Él se negó a marcar a su pareja destinada, así que ella se marchó en silencio con su mejor amiga antes del amanecer.
Él se negó a marcar a su pareja destinada, así que ella se marchó en silencio con su mejor amiga antes del amanecer.

PARTE 1
Durante casi un año viví con un Alfa que se suponía que era mi compañero destinado… pero que jamás me marcó.
Ni siquiera me tocaba.
Mi nombre es Ivy, y durante dieciocho años mi mejor amiga Sarah y yo creímos que éramos humanas normales. Todo cambió cuando nuestra sangre de loba despertó y la Diosa de la Luna reveló a nuestros compañeros.
Sarah quedó unida a Logan, uno de los Alfas más poderosos.
A mí me correspondió Ethan, un Alfa de una manada subordinada a la de Logan.
Cuando lo conocí, pensé que había tenido suerte. Ethan era fuerte, atractivo y su aroma a pino y montañas nevadas hacía reaccionar a mi loba con solo acercarse.
Pero después de nuestra ceremonia se volvió un extraño.
Dormíamos separados.
Casi nunca me hablaba.
Cuando enfermé gravemente, terminé sola en urgencias mientras él asistía a una reunión.
Lo peor era que jamás había dejado su marca en mi cuello.
Un día ya no pude soportarlo.
—Voy a romper nuestro vínculo —le dije.
Ethan frenó el auto tan bruscamente que casi chocamos.
—No te atreverías.
—¿Por qué no? Según las leyes de los lobos, si un Alfa se niega a marcar a su compañera, tampoco puede obligarla a quedarse.
Su rostro cambió.
Por primera vez vi miedo detrás de sus ojos fríos.
Pero ya era demasiado tarde.
Fui a ver a Sarah para pedirle ayuda.
Esperaba encontrarla feliz entre los regalos que Logan le compraba constantemente.
En cambio, terminó llorando conmigo.
—Logan y yo nunca podremos tener hijos —confesó.
Su sueño más grande siempre había sido ser madre.
El sanador de Logan supuestamente había confirmado que sus genes eran incompatibles.
Aquella noche tomamos una decisión desesperada.
Íbamos a desaparecer.
Fingiríamos nuestras muertes, conseguiríamos identidades nuevas y escaparíamos del mundo de las manadas.
Una amiga mía llamada Rose consiguió dinero, documentos falsos y una cabaña en un pequeño pueblo de montaña llamado Pine Valley.
El plan parecía perfecto.
Pero justo antes de escapar, Ethan comenzó a comportarse de forma diferente.
Me esperaba.
Se preocupaba por mi salud.
Incluso entró una noche en mi habitación porque escuchó que mi corazón latía demasiado rápido.
Y entonces hizo lo que yo había esperado durante casi un año.
Me marcó.
Sus colmillos se hundieron en mi cuello y el vínculo entre nuestras almas explotó con una fuerza aterradora.
—¿Por qué ahora? —le pregunté llorando—. ¿Por qué después de ignorarme durante tanto tiempo?
—Nunca dejé de quererte.
—Entonces ¿por qué me evitabas?
Ethan permaneció en silencio.
Después susurró:
—Porque intentaba protegerte.
No quiso explicar más.
Y yo tampoco cancelé mi plan.
A la mañana siguiente entregué mi automóvil a un hombre contratado por Rose.
Lo lanzó por un precipicio.
El vehículo explotó en el fondo del barranco.
Para todos, Ivy había muerto.
Horas después llegué a Pine Valley con una nueva identidad.
Sarah ya estaba esperándome.
Por primera vez sentí que éramos libres.
Pero el vínculo de Ethan comenzó a provocarme dolores terribles.
Cada madrugada despertaba sintiendo que mi alma se desgarraba.
Sarah también empezó a sufrir náuseas y cansancio.
Finalmente llamó a un sanador clandestino.
El hombre tomó nuestras muestras de sangre y examinó los resultados durante un largo rato.
Cuando regresó, su expresión había cambiado.
—Hay algo que ambas deberían saber.
Sarah apretó mi mano.
—¿Qué ocurre?
El médico respiró profundamente.
—Las dos están embarazadas.
Me quedé inmóvil.
Sarah también.
Eso era imposible.
Logan supuestamente no podía tener hijos con ella.
Y Ethan…
Ethan nunca me había tocado antes de nuestra fuga.
PARTE 2
—Revise los resultados otra vez —dije.
El médico negó con la cabeza.
—No hay ningún error.
Señaló primero mis análisis.
—Tú llevas varias semanas embarazada.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—Pero Ethan me marcó justo antes de que escapara.
—El embarazo comenzó antes de la marca.
Miré a Sarah.
Ella estaba tan pálida como yo.
Su situación era todavía más extraña.
El médico confirmó que llevaba varias semanas embarazada de Logan.
—Pero nos dijeron que nuestros genes eran incompatibles —susurró.
El sanador frunció el ceño.
—Eso puede tratarse utilizando ciertos medicamentos que facilitan la compatibilidad genética.
Sarah dejó escapar un pequeño grito.
—Logan me preparaba un té calmante todas las noches.
El médico explicó que aquel tipo de medicamento podía administrarse sin sabor ni olor.
Entonces me miró.
—En tu caso también pudo existir exposición a compuestos mediante contacto físico o feromonas de Alfa.
Recordé las noches en que Ethan había usado sus feromonas para tranquilizarme.
Recordé sus manos.
Su repentino cambio de comportamiento.
Algo dentro de mí se heló.
Nuestros embarazos no parecían accidentes.
Después empecé a observar nuestra supuesta vida secreta con otros ojos.
Pine Valley era demasiado perfecta.
Electricidad estable.
Buena conexión.
Provisiones que llegaban regularmente.
Un médico especializado casualmente en lobos fugitivos.
Y nadie nos había perseguido.
—Sarah —dije—, creo que nunca escapamos realmente.
—¿Qué?
—Creo que alguien preparó este lugar para nosotras.
Entonces recordé un secreto que había escuchado antes de huir.
Jessica, la secretaria humana de Logan, había quedado embarazada.
Logan había ocultado todo el asunto.
Cuando descubrió que yo lo sabía, me amenazó.
Poco después sufrí aquella fiebre que casi me mató.
Sarah comenzó a conectar las piezas.
—Entonces Ethan no te marcaba porque Logan lo tenía bajo control.
Eso explicaba parte de la historia.
Pero no todo.
¿Por qué Ethan había decidido marcarme justo antes de mi fuga?
¿Por qué Logan había ayudado secretamente a Sarah a quedar embarazada después de decirle que era imposible?
Mientras intentábamos comprenderlo, un automóvil negro apareció frente a la cabaña.
Mi corazón se detuvo.
Ethan bajó.
Intentamos escapar por la puerta trasera.
Dos guardias Alfa ya estaban esperándonos.
Ethan entró.
Estaba agotado, con barba y ojeras.
Pero lo primero que dijo fue:
—Felicidades por el embarazo.
Sarah abrió los ojos.
—¿Cómo lo sabes?
—El doctor Green trabaja para mí.
Sentí una mezcla de rabia y humillación.
Habíamos estado vigiladas desde el principio.
Intenté fingir que era otra persona.
Ethan simplemente liberó sus feromonas.
Mi cuerpo reaccionó inmediatamente al vínculo.
—Puedes cambiarte el nombre —dijo—, pero tu loba todavía me reconoce.
Insistí en que nuestro vínculo estaba roto.
Él me preguntó qué poción habíamos utilizado.
No pude responder.
Nunca habíamos conseguido una verdadera poción de ruptura.
Ethan lo sabía.
Después ordenó que Sarah regresara a Shadow Ridge.
Yo intenté impedirlo.
—Está embarazada.
—Lo sé.
Sarah fue escoltada fuera.
Pensé que mi mejor amiga me había traicionado.
Me negué a regresar con Ethan.
Para mi sorpresa, él aceptó.
—Quédate aquí si eso quieres.
—¿Así de fácil?
—No voy a obligarte.
Pero dejó guardias protegiéndome desde lejos.
Mi embarazo avanzó.
El vínculo seguía haciéndome extrañar a Ethan cada noche, aunque mi orgullo se negara a admitirlo.
Entonces recibí una noticia devastadora.
Sarah había muerto en un accidente.
Sentí que el mundo se derrumbaba.
Lloré toda la noche.
Después decidí volver al territorio de las manadas.
Quería enfrentar a Logan porque estaba convencida de que él había provocado la muerte de mi amiga.
Nunca llegué.
Unos hombres me secuestraron y me llevaron a un almacén abandonado.
Mientras estaba retenida, escuché una voz conocida.
Ethan.
Había venido por mí.
Cuando estuvimos solos, finalmente exigí toda la verdad.
Y esta vez habló.
Jessica nunca había estado embarazada de Logan.
El padre era Marcus, uno de sus hombres.
Logan descubrió el embarazo y amenazó con matar a Jessica y al bebé para controlar a Marcus.
—Por eso nunca quise que Logan supiera cuánto te amaba —dijo Ethan—. Si descubría que eras mi debilidad, te utilizaría contra mí.
—¿Entonces por qué me trataste como si no significara nada?
Ethan bajó la mirada.
Logan había ordenado que me administrara supresores después de que yo descubriera demasiado.
Aquella medicina había provocado la fiebre que casi terminó conmigo.
—Cuando pensé que ibas a morir —dijo Ethan— decidí que Logan tenía que caer.
Entonces comprendí el resto.
La poderosa familia de Sarah también quería enfrentarse a Logan.
Pero necesitaban una causa legítima ante el consejo de las manadas.
Dos mujeres embarazadas huyendo debido al engaño y abuso de sus Alfas podían desencadenar una investigación política capaz de derribarlo.
—Entonces nuestro escape…
—Formaba parte del plan.
Sentí rabia.
—¿Y mi dolor también formaba parte del plan?
Los ojos de Ethan se llenaron de culpa.
—Cada vez que llorabas quería detenerlo todo. Pero mientras Logan siguiera en el poder, nunca estarías segura.
Antes de que pudiera responder, la puerta del almacén se abrió.
—¡Ivy!
Me giré.
Sarah estaba allí.
Viva.
Corrí hacia ella.
—¡Pensé que estabas muerta!
—Tuvimos que fingir otro accidente —dijo abrazándome—. Logan necesitaba creer que había ganado para bajar la guardia.
Había permanecido escondida en una propiedad segura de su familia mientras reunían las últimas pruebas.
El plan finalmente funcionó.
El Consejo de las Manadas destituyó a Logan por engañar a su compañera, perseguir miembros de su propia manada y abusar de su autoridad.
Fue despojado de su poder Alfa y exiliado al mundo humano.
Sarah rompió oficialmente su vínculo con él.
Su bebé permaneció con ella.
Y entonces Ethan se arrodilló frente a mí.
El orgulloso Alfa que durante tanto tiempo había escondido sus emociones estaba temblando.
—Ivy, vuelve conmigo.
No respondí.
—No te lo pido por nuestro vínculo. Tampoco por nuestro hijo.
Tomó mi mano.
—Quiero casarme contigo porque te amo.
Me contó algo que jamás había sabido.
Antes incluso de que nuestras sangres de lobo despertaran, él ya me conocía.
Yo trabajaba en una floristería.
Ethan pasaba frente al local solo para verme.
—No me enamoré de ti porque la Diosa de la Luna dijera que eras mi compañera —susurró—. Ya te amaba antes.
Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.
—Entonces eres un idiota.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Probablemente.
—Un año entero creyendo que me odiabas.
—Lo sé.
—Si volvemos, habrá una condición.
—La que quieras.
Lo miré directamente a los ojos.
—Nunca más secretos.
Ethan asintió.
—Nunca más.
Acepté.
No porque fuera mi compañero destinado.
No porque estuviera embarazada.
Y tampoco porque lo hubiera perdonado todo de repente.
Acepté porque, por primera vez, ambos estábamos eligiendo nuestra relación conociendo toda la verdad.
Sarah comenzó a celebrar a nuestro lado.
—Perfecto. Ahora que terminamos con todo este drama, necesito encontrar otro Alfa.
La miré incrédula.
—¿Ya?
—Esta vez voy a elegirlo yo.
Ethan levantó una ceja.
—Tengo dieciocho Alfas solteros en mi manada.
Los ojos de Sarah brillaron.
—¿Tienen abdominales?
No pude evitar reír.
Después de todo lo ocurrido —las mentiras, las falsas muertes, los embarazos inesperados y aquella guerra silenciosa entre Alfas—, finalmente entendí algo.
El destino podía señalarte a una persona.
Pero eso no significaba que tuvieras que aceptar cualquier dolor en nombre del vínculo.
Un verdadero compañero no debía poseerte.
Debía elegirte.
Decirte la verdad.
Y darte la libertad de elegirlo también.
Tomé la mano de Ethan.
—Vámonos a casa.
Él entrelazó sus dedos con los míos.
—A casa.
Y esta vez, cuando caminé a su lado, no fue porque una marca en mi cuello me obligara.
Fue porque yo había decidido quedarme.