La Omega más débil escuchó un llanto bajo la nieve… y encontró al hijo perdido del Rey Alfa que todos buscaban
La Omega más débil escuchó un llanto bajo la nieve… y encontró al hijo perdido del Rey Alfa que todos buscaban

PARTE 1
La Omega más débil del reino escuchó un llanto bajo la nieve… y encontró al hijo perdido del Rey Alfa
Nunca olvidaré la noche en que todos pensaron que yo era incapaz de proteger a alguien.
En Frost Hollow, mi nombre siempre estuvo relacionado con la palabra “débil”. Era la Omega que no había logrado completar su transformación, la que necesitaba ayuda incluso para sobrevivir al duro invierno, la que muchos creían que no tenía nada especial que ofrecer.
Pero esa noche, mientras la tormenta cubría el bosque con una capa blanca, fui la única persona que escuchó algo que nadie más pudo escuchar.
Un llanto.
Al principio pensé que era mi imaginación. El viento golpeaba los árboles con tanta fuerza que cualquier sonido podía confundirse entre las ramas y la nieve.
Seguí caminando hacia mi pequeña cabaña.
Entonces volvió a escucharse.
Un sonido pequeño.
Débil.
Como si alguien estuviera pidiendo ayuda antes de desaparecer bajo la tormenta.
Me detuve.
Mi mente me decía que siguiera adelante. Que no era asunto mío. Que si me metía en problemas, nadie vendría a buscarme.
Pero mi corazón no me permitió ignorarlo.
Seguí el sonido hasta adentrarme en Northwood Forest. Cada paso era más difícil. La nieve llegaba hasta mis botas y el frío atravesaba mi ropa vieja.
Después de casi una hora, encontré algo extraño debajo de un árbol caído.
Una tela plateada sobresalía entre la nieve.
Me arrodillé y empecé a apartarla con mis manos congeladas.
Cuando descubrí lo que había debajo, sentí que el mundo se detenía.
Era un bebé.
Estaba envuelto en una manta elegante, demasiado fina para alguien abandonado en medio del bosque. Su rostro estaba pálido por el frío y apenas tenía fuerzas para moverse.
No pensé en mi propia seguridad.
No pensé en quién podía ser.
Solo lo levanté y lo abracé contra mi pecho.
—Quédate conmigo… por favor —susurré.
Me quité mi única capa y lo envolví con ella mientras regresaba a casa.
Fue entonces cuando noté algo extraño.
Debajo de la manta había un pequeño broche de plata.
Tenía grabado un lobo negro con una corona.
Conocía ese símbolo.
Todos en los territorios del norte lo conocían.
Pertenecía a la Casa Thorn.
La familia del Rey Alfa.
Mi respiración se detuvo.
El bebé que sostenía no era un niño cualquiera.
Era alguien de la realeza.
Pero había algo más.
Antes de irme del lugar, vi huellas en la nieve.
No eran del bebé.
Eran de un adulto.
Alguien había llevado al pequeño hasta ese árbol.
Alguien lo había dejado allí durante la tormenta.
Y alguien había querido que nadie lo encontrara.
Apreté al niño contra mí.
Durante años había escuchado que yo no servía para nada.
Que una Omega como yo nunca sería importante.
Pero en ese momento solo había una verdad:
Ese bebé necesitaba que alguien lo salvara.
Y yo era la única persona allí.
Cuando llegué a mi cabaña, hice todo lo posible para mantenerlo caliente. Encendí el fuego, busqué las pocas mantas que tenía y pasé la noche vigilando su respiración.
Mientras él dormía, ocurrió algo que no pude explicar.
Cuando sus pequeños dedos tocaron mi mano, sentí una extraña sensación de calor recorrer mi cuerpo.
No era dolor.
No era miedo.
Era como si algo dentro de mí hubiera respondido.
Me convencí de que era el cansancio.
No podía permitirme pensar en cosas imposibles.
Pero antes del amanecer, cuando finalmente parecía que el bebé estaba mejor, escuché algo afuera.
Campanas.
Muchas campanas.
Me acerqué a la ventana y aparté lentamente la cortina.
Mi sangre se congeló.
Decenas de jinetes avanzaban por el camino cubierto de nieve.
Llevaban banderas negras.
Y en cada una aparecía el mismo símbolo del broche.
El lobo coronado.
Entonces una voz resonó desde la torre del pueblo.
—Por orden real, todos los caminos quedan cerrados.
Otra voz gritó algo que hizo que mis manos comenzaran a temblar.
El hijo del Rey Alfa había desaparecido.
Su nombre era Callum.
Miré al bebé que dormía entre mis brazos.
Finalmente sabía quién era.
Pero todavía no sabía algo mucho más peligroso…
Que antes de que terminara el día, todos creerían que yo no había encontrado al heredero perdido.
Creerían que yo se lo había robado.
PARTE 2
La primera llamada a mi puerta llegó cuando apenas había salido el sol.
Sabía que vendrían guardias reales.
Lo que no esperaba era ver detrás de ellos a casi todo Frost Hollow.
Personas que durante años habían pasado a mi lado sin mirarme ahora estaban allí, observando al bebé en mis brazos como si yo fuera una amenaza.
—Entréguenos al niño —dijo uno de los guardias.
No me moví.
—Lo encontré en el bosque. Necesita un sanador, no que lo lleven de un lado a otro.
El guardia miró el broche sobre la mesa.
Y en ese momento comprendí que nadie estaba interesado en escuchar mi historia.
Dos soldados entraron a mi cabaña.
Buscaron en cada rincón.
Mi pequeño hogar no tenía casi nada: unas pocas mantas, algunos utensilios y la vieja estufa donde había calentado al bebé durante la noche.
Entonces uno de ellos encontró una bolsa escondida detrás de unas cajas.
Dentro había monedas reales.
Monedas que nunca había visto.
El silencio que siguió fue peor que cualquier acusación.
Ya habían decidido la historia.
La Omega pobre había tomado al heredero y había recibido dinero por hacerlo.
Me llevaron al salón principal del pueblo.
Intenté explicar las huellas.
Intenté explicar la manta.
Intenté explicar que alguien más había llevado al bebé hasta el bosque.
Pero nadie quería escuchar.
Hasta que llegó una nueva voz.
—Quiero escucharla.
Todos se giraron.
El Rey Alfa Evander Thorne había llegado.
Era diferente a como lo imaginaba.
No parecía un hombre furioso buscando castigo.
Parecía un padre desesperado que solo quería comprobar que su hijo estaba vivo.
Cuando vio a Callum, todo cambió en su rostro.
Lo tomó en brazos y durante unos segundos dejó de ser un rey.
Solo era un padre.
Entonces ocurrió algo extraño.
Callum dejó de llorar.
Y extendió su pequeña mano hacia mí.
Evander siguió la mirada de su hijo.
—¿Quién es ella? —preguntó.
El líder del pueblo respondió rápidamente:
—La Omega que tomó al niño.
Sentí que esas palabras me dolían más que las cadenas en mis muñecas.
Pero antes de que alguien pudiera decidir mi destino, Evander preguntó:
—¿Quién encontró a mi hijo?
Todos guardaron silencio.
Finalmente alguien respondió:
—Ella, su majestad.
El Rey Alfa me miró.
Vio mis botas mojadas.
Mis manos lastimadas por la nieve.
La ropa vieja que había usado para proteger a su hijo.
Y por primera vez alguien no me miró como una Omega inútil.
Me miró como una persona.
Le conté todo.
El llanto.
El árbol.
Las huellas.
El extraño aroma en la manta.
Evander escuchó cada palabra.
Después ordenó investigar el lugar donde había encontrado a Callum.
Cuando los rastreadores regresaron, trajeron una verdad que nadie esperaba.
Las huellas confirmaban mi historia.
Yo había llegado desde un camino diferente.
Alguien más había llevado al bebé hasta allí.
Pero todavía faltaba descubrir quién.
Entonces encontraron algo más.
El extraño aroma de la manta no era casualidad.
Pertenecía a una medicina usada dentro del palacio para calmar a los bebés.
Solo unas pocas personas tenían acceso a ella.
Alguien dentro de la propia familia real había participado.
La investigación reveló que una sanadora del palacio llamada Lenora había preparado la medicina y había desaparecido justo cuando comenzaron las preguntas.
Pero ella no actuaba sola.
Había alguien detrás.
Alguien que quería cambiar el futuro del reino.
Alguien que había elegido a Callum porque era el único heredero directo.
Y también me había elegido a mí como culpable porque todos pensaban que una Omega como yo nunca sería creída.
Cuando finalmente descubrieron la verdad, el responsable era Lord Allaric Ren, un miembro del consejo real que esperaba beneficiarse si Callum desaparecía.
Había colocado las monedas en mi casa.
Había manipulado las pruebas.
Había usado mis años de rechazo contra mí.
Pero cometió un error.
Subestimó a la persona que encontró a un bebé en medio de una tormenta.
El Rey Alfa reunió al pueblo y habló frente a todos.
—Marin Whitlock no tomó a mi hijo.
Hizo una pausa.
—Lo salvó.
Por primera vez en mi vida, nadie me llamó débil.
Pero lo más importante fue que Evander nunca usó el vínculo entre nosotros como una orden.
Me dio algo que nunca había recibido:
La oportunidad de elegir.
Con el paso de los meses, descubrí que el hombre detrás de la corona era alguien completamente diferente.
Un padre que caminaba de madrugada para cuidar a su hijo.
Un rey que escuchaba antes de juzgar.
Un hombre que entendía que mi valor nunca dependió de mi fuerza.
Tiempo después regresamos al mismo bosque donde todo comenzó.
El mismo árbol.
La misma nieve.
Pero ya no era la Omega olvidada caminando sola.
Callum estaba en mis brazos riendo mientras Evander estaba a mi lado.
Miré aquel lugar y comprendí algo.
La noche que encontré al heredero perdido no fue el momento en que mi vida cambió.
Fue el momento en que descubrí que nunca había sido débil.
Solo había estado esperando que alguien viera la fuerza que siempre estuvo dentro de mí.