La Omega que todos despreciaron pidió un beso al rey Alfa… y descubrió un poder que nadie esperaba

La Omega que todos despreciaron pidió un beso al rey Alfa… y descubrió un poder que nadie esperaba

PARTE 1

Nunca imaginé que una sola noche en la Corte de la Piedra Lunar cambiaría completamente mi destino.

Yo solo quería sobrevivir a la reunión y regresar a mi antigua vida sin que nadie notara mi presencia.

Pero esa noche apareció la única persona de mi pasado que todavía podía destruir mi tranquilidad.

Mi nombre es Celeste, y durante mucho tiempo aprendí a vivir como si no existiera.

Ser una Omega dentro de un mundo dominado por Alfas significaba estar siempre en segundo lugar.

Mientras ellos hablaban de territorios, poder y alianzas, nosotras éramos las que servíamos, observábamos y manteníamos la cabeza baja.

Eso era lo que yo hacía aquella noche.

Vestía una capa sencilla, muy diferente a los elegantes vestidos de las demás mujeres de la corte.

No tenía un apellido importante.

No tenía una familia poderosa.

Y, sobre todo, tenía un secreto que había ocultado durante años.

Algo dentro de mí no era como el de las demás Omegas.

Algo que incluso yo temía.

Por eso permanecía lejos de todos, esperando que la ceremonia terminara.

Hasta que sentí esa sensación que nunca había olvidado.

Una advertencia.

Como si mi cuerpo supiera que estaba en peligro antes que mi mente.

Levanté la mirada y lo vi.

Entre las columnas de piedra estaba Marcus.

Mi antiguo compañero.

El hombre que había convertido mi vida en una prisión.

Durante mucho tiempo me hizo creer que yo era débil.

Que nadie más me aceptaría.

Que debía agradecer que alguien como él estuviera conmigo.

Pero yo había escapado.

Había dejado atrás todo lo que conocía para encontrar un lugar donde pudiera respirar.

Y ahora estaba ahí, mirándome con esa misma seguridad de siempre.

Como si todavía creyera que tenía poder sobre mí.

Sentí que el miedo regresaba.

No porque él fuera más fuerte.

Sino porque sabía lo que yo escondía.

Si descubría mi verdadero linaje, si otros Alfas percibían la energía oscura dentro de mí, todos comenzarían a verme como una amenaza.

Retrocedí sin pensar.

Y entonces choqué contra alguien.

Una mano firme sostuvo mi brazo antes de que cayera.

Cuando levanté la vista, vi a un hombre que nunca había conocido.

Cabello oscuro.

Armadura dorada.

Una mirada capaz de hacer callar una habitación completa.

Era Nathan.

El Rey Alfa.

El hombre más respetado de todas las manadas.

Y en ese momento hice algo que jamás pensé que haría.

Algo desesperado.

Algo que podía cambiarlo todo.

Le pedí que me ayudara.

No con palabras largas.

Solo con una petición que salió antes de que pudiera arrepentirme.

Que me besara.

Necesitaba que Marcus creyera que yo ya no estaba sola.

Necesitaba que entendiera que no podía acercarse a mí como antes.

Durante unos segundos, todo quedó en silencio.

Los líderes de las manadas dejaron de hablar.

Todos miraron al Rey Alfa.

Y Nathan tomó una decisión inesperada.

Se acercó.

Pero no fue un gesto de burla ni de superioridad.

Fue una demostración clara de que nadie podía tocarme mientras estuviera bajo su protección.

Cuando se separó, la corte entera estaba observándonos.

Nadie entendía qué acababa de pasar.

Mucho menos Marcus.

Nathan mantuvo una mano cerca de mí y miró directamente al Alfa que había intentado intimidarme.

—Creo que esto deja claro dónde está ella ahora —dijo con una calma que hizo que todos entendieran el mensaje.

Pero Nathan no solo había cambiado la situación social de aquella noche.

También había cambiado una disputa política que llevaba meses creciendo.

Algunos Alfas discutían por territorios y alianzas.

Y con una sola decisión, Nathan consiguió que todos dejaran de pelear.

Porque acababa de demostrar que mi existencia tenía un valor que ellos nunca habían querido reconocer.

Marcus no dijo nada.

Pero pude ver la rabia en sus ojos.

Antes de desaparecer entre la multitud, me lanzó una última mirada.

Una mirada que me dejó claro que esto no había terminado.

Nathan notó mi miedo.

Se acercó ligeramente y habló en voz baja.

—Aquí nadie puede hacerte daño.

Por primera vez en años, escuché esas palabras sin pensar que eran una mentira.

Pero mientras salíamos de la sala principal, Nathan hizo una pregunta que congeló mi corazón.

—Hay algo que necesito saber, Celeste.

Su mirada cambió.

Ya no era solo curiosidad.

Era preocupación.

—¿Por qué tu energía no se siente como la de una Omega normal?

Me quedé en silencio.

Porque durante años había escondido la verdad.

Pero ahora estaba caminando junto al Rey Alfa.

Y él acababa de llevarme al único lugar donde ya no podía seguir ocultándome.

PARTE 2

La puerta de la habitación privada del Rey Alfa se cerró detrás de nosotros.

Por primera vez desde que escapé de Marcus, sentí que no tenía dónde esconderme.

Nathan reunió a sus personas de confianza.

No para juzgarme.

Para entender qué estaba ocurriendo.

Entre ellos estaba una anciana vidente llamada Mera.

Sus ojos ya no podían ver como antes, pero cuando tomó mi mano ocurrió algo que nadie esperaba.

Su expresión cambió completamente.

Como si hubiera encontrado algo que llevaba siglos perdido.

La habitación quedó en silencio.

Entonces dijo algo que hizo que todos me miraran diferente.

Mi linaje no era común.

Era antiguo.

Un poder que muchos creían desaparecido.

Yo siempre pensé que esa oscuridad dentro de mí era una maldición.

Pero Nathan fue el primero en decirme algo diferente.

No era un defecto.

Era parte de mí.

Cuando mis emociones se salieron de control, aquella energía apareció.

Las sombras comenzaron a moverse alrededor de la habitación.

Los demás retrocedieron.

Incluso yo sentí miedo.

Pero Nathan no lo hizo.

Se acercó.

Me pidió que respirara.

Que dejara de luchar contra una parte de mí que nunca había entendido.

Poco a poco, la oscuridad desapareció.

Y por primera vez comprendí que quizás mi poder no existía para destruirme.

Quizás simplemente necesitaba aprender a controlarlo.

Durante los días siguientes, Nathan comenzó a entrenarme.

No como un arma.

Como alguien que merecía defenderse.

Me enseñó a confiar en mí.

A mantener la calma.

A recordar que mi pasado no definía mi futuro.

Y algo extraño comenzó a ocurrir.

El Rey Alfa que todos temían empezó a mostrar una parte que nadie conocía.

No era solo un líder frío.

También era alguien que había vivido sus propias heridas.

Me confesó que había crecido creyendo que un Alfa debía ser fuerte todo el tiempo.

Que mostrar compasión era una debilidad.

Pero conmigo estaba descubriendo otra forma de liderar.

Sin embargo, Marcus no había desaparecido.

Cuando descubrió que Nathan me protegía, comenzó a enviar mensajes contra mí.

Intentó convencer a otras manadas de que yo era peligrosa.

Que estaba manipulando al Rey Alfa.

Que mi poder debía ser eliminado.

Por un momento pensé en irme.

No quería provocar una guerra.

Pero Nathan negó con la cabeza.

—Eso es exactamente lo que él quiere.

Tenía razón.

Toda mi vida había escapado porque otros me hicieron creer que mi existencia era un problema.

Pero esta vez sería diferente.

Días después ocurrió algo que confirmó que el peligro era real.

Una noche, mientras caminaba por los pasillos, sentí una presencia extraña.

Antes de que pudiera reaccionar, Nathan apareció cerca de mí.

Y en ese instante comprendí algo:

El ataque no era contra mí.

Era contra él.

Sin pensarlo, mi poder despertó.

Las sombras aparecieron y detuvieron la amenaza antes de que Nathan pudiera ser alcanzado.

Todos quedaron sorprendidos.

Incluso yo.

Porque por primera vez no había perdido el control.

Había elegido proteger.

Nathan me miró diferente después de eso.

No como una criatura peligrosa.

No como un secreto.

Sino como alguien que había tomado una decisión.

Cuando finalmente le conté todo sobre Marcus, sobre cómo me había hecho sentir inútil y sobre cómo había intentado convencerme de que nadie me elegiría, Nathan permaneció en silencio.

Después dijo algo que nunca olvidaré.

Que lo que me habían hecho no era amor.

Que nadie tenía derecho a poseer la vida de otra persona.

Y entonces entendí algo importante.

Nathan no quería convertirse en otro hombre que decidiera por mí.

Él quería ser la persona que me permitiera elegir.

Antes de irse aquella noche, se detuvo en la puerta.

—No necesito que me pertenezcas para protegerte.

Hizo una pausa.

—Lo hago porque quiero hacerlo.

Después de escuchar esas palabras, comprendí que por primera vez alguien no estaba intentando cambiarme.

No quería borrar mi oscuridad.

No quería convertir mis diferencias en una vergüenza.

Me aceptaba completa.

Tiempo después, cuando volví a entrar a la corte frente a todos los líderes de las manadas, ya no era la Omega que escondía la mirada.

Era Celeste.

Una mujer que había sobrevivido.

Una mujer que había descubierto su propio valor.

Y todavía recuerdo la primera vez que alguien me preguntó por qué mis ojos y mi poder eran diferentes.

Sonreí y respondí:

“Porque durante mucho tiempo pensé que eran la razón por la que nadie me elegiría… hasta que descubrí que eran precisamente la razón por la que nunca fui como los demás.”

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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