La manada alfa lloraba a sus crías — hasta que la omega humana regresó con ellas en la nieve

PARTE 1

La nieve caía como ceniza sobre la fortaleza Sterling. Durante tres días, la manada Colmillo de Hierro había buscado a Liam y Finn, los sobrinos gemelos del alfa Cormac y últimos herederos de su hermano. Los pequeños, de apenas cuatro años, habían desaparecido del patio durante una tormenta.

Los rastreadores recorrieron el Bosque Muerto hasta que sus patas sangraron, pero la ventisca había borrado cada huella y cada aroma.

—Debemos aceptar que no sobrevivieron —dijo Garrick, el beta de Cormac—. Si enviamos más hombres esta noche, también los perderemos.

Cormac permaneció ante el fuego casi extinguido del gran salón. Llevaba tres días sin dormir.

—No lloraré por ellos hasta tenerlos en mis brazos.

En ese momento, algo golpeó las puertas de la fortaleza.

Los guardias desenvainaron sus espadas. Las hojas de roble se abrieron y una ráfaga de nieve invadió el salón. En el umbral apareció una mujer humana, pequeña y cubierta con un manto congelado. Sus labios estaban azules y sus botas apenas eran trapos alrededor de sus pies.

Llevaba un bulto apretado contra el pecho.

—Tienen frío… pero aún respiran —alcanzó a decir.

La mujer cayó de rodillas, girando el cuerpo para proteger lo que sostenía. Cormac cruzó el salón y apartó las pieles cubiertas de escarcha.

Allí estaban Liam y Finn.

Pálidos, débiles, pero vivos.

Cuando Cormac levantó la mirada, la desconocida ya se había desmayado. Entonces percibió su aroma: miel silvestre, pino bajo el sol y algo capaz de calmar a su lobo interior. Era el aroma de una omega, aunque ningún humano debía poseerlo.

Ordenó que la llevaran a sus aposentos y permaneció junto a ella hasta que despertó.

—Me llamo Roselyn Hayes —explicó la joven—. Mi aldea decía que mi olor volvía locos a los hombres. Me acusaron de brujería y me expulsaron al bosque para que el invierno decidiera mi destino.

Cormac apretó los puños, pero Roselyn continuó:

—Encontré una cueva. Dos días después vi a un hombre llegar a un roble muerto. Llevaba una cesta de la que salían llantos. La dejó en la nieve y luego se transformó en un lobo gris.

La habitación quedó en silencio.

—¿Viste su rostro? —preguntó Cormac.

—No. Llevaba una capucha. Pero vi su mano derecha. Le faltaban dos dedos y llevaba un brazalete de hierro torcido.

Cormac dejó caer la copa que sostenía. Solo un miembro de su consejo tenía aquellas marcas: Alden Croft, el anciano que había servido a su padre y que durante años había fingido proteger a la familia Sterling.

—Alden abandonó a los niños para que murieran —murmuró.

Roselyn se incorporó a pesar del dolor de su hombro.

—Puedo testificar ante la manada.

—No. Si descubre que eres la única testigo, intentará silenciarte.

Antes de que Roselyn pudiera responder, la puerta se abrió violentamente. Garrick apareció con el hacha desenvainada y el rostro desencajado.

—Cormac, Alden sabe que la humana despertó. Ha reunido a parte de la guardia en el gran salón. Dice que Roselyn secuestró a los herederos y exige que se la entreguemos para ejecutarla.

Un rugido inhumano nació en el pecho de Cormac.

El traidor acababa de revelar su verdadero rostro… y ya estaba subiendo las escaleras para buscar a la única mujer capaz de destruirlo.

PARTE 2

Cormac desenvainó el espadón colgado en la pared.

—Quédate aquí —ordenó a Roselyn—. Garrick, si alguien intenta entrar, protégela con tu vida.

Después descendió al gran salón. Alden lo esperaba rodeado por una docena de guardias. El anciano levantó su mano mutilada y señaló hacia las habitaciones superiores.

—La humana es una bruja —declaró—. Ella secuestró a los niños para infiltrarse en nuestra manada. Entrégamela antes de que su maldición destruya Colmillo de Hierro.

Cormac avanzó hasta el último escalón y liberó su autoridad de alfa. Varios guardias jóvenes cayeron de rodillas.

—El único olor a traición que percibo en esta fortaleza viene de ti.

Alden recordó a todos sus décadas de servicio y acusó a Cormac de haber perdido el juicio por el aroma de una desconocida. Sabía que, sin pruebas, parte de la manada dudaría de su alfa.

—¿Dónde está tu evidencia? —desafió—. ¿Vas a condenarme por las palabras de una humana?

—La evidencia está aquí.

La voz de Roselyn descendió desde la escalera.

Cormac se volvió con furia y miedo. Ella caminaba apoyándose en la barandilla, envuelta en uno de sus mantos. En el brazo sano llevaba la cesta donde había encontrado a los gemelos.

—Te ordené que permanecieras en la habitación.

—Y yo no permitiré que un inocente sea acusado por guardar silencio.

Roselyn dejó la cesta en el centro del salón. De una rama de mimbre retiró un trozo de lana negra.

—Esta tela quedó atrapada cuando el hombre abandonó a los niños.

Todos miraron el manto de Alden. En su borde había un desgarro cuya forma coincidía exactamente con el fragmento. Los lobos más cercanos también reconocieron en la cesta el aroma a resina y azufre que siempre acompañaba al consejero.

Pero Roselyn todavía tenía otra prueba.

Sacó de su bolsillo una carta arrugada que había encontrado bajo las mantas de los pequeños. El sello pertenecía a Archibald Sinclair, un industrial humano que llevaba años intentando apoderarse de las montañas ricas en plata de Colmillo de Hierro.

—Sinclair prometió reconocer a Alden como gobernante del norte —leyó Roselyn—. A cambio, él permitiría la entrada de su ejército privado. La única condición era eliminar a Liam y Finn, los últimos herederos directos.

El rostro de Alden perdió todo color.

Entonces se transformó.

Su cuerpo adoptó la forma de un enorme lobo gris y se lanzó directamente contra Roselyn. Cormac soltó la espada y cambió en pleno salto. Convertido en un lobo negro mucho mayor, interceptó al traidor antes de que sus colmillos alcanzaran a la joven.

El choque sacudió el salón. Alden intentó escapar, pero Cormac lo inmovilizó contra las losas. Un movimiento más habría terminado con él.

—¡Cormac! —gritó Roselyn—. Necesitamos su confesión para desenmascarar a Sinclair.

La bestia se detuvo al escucharla. Después de unos segundos, Cormac retrocedió. Garrick encadenó a Alden con grilletes de plata mientras sus seguidores se rendían uno tras otro.

Aquella misma noche, el traidor confesó. Los documentos y su testimonio llegaron a la capital humana. Sinclair perdió sus títulos, su ejército fue disuelto y las fronteras del norte quedaron protegidas.

Dentro de la fortaleza ocurrió una transformación más silenciosa. Liam y Finn se recuperaron y apenas permitían que Roselyn se alejara de ellos. La manada, que al principio la había observado con desconfianza, comenzó a buscar su presencia. Su aroma calmaba las disputas, pero era su valentía lo que verdaderamente había conquistado a los lobos.

Cuando los sanadores declararon que su hombro estaba curado, Cormac la encontró en la guardería. Liam dormía apoyado contra ella y Finn jugaba sobre la alfombra.

—Supongo que ya puedo marcharme —dijo Roselyn—. Mi antigua aldea no me recibirá, pero encontraré algún lugar cerca de la costa.

El rostro del alfa cambió.

—¿Marcharte? ¿Todavía no comprendes lo que eres para nosotros?

Cormac se arrodilló frente a ella y tomó sus manos.

—Eres una omega. Lo que tu gente llamó una maldición es un don que devuelve equilibrio a nuestros instintos. Los hombres de Sinclair sembraron esos rumores en tu aldea para conseguir que te expulsaran antes de que una manada pudiera encontrarte.

Roselyn sintió que el mundo se inclinaba bajo sus pies. Durante años había creído que había algo oscuro dentro de ella.

—No eres una maldición —continuó Cormac—. Caminaste durante tres días por una tormenta para salvar a dos niños que no conocías. Te enfrentaste a un traidor mientras estabas herida. Posees más valor que muchos alfas.

Apoyó la frente sobre sus rodillas, un gesto de completa vulnerabilidad en un hombre nacido para dominar.

—Quédate. Liam y Finn ya te consideran su hogar. Mi manada te necesita… y yo no sé cómo dejarte cruzar esas puertas sin sentir que te llevas una parte de mí.

Los ojos de Roselyn se llenaron de lágrimas. Había pasado su vida siendo rechazada por un don que no comprendía. Ahora el hombre más poderoso del norte estaba de rodillas, ofreciéndole aquello que nunca había tenido: un lugar donde pertenecer.

Ella sostuvo su rostro entre las manos.

—No tengo ningún hogar al cual regresar, Cormac Sterling. Pero incluso si lo tuviera, elegiría quedarme aquí.

Los ojos del alfa brillaron dorados. Se levantó y la abrazó con cuidado mientras un ronroneo profundo vibraba en su pecho. Liam despertó y los rodeó con sus pequeños brazos; Finn se unió a ellos riendo.

Cuando la noticia recorrió la fortaleza, Colmillo de Hierro aulló con una alegría que hizo temblar la montaña.

La humana expulsada por ser diferente se convirtió en el corazón de la manada más temida del norte. Junto a Cormac, protegió a los herederos, reparó la relación entre humanos y lobos y demostró que incluso en un mundo gobernado por garras, la fuerza más poderosa podía nacer de un corazón compasivo.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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