La joven que esperó 3 años al rey vampiro pensó que él nunca la elegiría… hasta que otro hombre apareció

La joven que esperó 3 años al rey vampiro pensó que él nunca la elegiría… hasta que otro hombre apareció

PARTE 1

Durante tres años, Isabelle Fairmont esperó que el hombre más poderoso que había conocido diera un solo paso hacia ella.

Pero esa noche lo vio sonreírle a otra mujer.

Y por primera vez pensó que quizá había estado esperando algo que nunca iba a suceder.

La lluvia de otoño golpeaba suavemente las ventanas de Laurel House, una de las mansiones más antiguas de Filadelfia. Dentro, las velas iluminaban el salón mientras las familias más conocidas de la ciudad conversaban, bailaban y fingían que nada podía sorprenderlas.

Isabelle estaba junto a su amiga Meline cuando sus ojos volvieron a buscarlo.

Cassian Ren.

El rey de la Corte Vampírica del Este.

Un hombre conocido por su elegancia, su enorme poder y, sobre todo, por la manera en que parecía controlar cada emoción que tenía.

Llevaba años siendo amable con Isabelle.

Recordaba sus libros favoritos. Recordaba pequeñas cosas que ella decía. A veces, cuando entraba a una habitación, Isabelle notaba que él la buscaba con la mirada.

Pero siempre ocurría lo mismo.

Cuando parecía que algo podía cambiar entre ellos, Cassian volvía a poner distancia.

Como si sentir algo por ella fuera un problema que debía evitar.

—Lo está haciendo otra vez —susurró Isabelle.

Meline siguió su mirada.

Cassian estaba hablando con Louisa Barrett y parecía completamente tranquilo.

—¿Y eso qué significa?

Isabelle suspiró.

—Significa que llevo tres años esperando a alguien que nunca decide nada.

Meline la observó con preocupación.

—Esa frase normalmente termina con una mala idea.

Quizá tenía razón.

Porque pocos minutos después, Frederick Langley apareció frente a ellas.

Frederick era hijo de una familia rica de comerciantes. Era encantador, seguro de sí mismo y demasiado consciente de que muchas personas disfrutaban de su compañía.

—Señorita Fairmont —dijo con una sonrisa—, ¿me concedería este baile? Necesito escapar de esta noche aburrida.

Isabelle debería haber rechazado.

Pero entonces miró otra vez hacia Cassian.

Él seguía junto a Louisa.

—Acepto —respondió.

Mientras bailaba con Frederick, Isabelle sintió algo extraño.

Cassian la estaba mirando.

Ya no tenía aquella expresión tranquila de siempre.

Sus ojos siguieron la mano de Frederick cuando tomó la cintura de Isabelle durante el baile, y por un instante pareció perder esa seguridad que todos admiraban.

Aquella pequeña reacción hizo que Isabelle sintiera una esperanza que no quería admitir.

Tal vez Cassian sí sentía algo.

Tal vez solo necesitaba una razón para demostrarlo.

Durante los días siguientes, Frederick comenzó a visitarla con frecuencia.

Llegaron flores a Laurel House.

Hubo invitaciones a conciertos, paseos y reuniones familiares.

Todos comenzaron a notar que el joven Langley estaba interesado en Isabelle.

Todos, incluido Cassian.

Lo curioso fue que, de repente, el rey vampiro empezó a aparecer en los mismos lugares donde estaba Frederick.

En una reunión de jardín.

En un concierto al que nunca había mostrado interés por asistir.

En una celebración donde casualmente terminó cerca de Isabelle durante toda la tarde.

—Me parece interesante —le dijo Isabelle una vez—. Antes nunca aparecías tanto.

Cassian mantuvo su expresión seria.

—Simple coincidencia.

Meline casi se rió.

—Claro. Una coincidencia que sabe exactamente dónde estará Frederick Langley.

Pero Isabelle empezó a sentirse incómoda.

Porque Frederick no era el villano de su historia.

Era amable.

La escuchaba.

Realmente parecía disfrutar estar con ella.

Y ella sabía que estaba usando sus sentimientos para provocar una reacción de Cassian.

Entonces decidió decirle la verdad.

Pero antes de que pudiera hacerlo, Frederick tomó una decisión.

Fue durante una reunión en casa de la familia Holloway.

Isabelle estaba cerca de la ventana cuando Frederick llegó con una expresión mucho más seria de lo normal.

—Isabelle, necesito hablar contigo.

Ella sintió que algo iba a ocurrir.

Frederick tomó su mano.

—Estas semanas han sido mejores de lo que esperaba. Eres inteligente, paciente y…

Isabelle cerró los ojos un instante.

Ya sabía lo que venía.

—Frederick, no puedo aceptar.

El silencio fue inmediato.

La decepción en su rostro hizo que Isabelle sintiera culpa.

—Debí ser honesta desde el principio —dijo ella.

Frederick bajó la mirada.

Luego preguntó:

—¿Hay alguien más?

Isabelle no respondió.

Y eso fue suficiente.

Frederick siguió la dirección de sus ojos.

Al otro lado del salón estaba Cassian.

Observándolos.

—Es él, ¿verdad? —preguntó Frederick.

Antes de que Isabelle pudiera explicar, los invitados comenzaron a moverse hacia otra sala y la multitud bloqueó la vista.

Cuando finalmente Isabelle logró buscar a Cassian, él ya no estaba.

Meline volvió unos minutos después con una expresión preocupada.

—Tengo un problema.

—¿Qué pasó?

—Cassian cree que Frederick te pidió matrimonio.

Isabelle quedó inmóvil.

—¿Cómo pudo pensar eso?

—Vio tu mano tomada con la suya. Vio la reacción de todos. Después la gente comenzó a moverse y nunca escuchó la conversación.

Durante tres días, Cassian desapareció.

No visitó Laurel House.

No apareció en ninguna reunión.

No envió ningún mensaje.

Y por primera vez en mucho tiempo, Isabelle comprendió algo que le dolió más de lo esperado.

Había conseguido llamar su atención.

Pero quizá había perdido la oportunidad de saber la verdad.

Entonces, una tarde, mientras miraba una página de un libro sin leer realmente una sola palabra, escuchó que alguien había llegado.

Era Frederick.

Y traía una confesión que cambiaría todo.

PARTE 2

—Antes de que digas algo, necesito disculparme —dijo Frederick al entrar.

Isabelle lo miró sorprendida.

No esperaba eso.

Frederick respiró profundamente.

—La verdad es que mi interés por ti tampoco fue completamente sincero.

Isabelle frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Él miró hacia la ventana.

—Hay alguien más.

Su nombre era Hannah Pierce.

Una joven cercana a la familia Fairmont que siempre había estado en segundo plano, lejos de los grandes eventos y las familias importantes.

Frederick confesó que muchas de sus visitas a Laurel House habían sido una excusa para verla.

Entonces ambos comprendieron algo.

Los dos habían cometido el mismo error.

Isabelle había usado a Frederick para provocar a Cassian.

Frederick había usado a Isabelle para acercarse a Hannah.

—Supongo que ambos fuimos bastante tontos —dijo él riendo.

Por primera vez en semanas, Isabelle también sonrió.

Pero después de aquella conversación entendió algo importante.

No quería que Cassian reaccionara solamente porque otro hombre estaba cerca.

Quería que él la eligiera.

Sin miedo.

Sin juegos.

Sin esconderse.

Al día siguiente, Meline apareció en Laurel House con una idea.

—Vas a venir conmigo.

—¿A dónde?

—A descubrir por qué un rey vampiro está caminando solo junto al río practicando un discurso.

Cuando llegaron, Isabelle vio a Cassian bajo los árboles.

El hombre que podía enfrentar reuniones políticas, enemigos antiguos y grandes responsabilidades parecía completamente perdido.

Tenía unas flores en la mano.

Y estaba hablando consigo mismo.

Cuando la vio, se quedó en silencio.

—Miss Fairmont…

—No me llames así ahora.

Cassian bajó la mirada.

—Recordé que dijiste que tus flores favoritas eran los crisantemos.

Isabelle tomó las flores.

—Eso lo dije hace meses.

—Lo recuerdo.

Ella lo miró fijamente.

—Ese es el problema, Cassian. Recuerdas todo sobre mí. Pero durante tres años decidiste no decirme nada.

El rey guardó silencio.

Finalmente respondió:

—Porque tenía miedo.

Isabelle no esperaba escuchar eso.

Cassian explicó que siempre había pensado que acercarse a ella sería egoísta.

Él era un rey.

Ella era humana.

Su vida podía complicarse por estar a su lado.

Pero mientras intentaba protegerla de un futuro difícil, nunca le dio la oportunidad de decidir por sí misma.

—Cuando vi a Frederick contigo, entendí que mi distancia no había protegido nada —dijo—. Solo había conseguido perder tiempo.

Isabelle sintió que todas las dudas acumuladas durante años finalmente encontraban respuesta.

—Entonces dime la verdad.

Cassian respiró profundamente.

—Estoy enamorado de ti.

Por primera vez, no hablaba como rey.

Solo como hombre.

Isabelle sonrió.

—Frederick nunca fue realmente mi pretendiente.

Cassian levantó una ceja.

—¿Qué?

—Yo también estaba intentando darte celos.

Por un momento ambos quedaron en silencio.

Después comenzaron a reír.

Habían pasado años intentando descubrir lo que el otro sentía sin tener una conversación sencilla.

Ese día hicieron una promesa.

Nada de juegos.

Nada de decisiones tomadas por el otro.

Solo honestidad.

Con el tiempo, Cassian comenzó a visitar Laurel House sin excusas.

Ya no buscaba razones para verla.

Simplemente quería estar con ella.

Y cuando finalmente le pidió matrimonio, Isabelle entendió que no estaba aceptando convertirse en parte de un mundo extraño.

Estaba aceptando construir uno nuevo junto a alguien que finalmente había dejado de esconderse.

La boda reunió a humanos y vampiros.

Algunos tenían dudas.

Otros tenían curiosidad.

Pero Isabelle solo veía al hombre frente a ella.

No al rey.

No al título.

A Cassian.

Años después, cuando caminaban por los jardines de Silvermere House, todavía recordaban aquella noche en que todo comenzó.

La noche en que los celos abrieron una puerta.

Pero fue la verdad la que los llevó a cruzarla.

Porque el amor no nació cuando Cassian tuvo miedo de perderla.

Nació cuando ambos dejaron de intentar controlar el final y decidieron elegirse libremente.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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