La abandonaron a merced de los lobos… 15 años después, un Rey Alfa encontró a su reina

La abandonaron a merced de los lobos… 15 años después, un Rey Alfa encontró a su reina

Parte 1

La noche en que me dejaron en el bosque, todos creyeron que mi historia había terminado.

El carruaje de la Casa Vain se detuvo entre los árboles cubiertos de nieve. Yo era solo una niña con un vestido roto, los pies descalzos y una pregunta que nadie quiso responder: ¿por qué mi propia familia me estaba abandonando en la oscuridad?

Uno de los hombres me tomó del brazo y me obligó a bajar. La luz de las antorchas revelaba los símbolos de la casa que llevaba en sus ropas. Intenté aferrarme a su capa y le prometí que no causaría problemas, que sería obediente, que haría cualquier cosa para que no me dejaran sola.

Pero sus ojos no mostraron compasión.

—Si vive, podrá contar lo que hicimos —dijo uno de ellos—. Nadie debe saberlo.

Antes de marcharse, arrojaron una pequeña bolsa al suelo. Dentro había un pedazo de pan, una cinta vieja y un documento sellado con tres marcas rojas. En aquel momento no entendí su importancia, pero años después descubriría que aquel papel podía cambiar el destino de un reino entero.

Corrí detrás del carruaje hasta que las ramas desgarraron mi ropa y las luces desaparecieron entre los árboles.

Entonces escuché el sonido que todos temían.

Un aullido profundo atravesó Moonfall.

Después llegó otro.

Y otro más.

Me quedé inmóvil mientras unos ojos brillantes aparecían entre los árboles. Los hombres me habían dicho que los lobos de aquel bosque eran monstruos salvajes, criaturas que no perdonaban a nadie.

Pero cuando una manada comenzó a rodearme, algo extraño ocurrió.

No atacaron.

El primero en acercarse fue un enorme lobo gris con una cicatriz en el rostro. Después apareció una loba blanca, más grande que cualquiera que hubiera visto antes. Su mirada no era de hambre.

Era de reconocimiento.

La loba olió la cinta y el documento que llevaba conmigo. Un gruñido bajo salió de su pecho, como si entendiera una verdad que yo todavía desconocía.

Luego se acercó y apoyó su hocico contra mi mano.

Yo estaba temblando.

—¿También vas a abandonarme? —susurré.

La loba blanca tomó con cuidado mi ropa entre sus dientes y me llevó hacia el interior del bosque. La manada abrió un camino delante de nosotros, cruzando unas antiguas piedras donde una advertencia estaba grabada:

“Cursed land. No man returns.”

Pero yo sí entré.

Durante quince años viví en Moonfall. Aprendí sus caminos, sus secretos y la ley silenciosa de aquellos que protegían la vida antes que los tronos.

Hasta que una noche escuché un sonido diferente.

Un pequeño aullido lleno de dolor.

Seguí el ruido y encontré a un cachorro atrapado en una trampa de hierro. Sobre el metal estaba grabado un símbolo que conocía demasiado bien.

El emblema de la corona.

Mientras intentaba liberar al cachorro, escuché caballos acercándose.

No era una patrulla cualquiera.

Era el rey Kale, el Alfa que gobernaba aquellas tierras, acompañado por sus cazadores reales.

Cuando levantó la mirada y me vio de rodillas junto al cachorro, todo quedó en silencio.

Los lobos se acercaron detrás de mí.

Los cazadores prepararon sus armas.

Pero el rey no dio la orden de atacar.

Porque en ese instante sintió algo que no podía explicar.

Una conexión antigua.

Una verdad olvidada.

Y mientras la lluvia caía sobre Moonfall, el rey comprendió que la mujer frente a él no era una simple habitante del bosque.

Era alguien que su propio reino había intentado borrar de la historia.

Parte 2

El rey Kale bajó lentamente la mano y ordenó a sus hombres guardar las armas.

La trampa estaba frente a él. El símbolo real estaba grabado en el hierro, pero también había una sustancia prohibida cubierta sobre las piezas metálicas.

Alguien había usado su autoridad para cometer una atrocidad.

—No fui yo quien colocó esta trampa —dijo Kale con firmeza—. Pero alguien quería que pareciera que sí.

Le pregunté por qué hombres con su símbolo estaban dañando a las criaturas que yo protegía.

No le pedí una disculpa.

Le pedí la verdad.

Entonces señalé a sus propios cazadores y expliqué lo que había ocurrido durante los últimos días: madres expulsadas de sus refugios, incendios cerca de las cuevas y trampas colocadas para atraer a los lobos.

Algunos soldados bajaron la mirada.

Ellos sabían que algo estaba mal.

Kale también lo supo.

Por primera vez, alguien había desafiado su poder sin miedo.

Cuando uno de sus capitanes intentó obligarme a arrodillarme, el rey lo detuvo.

—Ella no se arrodillará ante una mentira —dijo.

Aquella decisión cambió todo.

Kale suspendió la cacería en Moonfall y ordenó retirar todas las trampas con el símbolo real. Pero al regresar al reino, descubrimos que el verdadero peligro no estaba en el bosque.

Estaba dentro del palacio.

Un noble llamado Lord Vain me reconoció al verme. Miró la marca cerca de mi rostro y comprendió quién era realmente.

Entonces gritó frente a todos:

—¡El rey ha traído una bruja a la ciudad!

La multitud comenzó a creer sus palabras. Me acusaron de controlar a los lobos y de amenazar el reino.

Pero yo levanté la trampa de hierro frente a ellos.

—Si realmente controlara a los lobos, ¿por qué necesitaría esto?

El silencio fue inmediato.

Pedí que examinaran el veneno, que investigaran al herrero y que House Vain respondiera por sus acciones.

Pero ellos no querían una investigación.

Querían un juicio.

Kale intentó protegerme, pero entendió que esta vez la decisión debía ser mía.

Me ofreció una salida secreta del palacio.

Podía escapar.

Podía regresar a Moonfall.

Pero si huía, Lord Vain convertiría su mentira en una verdad aceptada.

Así que caminé hacia el tribunal.

Frente a cientos de personas, coloqué mi mano sobre la antigua piedra de juicio conocida como la Piedra Lunar.

Todos esperaban que me rechazara.

Pero ocurrió algo imposible.

La piedra comenzó a brillar.

Una luz plateada recorrió sus grietas y una voz antigua susurró una verdad que el reino había escondido durante años.

No era una bruja.

No era una amenaza.

Era la última descendiente de la Reina Loba Blanca.

La niña que todos creyeron perdida no había desaparecido.

Había sido protegida.

El sacerdote abrió una antigua cámara sellada y mostró un tapiz olvidado: una reina con la misma marca que yo llevaba, acompañada por una loba blanca.

Entonces reveló la verdad.

Mi familia no me abandonó porque fuera débil.

Me abandonaron porque mi existencia amenazaba su poder.

Pero antes de que pudiera exigir respuestas, las puertas del tribunal se abrieron.

Los soldados de Lord Vain entraron preparados para tomar el reino.

El enemigo finalmente había dejado de esconderse.

Y esta vez, Moonfall no venía a proteger a una niña perdida.

Venía a acompañar a su reina.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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