir en la nieve, pero un misterioso lobo plateado apareció y cambió el destino de todo un reino
PARTE 1
La noche en que todos pensaron que ella moriría congelada, una loba plateada apareció entre la tormenta… y nadie imaginó a quién acababa de salvar.
Durante siglos se creyó que la gran helada del año 1342 había destruido a los clanes del norte por hambre y enfermedad.
Pero algunos documentos antiguos cuentan una historia diferente.
Una historia sobre una mujer desterrada, un secreto capaz de derrumbar un reino y una criatura que apareció cuando todo parecía perdido.
Mi nombre es Rosalind Heatherton, y durante muchos años mi familia intentó borrar lo que ocurrió aquella noche.
Yo era una Omega del clan Montgomery.
En nuestro mundo, los Omegas no eran guerreros ni líderes de ejércitos. Nuestra fuerza era diferente. Podíamos calmar conflictos, sanar heridas emocionales y mantener unido a un grupo cuando el miedo y la rabia amenazaban con destruirlo.
Pero para Cedric Montgomery, el heredero del clan, eso no tenía ningún valor.
Desde jóvenes, todos decían que estábamos destinados a estar juntos. El vínculo entre nosotros había aparecido cuando cumplí la mayoría de edad, y muchos esperaban que algún día yo me convirtiera en su compañera.
Pero Cedric tenía otros planes.
Él quería a alguien que pudiera luchar a su lado, alguien de una familia guerrera. Alguien como Lady Katherina, una mujer famosa por su dureza y por pertenecer a una antigua línea de combatientes.
Yo solo era una Omega.
Y para él, eso significaba debilidad.
La noche del solsticio de invierno, el gran salón estaba lleno. Cientos de miembros del clan observaban mientras Cedric tomaba una decisión que cambiaría la historia.
Recuerdo el sonido del fuego, el silencio de todos y la forma en que evitó mirarme a los ojos.
Entonces anunció que rompía nuestro vínculo.
Sentí como si algo dentro de mí se quebrara.
No fue solo tristeza. Fue como perder una parte de mi propia existencia.
Caí al suelo frente a todos, pero nadie se acercó.
Cedric no mostró compasión.
Dijo que un clan fuerte no podía cargar con alguien como yo.
Después ordenó que me quitaran los símbolos de la familia y que abandonara el territorio.
Afuera esperaba una tormenta que nadie se atrevía a enfrentar.
El viento golpeaba como si quisiera atravesar la piel.
Me dejaron en la nieve con apenas una ropa ligera y sin ninguna posibilidad de sobrevivir.
Mientras caminaba sin rumbo, apenas podía mantener los ojos abiertos.
Pero había algo que Cedric no sabía.
Días antes había descubierto algo escondido en sus habitaciones.
Un documento con un sello prohibido.
Cedric no solo me había rechazado porque no me quería.
Me había apartado porque yo había descubierto su secreto.
Había encontrado pruebas de que planeaba una alianza peligrosa con enemigos del norte.
Yo era la única persona que podía revelar su traición.
Por eso tenía que desaparecer.
La nieve comenzó a cubrir mis huellas.
Mis fuerzas se agotaban.
Llegué al borde de un bosque oscuro y me apoyé contra un árbol.
Por un momento pensé que tal vez sería más fácil cerrar los ojos y dejar que el frío terminara todo.
Entonces escuché algo.
Un sonido que no pertenecía a la tormenta.
Un aullido.
Pero no era como los de mi antiguo clan.
Era más profundo.
Más antiguo.
La tierra pareció quedarse quieta.
Abrí los ojos lentamente y vi una figura enorme entre la nieve.
Al principio pensé que era una ilusión causada por el frío.
Pero la criatura siguió avanzando.
Era un lobo gigantesco con un pelaje plateado que brillaba bajo la luz de la luna.
Sus ojos eran de un azul intenso.
Había cicatrices en su rostro, señales de antiguas batallas.
Yo sabía lo que significaba.
Un lobo plateado no era un animal común.
Era una leyenda.
La última vez que se había visto uno había sido hacía muchas generaciones.
Pensé que había llegado mi final.
Cerré los ojos y esperé.
Pero no sentí colmillos.
Sentí calor.
Cuando volví a mirar, aquella enorme criatura estaba protegiéndome del viento con su propio cuerpo.
Me empujó suavemente con el hocico, como si me ordenara levantarme.
—No puedo… —susurré.
El lobo soltó un sonido bajo, casi como una respuesta.
Después tomó con cuidado la tela rota de mi vestido y comenzó a guiarme por la nieve.
No sabía quién era.
No sabía por qué me ayudaba.
Solo sabía que aquella criatura que todos habrían temido era la única razón por la que seguía viva.
Después de caminar durante horas, llegamos a una cueva escondida entre las montañas.
Dentro había calor.
Había agua y refugio.
Caí sobre la piedra intentando recuperar el aliento.
Entonces escuché un ruido extraño.
Como si algo estuviera cambiando.
Los huesos.
La respiración.
La forma.
Levanté la mirada lentamente…
y el lobo plateado ya no estaba frente a mí.
En su lugar había un hombre herido, cubierto de cicatrices, con los mismos ojos azules que la criatura que acababa de salvarme.
Y cuando abrió la boca para hablar, pronunció un nombre que hizo que mi corazón se detuviera…
Cedric Montgomery.
PARTE 2
—¿Cedric? —pregunté confundida.
El hombre negó lentamente.
Su mirada era fría, pero no hacia mí.
Era una mirada llena de dolor y furia.
—No soy él.
Entonces entendí.
El nombre que había dicho no era el suyo.
Era el nombre del hombre que me había destruido.
El extraño frente a mí se llamaba Alistair St. John.
Y aunque yo todavía no lo sabía, estaba frente al soberano más poderoso de todos los clanes del norte.
Pero en ese momento solo vi a un hombre herido.
Tenía una profunda lesión en el costado y su cuerpo luchaba contra algo que parecía estar envenenándolo.
A pesar de mi propio sufrimiento, algo dentro de mí reaccionó.
Mi naturaleza Omega.
La misma característica que Cedric había despreciado.
Me acerqué y comencé a ayudarlo.
Usé una parte de mi ropa para limpiar la herida y traté de mantenerlo estable.
Poco a poco, el extraño veneno dejó de avanzar.
Alistair me observaba en silencio.
—¿Por qué estabas sola en esa tormenta? —preguntó.
Bajé la mirada.
—Porque mi propio clan me expulsó.
Cuando mencioné a Cedric Montgomery, la expresión de Alistair cambió.
Su calma desapareció.
Porque él también tenía una historia con ese nombre.
Horas antes de encontrarme, había sido atacado.
Los responsables llevaban armas fabricadas por la misma familia Montgomery.
Cedric no solo había traicionado a una mujer.
También había intentado eliminar al líder que podía detener sus planes.
Entonces todo comenzó a encajar.
Mi expulsión no había sido un acto de desprecio solamente.
Había sido una forma de silenciarme.
Alistair me miró fijamente.
—Te enviaron a morir en la nieve para esconder una verdad.
No pude responder.
Porque en ese momento escuchamos algo afuera.
Aullidos.
Muchos.
Los cazadores habían encontrado mi rastro.
Cedric había enviado hombres para asegurarse de que yo nunca regresara.
Alistair se puso de pie aunque todavía estaba herido.
—Quédate detrás de mí.
Poco después, la entrada de la cueva fue rodeada.
Los hombres de Montgomery entraron esperando encontrar una mujer congelada y sin fuerzas.
Pero encontraron algo completamente diferente.
Encontraron al lobo plateado.
El símbolo que todos creían desaparecido.
El líder que nadie esperaba volver a ver.
Los cazadores quedaron paralizados cuando reconocieron quién estaba frente a ellos.
Alistair no necesitó explicar nada.
Su presencia era suficiente.
La verdad finalmente salió a la luz.
Cedric había intentado construir su propio poder sobre mentiras.
Pero había cometido un error.
Había enviado a la única persona que podía destruirlo directamente hacia el hombre que tenía autoridad para juzgarlo.
Tres días después, regresamos al castillo Montgomery.
Cedric estaba celebrando su supuesto triunfo.
Creía que yo había muerto.
Creía que nadie descubriría sus secretos.
Hasta que las puertas del gran salón se abrieron.
Todos quedaron en silencio.
Alistair entró primero.
Y detrás de él estaba yo.
Pero ya no era la mujer temblando en la nieve.
Ya no era la Omega que todos habían humillado.
Era alguien que había sobrevivido a la noche más fría de su vida.
Cedric perdió el color de su rostro.
—Rosalind…
Por primera vez, vi miedo en sus ojos.
Alistair reveló sus crímenes frente a todos.
La alianza secreta.
La traición.
El intento de ocultar la verdad.
Cedric intentó defenderse diciendo que yo era débil.
Que solo buscaba venganza.
Pero yo ya no era la misma persona que había dejado atrás.
Di un paso al frente.
—Me rechazaste porque pensaste que mi valor dependía de mi fuerza para luchar.
El salón quedó completamente callado.
—Pero sobreviví sin necesitar tu protección.
Cedric intentó imponer su autoridad.
Intentó usar el antiguo vínculo que había roto.
Pero ya no funcionaba.
Porque él había destruido aquello que nos unía.
Alistair no me convirtió en alguien poderoso.
Solo me ayudó a recordar que mi valor siempre estuvo dentro de mí.
El consejo finalmente juzgó a Cedric por sus actos.
El clan Montgomery perdió su antiguo dominio.
Y bajo la protección de Alistair comenzó una nueva etapa.
Muchos años después, los historiadores dejaron de recordar a Rosalind Heatherton como la mujer abandonada en la nieve.
La recordaron como la mujer que regresó cuando todos pensaban que había desaparecido.
La mujer que siguió un aullido en medio de la tormenta…
y encontró un destino que nadie había imaginado.
