Ella lo salvó de una flecha y luego oyó al rey decir que su muerte estaba prevista.

Ella lo salvó de una flecha y luego oyó al rey decir que su muerte estaba prevista.

La flecha iba dirigida al rey, pero Evelyn se atravesó antes de que alguien pudiera detenerla. Cuando Rowan la sostuvo entre sus brazos, ella apenas pudo decirle que seguía vivo. Entonces él ordenó que la salvaran, sin saber que la curandera que acababa de protegerlo llevaba años queriéndolo en silencio.

La emboscada estalló en el Paso del Pino Negro. Hombres encapuchados aparecieron entre los riscos y dispararon flechas encantadas contra la escolta real. Rowan, rey alfa de Blackwood, peleó para abrirles paso, pero un atacante apuntó desde lo alto con una ballesta de obsidiana.

Evelyn reconoció el destello de la flecha antes que los demás. Corrió y empujó a Rowan fuera de su trayectoria. El proyectil se le clavó bajo las costillas.

La punta llevaba veneno de víbora nocturna. Evelyn había estudiado sus efectos en la enfermería real: casi nadie sobrevivía. Cuando Rowan le pidió que resistiera, ella trató de apartar su mano de la herida. Había otros soldados heridos. No quería que desperdiciara el tiempo con ella.

Pero él no la soltó.

Evelyn llevaba dos años curando a los hombres de Rowan y atendiendo al rey después de sus campañas. Él conocía su rostro y confiaba en su habilidad, pero nunca le había dado motivos para pensar que sentía algo más. Ella había aprendido a conformarse con estar cerca.

La trasladaron al palacio. Los médicos no encontraron un antídoto y el veneno avanzaba. Rowan mandó llamar a alquimistas de todo el reino y se negó a abandonar su habitación durante días. Al escucharlo, Evelyn sintió que quizá había significado más para él de lo que se permitía creer.

Una noche, fingió seguir dormida mientras Rowan entraba con Cedric, su comandante y amigo de confianza. Los dos hablaron en voz baja sobre la emboscada. Los asesinos habían previsto que alguien leal al rey se interpondría entre él y la flecha.

Cedric mencionó que la atacante no había sido una víctima inesperada del plan. Rowan respondió, con una calma que Evelyn no pudo entender:

—Ella no debía sobrevivir.

El silencio que siguió le pareció una sentencia. Evelyn cerró los ojos con fuerza para ocultar las lágrimas. No alcanzó a escuchar la explicación que vino después. Creyó que Rowan hablaba de ella, de la mujer que había arriesgado su vida para salvarlo.

Durante los días siguientes, dejó de esperar que él la visitara. Cuando le hablaban de su preocupación, cambiaba de tema. Sonreía para tranquilizar a los médicos, pero por dentro ya había decidido marcharse.

Una semana después consiguió levantarse. Todavía le dolía respirar, pero pidió una capa y algo de dinero. No escribió una despedida. No quería dejar palabras que pudieran hacerla cambiar de opinión.

Salió del palacio antes del amanecer, usando la ropa sencilla de una viajera. A varias leguas de allí, mientras Rowan seguía ocupado con los asuntos del reino, una empleada descubrió que su cuarto estaba vacío.

Cuando el rey llegó a la enfermería, encontró la cama tendida, un ramo intacto y la capa real doblada sobre el colchón. Cedric lo vio mirar el cuarto como si esperara encontrar una explicación entre las paredes.

—¿Por qué se fue? —preguntó Rowan.

Cedric lo observó con preocupación. Le recordó la conversación junto a la cama y le pidió que repitiera lo que había dicho.

Rowan guardó silencio un momento. Después, pronunció las mismas palabras que Evelyn había escuchado a medias:

—Ella no debía sobrevivir.

El rostro de Cedric cambió.

—Si eso fue lo único que oyó, va a pensar que hablabas de ella.

PARTE 2

Rowan volvió a quedarse inmóvil. Por fin entendió que Evelyn podía haber oído la conversación y creído que él consideraba aceptable su muerte. Cedric aclaró que hablaban de los planes de los asesinos: habían dado por hecho que el guardia que protegiera al rey moriría por la flecha envenenada.

Rowan mandó duplicar la búsqueda. Pero Evelyn ya se alejaba del palacio, atendiendo a enfermos en pueblos pequeños a cambio de comida y un lugar donde dormir.

El rey todavía no sabía que alguien más la seguía. High Elder Magnus, el consejero religioso más respetado de la corte, llevaba tiempo moviendo sus piezas. Evelyn era peligrosa para él porque Rowan confiaba en ella. Muerta, ya no sería un obstáculo; viva y aislada, podía servirle.

Magnus la encontró en un bosque y se presentó como alguien preocupado por su bienestar. Nunca la acusó directamente de malinterpretar a Rowan. Solo le preguntó por qué el rey no la había encontrado todavía y le sugirió que tal vez confundía la gratitud con el amor.

Sus palabras parecían comprensivas, pero empujaban a Evelyn a dudar cada vez más de Rowan. También le habló de un monasterio lejano donde podría empezar de nuevo.

Evelyn iba camino a ese refugio cuando atendió a un mensajero herido. Entre frases cortadas, el hombre le contó que Magnus había tomado el control del palacio y que Rowan había perdido el mando del ejército. El rey escapaba por las montañas con unos pocos leales.

Entonces Evelyn entendió lo que no había querido ver: Magnus sabía demasiado sobre su desaparición, había llegado a ella antes que Rowan y la había convencido de alejarse. Las piezas encajaron. Si Rowan la había buscado durante tanto tiempo, quizá sus palabras no significaban lo que ella creyó.

No regresó porque esperara que él la amara. Regresó porque no quería que Magnus destruyera el reino.

En las montañas, Rowan y sus soldados estaban a punto de ser capturados por las tropas del regente. La ayuda llegó desde una loma: arqueros encapuchados desordenaron a los atacantes y permitieron que los leales se defendieran.

Cuando su líder se descubrió el rostro, Rowan reconoció el colgante plateado que Evelyn llevaba desde que se conocían.

Ella había vuelto.

Después del combate, Evelyn le dijo lo que había escuchado en la enfermería. Rowan le explicó que hablaba de los asesinos y de la emboscada, no de ella. También le contó que había gastado una fortuna buscando cómo detener el veneno y que no había dejado su habitación mientras los médicos luchaban por salvarla.

Evelyn comprendió que Magnus había usado una frase incompleta para separarlos. Sin embargo, todavía no podía simplemente olvidar lo ocurrido. Rowan no le pidió que lo hiciera. Le dijo que lamentaba no haber sabido que estaba despierta y que, si ella quería marcharse, no trataría de detenerla.

Antes de que pudieran hablar más, un mensajero llegó con noticias: Magnus preparaba una ceremonia para que los nobles juraran lealtad a su regencia. Rowan tenía pocos soldados y no podía recuperar la capital por la fuerza.

Evelyn propuso enfrentar al regente con pruebas. Llevaba consigo un mensaje cifrado que Magnus le había confiado, sin darse cuenta de que confirmaba su participación en la conspiración. Además, apareció el antiguo canciller Alden, quien había logrado escapar con registros de pagos secretos y órdenes para colocar a hombres de Magnus dentro de la guardia.

Al día siguiente, Rowan y sus aliados entraron en el salón justo antes del juramento. Presentaron los documentos ante la nobleza. Magnus quiso llamarlos falsos, pero los sellos, los registros y los testimonios coincidían. Uno por uno, los nobles dejaron de respaldarlo.

Cuando Magnus atacó a Evelyn, Rowan se interpuso. Los guardias lo desarmaron y lo arrestaron por traición y por ordenar la emboscada.

Rowan recuperó el trono, pero no volvió a ocuparlo de inmediato. Se acercó a Evelyn y, frente a toda la corte, se quitó la corona. Luego se arrodilló ante ella.

Le agradeció por salvarle la vida y por regresar cuando el reino lo había abandonado. No le pidió que volviera a ser su curandera ni que olvidara el dolor. Le preguntó si quería estar a su lado porque lo eligiera, no porque él fuera el rey.

Evelyn lo ayudó a levantarse. Aún tenían mucho que hablar, pero ya no necesitaba huir de una explicación que nunca había escuchado completa.

Tiempo después, ambos participaron en la reconstrucción del reino. Rowan reformó el consejo para que un solo grupo no pudiera controlar la corona en secreto. Y Evelyn siguió atendiendo a la gente, ahora como reina y como médica.

La cicatriz de la flecha nunca desapareció del todo. Cada vez que Rowan la veía, recordaba lo cerca que estuvo de perderla. Evelyn, en cambio, recordaba que sobrevivir también le había dado la oportunidad de conocer la verdad.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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