Embarazada vuelve tarde: marido y amante en baño; rompe ventana y se va. Él se arrepiente!
Embarazada vuelve tarde: marido y amante en baño; rompe ventana y se va. Él se arrepiente!

PARTE 1
Wen Cixia llevaba cinco años casada con Shi Inye, pero entre ellos nunca había existido un verdadero matrimonio.
Compartían una casa, una habitación y, a veces, incluso la misma cama. Sin embargo, seguían tratándose con la cortesía de dos desconocidos.
No era extraño.
Cinco años atrás habían firmado un acuerdo: serían marido y mujer solo de nombre. Cuando terminara el plazo, se divorciarían y cada uno volvería con la persona que realmente amaba.
Cixia nunca había olvidado a Lian Yizou, su primer amor, quien había fallecido poco antes de su boda. Shi Inye, por su parte, seguía pendiente de Chen Ruoruo, la mujer que su familia nunca había aceptado.
Y por fin había llegado el último día del contrato.
Cixia colocó los documentos del divorcio delante de Inye.
—Necesito hablar contigo.
Pero antes de que él pudiera mirarlos, sonó su teléfono.
Era Ruoruo.
Había tenido una pesadilla y quería que él se quedara con ella.
Inye apenas prestó atención al documento.
—Eres mi esposa. Si es algo de la casa, decide tú.
Firmó sin leer.
Cixia lo observó durante unos segundos.
Después sonrió con una calma que él no comprendió.
Aquella firma acababa de liberarla.
Poco después, Ruoruo llegó a vivir temporalmente en la casa. No tardó en ocupar el dormitorio principal, reclamar la atención de Inye y tratar a Cixia como si fuera una invitada incómoda.
Cixia no discutió.
Ya estaba preparando sus maletas.
Sin embargo, Ruoruo confundió su silencio con debilidad.
Cuando Cixia sufrió náuseas, Ruoruo creyó que estaba embarazada. Dominada por los celos, la obligó a ingerir una cantidad peligrosa de medicamento.
Cixia terminó en el hospital.
Cuando despertó, esperaba que Inye por fin entendiera quién era realmente Ruoruo.
Pero él solo dijo:
—Su comportamiento fue extremo, pero deberías intentar comprenderla.
Cixia lo miró incrédula.
Cinco años juntos, y aquello era todo lo que significaba para él.
Entonces decidió que no le debía ni una explicación más.
Días después, durante una subasta, Ruoruo volvió a provocar un conflicto. Quiso competir con Cixia por un reloj carísimo, convencida de que ella no podría pagarlo.
Cixia levantó tranquilamente la paleta y siguió aumentando la oferta.
Cuando ganó, Ruoruo sonrió con malicia.
—Seguro que es para Inye.
Cixia no respondió.
Al salir, Ruoruo fingió perder el equilibrio y terminó herida. Inye, sin comprobar nada, acusó inmediatamente a Cixia.
—¿Por qué la empujaste?
—Yo no la toqué.
—Lo vi.
Cixia soltó una risa amarga.
—Entonces estás ciego.
En el hospital, Inye incluso le exigió que donara sangre para Ruoruo.
Fue el último límite.
Cixia se marchó.
Las cámaras de seguridad demostrarían más tarde que Ruoruo había caído sola, pero para entonces ya era demasiado tarde.
Cixia fue directamente al Registro Civil.
Después compró un billete hacia el sur y pidió que entregaran un sobre a Shi Inye.
Cuando él lo recibió, todavía estaba junto a la cama de Ruoruo.
Abrió el sobre sin demasiada preocupación.
Pero al ver el documento dentro, su rostro cambió por completo.
En la parte superior podía leerse claramente:
ACTA DE DIVORCIO.
Shi Inye se quedó inmóvil.
—¿Cuándo… cuándo nos divorciamos?
Entonces recordó aquella noche.
El documento que Cixia le había pedido que leyera.
La firma que había estampado sin siquiera mirar.
Y por primera vez comprendió que mientras él corría hacia Chen Ruoruo…
Wen Cixia ya estaba preparándose para desaparecer de su vida para siempre.
PARTE 2
Shi Inye llamó inmediatamente a Cixia.
El número ya no estaba disponible.
Mandó a sus hombres a buscarla y descubrió que había viajado al sur acompañada de un joven llamado Geu Yancy.
Cuando vio su fotografía, algo lo inquietó todavía más.
El muchacho se parecía demasiado a Lian Yizou.
Cixia lo había conocido poco antes en un bar. La primera vez que vio su rostro creyó que estaba viendo un fantasma. Yancy tenía solo veintidós años, pero sus facciones eran tan parecidas a las de Yizou que Cixia no pudo apartar la mirada.
Al principio le ofreció dinero para que dejara aquel trabajo.
Yancy aceptó quedarse cerca de ella.
Lo que Cixia no sabía era que él tampoco la había conocido por casualidad.
Cuando llegaron al sur, Yancy comenzó a tratarla con una ternura que ella había olvidado que existía. Recordaba qué comida le gustaba, se preocupaba cuando estaba cansada y nunca le exigía nada.
Un día le regaló un anillo.
—No es una propuesta —dijo él—. Solo quiero que me permitas cuidarte.
Cixia sonrió.
—Entonces tendrás que hacerlo durante mucho tiempo.
Mientras tanto, Shi Inye empezó a descubrir todo lo que había ignorado durante cinco años.
Las cámaras demostraban que Cixia jamás había empujado a Ruoruo.
También supo cómo Ruoruo la había tratado en su propia casa y comprendió que cada vez que Cixia había intentado acercarse a él, él la había apartado por correr detrás de otra mujer.
Lo peor llegó cuando intentó empezar una nueva vida con Ruoruo.
Participaron en un juego para parejas.
Preguntaron por su primera cita.
Inye respondió pensando en Cixia.
Preguntaron cuál era el color favorito de su pareja.
Otra vez pensó en Cixia.
Preguntaron por su comida favorita.
Sin darse cuenta, volvió a escribir la respuesta correcta para su exesposa.
Ruoruo lo miró furiosa.
Entonces Inye comprendió una verdad demasiado tardía.
Durante aquellos cinco años, Cixia había dejado de ser una esposa contractual.
Se había convertido silenciosamente en parte de su vida.
Fue al sur a buscarla.
Cuando finalmente los encontró juntos, los celos lo dominaron.
—Hace poco que nos divorciamos y ya estás con otro hombre.
Cixia ni siquiera levantó la voz.
—Estamos divorciados. La persona que elija ya no es asunto tuyo.
Aquellas palabras lo golpearon más fuerte que cualquier discusión.
Después intentó recuperarla.
Le pidió perdón.
Le confesó que se había enamorado de ella sin darse cuenta.
Incluso llegó a decir que podía cambiar su apariencia para parecerse a Lian Yizou si eso conseguía que ella volviera.
Cixia lo miró como si ya no reconociera al hombre que tenía delante.
—Inye, el problema nunca fue tu cara. Fue que cuando yo estaba a tu lado, nunca me viste.
Yancy escuchó aquellas palabras en silencio.
Por primera vez tuvo miedo de perderla.
Pero Cixia tomó su mano.
—Vamos a casa.
Aquello bastó.
Sin embargo, Cixia todavía tenía una deuda pendiente con su pasado.
Su familia había vuelto a buscarla porque el grupo Wen estaba en graves problemas financieros. Su padre le ofreció acciones y un puesto importante si conseguía que Shi Inye reanudara su colaboración con ellos.
Cixia fingió aceptar.
No quería salvarlos.
Quería descubrir la verdad sobre lo ocurrido cinco años atrás.
Así supo algo devastador.
Cuando la familia Wen intentó obligarla a casarse, Lian Yizou había ido a suplicar por ella. Permaneció frente a la casa durante días intentando que la dejaran libre.
Después trató de denunciar lo que estaba ocurriendo.
Poco después sufrió el accidente que terminó con su vida.
Su madre también había intentado buscar justicia.
Para Cixia, aquello cambió todo.
Ya no podía seguir permitiendo que su familia enterrara el pasado con dinero y poder.
Con la ayuda de Yancy comenzó a reunir pruebas sobre las irregularidades del grupo Wen.
Fue entonces cuando descubrió otro secreto.
Geu Yancy no era un pobre empleado de bar.
Era el hijo mayor de la poderosa familia Geu del sur.
Había ocultado su identidad porque quería construir su propio futuro sin depender del apellido familiar.
Y, sobre todo, porque quería saber si Cixia sería capaz de quererlo por quien era.
La familia Wen intentó deshacerse de él antes de que pudiera ayudarla. Incluso hicieron circular el rumor de que Yancy había desaparecido para siempre.
Pero durante un gran banquete, cuando todos creían que habían ganado, las puertas del salón se abrieron.
Entraron varios representantes de la familia Geu.
Y delante de ellos caminaba Geu Yancy.
Vivo.
Sereno.
Impecablemente vestido.
Cixia lo miró sin poder hablar.
Él se acercó y extendió una mano hacia ella.
—Hermana, vine a llevarte a casa.
A partir de aquel momento, todo comenzó a derrumbarse para la familia Wen.
Las pruebas reunidas salieron a la luz. El presidente del grupo fue procesado por múltiples delitos financieros y por su responsabilidad en hechos del pasado. El imperio que había utilizado para controlar la vida de Cixia terminó destruido.
Por primera vez, ella pudo visitar la tumba de Lian Yizou sin sentir que todavía le debía algo.
Yancy permaneció unos pasos detrás.
Cixia dejó unas flores.
—Yizou, finalmente terminó.
Yancy se acercó entonces a la tumba.
—Señor Lian, puede estar tranquilo. Yo cuidaré de ella.
Cixia lo miró con los ojos húmedos.
Había pasado años creyendo que volver a amar significaría traicionar al hombre que había perdido.
Ahora entendía que recordar a alguien no significaba tener que quedarse atrapada en el pasado.
Tiempo después, Geu Yancy fundó su propia empresa y se convirtió en una figura reconocida en el mundo empresarial.
Pero nada de aquello parecía impresionarle tanto como conseguir hacer sonreír a Cixia.
Una mañana, mientras caminaban juntos, él la miró y dijo:
—Hoy te amo más que ayer.
Cixia negó con la cabeza.
—Siempre dices lo mismo.
Yancy sonrió y entrelazó sus dedos con los de ella.
—Porque cada día te amo más que el anterior.
A lo lejos, Shi Inye los vio marcharse juntos.
Esta vez no intentó detenerla.
Solo pensó, en silencio:
“Cixia… espero que seas feliz el resto de tu vida.”
Y por primera vez después de tantos años, Wen Cixia no pertenecía a un contrato, a una familia ni a los recuerdos de alguien que había perdido.
Su vida finalmente le pertenecía a ella.