¡Engordaste! Su ex se burló de ella, sin saber que estaba embarazada del hijo del Rey Vampiro.
¡Engordaste! Su ex se burló de ella, sin saber que estaba embarazada del hijo del Rey Vampiro.

PARTE 1
—Vaya, Chloe… sí que te dejaste ir. Estás enorme.
Brad me recorrió con la mirada y sonrió como si humillarme frente a todo el café fuera el mejor momento de su día.
Me abracé el abdomen debajo de mi enorme abrigo y traté de contener las lágrimas.
Él no tenía idea de lo que estaba escondiendo.
Ni siquiera yo comprendía completamente en qué me estaba convirtiendo.
Brad había terminado conmigo meses atrás mediante un simple mensaje. Según él, yo no tenía suficiente ambición para acompañar a un abogado destinado al éxito. Desde entonces, mi cuerpo había cambiado de una manera aterradora.
Había aumentado casi cuarenta kilos.
Mis piernas se hinchaban, me dolía la espalda y tenía un hambre imposible de controlar.
Pero no estaba simplemente engordando.
Estaba embarazada.
Y aquello tampoco era un embarazo normal.
Solo llevaba cuatro meses y mi vientre parecía el de una mujer a punto de dar a luz.
—Es un problema médico —murmuré.
Brad soltó una carcajada.
—Claro. ¿Y los tres muffins también forman parte del tratamiento?
Algunas personas nos observaban.
Sentí una patada brutal desde dentro de mi vientre.
Mi bebé parecía reaccionar a mi miedo.
—No tienes idea de lo que estoy pasando —le dije.
Por un instante, mi voz sonó extraña. Más profunda. Casi inhumana.
Brad dejó de sonreír durante un segundo.
Después recuperó su arrogancia.
—Solo sé que tuve suerte de dejarte.
Se marchó.
Yo regresé llorando a mi apartamento.
Cuando cerré la puerta, abrí el abrigo y observé mi enorme vientre cubierto de marcas rojas.
Apoyé una mano sobre él.
Algo increíblemente fuerte presionó desde dentro contra mi palma.
—Lo sé, pequeño —susurré—. También tengo miedo.
El padre del bebé se llamaba Dominic Alistister.
Lo había conocido mientras organizaba una gala privada en Seattle.
Dominic era un multimillonario europeo misterioso, elegante y demasiado perfecto para parecer humano.
Pronto descubrí por qué.
Era un vampiro.
No uno cualquiera.
Dominic aseguraba haber vivido siglos y ser el líder de un antiguo linaje inmortal.
Creí que estaba loco hasta que vi sus ojos cambiar y sus colmillos aparecer frente a mí.
Debería haber huido.
No lo hice.
Durante semanas vivimos una relación tan intensa como imposible.
Después, Dominic desapareció.
Solo dejó una nota:
Mis enemigos se acercan. Si permanezco contigo, morirás. Olvídame y vive.
Un mes después descubrí que estaba embarazada.
Los vampiros supuestamente no podían tener hijos.
Pero mi cuerpo estaba demostrando que las antiguas leyendas estaban equivocadas.
Mi bebé crecía a una velocidad absurda, y mi organismo acumulaba grasa y líquido como si estuviera construyendo una armadura alrededor de él.
Entonces apareció otro problema.
La comida normal comenzó a provocarme náuseas.
Una noche desperté con un hambre insoportable.
Abrí el refrigerador y vi varios cortes de carne cruda.
Mi mente humana sentía repugnancia.
Mi cuerpo no.
Tomé uno.
Cuando probé la carne, el dolor de mi vientre desapareció instantáneamente.
—¡Chloe!
Me giré horrorizada.
Mi mejor amiga y compañera de apartamento, Jess, estaba mirándome con los ojos abiertos de par en par.
Tenía sangre alrededor de la boca.
Pensé que gritaría.
En cambio, me llevó al médico.
Durante el ultrasonido, el doctor Evans frunció el ceño.
—Esto no tiene sentido. Estás de cuatro meses… pero tu cuerpo parece estar al final del embarazo.
Movió el aparato sobre mi vientre.
La pantalla comenzó a llenarse de sombras.
Entonces escuchamos el corazón del bebé.
BUM.
BUM.
BUM.
No sonaba como el corazón de un bebé.
Parecía un tambor gigantesco resonando bajo tierra.
De repente, las luces se apagaron.
La habitación se volvió helada.
Escuchamos un golpe.
El doctor dejó de responder.
Y desde una esquina oscura surgió una voz masculina.
—Así que finalmente encontré la sangre del rey…
Un hombre de piel pálida avanzó lentamente.
Sus ojos brillaban.
Miró directamente mi vientre.
—Soy Cassius —dijo sonriendo—. Y he venido a terminar con la dinastía Alistister antes de que nazca.
Entonces mostró sus colmillos…
y se lanzó directamente contra mi bebé.
PARTE 2
Instintivamente cubrí mi vientre con los brazos.
Sabía que no podía enfrentar a un vampiro.
Ni siquiera podía correr.
Pero Cassius nunca llegó a tocarme.
Una fuerza invisible explotó desde mi vientre.
El impacto lo lanzó al otro extremo de la habitación.
Los muebles médicos cayeron al suelo.
Jess gritó.
Yo permanecí paralizada.
—¿Qué… fue eso?
Cassius también parecía sorprendido.
Miró mi vientre con una mezcla de miedo y fascinación.
Entonces entendí.
El bebé se había defendido.
Cassius volvió a incorporarse.
Esta vez parecía furioso.
—Esa criatura ni siquiera ha nacido y ya posee el poder de su padre.
Avanzó nuevamente.
Pero antes de alcanzarme, la ventana estalló.
Una figura entró desde la oscuridad y la lluvia.
Sentí que el corazón se me detenía.
—Dominic…
Era él.
Su rostro estaba más aterrador de lo que recordaba.
Sus ojos brillaban mientras miraba a Cassius.
—¿Te atreviste a tocar lo que amo?
Cassius retrocedió.
—Mi rey, yo solo…
Dominic no lo dejó terminar.
Se movió con una velocidad imposible.
En pocos segundos, Cassius había sido derrotado y su cuerpo comenzó a convertirse en cenizas oscuras.
El silencio regresó.
Dominic se giró hacia mí.
Toda la furia desapareció de su rostro.
Yo, en cambio, sentí vergüenza.
Intenté cubrir mi cuerpo con el abrigo.
Había aumentado muchísimo de peso desde la última vez que él me había visto.
—No me mires —dije llorando—. Ya no soy la mujer que conociste.
Dominic se arrodilló frente a mí.
Tomó mis manos.
—No digas eso.
Después apoyó cuidadosamente una mano sobre mi vientre.
El bebé presionó desde dentro contra su palma.
Los ojos de Dominic se llenaron de emoción.
—Nuestro hijo…
Lo miré con rabia.
—Pensé que me abandonaste.
—Me fui para protegerte.
Dominic explicó que varias facciones vampíricas querían derrocarlo. Si descubrían que amaba a una humana, me utilizarían para llegar hasta él.
Había creído que desaparecer sería suficiente.
Se equivocó.
—Y tu cuerpo —continuó— no está fallando.
Lo miré confundida.
—Un cuerpo humano normalmente no podría contener el poder de un heredero vampírico real. Tu organismo reaccionó. Creó capas protectoras alrededor del bebé.
Rozó suavemente mi vientre.
—Cada cambio que odiaste estaba intentando mantenerlos vivos a los dos.
Sentí que las lágrimas volvían a caer.
Durante meses había pensado que mi cuerpo me estaba traicionando.
Brad se había burlado.
Extraños me habían juzgado.
Yo misma había aprendido a sentir vergüenza al mirarme al espejo.
Pero Dominic veía algo diferente.
—No te abandonaste, Chloe —dijo—. Sobreviviste.
Entonces un teléfono comenzó a vibrar entre las cenizas de Cassius.
Dominic lo recogió.
La pantalla mostraba un mensaje.
Lo leyó.
Su expresión cambió inmediatamente.
Me entregó el teléfono.
El remitente era Brad Jenkins.
“Ya entró al consultorio del doctor Evans. Te di su ubicación. Ahora cumple tu parte del trato y consigue mi ascenso.”
Sentí que el mundo se detenía.
—Brad…
Todo encajó.
El encuentro en el café.
Sus preguntas.
La forma en que había estudiado mi cuerpo.
No había sido casualidad.
Mi ex sabía que alguien estaba buscándome.
Y había vendido mi ubicación a los enemigos de Dominic a cambio de dinero y una promoción.
—Él nos entregó —susurré.
Dominic apretó el teléfono hasta romperlo.
—Y responderá por eso.
Pero no había tiempo para Brad.
El ataque había provocado algo mucho más urgente.
Dominic nos llevó a una propiedad protegida fuera de Seattle.
Apenas llegamos, un dolor insoportable atravesó mi espalda.
Sentí líquido empapar las sábanas.
—Dominic…
Lo miré aterrorizada.
—El bebé viene.
—¡Pero solo llevo cuatro meses!
—Para un heredero como él, el tiempo no funciona igual —respondió Dominic—. Está completamente desarrollado.
El parto comenzó.
Fue rápido, brutal y agotador.
Jess permaneció junto a mí mientras Dominic no soltaba mi mano.
En cada momento pensé que no podría continuar.
Entonces recordé todo.
Las burlas de Brad.
El miedo.
Las noches escondiendo mi cuerpo.
Las veces que pensé que era débil.
Y empujé nuevamente.
Finalmente escuché un llanto.
Dominic levantó a nuestro hijo.
Era un bebé grande, de cabello oscuro y piel extremadamente pálida.
Cuando abrió los ojos, eran negros y profundos como los de su padre.
Dominic tembló.
—Un hijo…
Colocó al bebé sobre mi pecho.
En cuanto lo sentí contra mí, ocurrió algo extraordinario.
El calor constante de mi cuerpo comenzó a desaparecer.
La presión se redujo.
Por primera vez en meses pude respirar sin sentir que llevaba una montaña dentro de mí.
—Es perfecto —susurré.
Dominic rodeó a ambos con sus brazos.
—Se llamará Julian.
Después del nacimiento, mi cuerpo comenzó lentamente a recuperar su equilibrio. Las marcas permanecieron, pero ya no sentía vergüenza de ellas.
Eran la prueba de todo lo que había sobrevivido.
Tiempo después, Dominic regresó de Seattle.
Yo estaba sosteniendo a Julian cuando entró.
—¿Qué pasó con Brad? —pregunté.
Dominic sonrió.
No me contó detalles violentos.
Solo me explicó que Brad había perdido la fortuna, la carrera y la influencia que había valorado más que cualquier persona.
El hombre que había vendido mi vida para conseguir poder terminó perdiendo precisamente aquello por lo que me había traicionado.
Miré a Julian dormido entre mis brazos.
Después miré al hombre inmortal que había regresado para protegernos.
Brad me había llamado gorda.
Había pensado que mi cuerpo demostraba fracaso.
Nunca imaginó que cada kilo que tanto despreciaba había sido parte de una defensa sobrenatural creada para proteger al heredero de un antiguo linaje.
Yo había perdido mi antigua vida.
Pero encontré algo que jamás esperaba.
Una familia.
Un hijo imposible.
Y un lugar donde nadie volvería a decirme cuánto debía pesar para ser digna de amor.
Porque aquella mujer que Brad humilló públicamente en una cafetería ya no existía.
Ahora era Chloe Alistister.
Madre del heredero.
Compañera del rey.
Y, para quienes conocían el mundo oculto bajo el nuestro…
la nueva reina de las sombras.