«Elige a la criada más fea», ordenó el rey vampiro; jadeó cuando la belleza oculta dio un paso al frente.
«Elige a la criada más fea», ordenó el rey vampiro; jadeó cuando la belleza oculta dio un paso al frente.

PARTE 1
Durante un año entero viví como una sombra.
Nadie en Stone Haven Lodge conocía mi verdadero nombre. Para todos era Hazel, una simple criada de cocina con ropa vieja, una pierna que parecía estar dañada y una cicatriz horrible que cruzaba mi rostro. Era exactamente la imagen que quería mostrar al mundo.
Porque mientras todos veían a una mujer débil e insignificante, yo escondía un secreto que podía destruir a un hombre poderoso.
Mi verdadero nombre era Eleanor Danvers, hija de un reconocido empresario cuya vida fue destruida por una mentira. Mi padre murió acusado de un crimen que nunca cometió, víctima de una conspiración creada por Charles Peton, un hombre con suficiente poder para borrar nuestro apellido y quedarse con todo lo que nos pertenecía.
Cuando sus hombres comenzaron a buscarme, entendí que mi única oportunidad de sobrevivir era desaparecer.
Así nació Hazel.
Me cubrí la piel con suciedad, escondí mi cabello, fabriqué una falsa cicatriz y aprendí a caminar encorvada para que nadie pudiera reconocer a la mujer que alguna vez fui. Dejé atrás mi antigua vida y llegué hasta las montañas de Vermont, donde encontré trabajo en Stone Haven Lodge, una enorme propiedad alejada del mundo.
Allí conocí a Raymond Cross.
El dueño del lugar era un hombre que todos temían. Su cabello blanco, su piel extremadamente pálida y su mirada oscura hacían que los trabajadores bajaran la cabeza cuando él pasaba. Muchos decían historias extrañas sobre él, incluso rumores de que no era un hombre común.
Pero yo no tenía tiempo para creer en leyendas.
Solo necesitaba esconderme.
Cuando Raymond pidió una nueva criada para su ala privada, pensé que debía mantenerme alejada. Sin embargo, para mi sorpresa, cuando me vio entre las candidatas, no mostró rechazo por mi apariencia.
Me miró directamente y me eligió.
Desde ese momento, mi plan de ser invisible comenzó a romperse.
Trabajar en su estudio fue extraño. Raymond apenas hablaba, pero tampoco era cruel. Nunca gritó cuando cometía errores, nunca se burló de mi apariencia y, una tarde, cuando tuve dificultades levantando un pesado cubo junto a la chimenea, simplemente se acercó, lo tomó de mis manos y encendió el fuego él mismo.
Aquello me confundió.
Yo esperaba encontrar a un hombre frío y despiadado, pero detrás de aquella apariencia misteriosa había alguien diferente.
Con el paso de las semanas, comencé a notar cosas que no podía explicar. Raymond nunca parecía cansarse, evitaba la luz del sol y tenía una fuerza que ningún hombre normal debería poseer.
Los empleados susurraban que era un ser antiguo, un hombre que había vivido demasiado tiempo y que guardaba secretos más oscuros que las habitaciones cerradas del lodge.
Yo intentaba ignorar esos rumores.
Pero cada día sentía más curiosidad por él.
Una tarde de tormenta, mientras limpiaba su biblioteca, ocurrió algo que cambió todo. Raymond tenía un antiguo libro escrito en francés y me pidió que lo buscara. Sin pensar, al verlo sufrir por el dolor de cabeza que le provocaba la tormenta, le pregunté si quería que se lo leyera.
Fue un error.
Mis palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.
Raymond levantó la mirada sorprendido.
—¿Cómo puede una simple criada conocer un idioma que pocas personas dominan? —preguntó.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
Había olvidado mi papel.
Había olvidado que Hazel no era Eleanor.
Intenté inventar una explicación, fingiendo que apenas podía leer algunas palabras. Pero Raymond no apartó sus ojos de mí.
Él sabía que estaba mintiendo.
Se levantó lentamente de su escritorio y caminó hacia mí.
—No eres quien dices ser —susurró.
Mi espalda quedó contra los estantes de libros. Mi corazón golpeaba con fuerza mientras buscaba una salida que no existía.
Estaba a punto de revelar mi mayor secreto.
Pero antes de que pudiera responder, la puerta del estudio se abrió violentamente.
Era la señora Gable, la ama de llaves.
Su rostro estaba pálido.
—Señor Cross… Olivia Peton está subiendo hacia aquí.
Mi cuerpo quedó completamente paralizado.
Olivia Peton.
La hermana del hombre que destruyó mi familia.
La mujer que podía reconocerme en un instante.
Y entonces entendí que mi pasado finalmente había encontrado mi escondite.
PARTE 2
No tuve tiempo de pensar.
Corrí hacia las sombras del estudio mientras escuchaba los pasos de Olivia acercándose por el pasillo. Mi única esperanza era que la oscuridad ocultara mi rostro.
Pero Raymond ya había visto demasiado.
Él sabía que Hazel no era una simple criada.
Cuando Olivia entró en la habitación, llevaba un elegante vestido rojo y una expresión de desprecio en el rostro. Miró alrededor del estudio como si todo le perteneciera y después sus ojos se detuvieron en mí.
—¿Cómo permite que una criatura así esté en su habitación privada? —dijo con una sonrisa cruel.
Sentí cómo mis manos temblaban.
Raymond dio un paso adelante y se colocó entre ella y yo.
—Ella trabaja para mí. Y usted está entrando en mi casa sin permiso.
Olivia no parecía preocupada. Estaba acostumbrada a conseguir lo que quería.
Entonces tomó una taza de té de una bandeja cercana y, con una falsa expresión de inocencia, movió su mano.
El líquido caliente cayó sobre mi rostro.
Sentí el dolor inmediatamente.
Pero el verdadero miedo llegó después.
La cera que cubría mi falsa cicatriz comenzó a derretirse.
Mi disfraz estaba desapareciendo.
El silencio en la habitación fue aterrador.
Raymond miró mi rostro mientras la suciedad y la cera desaparecían lentamente. Su expresión cambió por completo.
Olivia no entendía lo que acababa de ocurrir.
Yo corrí hacia el pequeño baño del estudio y cerré la puerta.
Frente al espejo vi a Eleanor Danvers regresar.
Mi cabello cayó sobre mis hombros. Mis ojos azules volvieron a aparecer. La mujer que había escondido durante un año estaba otra vez frente a mí.
Entonces escuché los golpes de Raymond en la puerta.
—Ábrela.
No pude seguir huyendo.
Cuando finalmente entró, me encontró sin mi máscara.
No dijo nada durante varios segundos.
Solo me miró.
Después preguntó:
—¿Quién eres realmente?
Con lágrimas en los ojos, pronuncié mi verdadero nombre.
Le conté todo.
Le expliqué cómo Charles Peton había destruido a mi padre, cómo había robado nuestra fortuna y cómo había enviado hombres detrás de mí para silenciarme.
Esperaba miedo.
Esperaba rechazo.
Pero Raymond hizo algo que nunca imaginé.
Me creyó.
Me prometió que nadie volvería a tocarme mientras estuviera bajo su protección.
Durante los días siguientes, trabajamos juntos para descubrir la verdad. Los documentos que yo había escondido y las investigaciones de Raymond comenzaron a revelar el fraude de Charles.
Pero nuestra tranquilidad no duró.
Una noche, las puertas de Stone Haven Lodge fueron golpeadas con fuerza.
Voces llenaron el vestíbulo.
Charles Peton había llegado.
Venía acompañado por hombres armados y una orden para arrestarme.
Raymond me pidió que permaneciera detrás de él.
Luego bajó las escaleras y enfrentó al hombre que había destruido mi vida.
Charles sonrió al verme aparecer.
—Finalmente encontré a la fugitiva.
Pero Raymond no parecía preocupado.
Sacó un sobre y lo lanzó frente a los hombres.
Dentro estaban las pruebas.
Registros bancarios.
Documentos originales.
Pruebas de que Charles había robado la fortuna de mi familia.
La expresión de Charles cambió.
Por primera vez, parecía tener miedo.
Pero todavía intentó acusarme.
Entonces Raymond tomó mi mano y reveló el anillo que llevaba.
Todos quedaron en silencio.
Porque yo ya no era una fugitiva escondida bajo el nombre de Hazel.
Era Eleanor Danvers.
Y también era la esposa de Raymond Cross, la nueva señora de Stone Haven Lodge.
Ese día terminó mi huida.
El hombre que todos temían se convirtió en la persona que salvó mi vida.
Y yo descubrí que, detrás de la oscuridad y los rumores, existía un corazón que había esperado mucho tiempo para encontrar a alguien en quien confiar.