Ella pensaba tener 23 años, pero el rey vampiro sabía una verdad imposible: su alma había regresado muchas veces
Ella pensaba tener 23 años, pero el rey vampiro sabía una verdad imposible: su alma había regresado muchas veces

PARTE 1
La primera vez que Saraphina entró a la biblioteca prohibida del castillo, no sabía que estaba caminando hacia un secreto que había esperado más de tres siglos para salir a la luz.
Ella solo buscaba un documento antiguo.
Nada más.
Pero cuando las puertas de aquella habitación se cerraron detrás de ella, el hombre más poderoso del reino la miró como si acabara de regresar alguien que había perdido hace mucho tiempo.
Saraphina Vale, a quien todos llamaban Sira, tenía 23 años y llevaba apenas tres meses trabajando como archivista en el misterioso Castillo Nightshade.
Su trabajo parecía sencillo: ordenar documentos antiguos, clasificar libros y proteger registros históricos que nadie fuera del castillo podía consultar.
Al menos eso era lo que ella creía.
Porque pronto descubrió que aquel lugar no era una simple residencia antigua.
Era el hogar de Dorian Thorne, un rey vampiro del que casi nadie hablaba abiertamente.
Sira nunca había creído en historias de criaturas inmortales.
Para ella, los rumores del pueblo eran exageraciones creadas por personas que tenían miedo de lo desconocido.
Hasta que conoció al dueño del castillo.
La primera vez que vio a Dorian fue durante su entrevista de trabajo.
El hombre apenas habló.
Solo la observó durante unos segundos con una expresión extraña, como si intentara recordar algo que no lograba encontrar.
La segunda vez que se cruzaron en un pasillo ocurrió lo mismo.
Dorian se detuvo al verla.
Como si su presencia hubiera despertado una memoria perdida.
Sira pensó que era extraño, pero decidió ignorarlo.
Ella tenía un empleo que conservar y demasiados documentos pendientes para preocuparse por la actitud de un hombre misterioso.
Hasta aquella noche.
El reloj del castillo marcaba la medianoche cuando encontró un antiguo registro escondido entre los archivos.
El documento mencionaba una sección llamada “La Biblioteca Memorial”.
El problema era que esa parte del castillo estaba prohibida para todos los empleados.
Pero Sira tenía una característica que muchas veces le causaba problemas:
no podía dejar una pregunta sin respuesta.
Tomó el libro y caminó hasta el ala norte.
Las enormes puertas de hierro estaban cerradas.
Sin embargo, cuando puso la mano sobre ellas, se abrieron lentamente.
Como si hubieran estado esperando su llegada.
Dentro encontró una biblioteca imposible de describir.
Estantes gigantes que llegaban hasta el techo, velas flotando en el aire y cientos de libros cubiertos por siglos de polvo.
Mientras avanzaba entre los pasillos, sintió algo extraño.
No era miedo exactamente.
Era una sensación de familiaridad.
Como si ya hubiera estado allí antes.
Entonces escuchó una voz.
—Sabía que algún día regresarías.
Sira se volteó rápidamente.
Dorian estaba detrás de ella.
Pero esa noche era diferente.
Sus ojos, normalmente oscuros, tenían un brillo rojizo que parecía imposible de explicar.
El rey vampiro caminó hacia ella lentamente.
No parecía enojado.
Parecía confundido.
—Esta habitación estaba prohibida para ti —dijo él.
Sira intentó explicar que solo había encontrado una referencia en los archivos.
Pero Dorian no estaba escuchando realmente.
La miraba como alguien que intenta reconocer un rostro visto en un sueño.
—Dime mi nombre otra vez.
Sira frunció el ceño.
—¿Perdón?
La expresión del rey cambió.
Por primera vez, ella vio algo parecido al dolor en sus ojos.
—Dijiste mi nombre antes.
Ella negó con la cabeza.
Nunca había hablado con él de esa manera.
Nunca había estado a solas con él.
Nunca le había dicho nada parecido.
Pero entonces ocurrió algo que la dejó sin palabras.
Cuando abrió la boca para responder, una palabra salió de sus labios sin que ella pudiera entender por qué.
—Dorian.
No fue una respuesta normal.
Fue como si una parte de ella hubiera esperado siglos para pronunciar ese nombre.
El rey quedó inmóvil.
Porque esa era exactamente la forma en que alguien que lo amaba lo habría llamado.
Antes de que Sira pudiera preguntar qué estaba ocurriendo, las puertas de la biblioteca se abrieron violentamente.
Una mujer apareció en la entrada.
Su presencia llenó la habitación de una energía extraña.
Era Morgana.
Una antigua hechicera relacionada con el pasado de Dorian.
Y cuando miró a Sira, sonrió como si hubiera estado esperando ese momento durante años.
—Así que finalmente volvió a encontrarte.
Sira sintió un escalofrío.
No entendía nada.
Pero cuando Morgana pronunció su verdadero nombre, algo dentro de ella comenzó a despertar.
Imágenes rápidas pasaron por su mente.
Un salón antiguo.
Una danza.
La voz de Dorian llamándola por otro nombre.
Y una sensación de despedida que no podía explicar.
Morgana miró al rey y luego a ella.
—¿Todavía no recuerda nada?
Dorian dio un paso al frente.
—Vete.
Pero Morgana solo sonrió.
—Ella cree tener 23 años… pero su alma recuerda mucho más.
Sira sintió que el mundo se detenía.
Porque por primera vez apareció una pregunta que no podía ignorar:
¿Y si toda su vida no era realmente la primera que había vivido?
Entonces Morgana reveló una verdad que hizo que Dorian perdiera la calma:
Sira no había llegado al castillo por casualidad.
Ella había regresado.
Y esta vez, el pasado estaba decidido a encontrarla.
PARTE 2
El silencio dentro de la biblioteca era insoportable.
Sira miraba a Dorian esperando una explicación.
Ya no podía aceptar respuestas incompletas.
Necesitaba saber quién era realmente.
El rey la llevó al centro de la habitación y comenzó a mostrarle la verdad que había guardado durante siglos.
Con un antiguo ritual de memoria, las velas comenzaron a girar alrededor de ellos.
Y entonces Sira empezó a recordar.
No eran sueños.
Eran momentos de una vida que no sabía que había tenido.
Siglos atrás, ella había sido Saraphina Nightshade.
Una joven que conoció a Dorian cuando él todavía no era un rey inmortal.
Él era un hombre que había sido marcado por una antigua maldición.
Ella fue quien lo ayudó cuando nadie más quiso acercarse.
Con el tiempo, nació entre ellos un vínculo imposible de romper.
Pero también nació una tragedia.
Morgana había creado una maldición que los uniría para siempre.
Dorian permanecería inmortal.
Y Saraphina volvería a nacer una y otra vez sin recordar completamente su pasado.
Cada vez que sus recuerdos comenzaban a regresar, Morgana intervenía para separarlos.
No era una simple coincidencia.
Era un ciclo que había durado siglos.
Sira cayó de rodillas mientras todas las piezas encajaban.
Las extrañas pesadillas que había tenido durante años.
La sensación de conocer un lugar donde nunca había estado.
La tristeza que aparecía sin razón.
Todo tenía una explicación.
Ella había vivido esa historia antes.
Muchas veces.
Pero esta vez era diferente.
Porque ahora recordaba.
Dorian se acercó lentamente.
—He pasado siglos buscándote.
Por primera vez, Sira entendió el peso de sus palabras.
No era un extraño.
Era alguien que había esperado toda una eternidad para volver a verla.
Pero la felicidad duró poco.
Morgana no había desaparecido.
La hechicera sabía que los recuerdos de Sira habían regresado y haría todo lo posible para impedir que rompieran la maldición.
El castillo comenzó a sentir su presencia.
Las protecciones antiguas empezaron a fallar.
Pero algo había cambiado.
Antes Sira siempre había huido.
Ahora no.
Había recuperado recuerdos de todas sus vidas anteriores.
Había aprendido conocimientos que había acumulado durante siglos.
Ya no era la mujer que esperaba ser salvada.
Era alguien que había sobrevivido una y otra vez.
—No voy a escapar más —le dijo a Dorian.
El rey la miró sorprendido.
Porque esa era la misma fuerza que había amado desde el principio.
Juntos comenzaron a prepararse para enfrentar el final del ciclo.
No sabían si lograrían romper la maldición.
No sabían qué precio tendrían que pagar.
Pero por primera vez en siglos, estaban tomando la decisión juntos.
Cuando finalmente llegó el momento, Sira comprendió algo importante.
El verdadero poder de la maldición nunca estuvo en separarlos.
Estuvo en hacerles creer que estaban condenados.
Pero después de tantas vidas, tantas pérdidas y tantos reencuentros, habían aprendido algo:
un amor que sobrevive al tiempo no es una debilidad.
Es la razón por la que alguien sigue luchando.
Al final, el castillo que durante siglos había estado lleno de soledad volvió a tener esperanza.
Dorian dejó de ser solamente un rey inmortal.
Y Sira dejó de ser una mujer buscando respuestas.
Ella recordó quién era.
Y por primera vez en muchas vidas, ambos pudieron mirar el futuro sin miedo.
Aunque una vieja inscripción encontrada después en la biblioteca dejó una última pregunta:
Si una persona puede recordar todas sus vidas pasadas…
¿cuántas historias más podrían estar esperando despertar?