La enviaron para humillar al rey vampiro salvaje; él sonrió y la llamó «mía».

La enviaron para humillar al rey vampiro salvaje; él sonrió y la llamó «mía».

PARTE 1

La noche en que me enviaron al sótano del castillo Grimolo, todos esperaban escuchar mis gritos.

Lo que nadie imaginaba era que esa decisión cambiaría la historia del lugar más temido del reino.

Yo era una chica de 19 años sin familia, sin dinero y sin un lugar al cual regresar. Cuando llegué a la fortaleza, llevaba una maleta vieja, unos zapatos rotos y una carta de recomendación escrita por un sacerdote que apenas me conocía.

Para todos los demás, yo era solamente otra sirvienta pobre que no duraría mucho tiempo dentro de esas paredes.

El castillo Grimolo no era una casa común. Estaba construido sobre un acantilado, rodeado de niebla y caminos llenos de barro. Desde lejos parecía un lugar donde los secretos habían quedado atrapados durante siglos.

Y había uno que todos conocían, aunque nadie se atrevía a mencionarlo demasiado.

En las profundidades del castillo estaba encerrado Valerius, el antiguo rey vampiro.

Durante más de cien años, la familia real había mantenido aquella criatura lejos de todos. Decían que había perdido la razón, que se había convertido en un peligro y que nadie debía acercarse a las mazmorras.

Los sirvientes hablaban de él como si fuera una leyenda oscura.

Algunos aseguraban que sus ojos eran aterradores.

Otros decían que su sola presencia hacía temblar las paredes.

Yo no sabía qué creer.

Lo único que sabía era que necesitaba conservar ese trabajo.

Pero desde mi primer día entendí que el castillo podía ser cruel incluso sin contar historias de monstruos.

La encargada de los sirvientes, Marggo, decidió desde el primer momento que yo no pertenecía allí.

Por mi ropa vieja.

Por mi forma de hablar.

Por no tener apellido importante.

Durante semanas me asignó los peores trabajos.

Limpiar habitaciones cuando todos dormían.

Cargar cubetas de agua helada.

Dormir en un pequeño almacén porque supuestamente no había otra habitación disponible.

Yo no protestaba.

Había aprendido que cuando una persona no tiene nada, a veces debe soportar mucho para no perder lo poco que consiguió.

Pero los demás sirvientes tampoco me dejaron tranquila.

A veces escondían mis herramientas.

Otras veces se burlaban cuando pasaba por los pasillos.

Yo intentaba desaparecer.

Quería ser invisible.

Hasta que llegó la noche del equinoccio de otoño.

El castillo estaba lleno de música y comida por una celebración de la nobleza. Mientras todos estaban arriba, Marggo apareció con una sonrisa extraña.

—Hay un derrame en la parte baja del castillo —me dijo—. Necesito que lo limpies antes del amanecer.

Sentí un escalofrío.

Sabía exactamente qué zona era.

Las mazmorras.

Todos sabían que existían tres puertas antes de llegar al lugar donde estaba encerrado Valerius.

La primera era antigua.

La segunda llevaba a los pasillos de las celdas.

La tercera tenía cerraduras de plata.

—Creo que no debería bajar ahí —respondí.

Marggo sonrió.

No era una sonrisa amable.

Era la sonrisa de alguien que sabía que tenía poder sobre otra persona.

—Entonces tendré que informar que rechazaste una orden directa.

Miré mis manos.

Pensé en el frío de la calle.

Pensé en no tener ningún lugar donde pasar el invierno.

Así que tomé la cubeta y bajé.

Cada escalón parecía llevarme más lejos del mundo.

Arriba quedaban las risas, la música y las luces.

Abajo solo había oscuridad.

El aire era cada vez más frío.

Las antorchas estaban más separadas.

Hasta que finalmente solo escuché el sonido de mis propios pasos y unas gotas cayendo sobre la piedra.

Atravesé la primera puerta.

Luego la segunda.

La humedad estaba por todas partes. El derrame realmente existía. Una vieja tubería se había roto y el agua cubría parte del suelo.

Me arrodillé y comencé a limpiar.

Durante unos minutos intenté convencerme de que todo estaba bien.

Que las historias eran exageraciones.

Que Valerius era solamente un cuento para asustar sirvientes.

Entonces escuché algo.

Un sonido bajo.

Profundo.

No parecía una voz humana.

Mi cuerpo se quedó inmóvil.

La cubeta cayó al suelo.

El sonido volvió a escucharse.

Esta vez venía detrás de la tercera puerta.

Después escuché cadenas moviéndose lentamente.

Mi primera reacción fue correr.

Sabía que debía subir las escaleras y no mirar atrás.

Pero mis piernas no respondían.

La tercera puerta estaba a pocos pasos.

Y a través de la luz débil de una antorcha pude verlo.

Valerius.

El rey vampiro.

Estaba sentado en el suelo, con el cabello largo cubriendo parte de su rostro y cadenas plateadas rodeando su cuerpo.

Durante un segundo pensé que las historias eran ciertas.

Sus ojos tenían una intensidad imposible de explicar.

Era como mirar a alguien que había pasado demasiado tiempo en completa oscuridad.

Entonces él levantó la cabeza.

Las cadenas comenzaron a moverse.

Yo retrocedí.

El miedo me decía que escapara.

Pero algo extraño ocurrió.

Valerius se detuvo.

Su expresión cambió.

Como si hubiera reconocido algo que llevaba siglos buscando.

Me miró en silencio.

Y después de más de cien años sin decir una palabra, sus labios se movieron lentamente.

Solo pronunció una frase.

—Eres tú.

El eco de esas palabras recorrió la mazmorra.

Y en ese instante comprendí que yo no había llegado al castillo Grimolo por casualidad.

Porque el monstruo que todos temían parecía haber estado esperándome.

PARTE 2

No pude moverme.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.

Yo esperaba escuchar una amenaza.

Esperaba ver al ser que todos describían como una criatura sin sentimientos.

Pero Valerius solamente me observaba.

Como si intentara recordar algo perdido hace mucho tiempo.

Al final, fui yo quien habló.

—¿Por qué me miras así?

Su voz salió débil, como si llevara años sin usarla.

—Porque durante mucho tiempo pensé que nunca llegarías.

No entendí esas palabras.

Yo era una simple sirvienta.

No tenía familia importante.

No tenía poderes.

No tenía nada especial.

Pero algo dentro de mí me decía que debía escuchar.

Con los días descubrí que las historias del castillo no contaban toda la verdad.

Valerius no era simplemente un ser peligroso encerrado por seguridad.

Había una razón detrás de su estado.

Una antigua maldición había afectado su mente durante generaciones. Lo había dejado atrapado entre la calma y la desesperación, incapaz de controlar lo que sentía.

Las cadenas de plata no solo mantenían su cuerpo encerrado.

También mantenían esa maldición activa.

Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.

Cada vez que yo me acercaba, Valerius parecía recuperar una parte de sí mismo.

Las voces dentro de su cabeza desaparecían.

El silencio regresaba.

Los guardias comenzaron a notar el cambio.

Durante años habían escuchado golpes y sonidos provenientes de la mazmorra.

Pero después de mi llegada, todo quedó completamente tranquilo.

Marggo fue la primera en sospechar.

Ella no era ingenua.

Comprendió que algo estaba ocurriendo y que mi presencia tenía relación con el rey vampiro.

Intentó convencer al administrador del castillo de que yo era peligrosa.

Decía que había cambiado algo dentro de las mazmorras.

Pero nadie sabía qué creer.

Hasta que escucharon a Valerius hablar.

Los guardias que bajaron para revisarlo regresaron pálidos.

Habían escuchado una voz que llevaba más de un siglo en silencio.

Valerius les había pedido que se alejaran de mí.

No como una amenaza.

Como una advertencia.

Porque por primera vez en mucho tiempo, alguien se había preocupado por otra persona además de sí mismo.

Yo seguí visitándolo.

No porque dejara de tener miedo.

Sino porque comencé a ver algo que nadie más había visto.

Detrás del poder.

Detrás de la leyenda.

Había alguien que había sufrido en silencio durante años.

Una noche coloqué mi mano sobre la suya a través de los barrotes.

Las cadenas brillaron.

Y por primera vez, las marcas que habían dejado comenzaron a desaparecer.

Ese fue el momento en que comprendimos la verdad.

Yo no era una amenaza.

Era la pieza que faltaba para romper la maldición.

Pero Marggo también llegó a esa conclusión.

Y decidió actuar.

Una noche, cuando el castillo estaba casi vacío, me llevaron lejos de las zonas principales.

Intentaron hacerme desaparecer para evitar que Valerius recuperara completamente su libertad.

Pero cometieron un error.

Porque durante más de cien años habían olvidado algo importante.

Podían encerrar al rey.

Podían esconderlo.

Podían mantenerlo lejos de todos.

Pero no podían romper el vínculo que nos unía.

Valerius sintió que algo estaba mal.

Y por primera vez en un siglo, las cadenas no pudieron detenerlo.

Cuando salió de la mazmorra, todos esperaban ver al monstruo de las historias.

Pero lo que apareció fue un rey que había recuperado su memoria.

No buscaba destruir el castillo.

No buscaba venganza.

Solo buscaba encontrarme.

Cuando finalmente llegó hasta mí, no vi una criatura aterradora.

Vi a alguien que había pasado demasiado tiempo esperando una segunda oportunidad.

Después de todo lo ocurrido, Valerius pudo haber castigado a quienes me hicieron daño.

Pero yo le pedí que no permitiera que el pasado decidiera quién sería en el futuro.

Y él me escuchó.

Esa fue la prueba más grande de que la maldición realmente había desaparecido.

Porque el verdadero peligro nunca fue su poder.

Fue hacerle creer durante siglos que solamente podía ser un monstruo.

Con el tiempo, el castillo Grimolo cambió.

Las puertas que antes permanecían cerradas se abrieron.

Los sirvientes dejaron de vivir con miedo.

Y yo dejé de ser la chica pobre que llegó con unos zapatos rotos.

No porque hubiera ganado riqueza.

Sino porque finalmente encontré un lugar donde alguien me veía por quien era.

Años después, cuando me preguntaban cómo había llegado a convertirme en la persona más importante del castillo, siempre respondía lo mismo:

“No fui yo quien encontró al rey vampiro en la oscuridad.”

“Fue él quien me encontró cuando yo también estaba perdida.”

Y todavía hoy, algunos dicen que en las noches de niebla, cuando el viento pasa por las torres de Grimolo, se puede escuchar una vieja historia.

La historia de una sirvienta abandonada que bajó unas escaleras para limpiar una mazmorra…

y terminó devolviéndole la humanidad al rey que todos habían olvidado.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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