ELLA LO ATRAPÓ CON SU HERMANA Y DISAPPEARED—EL REY ALFA LA ENCONTRÓ MÁS TARDE

PARTE 1
La noche antes de que mi vida cambiara para siempre, vi al hombre que amaba abrazando a mi hermana.
Durante años imaginé cómo sería el día en que el rey Alfa Tavian Nightcrest me reclamaría frente a todo el reino. Pensé que sentiría miedo, nervios, tal vez lágrimas de felicidad. Nunca imaginé que, en lugar de caminar hacia un futuro lleno de esperanza, terminaría huyendo descalza por los pasillos de la fortaleza, dejando atrás todo lo que creía conocer.
La fortaleza de Iron Ball estaba preparada para celebrar mi ceremonia. Las flores de invierno decoraban los corredores, las velas iluminaban cada rincón y los estandartes de Nightcrest ondeaban como símbolo de una nueva alianza.
Todos esperaban verme convertirme en la compañera del rey Alfa.
Pero nadie sabía que, horas antes, mi mundo estaba a punto de romperse.
Yo siempre había sido la hija que permanecía en silencio. Mi hermana Zevaira era la brillante, la hermosa, la que sabía exactamente qué decir para ganarse la atención de todos. Mi padre la admiraba porque sabía moverse entre los poderosos.
Yo era diferente.
Observaba. Escuchaba. Decía verdades que muchas personas preferían ignorar.
Durante toda mi vida aprendí a vivir en segundo plano. Hasta que apareció Tavian.
Cuando nos conocimos, él no vio una pieza política ni una alianza conveniente. Me vio a mí.
Recuerdo aquella primera conversación. Yo estaba apartada de todos, fingiendo mirar un antiguo tapiz porque no quería formar parte de las conversaciones vacías del salón. Él se acercó y me preguntó por qué parecía querer estar en cualquier otro lugar.
Sin pensarlo respondí:
—Porque en la mayoría de los lugares, sí.
Por primera vez alguien no esperaba que yo fuera diferente. Tavian simplemente sonrió.
Después de esa noche, todo cambió.
Durante cuatro meses conocí a un hombre que parecía entenderme. Me escribía cartas con su propia mano. Caminábamos por los jardines durante horas hablando de nuestras cargas, de la soledad de liderar, del peso de las expectativas.
Por primera vez sentí que alguien me elegía por quien era.
Mi loba interior también lo aceptó. Sentía que él era alguien estable, alguien en quien podía confiar.
Por eso aquella noche fui hasta sus aposentos.
No buscaba una sorpresa. Solo quería verlo antes de la ceremonia. Necesitaba escuchar su voz una vez más antes de que nuestras vidas cambiaran.
Pero cuando llegué, la puerta estaba ligeramente abierta.
La luz del fuego escapaba por la rendija.
Escuché voces.
Primero pensé que era una conversación privada. Después escuché una risa que conocía demasiado bien.
Era la risa de mi hermana.
Empujé la puerta lentamente.
Y entonces lo vi.
Tavian estaba allí.
Pero no era la mirada del hombre que yo conocía.
Zevaira estaba abrazada a él, con una expresión de triunfo en su rostro. No había sorpresa. No había culpa.
Solo una fría seguridad.
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
—Hola, hermanita —dijo ella suavemente.
Esperé que Tavian se apartara. Esperé una explicación. Esperé que todo fuera un malentendido.
Pero el hombre frente a mí solo me miró con una calma desconocida.
—No deberías estar aquí —dijo—. La ceremonia de mañana seguirá adelante como estaba planeado.
Sus palabras fueron peores que cualquier golpe.
—Estarás a mi lado. Darás al reino sus herederos.
Hizo una pausa.
—Más allá de eso, no tengo ningún uso particular para ti.
En ese momento sentí que algo dentro de mí se rompía.
Mi loba gritó de dolor, pero ningún sonido salió de mi garganta.
No lloré.
No grité.
No pedí explicaciones.
Simplemente retrocedí.
Porque en ese instante entendí que el hombre que amaba había desaparecido.
Me di la vuelta y corrí.
No sabía que llevaba en mi vientre a los hijos de Tavian.
No sabía que acababa de escapar de una mentira cuidadosamente construida.
Solo sabía que cada paso alejándome de aquella fortaleza era un paso lejos de la vida que había imaginado.
Y mientras las velas seguían encendidas esperando una ceremonia que nunca ocurriría, yo desaparecí en la oscuridad.
Pero lo que nadie sabía era que aquella noche no terminó una historia.
Solo comenzó la más difícil de todas.
PARTE 2
Durante cinco años aprendí a vivir con un nombre diferente.
Lejos de Iron Ball, encontré un pequeño pueblo costero llamado Ashenvale. Allí nadie conocía a Casia Wolfhart. Para ellos yo era una sanadora que había llegado sola, una mujer que necesitaba empezar de nuevo.
Llegué embarazada, con miedo y con el corazón destruido.
Pero aquel pueblo me dio algo que nunca había tenido: un hogar.
Con mis propias manos construí una vida nueva. Ayudé a curar enfermedades, acompañé nacimientos difíciles y poco a poco dejé de sentir que estaba huyendo.
Entonces nacieron mis hijos.
Kaylor y Nisara.
Ellos fueron la razón por la que seguí adelante.
Kaylor era serio, observador. Siempre parecía estar protegiendo a todos incluso siendo apenas un niño. Nisara era todo lo contrario: llena de alegría, curiosidad y una luz que podía llenar cualquier habitación.
Por ellos aprendí que mi pasado no podía destruirme.
Hasta que un día llegó una noticia que hizo que todo volviera.
Un comerciante mencionó que jinetes con los colores de Nightcrest estaban buscando a una sanadora que había llegado sola hacía cinco años con dos niños.
Mi cuerpo se quedó inmóvil.
Después de tanto tiempo, la verdad finalmente había encontrado mi puerta.
Aquella misma noche sentí que mi loba interior estaba inquieta. Algo se acercaba.
Y entonces apareció él.
Tavian.
El hombre que había destruido mi corazón estaba frente a mí otra vez.
Pero había algo diferente en sus ojos.
Ya no era un rey seguro de todo.
Era un hombre cansado.
Un hombre que había pasado cinco años buscando respuestas.
Cuando me vio, no corrió hacia mí. No exigió perdón. No intentó usar su título.
Solo dijo mi nombre.
Y por primera vez en mucho tiempo, escuché dolor en su voz.
Yo quería odiarlo.
Quería cerrar la puerta y dejarlo fuera de mi vida.
Pero antes de decidir, necesitaba saber la verdad.
Porque una parte de mí siempre había sentido que aquella noche había algo extraño.
Tavian me contó que nunca había elegido abandonarme. Que había sido engañado. Que alguien había usado la apariencia y la voz de otra persona para destruirnos.
Un cambiaformas llamado Zerion Frostfang había tomado su rostro.
La mentira había sido creada para separarnos.
Y durante cinco años ambos habíamos sufrido por una traición que ninguno de los dos había elegido.
Pero la verdad más dolorosa todavía estaba por llegar.
Porque detrás de aquella conspiración estaba mi propio padre.
El hombre que había tratado mi vida como una pieza de poder.
Y cuando finalmente descubrimos sus planes, comprendí algo:
La noche en que escapé no perdí mi destino.
Lo encontré.
Porque ahora ya no era la chica insegura que caminaba por los pasillos de Iron Ball esperando ser elegida.
Era una madre.
Era una sanadora.
Era una mujer que había sobrevivido.
Y esta vez, nadie volvería a decidir por mí.