Entró al baile del rey vampiro para robar una joya… pero él descubrió un secreto que cambiaría el reino entero
Entró al baile del rey vampiro para robar una joya… pero él descubrió un secreto que cambiaría el reino entero

PARTE 1
Durante tres años escondí el secreto que podía condenarme.
Vivía dentro del palacio de los vampiros, rodeada de criaturas que habían perseguido a mi familia durante generaciones. Lo más peligroso no era estar cerca de ellos… lo más peligroso era que ninguno descubriera quién era realmente.
Mi nombre es Genevieve Ashdown.
Soy una de las últimas descendientes de la antigua manada Luna Roja.
Una mujer lobo.
Pero para todos en Ethelgard, yo solo era una sirvienta más que limpiaba los enormes salones del castillo y bajaba la mirada cada vez que pasaba un noble.
Aprendí a esconder mi fuerza.
A controlar mis sentidos.
A cubrir mi verdadero aroma con hierbas y perfumes para que ningún vampiro notara lo que había dentro de mí.
No lo hacía por miedo solamente.
Lo hacía por mi hermano Leo.
Él era humano. Era la única familia que me quedaba y la única razón por la que soportaba aquella vida llena de silencios, hambre y humillaciones.
Mi madre me dejó una herencia que yo nunca pedí: la sangre de los lobos.
Pero también me dejó una responsabilidad.
Proteger a Leo.
Por eso, cuando escuché el rumor de que el rey Dominic Corbo guardaba antiguas joyas confiscadas de mi antigua manada, tomé una decisión que cambiaría mi destino para siempre.
Entraría al baile real.
Robaría aquella joya.
Y con ese dinero escaparíamos de Ethelgard.
La noche del solsticio de invierno, el castillo parecía otro mundo.
Miles de velas iluminaban los salones, los nobles llevaban vestidos imposibles y las máscaras ocultaban rostros llenos de secretos.
Yo no estaba allí para celebrar.
Estaba allí para desaparecer.
Robé una capa elegante que pertenecía a una noble vampira y conseguí una pequeña máscara plateada con forma de lobo.
Una ironía peligrosa.
Una mujer lobo escondiéndose detrás de una máscara de lobo.
Me moví por los pasillos hasta llegar al estudio privado del rey.
El corazón me golpeaba el pecho mientras abría la cerradura.
Estaba a segundos de conseguir lo que necesitaba.
Pero entonces ocurrió algo extraño.
La temperatura del lugar bajó de repente.
Mi instinto me gritó que no estaba sola.
Alguien estaba detrás de mí.
—Has sido muy difícil de encontrar —dijo una voz tranquila desde la oscuridad.
Me quedé inmóvil.
No necesitaba verlo para saber quién era.
El rey Dominic Corbo.
El vampiro más poderoso de Ethelgard.
Cuando salió de las sombras, sentí que todo mi cuerpo quería escapar.
Era alto, elegante y aterrador. Sus ojos violetas parecían atravesar cualquier mentira.
Entonces entendí mi error.
La capa que había robado no era una simple prenda.
Era la capa de Isabella Montgomery, una mujer vampira de una de las familias más importantes del reino… y la prometida que todos esperaban que se convirtiera en reina.
Dominic creyó que yo era ella.
Y durante unos segundos pensé en decir la verdad.
Pero si descubría que era una loba, no tendría oportunidad de salir viva del castillo.
Así que bajé la cabeza y fingí ser alguien más.
El rey se acercó lentamente.
Demasiado lentamente.
Como si hubiera esperado ese momento durante mucho tiempo.
Entonces ocurrió algo que jamás imaginé.
Dominic tomó mi rostro y apartó un poco la tela que cubría mi cuello.
Sentí un escalofrío.
No podía moverme.
No podía escapar.
Y antes de que pudiera reaccionar, sentí la marca que cambiaría mi vida para siempre.
Pero cuando el rey descubrió quién era realmente por mi sangre…
su expresión no fue de odio.
Fue de absoluta sorpresa.
Porque algo imposible acababa de ocurrir.
Mi sangre, la sangre de una enemiga de los vampiros…
no lo había debilitado.
Lo había unido a mí.
PARTE 2
Durante unos segundos, ninguno de los dos entendió lo que estaba pasando.
Yo esperaba ver rechazo.
Esperaba ver furia.
Esperaba que Dominic llamara a sus guardias y terminara con mi secreto.
Pero él solo me miraba como si acabara de descubrir algo que ningún libro antiguo había podido explicar.
Los vampiros siempre habían creído que la sangre de los lobos era peligrosa para ellos.
Una amenaza.
Una maldición.
Pero conmigo había ocurrido algo diferente.
La conexión entre nosotros había despertado algo desconocido.
Y eso era mucho más peligroso que cualquier enemigo.
Aproveché su confusión.
Usé toda mi fuerza y escapé del estudio.
Corrí por los pasillos del castillo, rompí una ventana y caí en los jardines cubiertos de nieve.
No sabía qué había pasado.
Solo sabía una cosa.
El rey sabía que yo existía.
Y ahora podía encontrarme.
Cuando regresé a la pequeña habitación donde vivíamos Leo y yo, entendí que ya no había vuelta atrás.
El reino entero estaba buscando a la mujer de la máscara plateada.
Las puertas de la ciudad fueron cerradas.
Los soldados registraban cada rincón.
Pero lo peor era la sensación extraña que sentía dentro de mí.
Como si una parte de mi mente estuviera conectada con alguien más.
Con Dominic.
Mientras buscaba ayuda para escapar, fui hasta la tienda de Beatrice, la única humana que conocía mi secreto.
Pero al llegar descubrí que algo estaba mal.
La puerta estaba rota.
Los frascos estaban tirados.
Y ella había sido encontrada por los guardias del rey.
Entre ellos estaba Tristan Hawthorne, el comandante de la guardia nocturna.
Él sostenía mi vieja máscara.
Ya sabía que yo era la persona que buscaban.
No podía permitir que Beatrice pagara por mi error.
Así que dejé de esconderme.
Por primera vez en años permití que mi verdadera naturaleza apareciera.
Los guardias esperaban encontrar a una sirvienta asustada.
Encontraron a la última loba de la Luna Roja.
Logré escapar con Beatrice y llevé a Leo lejos de la ciudad.
Pensamos que estaríamos seguros en las antiguas catacumbas bajo el reino.
Nos equivocamos.
Tristan nos encontró.
Pero esta vez no venía como un servidor del rey.
Venía con sus propios planes.
Él creía que Dominic estaba perdiendo la razón por mi culpa.
Creía que una unión entre un vampiro y una loba destruiría el equilibrio del reino.
Y estaba dispuesto a impedirlo.
Cuando todo parecía perdido, el lugar quedó completamente en silencio.
El frío llegó de golpe.
Las paredes comenzaron a cubrirse de escarcha.
Entonces las enormes puertas de piedra se abrieron.
Dominic apareció.
Pero ya no era el rey distante del baile.
Era alguien que había cruzado todo el reino para encontrarme.
No había venido a capturarme.
Había venido a protegerme.
Tristan intentó convencerlo de que yo era una amenaza.
Pero Dominic tomó una decisión que cambiaría Ethelgard para siempre.
Eligió confiar en mí.
La lucha por el futuro del reino no terminó esa noche.
Pero algo sí cambió.
Por primera vez en siglos, vampiros y lobos dejaron de verse como enemigos.
Meses después, Ethelgard comenzó una nueva era.
Las antiguas reglas fueron reemplazadas.
Los lobos dejaron de vivir escondidos.
Leo pudo estudiar y tener la vida que siempre quise para él.
Y yo dejé de ser una sombra dentro de un castillo.
Una noche, mientras miraba la ciudad desde el balcón del palacio, Dominic se acercó y observó la marca que había quedado en mi cuello.
Durante mucho tiempo pensé que aquel error del baile había destruido mi vida.
Pensé que robar aquella capa había sido la peor decisión que había tomado.
Pero ahora sabía la verdad.
A veces, el momento que parece condenarte…
es exactamente el momento que cambia tu destino.