La dieron por muerta en un ataúd… hasta que el solitario rey vampiro abrió la tapa.

La dieron por muerta en un ataúd… hasta que el solitario rey vampiro abrió la tapa.

PARTE 1

Nunca imaginé que mi último recuerdo de la vida sería la oscuridad.

No una noche tranquila. No un sueño profundo.

Sino una oscuridad absoluta, pesada, sofocante… una oscuridad que parecía tener manos y presionar mi cuerpo hasta robarme el último aliento.

No podía moverme.

Mis hombros chocaban contra las paredes de madera que me rodeaban. Mis dedos temblaban mientras buscaban una salida imposible. Cada respiración era más difícil que la anterior. El aire dentro de aquel pequeño espacio se volvía más caliente, más escaso, más cruel.

Entonces entendí la verdad.

No estaba muerta.

Estaba enterrada viva.

El terror recorrió mi cuerpo como fuego. Golpeé la tapa del ataúd con todas mis fuerzas, ignorando el dolor de mis uñas rompiéndose contra la madera.

Pero nadie respondió.

Nadie escuchó mis gritos.

Y entonces comenzaron a regresar los recuerdos.

La cena en la mansión de Lord Marcus.

Su sonrisa demasiado perfecta.

La mano de Lady Elena sobre mi hombro, fingiendo cariño mientras sus dedos se clavaban con una fuerza extraña.

El vino con un sabor diferente.

El mareo.

Las voces susurrando mientras yo apenas podía abrir los ojos.

Hablaban de mi fortuna.

De mi propiedad.

De lo conveniente que sería que una mujer sin familia desapareciera del mundo.

En ese momento comprendí todo.

No había sido un accidente.

Lord Marcus y Lady Elena habían planeado mi muerte.

Querían quedarse con todo lo que me pertenecía y enterrarme donde nadie pudiera encontrarme.

Mientras arañaba desesperadamente la tapa del ataúd, sentí cómo mis fuerzas desaparecían.

El frío comenzó a recorrer mis brazos.

Mi respiración se volvió débil.

Mi corazón empezó a latir más lento.

Pensé en mis padres, en mi antigua vida, en la persona que había sido antes de entrar en aquella casa.

Porque en aquel ataúd no solo estaba muriendo mi cuerpo.

También estaba muriendo la mujer inocente que confiaba en las personas.

Muy lejos de allí, en una antigua mansión rodeada de bosques, un hombre abrió los ojos.

Alistister Thorne llevaba siglos viviendo en silencio.

Había visto pasar generaciones completas de humanos. Había olvidado lo que significaba escuchar la vida de alguien luchando por permanecer en este mundo.

Pero esa noche algo cambió.

Escuchó un sonido imposible.

Un corazón.

Un corazón humano golpeando desesperadamente bajo toneladas de tierra.

Un latido débil, pero lleno de voluntad.

Alistister cerró el libro que tenía entre sus manos y se quedó inmóvil.

Su propio corazón llevaba siglos sin latir.

Pero aquel sonido despertó algo que creía perdido.

Sin pensarlo, salió de su mansión y atravesó la noche a una velocidad que ningún humano podría comprender.

El latido lo llevó hasta un viejo cementerio.

Allí encontró una tumba recién cerrada.

Y debajo de la tierra estaba ella.

Una mujer que estaba a segundos de morir.

Sin perder tiempo, comenzó a excavar con una fuerza imposible. La tierra voló por los aires mientras sus manos encontraban finalmente la madera del ataúd.

Dentro, Isabella ya casi había aceptado la muerte.

Hasta que escuchó algo.

Un sonido diferente.

Alguien estaba rompiendo la prisión que la separaba del mundo.

La tapa del ataúd desapareció.

El aire frío de la noche entró de golpe.

Por primera vez en horas, pudo respirar.

Entonces vio una silueta sobre ella.

Un hombre con el rostro más perfecto que había visto jamás.

Piel pálida como mármol.

Ojos plateados que reflejaban la luz de la luna.

Y una presencia que no parecía completamente humana.

—Te escuché —susurró él—. Escuché tu corazón llamándome.

Isabella intentó hablar, pero no tenía fuerzas.

Su corazón dio un último golpe débil.

Y comenzó a detenerse.

El extraño acercó su mano fría a su rostro.

—No morirás aquí.

Aquellas palabras fueron una orden, no una promesa.

Y justo cuando Isabella sintió que la oscuridad volvía a reclamarla…

sintió algo imposible.

Un calor recorriendo sus venas.

Una fuerza antigua entrando en su cuerpo.

Porque el hombre que había encontrado su tumba no era un salvador común.

Y cuando Isabella abrió los ojos nuevamente, descubriría que su vida había cambiado para siempre.

PARTE 2

Desperté sin saber si estaba viva o si aquel lugar era algún tipo de sueño después de la muerte.

Lo primero que sentí fue calor.

Después dolor.

Pero no era el dolor frío y desesperado del ataúd.

Era el dolor de un cuerpo que estaba regresando a la vida.

Abrí los ojos lentamente y descubrí una habitación que parecía sacada de otra época.

Grandes paredes de piedra.

Velas iluminando los rincones.

Muebles antiguos que hablaban de siglos de historia.

No estaba en mi tumba.

Alguien me había salvado.

Tres días después supe la verdad.

Mi salvador se llamaba Alistister Thorne.

Y no era humano.

Lo descubrí cuando vi sus movimientos imposibles, su fuerza sobrenatural y sus ojos que parecían guardar cientos de años de secretos.

—Eres un vampiro —dije finalmente.

Él no negó la verdad.

Solo me miró con una tristeza antigua.

Lo extraño fue que no sentí miedo.

Tal vez porque el verdadero monstruo no era la criatura frente a mí.

El verdadero monstruo era el hombre que me había enviado a una tumba mientras todavía respiraba.

Alistister me preguntó quién me había hecho aquello.

Entonces le conté todo.

Le expliqué cómo Lord Marcus había usado mi confianza.

Cómo Lady Elena había participado en el engaño.

Cómo habían planeado mi desaparición para quedarse con mi fortuna.

Mientras hablaba, el rostro de Alistister cambió.

Seguía siendo elegante y tranquilo, pero sus ojos mostraban una furia que parecía capaz de destruir cualquier cosa.

—Creen que estás muerta —dijo.

Asentí.

Entonces apareció una idea.

Una oportunidad.

—Eso significa que tienen una debilidad.

Alistister se acercó lentamente.

—No necesitas volver como la mujer que ellos enterraron.

Sus palabras quedaron suspendidas en la habitación.

—Puedes volver como alguien a quien jamás esperaron enfrentar.

Por primera vez desde aquella noche, sentí algo diferente al miedo.

Sentí poder.

Durante toda mi vida había sido una persona que confiaba en la justicia.

Pero después de despertar dentro de un ataúd, algo dentro de mí había cambiado.

La Isabella que salió de aquella tumba no era la misma que entró.

Alistister me ofreció ayuda.

No quería controlar mi vida.

No quería poseerme.

Solo quería algo que, después de siglos de existencia, parecía más valioso que cualquier riqueza.

Compañía.

Alguien que pudiera verlo como realmente era.

Acepté.

No por obligación.

Sino porque aquel hombre que no pertenecía al mundo de los vivos había sido el único que escuchó mi desesperado llamado.

Tres noches después, asistiríamos al baile de invierno en la mansión de Lord Marcus.

Todos allí creerían que Isabella había muerto.

Todos celebrarían una victoria que nunca tuvieron.

Pero esa noche aparecería una nueva mujer.

Una mujer vestida de azul oscuro como el cielo nocturno.

Una mujer que había regresado de la tumba.

Cuando Alistister me ofreció su brazo antes de entrar al carruaje, entendí algo.

Mi antigua vida había terminado.

La mujer que Lord Marcus enterró ya no existía.

Ahora era alguien que había vencido a la muerte.

Y cuando las puertas del salón se abrieran…

Lord Marcus y Lady Elena verían frente a ellos el rostro de la persona que habían intentado borrar para siempre.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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