La obligaron a casarse con el rey vampiro que odiaba a su especie, pero una noche descubrió el secreto que cambiaría su destino para siempre

La obligaron a casarse con el rey vampiro que odiaba a su especie, pero una noche descubrió el secreto que cambiaría su destino para siempre

PARTE 1

La noche de mi boda descubrí que mi propia familia nunca había planeado verme regresar.

Tenía 20 años cuando caminé hacia un castillo desconocido con un vestido blanco que no elegí y un destino que nadie me preguntó si aceptaba.

Todos me miraban como si yo fuera una condenada.

Pero lo peor no era casarme con un rey vampiro que decía odiar a los de mi especie.

Lo peor era entender que mi madre, la persona que debía protegerme, parecía estar más tranquila entregándome que despidiéndome.

Mi nombre es Ara y nací como la hija menor del líder de una manada de lobos que durante generaciones había estado enfrentada con el reino de los vampiros.

Desde pequeña aprendí que mi existencia era diferente.

No tenía la fuerza que esperaban de mí. No era la guerrera que mi padre quería mostrar ante los demás. Mi naturaleza omega era considerada una debilidad por muchos.

Pero yo nunca pensé que esa diferencia sería la razón por la que mi propia familia me usaría como una pieza para cerrar una guerra.

Recuerdo perfectamente la última noche en mi casa.

Llovía con tanta fuerza que parecía que el cielo también estaba despidiéndose de mí.

Busqué a mi madre antes de partir porque, en el fondo, todavía esperaba escuchar algo que una hija necesita escuchar.

“Te voy a extrañar.”

“Voy a cuidarte.”

“Cualquier cosa que pase, sigues siendo mi hija.”

Pero no recibí nada de eso.

Solo vi alivio en sus ojos.

Como si finalmente se hubiera quitado un problema de encima.

Horas después estaba frente a las enormes puertas del castillo Ravenrest.

El lugar parecía sacado de una historia antigua. Torres oscuras, pasillos interminables y cientos de personas observándome en silencio.

No me recibían como una reina.

Me recibían como un acuerdo.

Como el precio de una paz que yo no había elegido.

Mientras caminaba hacia el altar, escuchaba susurros detrás de mí.

“Es una omega.”

“No durará mucho.”

“El rey nunca aceptará una esposa así.”

Cada palabra dolía, pero había aprendido algo durante toda mi vida: si ellos esperaban verme romperme, jamás les daría ese gusto.

Entonces lo vi.

El rey Kalin Ravenrest.

Había escuchado historias sobre él durante años. Decían que era frío, imposible de comprender y que nadie se atrevía a desafiarlo.

Cuando levanté la mirada, entendí por qué todos le temían.

Su presencia llenaba el salón.

Sus ojos plateados me observaban como si intentara descubrir qué clase de persona habían enviado a su reino.

Y después habló.

—¿Esto es lo que me entregan? —dijo con una voz tranquila, pero llena de desprecio—. ¿Una omega?

Sentí cómo todos esperaban que bajara la cabeza.

Pero no lo hice.

Ya me habían quitado mi hogar.

Ya me habían quitado mi libertad.

No permitiría que también me quitaran mi dignidad.

—Yo tampoco elegí estar aquí, su majestad —respondí—. Pero cumpliré con mi parte del acuerdo.

El silencio que siguió fue inmediato.

Nadie hablaba así frente al rey.

Por un segundo pensé que había cometido un error.

Pero entonces algo extraño ocurrió.

Kalin dejó de mirarme con simple desprecio.

Había algo más en sus ojos.

No era cariño.

No era compasión.

Era curiosidad.

La ceremonia continuó, pero fue exactamente como imaginé.

No hubo alegría.

No hubo promesas de amor.

Solo palabras antiguas y una alianza entre dos pueblos que se odiaban.

Después me llevaron a una habitación en la torre más alta del castillo.

Era hermosa.

Demasiado hermosa.

Una cama enorme, libros antiguos, ventanas desde donde podía verse todo el reino.

Pero yo sabía reconocer una prisión aunque tuviera paredes decoradas.

Cuando la puerta se cerró, escuché el sonido de una cerradura.

Ahí comprendí la verdad.

Para ellos, yo no era una esposa.

Era una garantía.

Me senté junto a la ventana intentando no llorar.

Había pasado años fingiendo ser fuerte.

Pero esa noche, por primera vez en mucho tiempo, dejé que salieran todas las lágrimas que había guardado.

Lloré por la niña que siempre intentó ganarse el cariño de una madre que nunca la eligió.

Lloré por la familia que me entregó sin mirar atrás.

Lloré por la vida que desapareció en una sola noche.

No sabía cuánto tiempo había pasado cuando escuché algo detrás de mí.

Pensé que era un guardia.

Pensé que alguien venía a recordarme cuál era mi lugar.

Pero cuando levanté la cabeza, vi una figura parada en la oscuridad de la habitación.

Era Kalin.

El mismo hombre que unas horas antes me había mirado como si fuera una decepción.

Y ahora estaba frente a mí, observándome en silencio.

Entonces dijo algo que jamás esperaba escuchar del rey vampiro.

—No deberías estar llorando sola…

PARTE 2

—No deberías estar llorando sola…

Me quedé inmóvil.

No porque sus palabras fueran amables, sino porque no entendía por qué alguien como él estaba ahí.

Me limpié rápidamente las lágrimas y recuperé la postura que había aprendido a usar durante años.

—Perdón si mi tristeza resulta incómoda para usted, su majestad.

Esperaba que se enfadara.

Esperaba volver a ver al hombre frío del salón.

Pero no ocurrió.

Kalin simplemente me observó.

Como si por primera vez estuviera viendo a la persona detrás del acuerdo.

—No tienes que disculparte por sentir dolor —respondió.

Sus palabras me confundieron más que sus insultos.

—Durante la ceremonia me miró como si yo fuera algo despreciable.

Él no respondió.

Porque era verdad.

Había decidido odiarme antes de conocerme.

Había permitido que sus propios recuerdos hablaran por él.

—Tengo razones para desconfiar de los omegas —dijo finalmente—. Pero esas razones no tienen que ver contigo.

Solté una pequeña risa sin alegría.

—Eso no cambia nada.

Miré hacia la puerta cerrada.

—Sigo estando encerrada aquí. Sigo usando algo que controla mi naturaleza. Sigo siendo una desconocida en un lugar donde todos esperan que falle.

Por primera vez vi algo diferente en su expresión.

Culpa.

Kalin había pasado siglos creyendo que todo estaba bajo control.

Pero aquella noche entendió algo que nunca había considerado.

Yo no era un símbolo.

No era una amenaza.

Era una persona.

Una persona que había perdido todo.

Sin decir más, se acercó y tomó una decisión inesperada.

—Mañana quitarán esa restricción.

Lo miré sorprendida.

—¿Por qué?

Él tardó unos segundos en responder.

—Porque no eres mi prisionera.

Sus ojos se encontraron con los míos.

—Aunque este matrimonio haya comenzado como un acuerdo, eres mi reina.

No confiaba en él.

Era imposible hacerlo después de todo lo ocurrido.

Pero por primera vez desde que llegué al castillo, sentí que alguien me estaba viendo como un ser humano.

—No confío en usted —le dije.

Kalin asintió.

—Lo entiendo.

Se dio la vuelta para marcharse.

Pero antes de desaparecer, hice la pregunta que llevaba horas dando vueltas en mi cabeza.

—¿Por qué odia tanto a los omegas?

Su cuerpo se quedó quieto.

Durante unos segundos pensé que no respondería.

Pero entonces escuché algo que cambió completamente mi forma de verlo.

—Porque hace cientos de años… un omega estuvo relacionado con la pérdida de todo lo que amaba.

Su voz era diferente.

Ya no sonaba como un rey.

Sonaba como alguien cargando una herida demasiado antigua.

—Y durante todo este tiempo he buscado la verdad.

Después desapareció entre las sombras.

Me quedé sola en la habitación, intentando entender lo que acababa de escuchar.

Pero no sabía que esa conversación había despertado algo mucho más peligroso.

Porque mientras Kalin y yo empezábamos a descubrir que nuestros enemigos quizá no eran quienes creíamos, alguien más observaba desde las profundidades del castillo.

En una zona olvidada de Ravenrest, donde nadie había entrado durante siglos, una antigua puerta comenzó a abrirse lentamente.

Al otro lado, una presencia que había esperado durante años finalmente despertó.

Y cuando escuchó mi nombre, una voz susurró:

—La omega finalmente llegó.

Esa noche entendí algo.

Mi boda no había sido el final de mi historia.

Había sido el comienzo del secreto más grande que ambos reinos habían intentado ocultar.

 

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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