«Estás en peligro, finge que soy tu padre», susurró el Rey Vampiro; lo que sucedió después dejó impactado a…

«Estás en peligro, finge que soy tu padre», susurró el Rey Vampiro; lo que sucedió después dejó impactado a…

PARTE 1

El día de mi boda debería haber sido el más feliz de mi vida.

En cambio, mientras me miraba frente al enorme espejo de la catedral, tenía la sensación de que estaba a punto de caminar directamente hacia mi propia tumba.

Me llamo Emily.

No tenía padres que me acompañaran al altar, ni hermanos que me preguntaran si estaba segura. Había crecido pasando de una familia de acogida a otra, y durante años soñé con una sola cosa: pertenecer a alguien.

Quizá por eso Julian me conquistó tan fácilmente.

Lo conocí en una gala benéfica. Era elegante, atractivo, rico y parecía saber exactamente qué decirle a una mujer que había pasado toda su vida sintiéndose sola.

Nuestra relación avanzó demasiado rápido.

Regalos caros.

Cenas privadas.

Promesas de una familia.

Y después, una propuesta de matrimonio.

Quise creer que finalmente la vida me estaba dando aquello que siempre me había negado.

Pero durante las últimas semanas, algo había cambiado.

Julian aparecía sin avisar frente a mi apartamento.

Sabía dónde había estado incluso cuando yo no se lo decía.

Y la noche anterior a la boda insistió en que usara un antiguo collar perteneciente a su abuela.

—Es tradición familiar —me explicó.

Ahora aquella pesada joya apretaba mi cuello como si fuera un grillete.

Las puertas se abrieron.

Comencé a caminar hacia el altar.

Había cientos de invitados, pero ninguno sonreía de una manera que me tranquilizara.

Algunos me observaban demasiado fijamente.

Como si esperaran algo.

Julian estaba frente al sacerdote.

Su sonrisa era perfecta.

Pero mientras me acercaba, vi algo en sus ojos que nunca había querido reconocer.

Hambre.

Sentí un escalofrío.

Cuando llegué a su lado, Julian tomó mis manos.

Estaban heladas.

—Estás preciosa —susurró.

Su pulgar comenzó a acariciar mi muñeca justo encima de mi pulso.

No parecía una caricia romántica.

Parecía que estaba contando mis latidos.

El sacerdote comenzó la ceremonia.

Yo apenas podía escucharlo.

El olor de los lirios era demasiado intenso y debajo de aquella fragancia percibía algo metálico.

Como sangre.

Quise retirar la mano.

Julian apretó los dedos.

—Tranquila —murmuró.

Entonces el sacerdote pronunció la pregunta tradicional.

—Si alguien conoce alguna razón por la cual estas dos personas no deberían unirse en matrimonio, que hable ahora.

Nadie respondió.

Por supuesto que nadie respondería.

Aquella frase solo era parte de la ceremonia.

El sacerdote abrió la boca para continuar.

Entonces las enormes puertas de la catedral se estrellaron contra las paredes.

El órgano dejó de sonar.

Todos se giraron.

Un hombre apareció en la entrada.

Era alto, de piel extraordinariamente pálida y cabello largo color platino. Llevaba un abrigo negro que parecía pertenecer a otro siglo.

No caminaba como una persona normal.

Se movía con una elegancia lenta y peligrosa que hizo que cientos de invitados se apartaran sin entender por qué.

Julian se puso rígido.

Por primera vez desde que lo conocía, vi miedo en su rostro.

—No puede ser… —susurró.

El desconocido llegó hasta nosotros.

Ignoró al sacerdote.

Ignoró a Julian.

Me miró únicamente a mí.

Sus ojos eran de un azul tan claro que parecían hielo.

Después se interpuso entre Julian y yo.

—¿Quién demonios eres? —gruñó Julian.

El hombre no respondió.

Se inclinó hacia mí.

Sentí su respiración fría junto a mi oído.

Y las siguientes palabras hicieron que todo mi cuerpo se paralizara.

—Emily, estás en peligro.

Hizo una pausa.

Luego susurró:

—Finge que soy tu padre.

PARTE 2

Mi mente quedó completamente en blanco.

Yo no tenía padre.

Aun así, algo en los ojos de aquel extraño me decía que debía obedecer.

Así que hice lo más absurdo que había hecho en toda mi vida.

—No pensé que vendrías —dije en voz alta.

El hombre entendió inmediatamente.

—Sé que hemos estado distanciados, cariño —respondió con perfecta naturalidad—. Pero no permitiré que esta boda continúe sin hablar contigo.

Julian soltó mi muñeca.

—Ella no va a ninguna parte.

El desconocido sonrió.

—¿Ni siquiera puede hablar a solas con su propio padre? Qué extraño. Casi parecería que tienes algo que ocultar.

Los invitados comenzaron a murmurar.

Había demasiados testigos para que Julian hiciera lo que realmente quería.

Tomé el brazo del extraño.

Caminamos juntos hacia la salida.

En cuanto cruzamos las puertas de la catedral, su expresión cambió.

—Corre.

No pregunté.

Corrí.

Llegamos a un automóvil negro estacionado frente a la iglesia.

Entonces las puertas detrás de nosotros volvieron a abrirse.

Los padrinos de Julian salieron corriendo.

Y ya no parecían humanos.

Sus ojos brillaban de color rojo.

Sus bocas mostraban colmillos demasiado largos.

Uno de ellos golpeó el automóvil y hundió el metal con las manos.

Grité.

El extraño arrancó.

—¿Qué son?

No respondió inmediatamente.

Otro de aquellos hombres corría detrás del automóvil a una velocidad imposible.

—¡¿Qué demonios son?!

El hombre giró hacia mí.

—Vampiros.

Me reí.

No porque fuera gracioso.

Porque mi mente no encontraba otra forma de reaccionar.

Entonces la ventana trasera explotó.

Una mano atravesó el cristal y me sujetó por el hombro.

Las uñas perforaron mi vestido.

Grité mientras aquella criatura intentaba arrastrarme hacia afuera.

El conductor hizo girar violentamente el vehículo.

El vampiro salió despedido.

Cuando finalmente dejamos atrás a nuestros perseguidores, yo estaba cubierta de cristales y mi vestido de novia tenía manchas de sangre.

Llegamos a una enorme mansión escondida en el bosque.

Dentro, el extraño finalmente se presentó.

—Lucius Valyrius.

—¿Quién eres realmente?

Me observó durante unos segundos.

—El hombre que conoció a tus antepasados.

Después añadió:

—Y el rey de los vampiros.

Pensé que estaba loco.

Hasta que me contó la verdadera razón de mi boda.

Mis antepasados no habían sido completamente humanos. En algún momento remoto había nacido una línea de sangre entre humanos y vampiros.

Aquella sangre se había debilitado durante generaciones.

Pero en mí había despertado con una fuerza extraordinaria.

Julian lo sabía.

Él lideraba una organización llamada Orden Sanguínea.

—No quería casarse contigo —dijo Lucius—. Quería sacrificarte.

Mi estómago se revolvió.

Según Lucius, mi sangre podía romper antiguas limitaciones de los vampiros. Julian creía que, si completaba el ritual, podría caminar libremente bajo el sol y convertirse en una criatura prácticamente imposible de detener.

Al día siguiente encontré una carpeta en la biblioteca.

Dentro había fotografías.

Una mujer vestida de novia junto a Julian.

La imagen era antigua.

Pero Julian tenía exactamente el mismo rostro.

La mujer se parecía a mí.

Pasé la página.

Otra década.

Otra novia.

Otra mujer con mis ojos.

Después otra.

Y otra.

Junto a las fotografías había recortes sobre esposas desaparecidas poco después de sus bodas.

Finalmente encontré un árbol genealógico.

Todas aquellas mujeres pertenecían a la misma línea sanguínea.

La última rama terminaba con un nombre escrito recientemente.

Emily.

Lucius apareció detrás de mí.

—Las mató a todas, ¿verdad?

No intentó suavizar la respuesta.

—Sí.

Julian había perseguido a las mujeres de mi familia durante generaciones intentando encontrar suficiente poder en su sangre.

Yo no era simplemente otra víctima.

Era su última oportunidad.

Así que dejé de pensar como una novia abandonada y comencé a prepararme para sobrevivir.

Lucius me enseñó cómo los vampiros manipulaban la mente mediante una habilidad llamada glamour.

Aprendí a levantar barreras mentales.

A reconocer sus movimientos.

A controlar el miedo.

Durante uno de nuestros entrenamientos, Lucius intentó obligarme mentalmente a creer que era débil.

Algo dentro de mí reaccionó.

Una luz blanca explotó desde mis manos.

Golpeó el pecho de Lucius y lo lanzó hacia atrás.

Cuando volvió a levantarse, una parte de su camisa estaba quemada.

No estaba enfadado.

Estaba sorprendido.

—Tu sangre está despertando.

La luz era algo que los vampiros puros no podían soportar.

Por primera vez comprendí que quizá Julian no me perseguía porque yo fuera indefensa.

Quizá me perseguía porque podía convertirse en su peor enemigo.

No tuvimos mucho tiempo para comprobarlo.

Poco después, todas las luces de la mansión se apagaron.

Decenas de vampiros rodearon la propiedad.

La voz de Julian resonó desde afuera.

Había encontrado nuestro refugio.

Entraron rompiendo las ventanas.

Lucius luchó contra ellos mientras yo intentaba llegar a una salida, pero habían bloqueado cada ruta.

Vi al hombre que me había salvado enfrentarse a seis atacantes al mismo tiempo.

Parecía invencible.

Hasta que aparecieron tres vampiros encapuchados.

Comenzaron a recitar un hechizo.

Una red plateada cayó sobre Lucius.

Cayó de rodillas.

El metal quemaba su piel.

Julian apareció entre los atacantes.

—Ahora estamos solos, Emily.

Corrí hacia la habitación donde había entrenado.

Julian me siguió lentamente.

Llevaba una daga cubierta de símbolos.

La misma que pensaba utilizar para sacrificarme.

—Podrías haber tenido una muerte tranquila —dijo—. Ahora has complicado todo.

Intentó usar su glamour sobre mí.

Sentí su voz entrando en mi cabeza.

Eres débil.

No puedes luchar.

Entrégate.

Pero yo ya había escuchado esas palabras.

Lucius me había preparado para ellas.

Levanté mis barreras mentales.

La influencia de Julian se rompió.

Por primera vez pareció sorprendido.

—Imposible.

Mis manos comenzaron a brillar.

—Estoy cansada de huir.

Julian atacó.

Me aparté y apoyé las manos sobre su hombro.

La luz lo quemó.

Gritó.

Entonces intentó apuñalarme.

Agarré su muñeca.

La energía recorrió mi brazo y lo obligó a soltar la daga.

Ambos miramos el arma en el suelo.

Julian se lanzó hacia ella.

Yo fui más rápida.

En cuanto la empuñé, los símbolos de la hoja comenzaron a emitir la misma luz blanca que salía de mis manos.

Y entonces entendí algo.

Aquella daga nunca había sido creada para destruir mi sangre.

Había sido creada para canalizarla.

Julian retrocedió.

Por primera vez, el cazador tuvo miedo de su presa.

—Podemos negociar —dijo—. Juntos podríamos controlar…

—Mataste a mi familia.

La luz aumentó.

Pensé en todas aquellas fotografías.

Todas aquellas mujeres que nunca habían regresado de su luna de miel.

—Esto es por ellas.

Clavé la daga en su pecho.

Una explosión blanca llenó la habitación.

Julian gritó.

Después su cuerpo comenzó a deshacerse.

En segundos no quedó nada excepto su ropa y cenizas sobre el suelo.

Corrí hacia Lucius.

Apoyé las manos sobre la red plateada.

La luz la disolvió.

Los vampiros supervivientes observaron las cenizas de Julian.

Después me observaron a mí.

Uno de ellos se arrodilló.

Luego otro.

Y otro.

Hasta que todos inclinaron la cabeza ante Lucius y ante mí.

Yo había entrado en aquella catedral creyendo que necesitaba un esposo para dejar de estar sola.

Había salido descubriendo que toda mi vida era una mentira.

Pero meses después ya no era la mujer asustada del vestido blanco.

Lucius y yo gobernábamos juntos como aliados.

No como protector y víctima.

Como iguales.

Algunas familias vampíricas se negaban a aceptar que una mujer de sangre mestiza tuviera poder.

Pero después de lo ocurrido con Julian, pocas estaban dispuestas a desafiarme abiertamente.

Una noche, mientras nos preparábamos para reunirnos con el consejo, Lucius me ofreció el brazo.

—¿Lista?

Lo tomé.

—Van a intentar destruirnos.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Que lo intenten.

Salimos juntos de la mansión.

A veces pensaba en mi antigua vida.

En mi trabajo.

En mis amigos.

En aquella mujer que solo quería casarse porque estaba cansada de sentirse sola.

Esa Emily había desaparecido en el altar.

Pero no había muerto.

Había despertado.

Miré a Lucius.

—¿Juntos?

Su sonrisa se volvió feroz.

—Juntos.

Y caminamos lado a lado hacia la oscuridad, ya no huyendo de los monstruos que vivían en ella.

Esta vez, los monstruos eran quienes tenían motivos para temernos.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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