El rey vampiro sabía mi nombre antes de conocerme… y el secreto que llevaba en mi muñeca podía cambiar el destino de dos mundos

El rey vampiro sabía mi nombre antes de conocerme… y el secreto que llevaba en mi muñeca podía cambiar el destino de dos mundos

PARTE 1

Nunca imaginé que una criatura herida en medio de una tormenta sería la razón por la que descubriría toda la verdad sobre mi pasado.

Durante años pensé que era una más de la manada.

Una loba diferente, sí. Una que no encajaba completamente. Pero una más al fin y al cabo.

Hasta aquella noche, cuando escuché un extraño sonido proveniente del viejo barranco y decidí desobedecer la única regla que todos repetían desde que era niña:

Nunca acercarse al puente abandonado.

Crecí en Hollowpine, un pequeño poblado rodeado de montañas, árboles enormes y niebla constante. Allí todos conocían a todos.

O eso creía.

Desde pequeña sentí que había algo extraño en mí.

No tenía los mismos recuerdos que los demás. No sabía quiénes eran mis verdaderos padres. Lo único que conservaba de mi pasado era una pequeña marca plateada en mi muñeca, un símbolo con forma de luna que siempre llevaba conmigo.

Los ancianos decían que era una señal de protección.

Pero yo había visto sus rostros cada vez que miraban esa marca.

No parecía protección.

Parecía miedo.

Mi vida nunca fue sencilla. En la manada era considerada una omega, alguien que debía mantenerse tranquila, obedecer y no causar problemas.

Intentaba aceptarlo.

Hasta que Rowan, el joven que todos admiraban, decidió rechazarme frente a toda la comunidad.

No fue solamente perder la posibilidad de tener una pareja.

Fue entender que para muchos yo nunca había pertenecido realmente allí.

Después de ese día empecé a sentirme como una extraña en mi propia casa.

Trabajaba ayudando a los sanadores, preparando remedios y cuidando heridas, pero cada noche tenía la misma sensación.

Como si algo me estuviera buscando.

Como si una parte de mí estuviera en otro lugar.

Entonces llegaron los rumores.

Los exploradores habían visto movimiento cerca del territorio prohibido.

Vampiros.

Durante generaciones nos habían enseñado que ellos eran nuestros enemigos. Nadie sabía exactamente qué ocurría al otro lado de las montañas, pero todos tenían miedo.

La sanadora Mara fue la primera en advertirme.

—Esta noche no salgas —me dijo mirando fijamente mi muñeca—. Pase lo que pase, quédate dentro.

Nunca había visto esa expresión en su rostro.

No era preocupación.

Era arrepentimiento.

Le pregunté qué sabía, pero ella solamente negó con la cabeza.

Esa noche intenté obedecer.

De verdad lo intenté.

Pero cuando la oscuridad cubrió el pueblo, escuché algo.

Un sonido débil.

Una especie de lamento.

No parecía un animal atacando.

Parecía alguien sufriendo.

Y yo sabía demasiado bien lo que era sentirse abandonada.

Así que tomé mi capa y salí.

La lluvia golpeaba mi rostro mientras caminaba hacia el barranco. Cada paso me decía que regresara.

Pero algo dentro de mí seguía avanzando.

Cuando llegué al puente viejo, la escena me dejó paralizada.

En el suelo, entre ramas y barro, había un enorme lobo.

Nunca había visto uno así.

Su pelaje era oscuro como la noche y sus ojos tenían un extraño brillo plateado.

No parecía un animal común.

Parecía una criatura de las antiguas historias.

Estaba herido y apenas podía moverse.

Me acerqué lentamente.

Por un instante pensé que podía atacarme.

Pero cuando sus ojos se encontraron con los míos, sentí algo imposible de explicar.

Como si me reconociera.

Como si me hubiera estado esperando.

Entonces mi marca comenzó a calentarse.

Algo que nunca había ocurrido antes.

Intenté levantarlo para llevarlo a un lugar seguro, pero era demasiado pesado.

Fue entonces cuando escuché pasos.

No uno.

Muchos.

Al otro lado del barranco aparecieron sombras entre los árboles.

Mi cuerpo se quedó frío.

Los vampiros habían llegado.

Una voz atravesó la lluvia.

No gritó.

No necesitaba hacerlo.

—Aléjate de esa criatura.

Sabían quién era yo.

Sabían mi nombre.

El puente comenzó a crujir bajo mi peso mientras intentaba mover al enorme lobo.

Una cuerda vieja se rompió.

Después otra.

Y entonces ocurrió algo que jamás olvidaré.

Las tablas comenzaron a arder.

El fuego apareció sin explicación, extendiéndose por las cuerdas como si una fuerza invisible lo hubiera provocado.

El humo me rodeó.

El puente estaba a punto de caer.

Y cuando pensé que ya no había salida, alguien apareció detrás de mí.

Un hombre vestido completamente de negro estaba parado sobre las tablas en llamas.

Como si el fuego no pudiera tocarlo.

Como si la tormenta no existiera.

Sus ojos eran de un rojo profundo.

Y aunque nunca lo había visto antes…

supe exactamente quién era.

El rey vampiro.

Me miró como si hubiera esperado muchos años para encontrarme.

Y cuando pronunció mi nombre, entendí que aquella noche no había encontrado un lobo perdido…

había encontrado el secreto que todos habían intentado ocultarme.

PARTE 2

—¿Cómo sabes quién soy? —pregunté mientras el humo llenaba mis pulmones.

El rey no respondió inmediatamente.

Sus ojos fueron hacia el lobo que sostenía entre mis brazos.

Había algo en su mirada que no parecía odio.

Parecía dolor.

—Entrégamelo —dijo.

Por un momento pensé que quería hacerle daño.

Me negué.

El puente volvió a moverse bajo nuestros pies.

La madera estaba debilitándose rápidamente.

Él pudo haber tomado al lobo por la fuerza.

Pero no lo hizo.

En cambio, extendió su mano y me ayudó a mantener el equilibrio.

Ese detalle me confundió más que cualquier amenaza.

Porque toda mi vida me habían dicho que los vampiros no tenían compasión.

Pero aquel hombre estaba arriesgándose para salvar a una criatura herida.

Y para salvarme a mí.

Cuando finalmente llegamos al otro lado del puente, la estructura cayó detrás de nosotros con un estruendo que se perdió entre las montañas.

Fue entonces cuando escuché la verdad.

El enorme lobo no era un animal común.

Era alguien que había estado escondiéndose.

Alguien relacionado con el propio rey.

Pero la mayor sorpresa no fue esa.

Fue cuando tomó mi muñeca y observó la marca de luna.

—Ellos te dijeron que era un símbolo de protección —susurró—. Te mintieron.

Sentí que el mundo se detenía.

Durante años había llevado aquella marca sin saber su significado.

—¿Entonces qué es?

El rey bajó la mirada.

—Una llave.

No entendí.

Hasta que explicó que cuando era pequeña había desaparecido de un territorio antiguo. Que mi verdadera familia había sido borrada de la historia y que la manada que me crió había ocultado mi identidad.

No porque quisieran protegerme.

Sino porque tenían miedo de lo que podía despertar.

Antes de que pudiera procesarlo, escuchamos voces detrás de nosotros.

La manada había llegado.

Rowan estaba entre ellos.

Los ancianos también.

Mara apareció detrás, con lágrimas en los ojos.

Ella sabía la verdad.

Todos la sabían.

Menos yo.

El líder de los ancianos exigió que regresara.

Dijo que pertenecía a ellos.

Pero por primera vez en mi vida entendí algo.

Pertenecer no significa estar encerrada en un lugar donde otros deciden quién debes ser.

Miré mi muñeca.

Miré al rey.

Y después miré a quienes habían ocultado la verdad durante tantos años.

—¿Por qué me rechazaste? —pregunté a Rowan.

Él bajó la mirada.

Porque ahora entendía que nunca me habían rechazado por ser débil.

Me habían rechazado porque tenían miedo de mi verdadero origen.

Entonces trajeron una pequeña caja antigua.

Una caja que había permanecido escondida durante años.

Cuando la vi, sentí que algo dentro de mí despertaba.

No eran recuerdos completos.

Eran fragmentos.

Una torre oscura.

Una voz llamándome.

Una promesa hecha mucho antes de que yo pudiera entenderla.

El rey observó la caja con preocupación.

—No quieren que recuerdes —dijo.

—¿Por qué?

Su silencio fue la respuesta más aterradora.

Porque la verdad no era que yo no pertenecía a la manada.

La verdad era que mi historia comenzaba mucho antes de haber llegado allí.

Cuando la caja finalmente se abrió, una extraña energía recorrió el bosque.

La marca de mi muñeca brilló.

Y algo antiguo respondió desde las profundidades de la montaña.

Todos retrocedieron.

Incluso los vampiros.

Incluso los lobos.

Entonces apareció una figura entre la niebla.

Una mujer vestida de rojo oscuro.

Su mirada era fría y antigua.

El rey vampiro quedó completamente inmóvil al verla.

—Madre… —dijo en voz baja.

Ella sonrió.

Pero no era una sonrisa amable.

Era la sonrisa de alguien que había esperado mucho tiempo.

Sus ojos se fijaron en mí.

—Finalmente regresaste.

El viento dejó de soplar.

La montaña quedó en silencio.

Y en ese momento comprendí que mi mayor secreto no era que había sido criada por lobos.

Mi verdadero secreto era que todos habían estado esperando mi regreso…

porque yo no era la pieza perdida de una guerra.

Yo era la razón por la que esa guerra nunca había terminado.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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