La entregaron al rey vampiro para salvar su pueblo… pero descubrió un secreto que nadie conocía sobre él
La entregaron al rey vampiro para salvar su pueblo… pero descubrió un secreto que nadie conocía sobre él

PARTE 1
Todos en mi pueblo sabían que nadie regresaba igual después de cruzar la montaña del norte.
Durante años escuché historias sobre el castillo negro que aparecía entre la niebla y sobre el hombre que vivía allí, un rey al que todos temían. Decían que no tenía corazón, que no conocía la compasión y que la única forma de mantenerlo lejos de nuestro pueblo era pagar un precio.
Nunca imaginé que ese precio sería yo.
Mi nombre es Ara, y aquella noche caminé hacia el castillo de Lucian Darkmore sabiendo que mi vida estaba a punto de cambiar para siempre.
Los ancianos del pueblo me acompañaron por el sendero de piedra. Nadie hablaba. Sus rostros estaban llenos de tristeza, pero ninguno se atrevió a detenerse.
El viejo Margrave, líder de la aldea, apenas pudo mirarme a los ojos.
—Perdóname, hija… pero si no hacemos esto, todos sufrirán las consecuencias.
No lloré delante de ellos.
No porque no tuviera miedo, sino porque sabía que necesitaban verme fuerte.
Mi hermana pequeña me había pedido que regresara. Mi familia esperaba que encontrara una manera de sobrevivir. Y aunque mi corazón quería correr en dirección contraria, mis pies siguieron avanzando.
Frente a mí apareció el castillo.
Sus enormes torres negras parecían tocar el cielo. Durante toda mi vida había escuchado historias sobre Lucian Darkmore, el rey vampiro que había gobernado aquellas tierras durante siglos.
Un monstruo.
Eso era lo que todos decían.
Cuando las puertas del castillo se abrieron lentamente, sentí que el frío de la noche entraba hasta mis huesos.
Los hombres que me acompañaban dejaron las cadenas que sujetaban mis manos y retrocedieron rápidamente.
Me habían llevado hasta allí.
Pero ahora estaba sola.
—Así que finalmente llegaste.
La voz apareció desde la oscuridad.
No venía de un lugar específico. Parecía estar en todas partes.
Entonces él salió de las sombras.
Lucian Darkmore no era como lo imaginaba.
Esperaba ver una criatura aterradora, algo imposible de mirar. Pero encontré a un hombre alto, elegante, con una presencia que hacía difícil respirar.
Su cabello oscuro caía sobre sus hombros y sus ojos rojos parecían guardar cientos de años de secretos.
Me miró como si pudiera descubrir todos mis pensamientos.
—¿Viniste por voluntad propia? —preguntó.
Levanté la cabeza aunque mis manos temblaban.
—No tenía otra opción. Pero no voy a suplicarte.
Por primera vez, su expresión cambió.
Parecía sorprendido.
—La mayoría llega llorando.
Di un paso hacia atrás cuando comenzó a caminar alrededor de mí.
—Entonces termina esto de una vez —dije cerrando los ojos—. Haz lo que tengas que hacer.
Esperé.
Pero nada ocurrió.
Cuando abrí los ojos, él seguía observándome.
Y entonces dijo algo que jamás imaginé escuchar.
—No voy a hacerte daño.
Sentí alivio, pero también confusión.
—¿Entonces por qué me trajiste aquí?
Lucian me miró en silencio unos segundos.
Después respondió:
—Porque voy a casarme contigo.
Pensé que había escuchado mal.
—¿Casarme contigo? ¿Ni siquiera me conoces?
Su mirada volvió a endurecerse.
—Soy un rey. No olvides eso. Podría haber elegido otro camino, pero te he dado una oportunidad.
No entendía nada.
¿Por qué una boda?
¿Por qué yo?
La respuesta llegó después.
Durante los siguientes días, los sirvientes del castillo prepararon todo para la ceremonia. Me trataron con respeto, algo que no esperaba.
Una mujer mayor llamada Meredith llegó a mi habitación.
—He servido a Lucian durante muchos años —me dijo—. No voy a mentirte. Él no es un hombre fácil.
—Entonces todos tienen razón sobre él.
Meredith negó lentamente.
—No exactamente.
Me tomó las manos.
—Lucian ha vivido demasiado tiempo rodeado de miedo. Eso cambia a cualquiera.
La ceremonia llegó a medianoche.
El gran salón estaba iluminado por cientos de velas. No había invitados ni celebración. Solo silencio.
Cuando pronunciamos nuestros votos, vi algo extraño en sus ojos.
Por un instante parecía arrepentido.
Después de la ceremonia, me llevó hasta una habitación enorme dentro del castillo.
Una parte de mí pensó que finalmente conocería la verdadera razón de todo aquello.
La puerta se cerró detrás de nosotros.
Lucian permaneció frente a mí.
Yo estaba preparada para enfrentar al monstruo que todos describían.
Pero entonces ocurrió algo que nunca esperaba.
Él dio un paso atrás.
Y con una voz completamente diferente a la del rey frío que todos temían, susurró:
—Ara… hay algo que debes saber sobre mí.
Su mirada perdió toda dureza.
—No te elegí porque quisiera controlar tu vida.
Hizo una pausa.
—Te elegí porque estoy perdiendo la única cosa que todavía me queda…
Me quedé inmóvil.
Porque por primera vez, el hombre frente a mí no parecía un monstruo.
Parecía alguien que estaba desesperado.
Y cuando finalmente me reveló el verdadero motivo de nuestro matrimonio, comprendí que el mayor secreto del rey vampiro no era su poder…
Era su miedo a desaparecer.
PARTE 2
—Durante siglos pensé que nada podía afectarme —dijo Lucian mirando hacia la ventana del castillo—. Me equivoqué.
No sabía qué responder.
Toda mi vida había escuchado que los vampiros eran criaturas sin sentimientos. Que Lucian era solamente una sombra con una corona.
Pero esa noche vi algo diferente.
Vi cansancio.
Vi soledad.
Lucian me explicó que durante cientos de años había gobernado aquellas tierras. Todos le obedecían, todos le temían, pero nadie realmente lo conocía.
Tenía un reino entero.
Y aun así estaba completamente solo.
—Pensé que el poder era suficiente —admitió—. Pero con el tiempo descubrí que incluso alguien como yo puede perderse.
No quería sentir compasión por él.
Era más fácil odiarlo.
Pero entonces recordé algo que Meredith me había dicho.
“Quizá no perdió su humanidad. Quizá simplemente olvidó cómo encontrarla.”
Le hice una propuesta.
—Dame siete días.
Lucian frunció el ceño.
—¿Siete días?
—Sí. No quiero ser una prisionera. Si realmente necesitas una conexión conmigo, entonces no puedes obligarla. Tendrás que demostrarme quién eres.
Por primera vez vi una expresión diferente en su rostro.
No era enojo.
Era sorpresa.
Después de un largo silencio aceptó.
Durante esos siete días descubrí una verdad que nadie en mi pueblo conocía.
Lucian no era el monstruo de las historias.
Era un hombre atrapado dentro de una vida demasiado larga.
Me llevó a la biblioteca y me habló de los libros que había leído durante siglos.
Me preguntó sobre mi pueblo, sobre nuestras cosechas y sobre las pequeñas cosas que para mí parecían normales.
Descubrí que tenía una inteligencia increíble y hasta un extraño sentido del humor.
A veces olvidaba que estaba hablando con alguien que todos temían.
El cuarto día caminamos por los jardines del castillo.
Las flores estaban cubiertas por la escarcha.
—Yo no elegí convertirme en esto —me dijo.
Me contó que había perdido todo lo que conocía y que con los años construyó una barrera alrededor de su corazón.
—Pensé que si nadie se acercaba, nadie podría lastimarme.
Lo miré.
Y entendí algo.
La persona más peligrosa del castillo quizá no era la más cruel.
Era la más herida.
El sexto día su condición empeoró.
Lucian parecía más débil y por primera vez vi miedo en sus ojos.
No miedo hacia mí.
Miedo de perderse a sí mismo.
—Mañana necesito tu respuesta —me dijo.
Yo ya no sentía lo mismo que el primer día.
Seguía teniendo miedo.
Pero ahora también sentía algo más.
Había visto al hombre detrás de la leyenda.
Había visto sus errores, sus heridas y también su deseo de cambiar.
Cuando llegó el séptimo día, caminé hasta la habitación donde estaba esperando.
Lucian permanecía junto a la ventana.
Cuando me vio, no dijo nada.
Solo esperaba mi decisión.
Me acerqué lentamente.
—No elijo esto porque alguien me obligue.
Tomé su mano.
—Lo elijo porque conocí al hombre que exis