La enviaron como sacrificio al rey Lykan… pero descubrió un secreto que cambió todo
La enviaron como sacrificio al rey Lykan… pero descubrió un secreto que cambió todo

PARTE 1
La noche en que llegué al castillo del rey Lykan, todos esperaban que yo no saliera de allí siendo la misma persona.
Algunos decían que era una condena. Otros susurraban que mi familia me había entregado como si fuera una pieza de un juego político.
Yo solo sabía una cosa: estaba entrando en el hogar del hombre al que todos llamaban monstruo.
Mi nombre es Odette Montgomery, y durante toda mi vida aprendí que ser diferente podía convertirte en una carga para tu propia familia.
Mientras mis hermanos eran preparados para representar el poder de nuestro apellido, yo era la hija silenciosa que permanecía lejos de los salones importantes.
Había nacido como una Omega en una familia donde solo importaban la fuerza y la influencia.
Por eso, cuando el rey Cedric Valkor exigió una alianza entre humanos y Lykan, mi tío no dudó en enviarme a mí.
No me enviaron como una embajadora.
Me enviaron porque pensaban que yo era la persona más fácil de sacrificar.
El viaje hasta la Fortaleza Obsidiana duró semanas.
Cada kilómetro hacia el norte parecía alejarme más de mi antigua vida.
Los soldados que me acompañaban evitaban mirarme a los ojos. Nadie quería decirlo en voz alta, pero todos conocían las historias sobre Cedric.
Decían que era enorme, que su presencia hacía temblar incluso a sus propios guerreros.
Decían que su lado salvaje podía aparecer en cualquier momento.
Cuando finalmente vi la fortaleza entre las montañas oscuras, entendí por qué tantas personas le tenían miedo.
No parecía un palacio.
Parecía una montaña convertida en hogar.
Al entrar, cientos de ojos se clavaron en mí.
Guerreros Lykan de gran tamaño observaban cada uno de mis movimientos mientras caminaba hacia el gran salón.
Y entonces lo vi.
Cedric Valkor estaba sentado en un enorme trono de hierro.
Era exactamente como lo describían las historias: imponente, serio y con una mirada imposible de ignorar.
Pero había algo que nadie me había contado.
Sus ojos no mostraban solamente poder.
También mostraban cansancio.
No hubo ceremonia.
No hubo palabras bonitas.
Solo señaló el camino hacia mis nuevas habitaciones y se marchó.
Esa noche me quedé sola en una habitación más grande que toda mi antigua casa.
Afuera, una tormenta golpeaba las ventanas.
Yo apretaba una pequeña pieza de plata entre mis manos, pensando que sería lo único que tendría para defenderme si las historias sobre él eran ciertas.
Entonces escuché la puerta abrirse.
Cedric entró.
Pero algo era diferente.
Su respiración era irregular.
Su expresión había cambiado.
Por primera vez vi miedo en el rostro del hombre al que todos temían.
Retrocedí lentamente mientras él intentaba mantenerse lejos de mí.
Sus manos temblaban.
Parecía estar luchando contra algo dentro de él.
Yo esperaba escuchar un rugido.
Esperaba que confirmara todas las historias que había oído.
Pero ocurrió algo que jamás imaginé.
El rey más temido del norte cayó de rodillas frente a mí.
Sus manos golpearon el suelo de piedra mientras intentaba recuperar el control.
Y entonces levantó la mirada.
No vi una criatura sin corazón.
Vi a un hombre desesperado.
Con una voz baja y agotada, me pidió algo que jamás pensé escuchar de él:
Que no huyera.
En ese instante entendí que quizás yo no había sido enviada al castillo para enfrentar a un monstruo…
Quizás había sido enviada para descubrir el secreto que todos habían ocultado.
Porque mientras Cedric luchaba contra su propia oscuridad, yo todavía no sabía que mi verdadera amenaza no estaba dentro de esa fortaleza.
Estaba en la persona que me había enviado allí.
PARTE 2
Porque mientras Cedric luchaba contra su propia oscuridad, yo todavía no sabía que mi verdadera amenaza no estaba dentro de esa fortaleza.
Estaba en la persona que me había enviado allí.
Durante los primeros días en la Fortaleza Obsidiana viví con miedo.
Pero poco a poco empecé a notar algo extraño.
Los guerreros Lykan no me trataban como una prisionera.
Cuando caminaba por los pasillos, muchos inclinaban la cabeza en señal de respeto.
Yo no entendía por qué.
Hasta que una mujer llamada Matilda decidió contarme la verdad.
Ella había servido a la familia Valkor durante muchos años.
Me explicó que la sangre real Lykan tenía una antigua maldición.
No era una historia de terror como las que contaban los humanos.
Era una lucha constante.
Los reyes de esa familia nacían con una fuerza extraordinaria, pero también cargaban con una parte salvaje que podía consumirlos.
Cedric no era un monstruo.
Era un hombre que llevaba años intentando controlar algo que nadie más podía comprender.
Y entonces entendí aquella primera noche.
No había intentado acercarse a mí para hacerme daño.
Había estado luchando para mantenerse lejos.
La revelación cambió completamente mi manera de verlo.
Pero mi familia todavía tenía otros planes.
Una tarde encontré un viejo cofre que había llegado desde mi antiguo hogar.
Pensé que solo contenía recuerdos de mi madre.
Pero al revisar su interior descubrí un fondo falso.
Dentro había un pequeño frasco y una carta escrita por mi tío.
Mis manos comenzaron a temblar mientras leía.
No me habían enviado para crear paz.
Me habían enviado con una misión secreta.
Mi tío quería que acabara con Cedric desde dentro.
El frasco contenía una sustancia preparada para debilitarlo.
Y lo peor era que había usado a mi hermano Leo como amenaza para obligarme a obedecer.
Por primera vez comprendí la verdad.
El verdadero monstruo nunca había sido el rey del norte.
Había sido la ambición de mi propia familia.
Esa noche Cedric regresó agotado después de proteger sus tierras.
Lo vi luchar nuevamente contra su lado salvaje.
Y frente a mí apareció una decisión imposible.
Podía seguir el plan que me habían impuesto.
O podía confiar en el hombre que todos habían juzgado sin conocerlo.
Tomé el frasco.
Lo miré durante varios segundos.
Después caminé hasta la chimenea y dejé caer el contenido en el fuego.
El secreto que había llevado conmigo terminó convertido en humo.
Cedric me observó en silencio.
Él ya lo sabía.
Sabía desde el primer día lo que había dentro del cofre.
Sabía la razón por la que yo había llegado.
Pero aun así decidió darme una oportunidad.
Me confesó que había enviado personas de confianza para proteger a mi hermano Leo.
No quería venganza.
Solo quería detener el ciclo de odio que había dividido durante años a humanos y Lykan.
Poco después, la verdad salió a la luz.
Mi tío y sus aliados llegaron pensando que encontrarían un reino debilitado.
Creían que Cedric estaba perdiendo el control.
Pero encontraron algo diferente.
Encontraron un rey unido a su pueblo.
Un líder que había recuperado su fuerza porque alguien finalmente había decidido verlo como una persona.
Después de todo lo ocurrido, Cedric pudo haber buscado una respuesta llena de rencor.
Pero dejó que yo eligiera el destino de mi familia.
Y esa fue la primera vez que entendí qué clase de hombre era realmente.
El hombre al que todos llamaban bestia había sido quien me había tratado con más humanidad.
Con el paso de los años, la historia cambió.
Los humanos dejaron de contar cuentos sobre un rey salvaje.
Y comenzaron a hablar de una reina que llegó al norte sin esperanza, pero terminó cambiando un reino entero.
Porque algunas veces la persona que todos temen no es quien necesita ser salvada.
Y algunas veces, quien parece haber sido entregado como sacrificio…
es la única persona capaz de traer paz.