La Humillaron y la Entregaron al Rey Lycan — Sin Saber que Él se Enamoraría de Ella

PARTE 1

Elena Blackthorn había pasado toda su vida aprendiendo a hacerse invisible.

En la mansión de su familia no era tratada como una dama noble, sino como una sirvienta.

Su madrastra, Lady Serafina, reservaba los vestidos, las fiestas y las mejores habitaciones para sus hijas, Isolde y Rowena.

A Elena le correspondían las cocinas, el polvo y las cenizas.

—Tus manos sirven mejor para limpiar que para bordar —solía decir Serafina.

Elena soportaba en silencio.

Su único refugio eran los libros que encontraba escondidos en la vieja biblioteca.

Hasta que llegó una carta del reino de Shadow Mir.

El temido rey licántropo Cael Shadow proponía un tratado de paz y exigía que una doncella de la casa Blackthorn fuera enviada a su corte.

Serafina palideció.

Las historias describían a Cael como una criatura enorme, brutal y despiadada.

Por supuesto, jamás enviaría a sus preciosas hijas.

Entonces miró hacia Elena.

—Ella servirá.

Isolde soltó una carcajada.

—Quizá el monstruo ni siquiera quiera conservarla.

Elena fue enviada con un vestido viejo, una capa gastada y apenas comida suficiente para el viaje.

Cuando llegó al castillo de Shadow Mir, estaba convencida de que caminaba hacia su final.

El gran salón estaba lleno de licántropos.

En el centro, sentado sobre un trono oscuro, estaba Cael.

Era enorme.

Cabello negro.

Cicatrices antiguas.

Y unos ojos dorados que parecían atravesar cualquier mentira.

Elena inclinó la cabeza.

Esperó el desprecio.

Pero Cael quedó inmóvil.

Algo acababa de despertarse dentro de él.

Un vínculo ancestral que había esperado durante siglos.

Se levantó lentamente.

Toda la corte guardó silencio.

—Ella será mi Reina Luna.

Elena creyó haber escuchado mal.

Los nobles comenzaron a murmurar.

¿Una humana?

¿Una muchacha sin poder?

¿La oveja negra de los Blackthorn?

Pero Cael no retrocedió.

Ordenó que Elena fuera tratada con el respeto de una futura reina.

Durante las semanas siguientes ocurrió algo todavía más extraño.

El rey no intentó obligarla a acercarse.

La escuchaba.

Le preguntaba qué pensaba.

Cuando descubrió que Elena amaba los libros, abrió para ella la biblioteca más grande de los reinos del norte.

—Todo esto está a tu disposición.

Elena casi lloró.

Nadie le había regalado jamás algo pensando realmente en quién era ella.

Pero la corte seguía desconfiando.

El anciano Terón insistía en que una humana no podía gobernarlos.

Lord Valerius, un noble ambicioso, comenzó a insinuar que Cael estaba embrujado.

Luego Lady Serafina apareció con Isolde y Rowena.

Afirmaban que habían venido a “rescatar” a Elena.

Pero Elena reconoció inmediatamente la envidia en sus ojos.

La muchacha que habían enviado para ser rechazada estaba viviendo como futura reina.

Antes de marcharse, Rowena susurró:

—¿De verdad crees que alguien como tú puede ser reina? Cuando se canse, te descartará.

Las viejas heridas regresaron.

Entonces el consejo exigió algo todavía peor.

La Prueba de la Luna de Sangre.

Una antigua prueba diseñada para evaluar la inteligencia, el valor y la resistencia de una futura Reina Luna.

Cael quiso negarse.

Elena lo detuvo.

—Acepto.

Estudió durante días.

Superó los acertijos sobre la historia licántropa.

Después atravesó sola el peligroso Bosque Susurrante y encontró el objeto sagrado escondido en su interior.

Por primera vez, incluso Terón la miró con respeto.

Pero Valerius comprendió que estaba perdiendo.

Elena también había empezado a sospechar de él.

Investigando antiguos documentos descubrió que el lobo que la había atacado semanas atrás probablemente había sido manipulado mediante hierbas y feromonas.

El ataque no había sido casual.

Todo conducía a Valerius.

Elena decidió reunir pruebas.

Aquella noche salió tarde de la biblioteca.

Escuchó pasos detrás de ella.

Se volvió.

Una tela empapada cubrió su boca.

Intentó luchar.

Demasiado tarde.

Cuando abrió los ojos nuevamente, estaba encadenada dentro de una mazmorra húmeda.

La puerta se abrió.

Lord Valerius entró sonriendo.

Se inclinó frente a ella.

—Mi querida futura Reina Luna…

Elena sintió un escalofrío.

Valerius acercó su rostro al suyo.

—Qué pena que tu reinado vaya a terminar antes de comenzar.

PARTE 2

Elena sintió miedo.

Pero esta vez el miedo no consiguió convertirla en aquella muchacha silenciosa de la mansión Blackthorn.

—Cael te encontrará.

Valerius rio.

—Eso espero.

Su plan era utilizarla para obligar al rey a cometer un error.

Durante meses había alimentado los prejuicios del consejo, organizado el ataque del lobo e intentado convencer a todos de que la presencia de Elena debilitaba al trono.

Si Cael atacaba desesperadamente para rescatarla, Valerius podría presentarlo como un gobernante dominado por una humana.

Y si Elena desaparecía…

el camino hacia el poder quedaría abierto.

—Nunca quisiste proteger Shadow Mir —dijo Elena.

La sonrisa de Valerius desapareció.

—Eres más inteligente de lo que pareces.

—Ese ha sido el error de todos conmigo.

Cuando él salió, Elena examinó las cadenas.

Recordó una vieja historia que había leído sobre prisioneros que utilizaban alfileres para abrir cerraduras sencillas.

Todavía llevaba una pequeña aguja escondida en el cabello.

Trabajó durante lo que pareció una eternidad.

Finalmente una de las esposas se abrió.

Entonces escuchó algo.

Aullidos.

Lejanos.

Pero inconfundibles.

Cael.

En Shadow Mir, el rey había sentido la desaparición de Elena a través del vínculo.

No necesitó pruebas para comprender quién estaba detrás.

—Valerius tomó a mi Reina Luna.

Reunió a sus mejores guerreros.

—La traeremos de regreso.

Cuando los hombres de Valerius entraron para trasladar a Elena, ella ya tenía una mano libre.

Esperó hasta que el primero se acercó.

Lo empujó con todas sus fuerzas y corrió hacia la puerta.

Al mismo tiempo, los guerreros de Cael irrumpieron en la fortaleza.

El caos estalló.

Elena alcanzó un corredor justo cuando Cael apareció.

Por un instante ninguno de los dos habló.

Ella corrió hacia él.

Cael la sostuvo contra su pecho.

—Pensé que te había perdido.

—Todavía no.

Pero Valerius apareció detrás de ellos con una daga.

—Entonces perderás el reino por ella.

Atacó.

Cael logró esquivar la mayor parte del golpe, pero la hoja alcanzó su costado.

Elena gritó.

Durante un terrible segundo él cayó.

Y entonces comprendió algo que había intentado negar durante meses.

Amaba a aquel hombre.

No porque el vínculo ancestral lo exigiera.

Porque Cael había sido la primera persona que la había escuchado.

La primera que respetó su inteligencia.

La primera que vio valor en ella cuando ella misma todavía no podía verlo.

—¡Cael!

El rey abrió los ojos.

La herida era seria, pero no definitiva.

Se levantó.

Valerius retrocedió.

Esta vez el enfrentamiento terminó rápidamente.

El traidor fue capturado.

Y todas las pruebas de su conspiración fueron encontradas.

El ataque manipulado del lobo.

Los rumores preparados contra Elena.

El secuestro.

Sus contactos con quienes deseaban desestabilizar el reino.

Cuando regresaron a Shadow Mir, Cael compareció ante el consejo.

Terón volvió a insistir:

—Una humana no puede estar por encima del bienestar de nuestro pueblo.

Cael avanzó hacia él.

—He protegido este reino durante siglos.

Su voz retumbó en el salón.

—Pero Elena es mi compañera. Rechazarla sería rechazar una ley más antigua que cualquiera de nuestras tradiciones.

Terón mantuvo la mirada.

—Ponéis vuestro amor por encima del trono.

—No.

Cael tomó la mano de Elena.

—Mi amor por ella fortalece este reino.

Miró a todos los presentes.

—Superó vuestra prueba de inteligencia. Superó el Bosque Susurrante. Descubrió la conspiración que ninguno de ustedes había visto. Y cuando Valerius la secuestró, no esperó indefensa a que alguien la salvara.

Elena sintió que algo dentro de ella finalmente dejaba de esconderse.

Dio un paso adelante.

—Mi linaje Blackthorn no me define.

La sala quedó en silencio.

—Mis acciones sí.

Miró directamente a Terón.

—No deseo gobernar Shadow Mir para demostrarle nada a mi antigua familia. Quiero servir a este reino porque aquí descubrí algo que nunca tuve antes.

—¿Qué? —preguntó el anciano.

—Un hogar.

El silencio duró varios segundos.

Entonces Terón inclinó la cabeza.

—El valor de Lady Elena ha sido probado.

Miró a Cael.

—El consejo acepta vuestra Reina Luna.

Por primera vez Elena no necesitó que nadie le dijera que era suficiente.

Ella ya lo sabía.

Valerius fue despojado de su rango, sus propiedades y condenado al exilio permanente.

La familia Blackthorn sufrió otro tipo de consecuencia.

Cuando Serafina, Isolde y Rowena supieron que Elena había sido oficialmente reconocida como Reina Luna y que Valerius había caído en desgracia, intentaron nuevamente acercarse a ella.

Esta vez Elena no necesitó esconderse.

Tampoco buscó venganza.

Simplemente cerró aquella puerta.

La sociedad noble descubrió cómo habían tratado durante años a la joven que ahora gobernaba uno de los reinos más poderosos.

Su reputación se derrumbó.

Y la mansión Blackthorn quedó tan fría y vacía como siempre había sido para Elena.

En Shadow Mir ocurrió lo contrario.

Cael llevó a Elena a conocer todo el reino.

Las aldeas.

Los antiguos clanes.

Las montañas.

Los asentamientos humanos cercanos.

Y el rey empezó a escuchar sus ideas.

Elena propuso escuelas para niños que no pertenecían a familias poderosas.

Nuevos acuerdos comerciales con las aldeas humanas.

Bibliotecas abiertas a jóvenes de todos los rangos.

—¿Sabes por qué esto importa tanto para mí? —preguntó un día.

Cael sonrió.

—Porque cuando eras niña, alguien intentó convencerte de que el conocimiento no te pertenecía.

—Exactamente.

Él besó su frente.

—Entonces cambiaremos eso.

Con el tiempo llegó el día de la ceremonia.

El gran salón fue cubierto con flores de invierno, ramas de pino y antiguos estandartes de los clanes.

Elena caminó hacia Cael vestida con plata y blanco.

La muchacha que una vez había servido comida a sus hermanastras ahora avanzaba entre cientos de licántropos que inclinaban respetuosamente la cabeza.

Cael la esperaba junto al altar.

—Nunca pensé que una carta de paz cambiaría mi vida —susurró él.

Elena sonrió.

—Y yo pensé que me estaban enviando a un monstruo.

—Eso duele.

—Tenías muy mala reputación.

—Todavía la tengo.

—Conmigo no.

Intercambiaron sus votos.

Cael prometió protegerla, respetarla y gobernar junto a ella.

Elena prometió caminar a su lado, hablar cuando creyera que él estaba equivocado y utilizar su nueva posición para proteger a quienes nunca habían tenido voz.

La manada rugió su aprobación.

Años después, Shadow Mir era diferente.

Elena se convirtió en una Reina Luna respetada no por haber nacido Blackthorn ni por ser compañera del rey.

La respetaban por sus propias decisiones.

Las escuelas que había imaginado comenzaron a llenarse.

Los conflictos entre comunidades humanas y licántropas disminuyeron.

Su antigua pasión por los libros se convirtió en una herramienta para gobernar.

Y el castillo que una vez le había parecido oscuro empezó a llenarse de risas.

Especialmente después del nacimiento de sus hijos.

Primero llegó un niño.

Después una niña.

Ambos heredaron los ojos dorados de Cael.

Y, según el propio rey, también habían heredado algo mucho más peligroso.

La inteligencia de su madre.

Una tarde Elena encontró a Cael en la biblioteca intentando convencer a su hijo pequeño de devolver un enorme libro a la estantería.

—Es demasiado pesado —dijo el rey.

El niño negó con la cabeza.

—Mamá dice que ningún libro es demasiado grande.

Elena apoyó una mano sobre la puerta.

—No recuerdo haber dicho exactamente eso.

Cael la miró.

—Tu hijo ya aprendió a manipular mis palabras.

—Nuestro hijo.

Elena se acercó.

Su hija corrió detrás y se aferró a su vestido.

Por un momento Elena recordó la mansión Blackthorn.

Las bandejas.

El polvo.

Las risas de sus hermanastras.

Aquella voz que durante años le había dicho que no era digna de nada.

Luego miró a Cael.

A sus hijos.

A las estanterías interminables.

A la casa que había ayudado a transformar.

Y comprendió finalmente algo.

Cael nunca la convirtió en alguien valioso.

Solo fue la primera persona que la trató como si siempre lo hubiera sido.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Recommended for You

View Archive arrow_forward