Encontró un secreto en la caja fuerte de su esposo fallecido y esa misma noche un vampiro llegó para salvarla

Encontró un secreto en la caja fuerte de su esposo fallecido y esa misma noche un vampiro llegó para salvarla

PARTE 1

La expulsaron de la familia de su esposo muerto… pero un extraño llegó esa noche porque él dejó una última protección para ella

Nunca imaginé que la noche en que perdí mi casa sería también la noche en que descubriría que mi esposo me había ocultado una verdad imposible.

Estaba bajo la lluvia, descalza, frente a la mansión donde había vivido durante años, mientras las puertas se cerraban detrás de mí como si nunca hubiera pertenecido a ese lugar.

Mi nombre es Alina Ashford.

Durante mucho tiempo pensé que tenía una vida perfecta.

Me había casado con Marcus Ashford, un hombre que parecía diferente a su familia.

Mientras los demás miembros de los Ashford eran fríos y distantes, Marcus era la única persona que me hacía sentir que realmente importaba.

Pero todo cambió cuando murió.

Habían pasado 47 días desde su funeral cuando descubrí que casi todo lo que creía saber era mentira.

Primero encontré documentos extraños relacionados con la familia.

Después descubrí conversaciones que se detenían cada vez que yo entraba a una habitación.

Y finalmente encontré algo que nunca debí haber visto.

Detrás de una pintura antigua en el despacho de Marcus había una caja fuerte escondida.

Dentro no había dinero.

No había joyas.

Había documentos.

Papeles que hablaban de acuerdos secretos, nombres desconocidos y una organización llamada el Consejo Carmesí.

Al principio pensé que era una especie de negocio familiar extraño.

Algo que tenía una explicación lógica.

Pero mientras más leía, más entendía que Marcus había vivido una vida que nunca me mostró.

Y cuando Victoria Ashford, mi suegra, me encontró revisando aquellos documentos, su actitud cambió por completo.

La mujer que durante años fingió tratarme como parte de la familia dejó de fingir.

Me dijo que yo nunca había pertenecido allí.

Que Marcus había cometido un error al casarse conmigo.

Y que ahora que él ya no estaba, yo no tenía ninguna razón para permanecer en esa casa.

Intenté defenderme.

Intenté preguntar qué significaban esos documentos.

Pero nadie quiso responder.

En lugar de eso, me sacaron de la mansión.

Sin dinero.

Sin teléfono.

Sin siquiera mis zapatos.

A las 11:47 de la noche estaba parada bajo la lluvia, preguntándome cómo había llegado a ese punto.

Mi vida completa parecía haberse derrumbado en unas pocas horas.

Pero había algo que ellos no sabían.

Algo que había guardado desde hacía semanas.

Un pequeño teléfono escondido dentro de mi abrigo.

Lo había comprado porque mi intuición me decía que algo estaba mal.

Me repetía que estaba exagerando.

Que el dolor por la muerte de Marcus me hacía imaginar problemas donde no existían.

Pero mi instinto había tenido razón.

Y ahora ese pequeño teléfono era mi única oportunidad.

Lo saqué con las manos temblando.

Entre los contactos había un número que nunca pensé usar.

Un número que Marcus me obligó a memorizar durante nuestro viaje de bodas.

En aquel momento me pareció extraño.

Me dijo que si algún día algo ocurría y su familia se volvía contra mí, debía enviar solamente una palabra.

Una palabra que no debía olvidar.

Crimson.

Nunca entendí por qué un hombre como Marcus tenía tanto miedo de su propia familia.

Hasta esa noche.

Con los dedos congelados por la lluvia, escribí esa palabra.

Y presioné enviar.

No sabía quién recibiría el mensaje.

No sabía qué tipo de persona respondería.

Pero dentro de mí sentí algo extraño.

Como si después de perderlo todo, finalmente hubiera encontrado una salida.

Comencé a caminar hacia la salida de la propiedad.

Cada paso sobre las piedras era doloroso.

Pero entonces escuché motores.

Tres vehículos negros aparecieron detrás de la mansión.

Sus luces atravesaron la oscuridad.

Mi corazón se aceleró.

Porque recordé los documentos que había encontrado.

Recordé que algunas personas relacionadas con el Consejo Carmesí habían desaparecido sin dejar rastro.

Y en ese momento entendí algo.

No querían recuperar los papeles.

Querían asegurarse de que yo nunca hablara.

Corrí.

Corrí con todas mis fuerzas.

Pero los vehículos eran más rápidos.

Uno de ellos se acercó hasta quedar a mi lado.

La ventana comenzó a bajar lentamente.

Y justo cuando pensé que nadie vendría por mí…

el cielo entero pareció romperse.

Un sonido profundo sacudió la noche.

El primer vehículo salió despedido como si una fuerza invisible lo hubiera golpeado.

La lluvia dejó de caer alrededor de mí.

No poco a poco.

Simplemente desapareció en un círculo perfecto.

Entonces levanté la mirada.

Entre la oscuridad había un hombre parado frente a mí.

Alto.

Elegante.

Con una presencia que hacía sentir pequeño todo lo que lo rodeaba.

Sus ojos tenían un extraño brillo rojizo.

Y cuando me miró, pronunció mi nombre como si me hubiera estado esperando durante mucho tiempo.

—Alina Ashford…

Sentí que no podía respirar.

Porque aquel extraño sonrió ligeramente y dijo:

—Marcus sabía que algún día necesitarías mi ayuda.

PARTE 2

No entendía quién era ese hombre ni cómo conocía a Marcus.

Pero una cosa era evidente.

Los hombres que habían venido por mí tenían miedo de él.

Mucho miedo.

Permanecían junto a sus vehículos sin atreverse a acercarse.

Y eso fue lo primero que me hizo pensar que quizá el peligro no estaba frente a mí.

Quizá estaba de mi lado.

—¿Quién eres? —pregunté.

El hombre extendió su mano.

Su nombre era Damian Valyrius.

Y según sus propias palabras, él era la deuda que Marcus había dejado pendiente.

Al principio pensé que estaba escuchando una locura.

Pero entonces vi algo imposible.

Sus ojos cambiaron.

Sus dientes no parecían humanos.

Y en ese momento todos los documentos que había leído comenzaron a tener sentido.

Las historias sobre criaturas ocultas.

El Consejo Carmesí.

Las familias que habían protegido secretos durante generaciones.

Todo era real.

Damian no era un hombre común.

Era un vampiro.

Y aunque mi mente buscaba una explicación racional, mi cuerpo ya había entendido la verdad.

Él me había salvado.

Sin pedir nada a cambio.

Cuando tomó mi mano para ayudarme a levantarme ocurrió algo extraño.

Sentí una corriente recorrer mi cuerpo.

Como si ambos hubiéramos reconocido algo que ninguno entendía.

Por primera vez vi una emoción diferente en sus ojos.

No era poder.

No era arrogancia.

Era sorpresa.

Como si algo imposible acabara de suceder.

Me llevó lejos de la mansión Ashford antes de que llegaran más personas.

Cuando desperté, estaba en un lugar completamente diferente.

Una habitación enorme.

Antigua.

Llena de libros y pinturas que parecían tener siglos.

Damian me explicó que estaba protegida allí.

Pero yo necesitaba respuestas.

Le pregunté por el Consejo Carmesí.

Por los documentos.

Por la verdad que Marcus había intentado ocultarme.

Entonces me contó algo que cambió todo.

La familia Ashford no era simplemente una familia rica.

Durante generaciones habían servido a seres como él.

Pero también habían descubierto una antigua profecía.

Una profecía sobre una mujer humana capaz de cambiar el destino de los vampiros.

Una mujer que podría romper una antigua maldición.

Una mujer que, sin saberlo, llegaría hasta el rey vampiro en su momento más desesperado.

Me quedé en silencio.

Porque la palabra que había enviado esa noche no era una simple contraseña.

Era una llamada.

Una señal que solo la persona de la profecía podía activar.

Y entonces comprendí algo aterrador.

La expulsión de la mansión no había sido un accidente.

La familia Ashford sabía exactamente lo que estaba haciendo.

Querían que huyera.

Querían que buscara protección.

Querían que llegara hasta Damian.

Todo había sido planeado.

Pero antes de que pudiera procesarlo, las ventanas explotaron.

El frío entró en la habitación.

Y desde la oscuridad aparecieron nuevas figuras.

No eran humanos.

Sus ojos brillaban con otro color.

Eran miembros de otro clan sobrenatural.

Damian se colocó delante de mí.

Por primera vez desde que lo conocí, parecía realmente preocupado.

Ellos también conocían la profecía.

Y ahora sabían que yo existía.

Comprendí que mi vida anterior había terminado.

Ya no era solamente la viuda de Marcus Ashford.

Ya no era una mujer común intentando sobrevivir.

Era la persona que todos habían estado buscando durante siglos.

Y mientras aquellas criaturas avanzaban hacia nosotros, Damian me miró y dijo algo que nunca olvidaré:

—Alina, a partir de esta noche, todos van a querer encontrarte… pero yo seré quien se asegure de que nadie vuelva a destruir tu vida.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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