La Omega Rechazada Arriesgó Su Vida Para Salvar a un Cachorro — El Rey Alfa Lo Vio

PARTE 1
—Yo, Liam Sterling, futuro líder de Blackwood, te rechazo como mi compañera.
Clara Bans sintió que aquellas palabras le partían el pecho.
Había esperado toda su vida aquel día.
Desde niña había amado a Liam y, cuando el vínculo destinado apareció entre ellos, creyó que finalmente tendría una familia.
Pero Liam la miró como si fuera algo vergonzoso.
—No necesito una Omega débil y tartamuda. Necesito una Luna fuerte.
Entonces Jessica, hija del Alfa Richard, apareció junto a él y pasó un brazo por su cintura.
—Llevamos meses juntos —dijo sonriendo—. Solo esperaba que apareciera el vínculo para romperlo legalmente.
Clara cayó de rodillas bajo la lluvia.
Pero la humillación no terminó allí.
Liam la asignó a la frontera sur de Blackwood, una zona abandonada donde aparecían con frecuencia lobos renegados.
Todos sabían lo que significaba.
Esperaban que no regresara.
Clara sobrevivió sola en una cabaña podrida, reparando las cercas con sus propias manos y viviendo de las pocas raciones que le enviaban.
Hasta que escuchó a un niño gritar.
Encontró a un pequeño de siete años atrapado entre una pared rocosa y un enorme renegado enloquecido.
Clara podía haber huido.
Nadie la habría culpado.
Era pequeña.
Estaba desnutrida.
Su loba era mucho más débil que la de cualquier guerrero.
Pero el monstruo saltó hacia el niño.
Y Clara se transformó.
Se lanzó contra él.
El renegado la golpeó contra un árbol, le destrozó una pierna y la dejó apenas consciente.
Aun así, Clara volvió a levantarse.
Cuando ya no pudo luchar, recuperó su forma humana y cubrió al niño con su propio cuerpo.
—Cierra los ojos —susurró.
Entonces una sombra negra atravesó el bosque.
Un lobo gigantesco cayó sobre el renegado y terminó la pelea en segundos.
La criatura se transformó en un hombre alto, cubierto de cicatrices y con unos ojos grises capaces de silenciar una habitación entera.
—¡Toby!
El niño corrió hacia él.
—¡Tío Gideon! Ella me salvó.
Gideon miró las heridas de Clara.
Después vio la cicatriz del vínculo rechazado en su cuello.
—¿Quién te hizo esto?
—Blackwood…
Gideon la levantó.
En cuanto sus pieles se tocaron, una descarga de energía atravesó a ambos.
El Rey Alfa quedó completamente inmóvil.
Inhaló su aroma.
—Compañera.
Clara negó débilmente.
—No. Fui rechazada.
Los ojos de Gideon se volvieron dorados.
—No por mí.
Y entonces Clara descubrió quién sostenía su cuerpo.
Gideon Thorn.
El Rey Alfa que gobernaba los siete territorios.
El hombre más temido del mundo licántropo.
Gideon llevó primero a Clara de regreso a Blackwood.
Entró en plena celebración de Liam cargándola entre sus brazos.
Todo el salón quedó en silencio.
—Esta mujer luchó sola contra un renegado de nivel cinco para salvar a mi sobrino mientras ustedes celebraban aquí.
Luego miró a Liam.
—La rechazaste porque querías una Luna fuerte.
Su voz se volvió peligrosamente baja.
—Ella mantuvo una frontera que tus guerreros abandonaron. Es más fuerte de lo que tú jamás serás.
Finalmente anunció delante de todos:
—Clara es mi verdadera compañera y futura reina de los siete territorios.
Liam quedó pálido.
Clara fue llevada al palacio de Obsidian Peak, donde recibió tratamiento por sus heridas.
Gideon nunca la presionó.
Le daba comida.
Espacio.
Respeto.
Por primera vez, Clara empezó a creer que quizá el vínculo no era otra forma de prisión.
Entonces apareció Liam en las puertas del palacio.
Llevaba un viejo diario perteneciente a su padre.
Exigió hablar con Gideon.
—Hay algo que no sabes sobre Clara.
Gideon permitió que lo llevaran a una sala de interrogatorios.
Liam dejó el diario sobre la mesa.
—Sus padres no murieron luchando. Fueron ejecutados.
Gideon abrió el libro.
Liam continuó:
—La sangre de Clara pertenece a un antiguo linaje que fue ocultado durante años.
Se inclinó hacia el rey.
—Y si completas el vínculo con ella…
Gideon levantó lentamente la mirada.
Liam tragó saliva.
—su sangre se volverá tóxica. Tú morirás… y Clara morirá contigo.
PARTE 2
Gideon permaneció en silencio.
Sobre la mesa, las páginas antiguas describían una supuesta anomalía vinculada al linaje de Clara.
Según el documento, sus padres habían utilizado sustancias especiales para mantener dormida su verdadera naturaleza desde que era una niña.
Si un Alfa poderoso completaba el vínculo con ella, aquella supresión podía romperse.
Liam señaló la página.
—Por eso la rechacé.
Gideon entrecerró los ojos.
—La rechazaste porque dijiste que era débil.
—No podía decirle la verdad.
—¿Y después la enviaste sola a una frontera llena de renegados para protegerla?
Liam no respondió.
Gideon entendió que había una mentira escondida dentro de aquella verdad.
Pero el riesgo era suficiente.
Si existía siquiera una mínima posibilidad de que reclamar a Clara pudiera hacerle daño, no podía ignorarla.
Ordenó encerrar a Liam mientras verificaban el diario.
Después comenzó a mantener distancia de Clara.
Ella lo sintió inmediatamente.
El vínculo cálido que apenas estaba aprendiendo a aceptar se volvió frío.
Encontró a Gideon solo en la biblioteca.
—¿Qué ocurre?
—Necesitamos ir despacio.
—¿Por qué?
Él terminó contándole todo.
Los documentos.
Sus padres.
La supuesta maldición.
Clara quedó en silencio.
Después lo miró con incredulidad.
—¿Le crees?
—No puedo arriesgar tu vida.
—No necesito que me salves del amor, Gideon.
—Si marcarte puede detener tu corazón, jamás lo haré.
Las lágrimas aparecieron en los ojos de Clara.
—Entonces también me rechazas.
—No.
—Diferente motivo. Mismo resultado.
Gideon intentó acercarse.
Ella retrocedió.
—Toda mi vida alguien decidió qué era mejor para mí. Liam. Jessica. Blackwood. Ahora tú.
—Estoy intentando mantenerte viva.
—Yo sobreviví a todos ellos.
La voz de Clara dejó de temblar.
—No soy de cristal.
Salió de la biblioteca.
No quería volver a Blackwood.
Pero tampoco podía quedarse en un palacio como una protegida que todos temían tocar.
Llegó hasta los jardines reales.
La lluvia ocultaba sus lágrimas.
Entonces una mano cubrió su boca.
—Te encontré —susurró Jessica.
Dos mercenarios aparecieron detrás de ella.
Clara intentó luchar, pero todavía estaba recuperándose.
Jessica sonrió.
—Liam cree que puede utilizarte para negociar con el rey. Yo tengo una solución más sencilla.
Uno de los hombres sacó una jeringa con una alta concentración de acónito.
—Cuando te encuentren, creerán que la pobre Omega rechazada decidió terminar con todo.
La aguja se acercó al cuello de Clara.
Algo dentro de ella despertó.
Durante toda su vida había creído que era pequeña porque había nacido débil.
Pero su cuerpo no era débil.
Estaba contenido.
Los bloqueos que sus padres habían colocado años atrás comenzaron a romperse.
Clara gritó.
Una explosión de luz blanca lanzó a los atacantes hacia atrás.
Las viejas heridas de su cuerpo comenzaron a sanar.
Sus ojos se volvieron plateados.
Entonces se transformó.
Pero no apareció la pequeña loba color miel que todos conocían.
Su cuerpo continuó creciendo.
Pelaje blanco.
Ojos de plata.
Un poder tan antiguo que hizo vibrar los muros del palacio.
Clara pertenecía a un linaje prácticamente desaparecido de lobos guardianes, criaturas capaces de rivalizar incluso con los reyes Alfa.
Aquello que Liam había llamado una maldición no era veneno.
Era una barrera.
Sus padres habían suprimido el poder de Clara para ocultarla de quienes querrían controlarla.
En la biblioteca, Gideon cayó de rodillas.
El vínculo entre ellos explotó de repente con tanta fuerza que casi le robó el aliento.
—Clara.
Se transformó y corrió hacia los jardines.
Allí encontró una gigantesca loba blanca frente a una aterrorizada Jessica.
Por primera vez, la bestia negra de Gideon no intentó dominar a otro lobo.
Bajó ligeramente la cabeza.
Clara escuchó su mente a través del vínculo.
¿Estás bien?
Ella lo miró.
Y comprendió finalmente la verdad.
No soy la maldición, Gideon.
Su voz resonó dentro de él.
Soy la cura.
Clara volvió a su forma humana y cayó en sus brazos.
Gideon acercó el rostro a su cuello.
No había toxicidad.
No había señal de aquella supuesta maldición.
Solo poder.
—Liam mintió.
Clara cerró los ojos.
—Sabía lo que yo era.
—¿Por qué ocultarlo?
Ella comprendió la respuesta.
—Porque si despertaba mi verdadero poder, dejaría de ser alguien que él pudiera controlar.
Jessica fue arrestada.
Liam permaneció encarcelado.
Y poco después ambos fueron llevados ante el Consejo Real.
Cuando Clara entró en el gran salón junto a Gideon, nadie vio a la Omega rota que una vez reparaba cercas bajo la lluvia.
Su cabello color miel caía sobre un vestido plateado.
Su aura blanca llenaba la sala.
Liam levantó la cabeza.
Por primera vez vio realmente a la mujer que había rechazado.
—Yo quería ser Alfa —confesó—. Creí que ella me impediría avanzar.
Gideon lo miró con desprecio.
—Ella podría haberte hecho más fuerte. Pero eras demasiado pequeño para entenderlo.
Después se volvió hacia Clara.
—Son tuyos, mi reina. Tú decidirás su destino.
Clara observó a Liam.
Después a Jessica.
No sintió odio.
Solo recordó aquella frontera.
La cabaña podrida.
El hambre.
La soledad.
—La muerte sería demasiado fácil.
Jessica palideció.
Clara continuó:
—Ustedes me enviaron a la frontera sur porque dijeron que allí pertenecían los débiles.
Sus ojos plateados brillaron.
—Entonces vivirán allí.
Liam abrió la boca.
—¿Qué?
—Perderán rango, títulos y privilegios. Vigilarán la misma cerca que yo reparaba con las manos heridas.
Jessica comenzó a gritar.
—¡Eso es una sentencia!
Clara sostuvo su mirada.
—Yo sobreviví.
Los guardias se llevaron a ambos.
Entonces el salón quedó en silencio.
Gideon se acercó.
—¿Estás segura?
Clara sabía a qué se refería.
La marca.
El vínculo completo.
Meses atrás habría esperado que otro decidiera por ella.
Esta vez no.
—Sí.
Gideon apartó su cabello.
Sus colmillos tocaron suavemente la curva de su cuello.
Y cuando finalmente completó el vínculo, no hubo veneno.
Hubo luz.
Una oleada dorada y plateada atravesó el palacio y se extendió como una tormenta por los siete territorios.
Cada lobo sintió el nacimiento de algo nuevo.
Clara jadeó mientras el vínculo con Gideon se volvía completo.
Cuando él se apartó, una compleja marca brillaba en su piel.
Gideon tomó su mano.
Se volvió hacia el consejo.
—Contemplen a Clara Thorn.
Su voz hizo temblar las paredes.
—La Reina Blanca. Guardiana de los siete territorios.
Los aullidos de lealtad llenaron el salón.
En primera fila, Toby celebraba más fuerte que nadie.
Clara lo miró y sonrió.
Había comenzado aquella historia de rodillas en el barro, escuchando al hombre que amaba decirle que era demasiado débil para estar a su lado.
Ahora permanecía frente a todo un reino.
No porque Gideon le hubiera dado valor.
Él simplemente había sido capaz de verlo antes de que ella misma lo creyera.
Liam había perseguido poder y estatus.
Y por hacerlo había descartado precisamente a la mujer que algún día se convertiría en una de las criaturas más poderosas de su mundo.
Clara, en cambio, había aprendido algo mucho más importante.
Ser rechazada no significaba no tener valor.
Ser llamada débil no significaba serlo.
Y las personas que intentan mantenerte pequeña muchas veces lo hacen porque temen lo que ocurrirá…
cuando finalmente descubras lo grande que siempre fuiste.