La Alfa creyó haberse perdido en su cama… hasta que se lo llevó todo por la mañana.
La Alfa creyó haberse perdido en su cama… hasta que se lo llevó todo por la mañana.

PARTE 1
Todos en la escuela pensaban que había destruido mi futuro por enamorarme de Raymond Knox.
Dejé de estudiar, mis calificaciones cayeron desde el primer lugar hasta casi el fondo de la clase y pasaba cada vez más tiempo con él.
Kora Nightly, la capitana de animadoras, estaba encantada.
Raymond también.
Lo que ninguno de los dos sabía era que yo conocía su plan desde el principio.
Me llamo Adeline Thorne.
Raymond era el heredero Alfa más popular de nuestra manada: rico, atractivo, capitán del equipo y acostumbrado a conseguir todo lo que quería.
Kora era su amiga de la infancia y la hija del director.
Durante años había ocupado el primer lugar académico.
Yo siempre quedaba segunda.
No porque fuera menos inteligente.
Sino porque había aprendido que destacar demasiado podía ser peligroso cuando eras una chica pobre rodeada de familias poderosas.
Hasta que un día vi a Raymond besando a Kora.
Sentí celos y, por pura rabia, respondí correctamente cada pregunta del siguiente examen.
Le arrebaté el primer lugar.
Kora jamás me lo perdonó.
Poco después, Raymond empezó a acercarse a mí.
Primero fingió golpearme accidentalmente con un balón. Después comenzó a encontrarme “por casualidad” en la biblioteca.
Finalmente me pidió ser su novia delante de todos.
Acepté.
Pero ya sabía por qué lo hacía.
Kora había hecho una apuesta con él.
Si Raymond conseguía enamorarme, hacerme abandonar los estudios y convencerme de ingresar con él a Mangi Hollow Community College, Kora aceptaría convertirse en su pareja.
Ellos pensaban que yo era demasiado ingenua para descubrirlo.
Así que decidí jugar.
Raymond comenzó a decirme que estudiaba demasiado.
—Quiero que disfrutes la vida conmigo —me decía—. Deja los libros por una vez.
Sonreía y obedecía.
Cada vez estudiaba menos delante de él.
Mis calificaciones comenzaron a bajar.
Kora recuperó el primer lugar.
Raymond estaba feliz.
Sus amigos se burlaban de mí a mis espaldas.
—Adeline haría cualquier cosa que Raymond le pidiera.
—Por él hasta renunciaría a la universidad.
Yo escuchaba aquellas conversaciones y fingía no saber nada.
La verdad era muy distinta.
Podía aprender en una hora lo que otros necesitaban días para comprender.
Mis bajas calificaciones eran deliberadas.
Cuando Raymond se comportaba bien conmigo, dejaba caer mis notas.
Cuando lo veía acercándose demasiado a Kora u otras chicas, volvía a estudiar y mis resultados subían inmediatamente.
Raymond nunca entendió el patrón.
Solo sabía que mantenerme distraída significaba mantenerme lejos de los libros.
Poco a poco incluso comenzó a evitar a otras mujeres para impedir que yo regresara a estudiar.
Lo divertido era que su supuesto engaño estaba empezando a atraparlo a él.
Pero yo jamás olvidé mi objetivo.
Mi futuro era más importante que Raymond.
Llegó finalmente el día en que todos recibiríamos las respuestas de las universidades.
Kora convenció a su padre de reunirnos en la escuela.
Incluso invitó periodistas y organizó una transmisión en vivo.
Quería que toda la manada viera cómo ella entraba a la prestigiosa Universidad Lyenure…
y cómo yo terminaba humillada en Mangi Hollow.
Primero abrió su correo.
Kora no había sido aceptada en Lyenure.
Solo había conseguido plaza en Northmore, una universidad prestigiosa, pero de segundo nivel.
Intentó disimular la decepción.
Raymond la abrazó delante de mí.
Entonces Kora volvió la mirada hacia mí.
—Adeline, ¿qué universidad solicitaste?
Sonreí.
—No Mangi Hollow.
Raymond frunció el ceño.
—¿Qué? ¿Por qué no me hiciste caso?
Kora soltó una carcajada.
—No me digas que solicitaste Lyenure.
Las cámaras giraron hacia mí.
Miles de espectadores comenzaron a escribir comentarios burlándose.
Kora no pudo resistirse.
Me apartó de la computadora.
—Déjame ayudarte.
Introdujo mis datos mientras seguía riendo.
—No te preocupes, Adeline. Mangi Hollow combina perfectamente con alguien como tú.
Entonces abrió mi bandeja de entrada.
Su sonrisa desapareció.
Sus dedos quedaron inmóviles sobre el ratón.
Su rostro perdió todo color.
Raymond se acercó confundido.
—Kora, ¿qué pasa?
Ella miró la pantalla como si acabara de ver un fantasma.
Y frente a todas las cámaras, gritó:
—¡NO! ¡ESTO ES IMPOSIBLE!
PARTE 2
Me acerqué tranquilamente a la computadora.
En la pantalla había un correo oficial de la Universidad Lyenure.
Pero eso no era todo.
Había sido admitida con una beca completa y seleccionada para su programa académico de élite.
La misma Kora que había organizado aquella transmisión para humillarme acababa de revelar mi triunfo delante de toda la manada.
Los comentarios cambiaron inmediatamente.
“¿Beca completa?”
“¿Programa de élite?”
“¿Entonces Adeline nunca perdió realmente su capacidad?”
Raymond permaneció paralizado.
—Adeline… ¿cómo?
Lo miré.
—¿Cómo qué?
—Tus calificaciones estaban por el suelo.
Sonreí.
—Porque yo quería que estuvieran allí.
La expresión de Raymond cambió.
Por fin comenzaba a comprender.
Kora perdió el control y golpeó la computadora.
Pero los periodistas ya estaban rodeándome.
La audiencia de la transmisión creció hasta alcanzar cientos de miles de espectadores.
Y entonces ocurrió algo que Kora no había previsto.
Mis compañeros comenzaron a hablar.
Uno reveló públicamente la apuesta.
Contó cómo Kora había pedido a Raymond que me sedujera para arruinar mis estudios.
Otro explicó que mis malas calificaciones habían aparecido justo después de comenzar nuestra relación.
Internet hizo el resto.
De la noche a la mañana, la chica “estúpida que había destruido su futuro por un hombre” se convirtió en la estudiante que había visto venir la trampa y había engañado a quienes intentaban destruirla.
Aproveché la atención.
Comencé a publicar técnicas de estudio y vender mis apuntes.
Después llegaron colaboraciones.
Ingresos.
Una audiencia propia.
Mientras tanto, Raymond no dejaba de llamarme.
Lo ignoré durante días.
Hasta que apareció una tarjeta de hotel frente a mi puerta.
Reconocí inmediatamente el gesto.
Fui.
Raymond estaba esperándome.
—Adeline, no me importa si me utilizaste —dijo—. Quiero estar contigo.
Lo observé.
Seguía siendo increíblemente atractivo.
Pero ya no era suficiente.
—¿Y Kora?
Raymond palideció.
—¿Qué quieres decir?
—Perdiste la apuesta. Supongo que ella ya no tiene motivos para convertirse en tu pareja.
Entonces comprendió.
—Tú… lo sabías.
—Desde hace mucho.
Comenzó a disculparse.
Juró que al principio todo había sido una apuesta, pero que después sus sentimientos habían cambiado.
—Me enamoré de ti.
Saqué mi teléfono.
—¿Escuchaste eso, Kora?
Raymond quedó rígido.
Kora estaba al otro lado de la llamada.
Sus gritos llenaron la habitación.
Acusó a Raymond de traicionarla y me amenazó.
Raymond rompió el teléfono.
Después intentó acercarse a mí como hacía cuando discutíamos.
Lo detuve.
—Antes de hablar de amor, quiero mostrarte algo.
Por primera vez permití que viera las cicatrices que siempre había ocultado bajo mi ropa.
Raymond quedó blanco.
—¿Quién te hizo eso?
—Kora.
Su expresión cambió.
Le expliqué que mucho antes de la apuesta, Kora ya me acosaba.
Cuando una vez obtuve mejores calificaciones que ella, me atacó.
Intenté denunciarla.
Su padre, el director Nightly, me llamó mentirosa.
Sabía perfectamente quién era mi familia: un padre delincuente, una madre que nos había abandonado y hermanos que me trataban como basura.
Nightly utilizó todo aquello para intimidarme.
Comprendí entonces que luchar directamente contra ellos era imposible.
Así que empecé a guardar pruebas.
Kora continuó acosándome.
Yo soporté cada ataque mientras documentaba todo.
Finalmente conseguí una grabación suficientemente clara.
—Entonces ¿por qué aceptaste salir conmigo? —preguntó Raymond.
—Porque ella te envió para destruirme.
Lo miré fijamente.
—Y decidí quitarle algo que también le importaba.
Raymond retrocedió.
—¿Yo?
—Tú.
Su rostro se descompuso.
—¿Nunca me amaste?
Pensé unos segundos.
—Me gustaba tu apariencia. También disfruté algunos momentos contigo.
Después negué con la cabeza.
—Pero jamás pondría mi futuro por debajo de ti.
Él parecía devastado.
—Adeline…
—Tú aceptaste participar en un plan para destruir la vida de una chica que no te había hecho nada.
Me dirigí hacia la puerta.
—No eres una víctima, Raymond.
Antes de reunirme con él ya había entregado las pruebas contra Kora.
La policía finalmente actuó.
Kora fue condenada por las agresiones.
Su padre intentó utilizar sus contactos para protegerla, pero el escándalo ya era demasiado grande. También comenzaron a investigarlo por encubrir el acoso y por otros delitos financieros.
Raymond utilizó la influencia de su familia para exigir una investigación completa.
Fue quizá la única cosa verdaderamente buena que hizo por mí.
Después me marché a Lyenure.
Mi vida cambió completamente.
Me convertí en una estudiante destacada y mi plataforma educativa siguió creciendo.
Cuando mis hermanos descubrieron que tenía dinero intentaron volver.
Mi madre también reapareció.
Los bloqueé a todos.
Las personas que desaparecieron cuando estaba luchando por sobrevivir no tenían derecho a regresar únicamente porque ahora tenía algo que ofrecerles.
Tiempo después mi antigua escuela me invitó a dar una conferencia.
Ya había un nuevo director.
Frente a estudiantes y cámaras conté parte de mi historia.
No hablé para presumir.
Pensaba en los jóvenes que podían estar viviendo exactamente lo que yo había vivido.
—Si ahora mismo sienten que están atrapados —les dije—, no permitan que quienes tienen más poder decidan cómo terminará su historia.
Miré directamente a las cámaras.
—Construyan su propia salida.
Cuando bajé del escenario, alguien me esperaba.
Raymond.
Había pasado mucho tiempo.
—Adeline —dijo—. Te extrañé.
Ya no tenía aquella arrogancia de heredero Alfa.
Parecía simplemente un joven que había aprendido demasiado tarde.
—Durante mucho tiempo pensé que podía recuperarte —confesó—. Incluso imaginé utilizar la influencia de mi familia para obligarte a volver.
Sonrió con tristeza.
—Entonces comprendí que eso me convertiría exactamente en la clase de persona que más odias.
Me entregó una mirada sincera.
—Tú no me perteneces.
Hizo una pausa.
—Te perteneces a ti misma.
Saqué una tarjeta bancaria y se la ofrecí.
—Aquí está todo el dinero que gastaste en mí cuando estábamos juntos.
Raymond intentó rechazarla.
Insistí.
No quería deudas.
Ni emocionales.
Ni económicas.
Cuando me alejé, escuché su voz:
—Adeline, probablemente nunca conoceré a otra mujer como tú.
No me detuve.
—Entonces recuerda lo que aprendiste conmigo.
Seguía caminando.
—Pero no volvamos a encontrarnos.
Otro antiguo alumno llamado Shawn me esperaba cerca del escenario.
Después de conversar unos minutos, me preguntó si quería salir con él.
Sonreí.
—Quizá algún día.
Él pareció sorprendido.
Yo miré el enorme campus y pensé en todo lo que todavía quería hacer.
Había pasado demasiados años sobreviviendo a una familia que me rechazaba, a una acosadora que intentaba destruirme y a personas que pensaban que podían decidir mi futuro.
No había luchado tanto para escapar de una jaula únicamente para correr hacia otra relación.
Los hombres podían formar parte de mi vida.
Pero nunca volverían a ser el centro de ella.
Mi futuro era demasiado grande.
Y esta vez…
yo sería la única persona que decidiría hasta dónde podía llegar.