La omega sin loba ocultó su verdadera identidad… hasta que el rey alfa se arrodilló ante ella

La omega sin loba ocultó su verdadera identidad… hasta que el rey alfa se arrodilló ante ella

PARTE 1

Todos en la manada Obsidian Shadow creían que Ayora estaba rota. La llamaban “la omega sin loba”, la obligaban a fregar los suelos y se divertían humillándola. Pero ninguno conocía la verdad: bajo su piel vivía Luminia, una loba blanca, una criatura tan rara que su existencia podía provocar una guerra.

Durante cinco años, Ayora había bebido cada mañana un veneno púrpura para mantenerla dormida. El líquido le quemaba la garganta y la dejaba débil, pero era mejor que ser descubierta. Los lobos blancos habían sido perseguidos durante generaciones por su sangre y su poder. Si Beta Marcus averiguaba lo que ella era, jamás le permitiría escapar.

Aquella mañana, mientras escondía el frasco detrás de un ladrillo suelto, la voz de Sarafina atravesó la casa.

—¡Ayora! ¡Baja ahora mismo, inútil!

La hija de Marcus la esperaba en la cocina con un vestido rojo y una sonrisa cruel. Dio una patada al cubo que Ayora acababa de llenar, derramando el agua sobre el suelo limpio.

—Vuelve a empezar. El rey alfa llegará hoy y no pienso permitir que tu suciedad me arruine la oportunidad de convertirme en su reina.

Ayora sintió que el corazón se le detenía. El rey Kalin Thorn no era un visitante cualquiera. Se decía que podía reconocer el linaje de un lobo con una sola mirada y obligarlo a transformarse mediante una orden.

Tenía que huir.

Sin embargo, antes de que pudiera intentarlo, Marcus anunció que el rey había exigido inspeccionar a todos los integrantes de la manada, incluidos sirvientes, ancianos y omegas. Cuando Ayora fingió estar enferma para quedarse en el sótano, él la golpeó y le ordenó ocupar la última fila.

La caravana real llegó poco después. Doce guardias descendieron de los vehículos negros y, tras ellos, apareció Kalin. Alto, vestido de negro y con ojos dorados, avanzó entre la multitud como si estuviera siguiendo un rastro invisible.

Sarafina intentó detenerlo.

—Majestad, he preparado un banquete para usted.

—Apártate.

La autoridad de aquella palabra la obligó a caer de rodillas. Kalin siguió caminando hasta detenerse frente a Ayora.

—Mírame.

Ella mantuvo la cabeza baja, pero él le levantó la barbilla. Cuando sus miradas se encontraron, Luminia despertó dentro de ella con un aullido.

Compañero.

Kalin inhaló junto a su cuello y frunció el ceño.

—Hueles a muerte. ¿Qué te han hecho?

—Nací sin loba, majestad —mintió Ayora.

—Entonces, ¿por qué mi lobo quiere destruir el mundo para protegerte?

La multitud quedó muda. Marcus intervino, asegurando que Ayora era una sirvienta defectuosa, pero Kalin ordenó que la llevaran a la arena al caer la noche. Bajo la luna de sangre, tendría que demostrar su verdadera naturaleza.

Ayora intentó escapar. Los hombres de Marcus la capturaron antes de que llegara al bosque, le quitaron el veneno y la encerraron. Cuando salió la luna, la arrastraron al centro de la arena ante cientos de espectadores.

—Transfórmate —ordenó Kalin.

—Por favor, no me obligue.

Marcus, impaciente, le clavó una porra eléctrica en las costillas. El dolor rompió las barreras que contenían a Luminia. Kalin rugió para detenerlo, pero ya era tarde.

Los huesos de Ayora crujieron. Sus manos se convirtieron en garras y su cuerpo comenzó a crecer. Entonces surgió el primer mechón de pelaje.

No era marrón, gris ni negro.

Era blanco.

PARTE 2

Blanco como la nieve bajo la luna roja.

Un grito de asombro recorrió las gradas. Ayora terminó de transformarse en una loba enorme, de pelaje resplandeciente y ojos verdes. Durante un instante no se oyó nada. Un lobo blanco no había aparecido en más de un siglo; según las antiguas historias, era la marca de las reinas elegidas por la diosa de la luna.

Ayora mostró los colmillos a Marcus y buscó una salida. Antes de que pudiera correr, una gigantesca figura negra aterrizó frente a ella. Kalin se había transformado en pleno salto.

Luminia se preparó para luchar, pero el rey no atacó. Bajó la cabeza, apoyó el pecho contra la tierra y se inclinó ante ella.

El alfa de los alfas acababa de someterse ante la omega que limpiaba los retretes de la manada.

—¡Es un engaño! —gritó Marcus—. ¡Esa criatura es una bruja! ¡Matadla!

Tomó una lanza de plata y corrió hacia Ayora. Kalin lo interceptó con una velocidad brutal. Sus mandíbulas destrozaron la armadura de Marcus y lo arrojaron contra una barricada. Después se colocó delante de la loba blanca y lanzó una orden que sacudió la arena.

Someteos.

Todos cayeron de rodillas. Guerreros, nobles, el alfa John y hasta Sarafina quedaron con la frente contra el suelo. Solo Ayora permaneció en pie.

Kalin volvió a su forma humana y se acercó despacio. A través del vínculo que acababa de abrirse entre ellos, su voz llegó directamente a la mente de Ayora.

Vuelve conmigo. Estás a salvo.

Agotada, ella recuperó su cuerpo humano y se desplomó. Kalin la cubrió con su capa antes de levantarla en brazos. Al ver las cicatrices de su cuello, los moretones y sus costillas marcadas por el hambre, la ternura desapareció de su rostro.

—Rezad —dijo a la manada—. Voy a juzgar a todos los que hayan levantado una mano contra ella.

Ayora despertó en una habitación luminosa, rodeada de sábanas de seda. Kalin estaba sentado junto a la cama.

—¿Por qué no me mataste? —preguntó ella.

—Porque no eres un monstruo. Eres una loba blanca y eres mi compañera.

Los investigadores reales habían revisado sus archivos mientras dormía. Las personas que Ayora creía que eran sus padres no compartían su sangre. Había sido secuestrada cuando era una niña y escondida en Obsidian Shadow. El veneno, el hambre y los golpes no eran simples actos de crueldad: formaban parte de un plan para mantenerla débil hasta que Marcus pudiera utilizar su linaje.

—No soy una reina —susurró ella—. Solo sé esconderme y limpiar suelos.

—Entonces aprenderás a gobernar —respondió Kalin—. Pero primero vas a obtener justicia.

Al día siguiente, el gran salón se convirtió en un tribunal. Ayora ocupó un trono junto al rey, vestida con seda negra y plata. Marcus y Sarafina fueron llevados ante ellos encadenados.

Marcus afirmó que la había acogido por caridad. Entonces un investigador presentó un libro encontrado en su caja fuerte. Allí constaban el ataque en el que habían muerto los verdaderos padres de Ayora, su secuestro y la orden de “romper su espíritu” para controlar la sangre blanca.

—¿Pensabas usarme para fortalecer tu propia familia? —preguntó Ayora.

Marcus dejó de fingir.

—¡Eres un arma! ¡Si no te hubiera reprimido, habrías destruido la jerarquía!

Kalin se puso en pie.

—La jerarquía que necesita torturar a una niña merece ser destruida.

Lo condenó por traición, secuestro y asesinato. Mientras los guardias se lo llevaban, Marcus suplicó ayuda a la manada que había gobernado mediante el miedo. Nadie se movió.

Sarafina, en cambio, levantó la cabeza con una sonrisa torcida.

—Puedes ponerte seda, pero siempre serás la criada que limpiaba mi suciedad.

Ayora descendió del estrado y se detuvo delante de ella.

—Sí, limpiaba lo que tú ensuciabas. También soporté tus golpes, tus mentiras y tus humillaciones. Sobreviví cuando hiciste todo lo posible por romperme. Esa es la razón por la que soy más fuerte que tú.

El odio deformó el rostro de Sarafina. De pronto, sacó de la manga una hoja de cerámica cubierta con veneno y se lanzó hacia el corazón de Ayora.

Kalin saltó desde el trono, pero estaba demasiado lejos.

Ayora no tuvo tiempo para transformarse. Algo antiguo se abrió dentro de ella, una fuerza que llevaba generaciones esperando una voz. Levantó una mano y pronunció una sola palabra:

—Arrodíllate.

Una ola de luz blanca atravesó el salón. Sarafina fue lanzada contra un pilar y el arma se hizo añicos. Las antorchas se apagaron, los ventanales temblaron y toda la manada cayó al suelo.

Cuando la luz desapareció, Ayora seguía en pie. Su piel brillaba suavemente y Kalin la observaba con reverencia.

—La Voz de los Antiguos —murmuró—. Ni siquiera los reyes poseen ese poder.

Sarafina sobrevivió, pero fue condenada a pasar el resto de su vida en las celdas reales. Ayora no sintió alegría al verla caer. Lo que sintió fue libertad. Por primera vez, nadie podía obligarla a bajar la cabeza.

Tres meses después, Ayora contemplaba la Ciudadela de Plata desde el balcón del palacio. Esa noche sería coronada, pero una parte de ella todavía esperaba oír a Sarafina ordenándole que tomara un trapo.

Kalin se colocó detrás de ella y la rodeó con los brazos.

—Sigues buscando manchas en el suelo —dijo.

—Pasé cinco años intentando ser invisible. No sé cómo dejar de hacerlo.

Él la hizo girar.

—Sabes lo que significa tener hambre, frío y miedo. Quien ha conocido la impotencia comprende mejor que nadie cómo debe utilizarse el poder. No caminarás detrás de mí, Ayora. Gobernarás a mi lado.

Sacó una pequeña caja. Dentro había un anillo de oro blanco con una piedra de obsidiana sin pulir.

—La obsidiana nace cuando la tierra y el fuego chocan bajo una presión imposible —explicó mientras lo deslizaba en su dedo—. Parece oscura, pero cuando la luz la atraviesa, brilla. Igual que tú.

Desde la ciudad comenzó a elevarse un coro de aullidos. Ayora cerró los ojos y buscó a Luminia. Ya no la encontró encadenada ni sedada, sino erguida, orgullosa y libre.

Kalin adoptó su forma de lobo negro. Ayora se transformó a su lado y alzó el hocico hacia la luna. Su aullido blanco cruzó las montañas, poderoso y limpio, y miles de lobos respondieron.

La omega que fregaba suelos había desaparecido.

En su lugar se alzaba una reina que jamás volvería a esconderse.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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