Entró al castillo del rey vampiro para esconderse… pero descubrió que él llevaba años esperando encontrarla

Entró al castillo del rey vampiro para esconderse… pero descubrió que él llevaba años esperando encontrarla

PARTE 1

La primera vez que escuché al rey vampiro decir mi nombre, entendí que había cometido un error al entrar en su castillo.

No fue una bienvenida.

No fue una pregunta.

Fue una orden fría que hizo que incluso los sirvientes que estaban cerca dejaran de respirar por unos segundos.

—Leora.

Solo dijo mi nombre.

Pero la forma en que lo pronunció me hizo sentir que él ya sabía algo de mí que yo había intentado esconder durante años.

Debí haber escapado en ese momento.

Debí haber regresado antes de cruzar esas enormes puertas de piedra.

Pero no podía.

Porque yo no había llegado al Castillo Vesper por casualidad.

Había ido allí porque era el único lugar donde nadie me encontraría.

O al menos eso creía.

En los pueblos cercanos al Mar Negro, todos conocían las historias del castillo.

Decían que era una fortaleza construida sobre los acantilados, donde las tormentas parecían nunca terminar.

Los niños crecían escuchando que nadie debía acercarse.

Que los empleados que entraban cambiaban para siempre.

Que el rey vampiro no necesitaba perseguir a nadie.

Él simplemente decidía.

Y cuando él tomaba una decisión, todos obedecían.

Eso era lo que contaban.

Pero la realidad era diferente.

La realidad era el silencio del conductor del carruaje cuando me dejó frente al enorme portón.

Ni siquiera quiso mirarme a los ojos.

Como si verme demasiado tiempo pudiera traerle mala suerte.

El portón se abrió solo.

Sin manos.

Sin ruido.

Como si el castillo hubiera estado esperando mi llegada.

Entré porque ya no tenía otro camino.

La ciudad donde había vivido había descubierto mi secreto.

La única vida que conocía había quedado destruida.

Y si me quedaba allí, sabía que tarde o temprano me encontrarían.

Dentro del castillo, todo era extraño.

Los enormes pasillos estaban iluminados por lámparas con una luz demasiado perfecta.

Mis pasos sonaban demasiado fuertes.

Mi corazón sonaba todavía más.

Una mujer vestida con ropa oscura me esperaba al pie de una escalera.

Su expresión era seria.

—Llegas tarde.

Intenté explicar que el viaje había sido complicado, pero ella no me dejó terminar.

—Ya estás aquí. Eso es lo único importante.

Me observó de arriba abajo.

Mi ropa gastada.

Mis guantes viejos.

La pequeña bolsa que llevaba apretada contra mi cuerpo.

—Nombre.

—Leora Veil.

—Edad.

—Veintidós.

La mujer asintió lentamente.

—Aquí hay reglas. Hablarás cuando te hablen. No caminarás por lugares prohibidos. No harás preguntas innecesarias.

Hizo una pausa antes de mirarme directamente.

—Y nunca desafíes al rey.

No respondí.

Solo asentí.

Ella comenzó a caminar y tuve que seguirla.

Los corredores parecían no terminar nunca.

Había retratos antiguos en las paredes.

Por momentos sentía que los ojos de aquellas pinturas me observaban.

Los empleados caminaban en silencio.

Nadie reía.

Nadie conversaba.

Era como si todos hubieran aprendido a hacerse invisibles.

Finalmente llegamos a una puerta enorme cubierta de símbolos extraños.

La mujer la abrió.

Yo esperaba encontrar una sala oscura.

Un lugar aterrador.

Pero encontré una biblioteca.

Era enorme.

Miles de libros cubrían las paredes.

Una chimenea iluminaba el lugar.

Había documentos sobre una mesa larga.

Y detrás de ella estaba él.

El rey vampiro.

Al principio pensé que estaba leyendo.

Pero no movía las manos.

Solo estaba sentado en silencio.

Como si las sombras fueran parte de él.

Cuando levantó la mirada, sentí que todo el aire de la habitación cambiaba.

Sus ojos no eran como los describían las historias.

No eran rojos.

Eran oscuros, profundos, casi hipnotizantes.

Me miró como si pudiera ver cada mentira que había contado.

Cada miedo que había escondido.

La mujer habló:

—Su majestad, la nueva sirvienta. Leora Veil.

El rey no apartó la mirada.

Y entonces dijo dos palabras:

—Vete.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

La mujer a mi lado quedó sorprendida.

Yo debía obedecer.

Debía bajar la cabeza.

Debía marcharme.

Pero no podía.

No todavía.

—No puedo —respondí.

El silencio que siguió fue peor que cualquier amenaza.

El fuego de la chimenea pareció disminuir.

El rey inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Qué dijiste?

Mi cuerpo quería correr.

Pero recordé por qué estaba allí.

—Si me voy, moriré.

Por primera vez algo cambió en su expresión.

Curiosidad.

Se acercó lentamente.

Cada paso hacía que la habitación pareciera más pequeña.

Cuando estuvo frente a mí, sentí algo extraño.

No era solamente miedo.

Era la sensación de estar frente a alguien que llevaba demasiado tiempo ocultando algo.

Miró mis manos.

Después mi bolsa.

Y entonces dijo:

—Tienes secretos.

Mi corazón se detuvo por un instante.

—No tengo nada que ocultar.

Era mentira.

Dentro de esa bolsa había algo que había arriesgado mi vida para traer.

Algo que no podía caer en manos equivocadas.

El rey pareció saberlo.

—Todos tienen secretos, Leora.

Su voz bajó.

—La diferencia está en cuánto tardan en salir a la luz.

Luego se alejó.

—Llévala al ala de sirvientes.

La mujer hizo una reverencia.

Antes de salir, escuché las últimas palabras del rey:

—Si logra sobrevivir a la primera noche, puede quedarse.

No entendí lo que significaba.

Pero mientras caminaba por los pasillos, sentí algo que no podía explicar.

Como si el castillo ya no me estuviera dejando entrar.

Como si me hubiera elegido.

Esa noche, después de horas trabajando, terminé perdida en una zona del castillo donde nadie debía entrar.

Entonces escuché algo.

Una melodía.

Suave.

Triste.

Hermosa.

Pero recordé la advertencia.

Si escuchas cantar…

cierra la puerta y espera.

Intenté regresar.

Pero el pasillo detrás de mí ya no parecía el mismo.

La canción se acercaba.

Y sin entender por qué, mis pies comenzaron a caminar hacia una vieja puerta al final del corredor.

La abrí lentamente.

Y cuando vi lo que había dentro, entendí por qué todos en ese castillo tenían miedo.

Porque en aquella capilla abandonada estaba el rey vampiro…

arrodillado frente a una criatura que parecía haber estado esperando mi llegada durante años.

PARTE 2

La criatura dejó de cantar en cuanto me vio.

Sentí que su mirada atravesaba la oscuridad y llegaba directamente hasta mí.

El rey levantó la cabeza.

Y por primera vez desde que lo conocí, vi algo diferente en su rostro.

No era enojo.

Era miedo.

—Leora… —dijo.

Pero esta vez mi nombre sonó como una advertencia.

Di un paso atrás.

—Lo siento. Yo no quería entrar.

La figura detrás de él comenzó a moverse.

No caminaba como una persona.

Parecía deslizarse entre las sombras.

El rey se levantó rápidamente y se colocó frente a mí.

—No la mires.

Su voz era firme.

—No escuches.

No entendía nada.

¿Por qué me estaba protegiendo?

¿Por qué aquella criatura parecía conocerme?

Entonces una voz llegó a mi mente.

No era una voz normal.

Era antigua.

Fría.

—Ella tiene la llave.

Sentí que la sangre se me helaba.

El rey apretó la mandíbula.

—No.

La criatura volvió a hablar.

—Entrégamela.

En ese momento comprendí que no estaba allí por accidente.

No era una simple sirvienta.

Aquello tenía que ver conmigo.

Con el objeto que llevaba escondido.

Con el secreto que había protegido durante tanto tiempo.

El rey tomó mi brazo y me colocó detrás de él.

Su mano era firme.

Pero no me estaba lastimando.

Me estaba protegiendo.

—¿Cómo sabes lo que llevo? —pregunté.

Él no respondió de inmediato.

Solo miró mi bolsa.

—Porque puedo sentirlo.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

La criatura avanzó.

Las velas se apagaron al mismo tiempo.

Durante unos segundos todo quedó completamente oscuro.

Después volvieron a encenderse.

Pero la criatura estaba mucho más cerca.

El rey extendió una barrera invisible entre nosotros.

La fuerza del impacto hizo temblar las paredes.

Entonces entendí algo.

Aquel hombre al que todos llamaban monstruo no estaba intentando atraparme.

Estaba intentando mantenerme viva.

—¿Por qué me proteges? —pregunté.

Sus ojos volvieron hacia mí.

Y por un momento desapareció el rey.

Solo quedó un hombre cansado.

—Porque no sabes quién eres realmente.

Esas palabras me dejaron sin respuesta.

La criatura volvió a atacar.

La barrera comenzó a romperse.

Y entonces mi pequeña bolsa empezó a brillar.

El objeto que había llevado oculto durante todo el viaje reaccionó.

Como si hubiera estado esperando ese momento.

El rey lo vio.

Y su expresión cambió.

—No puede ser…

—¿Qué es?

Me miró.

—La razón por la que esa criatura te encontró.

La oscuridad comenzó a llenar la capilla.

La criatura extendió una mano hacia mí.

Y cuando sus dedos estuvieron a punto de tocarme, sentí algo despertar dentro de mí.

Una energía que no conocía.

Una conexión imposible de explicar.

El rey sostuvo mi mano.

—Confía en mí.

Yo apenas lo conocía.

Pero algo dentro de mí sabía que él no era mi enemigo.

La criatura gritó.

Las paredes temblaron.

Y entonces reveló una verdad que cambió todo:

No había venido al castillo para esconderme.

Había venido porque era la única persona capaz de detener aquello que llevaba siglos esperando despertar.

El rey me miró con una seriedad que nunca había visto antes.

—Leora… toda tu vida te hicieron creer que eras alguien común.

Hizo una pausa.

—Pero ellos estaban escondiendo quién eres realmente.

Y en ese momento entendí que el mayor peligro no estaba dentro del Castillo Vesper.

El verdadero peligro era la verdad sobre mi propio pasado.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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