La Omega cayó en la nieve protegiendo a sus 3 bebés — Entonces llegó el Rey Alfa Lycan

PARTE 1

—Mamá no dejará que mueran aquí.

Marisol pronunció aquellas palabras mientras avanzaba tambaleándose entre la nieve con sus tres hijas recién nacidas apretadas contra el pecho.

Elara, Mira y Sola apenas lloraban ya.

Y ese silencio era peor que cualquier grito.

Marisol sabía lo que significaba.

El frío estaba ganando.

Había escapado de las tierras del Alfa Ramiro después de años de humillaciones y control. Él siempre la había despreciado por ser una Omega recesiva incapaz de despertar un lobo interior.

Para Ramiro, ella nunca había sido una compañera.

Solo una herramienta.

Pero después del nacimiento de las trillizas, Marisol comprendió que sus hijas estaban destinadas a algo todavía peor.

Por eso huyó.

Los aullidos detrás de ella confirmaban que la manada de Ramiro seguía su rastro.

Marisol no sabía cuánto más podía caminar.

Entonces sus piernas cedieron.

Cayó de rodillas y cubrió a las bebés con su cuerpo.

—Perdonen a mamá —susurró—. No fui lo bastante fuerte.

Sus párpados comenzaron a cerrarse.

Fue entonces cuando una sombra gigantesca apareció sobre la nieve.

Marisol levantó la mirada.

Frente a ella había un hombre lobo plateado tan enorme que parecía una criatura salida de una pesadilla.

Cerró los ojos esperando lo peor.

Pero no llegaron colmillos.

Llegó calor.

La bestia recuperó su forma humana y un hombre de más de dos metros se arrodilló frente a ella.

Era Caspian Rojas, rey de Atlán.

Un monarca temido incluso por otros Alfas.

Sin embargo, cuando tocó el cuello de Marisol para comprobar su pulso, ocurrió algo que él jamás había experimentado.

La furia hereditaria que llevaba años viviendo dentro de su sangre desapareció.

Silencio absoluto.

Paz.

Caspian había heredado una antigua maldición que había destruido mentalmente a varios hombres de su familia, incluido su propio padre.

Por eso había jurado no tener esposa ni hijos.

Prefería que su linaje terminara con él.

Pero aquella desconocida moribunda acababa de silenciar la maldición con un simple contacto.

Caspian tomó a Marisol y a las tres niñas y las llevó al Alcázar de Hierro.

Marisol despertó días después aterrada.

Lo primero que buscó fueron sus hijas.

Las encontró en tres pequeñas cunas junto a su cama.

Vivas.

Calientes.

Seguras.

Caspian jamás la presionó para explicar su pasado.

Visitaba sus aposentos cada mañana, pero siempre permanecía a distancia hasta que ella le permitía acercarse.

Incluso aprendió a alimentar a las niñas.

Cuando Sola lloraba sin descanso, el enorme rey guerrero la tomó con delicadeza y comenzó a tararear una antigua melodía.

La bebé se calmó casi inmediatamente.

Marisol empezó a comprender que aquel hombre no se parecía en nada a Ramiro.

Pero entonces el médico real, el doctor Aldrick Morales, hizo un descubrimiento inesperado.

Durante un examen, acercó una luz a los ojos de Elara.

Sus iris azules se volvieron verdes.

Lo mismo ocurrió con Mira.

Y después con Sola.

El médico perdió toda expresión.

—Majestad… estas niñas no son Omegas comunes.

Caspian se acercó.

—¿Qué son?

Morales volvió a mirar a las tres bebés.

—Winterborn.

El silencio cayó sobre la habitación.

Caspian conocía las leyendas.

Los Winterborn pertenecían a un linaje que se creía desaparecido desde hacía siglos.

Seres capaces de influir en el clima y las estaciones.

Marisol sintió que algo dentro de ella se rompía.

De repente recordó las extrañas inyecciones que Ramiro le había aplicado durante el embarazo.

Los análisis secretos después del nacimiento.

Los hombres encapuchados que llegaban de madrugada.

—Él lo sabía —susurró.

Caspian la miró.

—¿Quién?

—Ramiro.

Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Marisol.

—Él sabía lo que eran mis hijas.

Su respiración se volvió irregular mientras finalmente comprendía toda la verdad.

—Nunca quiso una familia.

Miró las tres cunas.

—Estaba intentando crear armas vivas capaces de controlar el clima.

PARTE 2

Caspian sintió cómo la furia intentaba despertar dentro de él.

Pero Marisol estaba cerca.

Y la maldición volvió a quedarse en silencio.

—Entonces vendrá por ellas —dijo.

Marisol asintió.

—Nunca dejará de hacerlo.

Caspian ordenó reforzar las defensas del Alcázar.

Sin embargo, durante las semanas siguientes ocurrió algo que ninguno de los dos había planeado.

Comenzaron a convertirse en una familia.

Caspian llegaba temprano para ayudar con los biberones.

Aprendió que Elara intentaba tocar todo lo brillante, que Mira observaba a las personas como si pudiera leerlas y que Sola reaccionaba a la música provocando pequeños cambios de temperatura.

Marisol también comenzó a cambiar.

Pidió aprender política, economía y estrategia.

Ramiro le había enseñado durante años que debía ser silenciosa.

Caspian hizo exactamente lo contrario.

Le entregó libros.

Mapas.

Informes.

Y escuchó sus opiniones.

Una tarde Marisol descubrió al rey en la biblioteca estudiando libros sobre trauma infantil.

—¿Qué haces?

—Intento aprender cómo ayudarlas.

Aquella respuesta derribó otra parte del muro que ella había construido alrededor de su corazón.

Las lecciones se volvieron una rutina.

Él le enseñaba diplomacia.

Ella le enseñaba a interpretar los diferentes llantos de las niñas.

Hasta que una tarde Marisol preguntó:

—¿Por qué nunca te casaste?

Caspian tardó en responder.

Finalmente le contó sobre su padre y sobre la maldición que convertía lentamente a los hombres de su familia en criaturas dominadas por la furia.

—No quería transmitir eso a un hijo.

Marisol lo observó.

—Tú no eres tu padre.

Caspian guardó silencio.

Después confesó algo aún más importante.

—Solo porque tú estás aquí.

Marisol frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Desde el momento en que te toqué en la nieve, mi maldición quedó en silencio.

La noticia debería haberla aterrorizado.

En cambio, Marisol sintió por primera vez que su existencia podía significar algo distinto a ser utilizada.

Poco después llegó una carta de Ramiro.

Exigía la devolución de Marisol y las trillizas.

Si Atlán se negaba, habría guerra.

Algunos miembros del consejo sugirieron entregarlas.

—Cuatro vidas no valen miles —dijo uno de ellos.

Las puertas del salón se abrieron.

Marisol entró.

Ya no parecía la mujer quebrada que Caspian había encontrado en la nieve.

—Ramiro no está pidiendo que le devuelvan una familia —dijo—. Está pidiendo armas.

Explicó la naturaleza Winterborn de sus hijas.

Después colocó un pergamino sobre la mesa.

Durante años Ramiro la había obligado a asistir a sus reuniones porque asumía que ella no entendía nada.

Marisol había memorizado rutas comerciales, códigos de cajas fuertes y ubicaciones de reservas secretas de oro.

—Les entrego toda esa información a cambio de asilo permanente para mis hijas y para mí.

El consejo quedó sin palabras.

Caspian casi sonrió.

Ramiro había intentado convertirla en alguien invisible.

Ahora esa invisibilidad acababa de convertirse en el arma que podía destruirlo.

Atlán les concedió protección.

Pero mientras se preparaban para la guerra, Caspian empezó a debilitarse.

El doctor Morales encontró la explicación.

Ramiro había administrado durante años a Marisol una sustancia llamada flor de luna.

En una Omega producía un efecto químico capaz de suprimir la agresividad de los Alfas cercanos.

Aquella sustancia era la razón por la que Marisol calmaba la maldición de Caspian.

Pero la exposición prolongada también estaba debilitándolo físicamente.

Había una manera de neutralizarla.

Un vínculo verdadero de compañeros.

Caspian se negó incluso a sugerirlo.

No quería que Marisol sintiera que debía unirse a él para salvarle la vida.

Así que decidió enviarla a un lugar seguro y enfrentarse a Ramiro aun sabiendo que probablemente no regresaría.

Marisol descubrió la verdad.

Entró en sus aposentos mientras él se preparaba para partir.

—Sé lo de la flor de luna.

Caspian quedó inmóvil.

—Marisol…

—También sé que intentas decidir por mí.

—No quiero convertirte otra vez en una mujer obligada a hacer algo con su cuerpo para sobrevivir.

Ella se acercó.

—Entonces deja que yo elija.

Caspian negó con la cabeza.

—Sería por obligación.

—No.

Marisol tocó su rostro.

—Sería porque amo al hombre que canta para mis hijas. Al hombre que estudia libros para aprender a cuidarnos. Al hombre que me trató como igual cuando todos los demás me dijeron que no valía nada.

Caspian dejó de respirar.

Marisol sonrió entre lágrimas.

—Cásate conmigo.

La ceremonia se celebró aquella misma mañana.

Sin grandes fiestas.

Solo el médico, algunos testigos y tres pequeñas cunas.

Cuando se besaron como marido y mujer, el vínculo finalmente se completó.

Caspian sintió regresar su fuerza.

Marisol apoyó la frente contra la suya.

—Ahora ve a salvar nuestro reino.

La batalla comenzó poco después.

Las fuerzas de Ramiro superaban en número a las de Atlán y estaban acompañadas por hechiceros que utilizaban magia oscura.

Caspian se enfrentó directamente al Alfa.

Ramiro luchaba impulsado por años de obsesión.

Caspian luchaba por algo completamente diferente.

Su familia.

Pero Ramiro consiguió herirlo gravemente.

Caspian cayó en la nieve.

Entonces escuchó la voz de Marisol.

Ella había regresado al campo llevando consigo a las trillizas.

Corrió hasta su esposo y puso una mano sobre su pecho.

El vínculo entre ambos reaccionó.

Elara, Mira y Sola comenzaron a brillar.

Su poder Winterborn fluyó hacia Marisol.

Y de Marisol pasó a Caspian.

El rey volvió a ponerse de pie rodeado por una fuerza helada que parecía una tormenta viviente.

Ramiro intentó escapar.

No consiguió hacerlo.

Cuando el enfrentamiento terminó, el poder que había querido controlar durante años fue precisamente lo que lo derrotó.

Pero antes de caer pronunció una última revelación.

—Las niñas no son mías.

Caspian se quedó inmóvil.

Ramiro sonrió.

Había utilizado material genético preservado perteneciente al padre de Caspian, el antiguo rey.

Eso significaba que Elara, Mira y Sola eran medias hermanas de Caspian.

También significaba que tenían sangre real.

Y derechos legítimos sobre el trono.

Aquella verdad abrió una nueva herida.

Después de la guerra, algunos consejeros comenzaron a hablar sobre el peligro político que representaban las niñas.

La antigua tradición ofrecía soluciones terribles.

Caspian las rechazó inmediatamente.

Pero también empezó a distanciarse.

Marisol confundió su miedo político con arrepentimiento.

Una noche comenzó a empacar.

—No tienes que irte —dijo él.

—Nos miras diferente.

—Porque las amo.

—Entonces explícame qué ocurre.

Por primera vez, Caspian dejó de intentar “protegerla” ocultándole información.

Le contó todo.

Las leyes.

La sucesión.

Los nobles que cuestionaban su legitimidad.

Cuando terminó, Marisol permaneció pensativa.

Después dijo:

—Entonces necesitamos una tercera opción.

Las niñas podían renunciar temporalmente a sus derechos sucesorios mediante una tutora legal hasta que fueran mayores de edad.

Caspian comprendió lentamente.

—¿Quién sería esa tutora?

Marisol sonrió.

—Te casaste con ella.

Como madre y guardiana legal, Marisol renunciaría en nombre de sus hijas a cualquier reclamación inmediata al trono.

Serían reconocidas como princesas y criadas como hijas de Caspian.

Cuando cumplieran la edad suficiente, podrían decidir por sí mismas si deseaban mantener aquella renuncia o reclamar su herencia.

No habría que elegir entre la familia y el reino.

Podían proteger ambos.

Una semana después se celebró la ceremonia oficial.

Caspian juró públicamente proteger a las trillizas no como posibles rivales, sino como sus hijas.

Marisol asumió su papel como guardiana y futura reina.

El conflicto sucesorio terminó.

Pero las transformaciones apenas comenzaban.

Durante los meses siguientes, Marisol encabezó reformas para que ninguna Omega volviera a ser obligada a casarse o tener hijos contra su voluntad.

Elara, Mira y Sola se convirtieron en las princesas más queridas de Atlán.

Y Caspian, el hombre que una vez había decidido terminar su linaje para no convertirse en un monstruo, descubrió que la paternidad no dependía de la sangre.

Una tarde de invierno, la familia se encontraba en un jardín que las niñas habían transformado accidentalmente.

Donde debería haber nieve, aparecían flores.

Elara caminó torpemente hacia Caspian.

Él extendió los brazos.

La pequeña se sujetó de sus piernas.

Alrededor de sus pies brotaron pétalos.

Entonces pronunció claramente su primera palabra:

—Papá.

Caspian la levantó en brazos con los ojos llenos de lágrimas.

—Sí, princesa. Papá está aquí.

Marisol se acercó con Mira mientras Sola gateaba detrás.

Caspian las abrazó a todas.

Aquella familia no había nacido de una profecía perfecta.

Había nacido de decisiones.

Marisol eligió huir.

Caspian eligió detenerse ante una mujer moribunda en la nieve.

Ella eligió confiar nuevamente.

Él eligió amar a tres niñas que algún día podían reclamar su corona.

Y juntos eligieron construir un reino donde el poder no significara controlar a los más débiles.

Caspian besó la frente de Marisol.

—Tú me enseñaste que la verdadera fuerza no está en dominar.

—¿Entonces dónde está?

Miró a sus hijas.

—En proteger.

Marisol sonrió.

—Gracias por salvarnos aquella noche.

Él negó suavemente.

—Gracias por salvarme de mí mismo.

A su alrededor seguía cayendo nieve.

Pero donde jugaban las tres pequeñas Winterborn, las flores continuaban apareciendo.

Y por primera vez, el futuro del reino no parecía escrito por el miedo.

Parecía estar floreciendo.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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