El Rey Vampiro recibió una llamada de una camarera a las 3:17 a. m.: su hijo se había desplomado en la calle.

El Rey Vampiro recibió una llamada de una camarera a las 3:17 a. m.: su hijo se había desplomado en la calle.

PARTE 1

Nunca imaginé que una llamada a las tres de la madrugada cambiaría mi vida para siempre. Yo solo era una camarera que trabajaba turnos nocturnos en un pequeño restaurante de carretera, intentando pagar mis facturas y sobrevivir a una rutina que parecía no tener nada especial.

Hasta aquella noche.

La lluvia golpeaba las ventanas de Sal’s 24 Horas mientras yo limpiaba la barra por décima vez. El olor a café viejo y productos de limpieza llenaba el lugar. Mi amiga Sylvia estaba en la cocina, quejándose de que otra vez nos habíamos quedado sin café descafeinado.

Era una noche normal.

Hasta que lo vi.

Un joven apareció al otro lado de la calle bajo la luz parpadeante del letrero del restaurante. No caminaba como alguien borracho ni perdido. Caminaba como alguien que estaba luchando contra algo dentro de su propio cuerpo.

Llevaba un abrigo negro demasiado elegante para alguien que aparecía solo bajo la lluvia. Parecía tener unos veinte años, pero había algo en sus ojos que hacía sentir que cargaba con mucho más tiempo del que mostraba.

Lo vi detenerse.

Y después cayó.

No fue una caída común. Fue como si su cuerpo hubiera dejado de funcionar de repente.

Salí corriendo sin pensarlo.

—¡Sylvia, llama a emergencias! —grité mientras atravesaba la puerta.

La lluvia congelada golpeó mi rostro cuando me arrodillé junto al desconocido. Su piel estaba ardiendo, como si tuviera una fiebre imposible. Cuando abrió los ojos durante unos segundos, vi algo que jamás olvidaré: sus iris tenían un extraño color violeta.

Pensé que eran lentes de contacto.

Tenía que ser eso.

Porque la otra posibilidad era demasiado absurda.

—Quédate conmigo —le dije mientras intentaba mantenerlo despierto.

Él apenas podía hablar.

—Padre… dile a mi padre…

Buscó algo dentro de su bolsillo con desesperación. Esperaba encontrar un teléfono moderno o una identificación. Pero saqué un viejo dispositivo negro, sin marca, algo que parecía pertenecer a otra época.

Solo tenía un contacto guardado.

“Rey”.

Sentí un escalofrío.

No sabía por qué, pero algo dentro de mí me decía que no debía llamar.

Aun así, lo hice.

La llamada fue contestada inmediatamente.

No hubo saludo.

Solo una voz profunda que parecía llenar todo el espacio.

—¿Quién eres?

Me quedé paralizada.

—No sé quién soy para usted. Encontré a un chico en la calle. Está herido. Este era el único número en su teléfono.

Hubo silencio al otro lado.

Un silencio pesado.

Después la voz cambió. Ya no sonaba como una amenaza. Sonaba como alguien aterrorizado.

—No deje que cierre los ojos.

Miré al joven.

—¿Qué?

—Si se duerme, morirá. Voy en camino.

La llamada terminó.

Yo todavía no entendía nada.

Hasta que sentí que alguien nos observaba.

Al otro lado de la calle había una figura alta bajo un paraguas oscuro. No podía ver su rostro, pero había algo aterrador en su forma de quedarse quieto.

El chico, que después supe que se llamaba Tristan, abrió los ojos de golpe y apretó mi muñeca con una fuerza imposible.

—Corre —susurró.

Lo miré confundida.

—¿De qué?

Sus ojos cambiaron.

El violeta desapareció lentamente y fue reemplazado por un brillo dorado aterrador.

—Él no es el único que viene.

Entonces la lluvia comenzó a evaporarse sobre su piel.

Y en ese momento entendí que el hombre que había encontrado en la calle no era una persona normal.

Y que la llamada que había hecho no había sido a un padre cualquiera.

Había llamado al rey de los vampiros.

Pero lo peor todavía no había llegado.

Porque cuando el automóvil negro apareció frente al restaurante, el mundo entero pareció quedarse en silencio.

La puerta se abrió.

Y salió Benedict Frostmore.

El hombre que todos temían.

El hombre que había llegado demasiado tarde para salvar a su hijo.

Y que ahora me miraba como si yo fuera la mayor amenaza que había encontrado en siglos.

PARTE 2

Benedict Frostmore no caminaba como una persona normal.

No corría.

No parecía tener prisa.

Simplemente avanzaba, y aun así en un instante estaba junto a Tristan.

Sus ojos azules eran fríos como hielo, pero cuando miró a su hijo vi algo diferente.

Vi miedo.

Un miedo que no esperaba encontrar en alguien como él.

—Tristan…

Pronunció su nombre como si fuera una oración.

Lo levantó con una facilidad imposible y después me miró.

—Lo tocaste.

No entendí la acusación.

—Estaba muriendo. ¿Qué quería que hiciera? ¿Que lo dejara tirado?

Por un segundo pensé que iba a atacarme.

Pero entonces miró mi mano.

Había sangre de Tristan en mi piel.

Su expresión cambió.

—Tocaste su sangre.

Antes de poder responder, el joven abrió los ojos.

—Edgar está aquí…

Benedict se quedó inmóvil.

—¿Qué dijiste?

—El veneno… era para ti.

Entonces comprendí que aquello no era un accidente.

Tristan había sido enviado como una pieza dentro de una guerra que yo ni siquiera sabía que existía.

Benedict me ordenó subir al automóvil.

Quise negarme.

Quise volver al restaurante.

Pero cuando miré hacia la calle vi tres figuras acercándose desde la oscuridad.

No eran humanos.

Sus movimientos eran extraños, sus ojos brillaban con una luz enfermiza y sus sonrisas mostraban dientes imposibles.

Subí al coche.

Porque esa noche mi antigua vida terminó.

El vehículo nos llevó hasta una enorme mansión en lo alto de un acantilado. No parecía una casa. Parecía una fortaleza construida para sobrevivir al fin del mundo.

Allí conocí la verdadera naturaleza de Benedict.

Él no era un hombre poderoso.

Era el líder de una antigua familia de vampiros.

Y su hijo estaba muriendo por culpa de un enemigo llamado Edgar Hawkerhurst.

Pensé que lo peor ya había pasado.

Me equivoqué.

Mientras Tristan luchaba por sobrevivir, descubrí algo extraño.

Podía escuchar algo que nadie más escuchaba.

Un sonido escondido dentro de su cuerpo.

No era un latido.

No era sangre.

Era una máquina.

—No es una enfermedad —dije entrando en la sala médica.

Todos me miraron.

Benedict mostró sus colmillos.

Pero no retrocedí.

—Hay algo dentro de él. Está haciendo ruido.

Benedict se quedó completamente quieto.

Por primera vez, el rey vampiro parecía no tener respuestas.

—¿Cómo puedes escucharlo?

No sabía qué decir.

Solo era una camarera.

Una mujer que había pasado años escuchando clientes, conversaciones y pequeños detalles que nadie más notaba.

Pero esa habilidad salvó a Tristan.

Con mis indicaciones, Benedict encontró un dispositivo implantado dentro de su hijo. Era una máquina creada para destruirlos desde dentro.

Cuando la destruyeron, Tristan sobrevivió.

Pero el peligro no terminó.

Porque descubrimos otra verdad.

Edgar no había elegido a Tristan al azar.

Me había elegido a mí.

Mi sangre tenía algo diferente. Algo capaz de destruir la tecnología de Edgar.

Algo que podía acabar con su ejército.

Entonces entendí por qué me necesitaba.

Yo no era una simple camarera.

Era la pieza que había estado buscando durante años.

Cuando Edgar atacó la mansión, todo cambió.

Ya no era una víctima.

Tomé un arma de los invasores y luché junto a Benedict.

Él me miró como si todavía no pudiera creerlo.

—¿Quién eres realmente, Valyria?

No tuve respuesta.

Pero Edgar sí.

Su voz apareció por la radio de uno de los soldados derrotados.

—Por fin la encontraste, Benedict.

Sentí que la sangre se congelaba en mis venas.

—La hija del alquimista.

Miré a Benedict.

Él también estaba sorprendido.

Porque esa frase significaba que mi pasado era mucho más oscuro de lo que imaginaba.

Y que la guerra entre vampiros y humanos acababa de convertirse en mi propia guerra.

Benedict tomó mi mano herida y observó mi sangre con una mezcla de temor y respeto.

—No eres una anomalía —susurró—. Eres algo que Edgar lleva siglos intentando encontrar.

Miré hacia la ciudad bajo la tormenta.

Horas antes solo quería terminar mi turno y volver a casa.

Ahora estaba en medio de una guerra secreta.

Una guerra donde el rey vampiro necesitaba mi ayuda.

Y donde la única persona capaz de salvar al mundo era la camarera que todos habían ignorado durante años.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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