Encontró un relicario de su madre después del funeral… y descubrió un secreto relacionado con el rey vampiro de una mansión antigua
Encontró un relicario de su madre después del funeral… y descubrió un secreto relacionado con el rey vampiro de una mansión antigua

PARTE 1
El día que encontré el secreto de mi madre, terminé entrando a la mansión del hombre que todos llamaban monstruo
Nunca imaginé que una simple fotografía dentro de un viejo collar cambiaría por completo mi vida.
Después del funeral de mi madre, encontré algo escondido en su habitación que nunca había visto antes.
Era un pequeño relicario antiguo.
Ella siempre lo guardó lejos de mí.
Cuando era niña, si intentaba tocarlo, cambiaba de tema o simplemente me decía que no era importante.
Pero ahora ella ya no estaba.
Y por primera vez tenía la oportunidad de descubrir qué había estado ocultando durante tantos años.
Dentro del relicario había una fotografía vieja.
La imagen estaba gastada por el tiempo, pero reconocí inmediatamente a la mujer que aparecía en ella.
Era mi madre.
Solo que había algo imposible.
Ella estaba parada dentro de una enorme mansión que yo jamás había visto.
Detrás de ella había un cuadro enorme con un paisaje oscuro, una tormenta pintada en tonos grises y un marco dorado con detalles antiguos.
No entendía por qué mi madre tendría una foto en un lugar así.
Hasta que tres noches después encontré la respuesta.
Buscando su nombre en internet, como cualquier persona desesperada intentando entender el pasado de alguien que acaba de perder, encontré un artículo sobre una propiedad antigua.
La Mansión Ravencraft.
Un lugar conocido por pertenecer a un hombre extremadamente rico que casi nadie había visto.
Las fotografías del lugar mostraban exactamente lo mismo.
El mismo pasillo.
El mismo cuadro.
El mismo marco dorado.
Sentí que el cuerpo se me quedaba frío.
Mi madre había estado allí.
Y si había estado allí, significaba que había una parte completa de su vida que nunca me contó.
Una parte que había protegido de mí.
Una parte que quizás había intentado llevarse a la tumba.
Por eso esa noche terminé frente a las enormes puertas de hierro de la mansión.
Sabía que era una locura.
Yo no era detective.
No tenía dinero.
Solo era una mujer común tratando de entender por qué su madre le había ocultado una parte de su historia.
Pero algo dentro de mí decía que debía entrar.
La gente de la ciudad hablaba de Ravencraft como si fuera una leyenda.
Decían que el dueño nunca envejecía.
Que jamás aparecía durante el día.
Que había algo extraño en él.
Algunos lo llamaban monstruo.
Otros susurraban un nombre todavía más absurdo.
El rey vampiro.
Antes me habría reído de esas historias.
Esa noche ya no.
Me escondí cuando un vehículo de seguridad pasó cerca de la entrada.
Esperé hasta que las luces desaparecieron y encontré un pequeño espacio entre la puerta y una pared cubierta de plantas.
No sabía cómo lo encontré.
Parecía como si la entrada hubiera estado esperando que alguien la descubriera.
Entré.
El jardín estaba demasiado silencioso.
No era un silencio tranquilo.
Era un silencio que parecía observar.
Caminé hasta la mansión mientras mis pasos sonaban sobre las piedras.
El edificio era enorme.
Oscuro.
Antiguo.
Como si perteneciera a otra época.
Una puerta lateral estaba entreabierta.
La empujé lentamente.
Y para mi sorpresa, se abrió.
Dentro hacía más calor.
El aire olía a madera antigua, libros y algo difícil de explicar.
No parecía una casa abandonada.
Parecía una casa donde alguien todavía vivía.
Pasé por un salón donde una chimenea seguía encendida.
Entré en un corredor lleno de sombras.
Y entonces lo vi.
Al final del pasillo estaba la misma habitación de la fotografía.
El mismo cuadro.
El mismo lugar donde mi madre había estado años atrás.
Me acerqué lentamente.
Sentí una tristeza enorme.
Imaginé a mi madre joven, parada allí, sonriendo sin saber que algún día yo estaría en ese mismo lugar buscando respuestas.
Levanté la mano para tocar el marco.
Pero antes de hacerlo escuché una voz detrás de mí.
—No toques algo que no entiendes.
Me quedé completamente inmóvil.
Me giré lentamente.
Un hombre estaba parado bajo la sombra de un arco.
Vestía completamente de negro.
Su presencia llenaba todo el pasillo.
Era elegante, tranquilo y aterrador al mismo tiempo.
Sus ojos parecían demasiado profundos para ser normales.
No parecía sorprendido de verme.
Parecía que sabía que yo iba a llegar.
—¿Quién eres? —pregunté.
Él no respondió.
Sus ojos bajaron lentamente hasta el relicario que llevaba en el cuello.
Y por primera vez su expresión cambió.
Como si acabara de ver un fantasma.
—Abre ese collar —dijo.
Apreté el relicario con fuerza.
—No.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
No era una sonrisa amable.
Era como si mi negativa le hubiera confirmado algo.
—Viniste hasta aquí cargando un secreto que ni siquiera tú entiendes.
Sentí un escalofrío.
¿Cómo podía saberlo?
Entonces se acercó.
Y cuando estuvo frente a mí, dijo algo que hizo que mi corazón se detuviera:
—¿Dónde conseguiste ese relicario?
Tragué saliva.
—Era de mi madre.
El silencio llenó la habitación.
Sus ojos cambiaron.
—¿Cuál era su nombre?
—Mara.
Él negó lentamente.
Y sus siguientes palabras destruyeron todo lo que yo creía saber.
—Ese no era su verdadero nombre.
Me quedé sin respirar.
—Su nombre era Saraphina.
Di un paso atrás.
Eso era imposible.
Mi madre nunca me había dicho nada parecido.
Entonces él miró nuevamente la fotografía dentro del relicario y susurró:
—Ella nunca debió dejarte venir aquí.
Y en ese momento comprendí que la muerte de mi madre no había terminado una historia…
había comenzado una que podía poner mi vida en peligro.
PARTE 2
—¿Qué quieres decir con que mi madre no debió dejarme venir?
Mi voz salió más fuerte de lo que esperaba.
El hombre frente a mí no parecía un simple dueño de una mansión.
Parecía alguien que había estado esperando años para volver a ver algo que creía perdido.
—Tu madre sabía exactamente lo que estaba haciendo —respondió.
Me negué a creerlo.
La mujer que yo conocía era una madre trabajadora.
Una persona que sacrificó todo por mí.
No alguien con secretos relacionados con un hombre misterioso que vivía en una mansión rodeada de rumores.
—Ella me protegió toda su vida —dije.
Sus ojos mostraron algo extraño.
Dolor.
—Sí. Lo hizo.
Esa respuesta me confundió.
Porque no sonaba como alguien que odiaba a mi madre.
Sonaba como alguien que la había perdido.
El hombre tomó cuidadosamente el relicario.
Su mano estaba fría.
No como una persona normal.
—Ella vino aquí hace muchos años.
—¿Por qué?
Él miró el cuadro detrás de mí.
—Porque necesitaba protección.
Sentí un escalofrío.
—¿De quién?
Su mirada volvió hacia mí.
—De mi propia especie.
En ese momento entendí que los rumores no eran simples historias.
El hombre frente a mí era Lucian Ravencraft.
El dueño de la mansión.
El hombre del que todos hablaban.
El supuesto rey vampiro.
Pero lo más extraño no era descubrir quién era.
Lo más extraño era la forma en que miraba mi rostro.
Como si estuviera viendo a alguien más.
—Tienes los mismos ojos que ella —murmuró.
No sabía por qué esas palabras me dolieron.
Porque por primera vez sentí que Lucian no estaba viendo una desconocida.
Estaba viendo un recuerdo.
Entonces pregunté:
—¿Qué relación tenías con mi madre?
Hubo un largo silencio.
—Ella me prometió algo.
—¿Qué?
Su expresión se volvió seria.
—Que nunca llevarías mi marca.
No entendí.
Hasta que su mirada bajó hacia mi cuello.
Instintivamente llevé mi mano a una pequeña cicatriz que siempre había tenido debajo de la oreja.
Nunca le di importancia.
Había estado ahí desde que tenía memoria.
Pero Lucian parecía haber visto algo que yo nunca entendí.
—Muéstramela.
Me alejé.
—No.
Por primera vez su calma desapareció.
No era enojo.
Era preocupación.
—Leora, no sabes lo que tienes.
—Entonces explícamelo.
Lucian se acercó lentamente.
Pero esta vez no parecía una amenaza.
Parecía alguien intentando protegerme de algo que se acercaba.
Apartó con cuidado mi cabello.
Y cuando vio la marca, su rostro cambió completamente.
Como si acabara de confirmar su peor miedo.
—La tienes.
Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
—¿Qué tengo?
Su voz fue casi un susurro.
—Mi marca.
No pude responder.
Antes de que pudiera preguntar más, un ruido interrumpió el momento.
Pasos.
Muchas personas acercándose.
Lucian miró hacia la puerta.
Y por primera vez vi miedo en sus ojos.
No por él.
Por mí.
—Llegaron.
—¿Quiénes?
No respondió inmediatamente.
Solo me tomó y me colocó detrás de él.
Las enormes puertas del pasillo se abrieron.
Varias figuras vestidas de oscuro entraron en la mansión.
Sus miradas se dirigieron directamente hacia mí.
Como si hubieran venido por mí.
El hombre que estaba al frente sonrió.
—Finalmente encontramos a la hija de Saraphina.
Sentí que todo mi cuerpo se quedó frío.
Lucian se colocó delante de mí.
—Nadie la tocará.
Pero el hombre solo sonrió más.
—No puedes protegerla para siempre.
Entonces sacó algo de su bolsillo.
Otro relicario.
Idéntico al mío.
Lo abrió lentamente.
Y dentro había una fotografía que hizo que mi mundo se detuviera.
Era mi madre.
En esa misma mansión.
En ese mismo pasillo.
Pero esta vez no estaba sola.
Estaba junto a Lucian.
Y estaban juntos de una manera que nadie me había contado.
Mi madre estaba sonriendo.
Y parecía saber perfectamente que algún día yo vería esa imagen.