El rey vampiro pensó que ella lo había abandonado… hasta que escuchó un pequeño llanto dentro del castillo donde ella se escondía
El rey vampiro pensó que ella lo había abandonado… hasta que escuchó un pequeño llanto dentro del castillo donde ella se escondía

PARTE 1
La noche en que escuché mi nombre después de tres años de esconderme, supe que mi pasado finalmente me había encontrado.
Pero lo que más miedo me dio no fue la voz del hombre que una vez amé…
Fue descubrir que el secreto que había protegido durante todo ese tiempo podía cambiar el destino de dos reinos enteros.
Mi nombre es Alina Voss, aunque durante los últimos años todos me conocieron como Alina Marsh.
Ese cambio de nombre no fue por vergüenza ni por querer empezar una nueva vida.
Fue porque estaba huyendo.
Tres años antes, yo era una simple humana que trabajaba en una pequeña florería cerca del bosque Blackthorne. Nunca imaginé que una noche cambiaría mi vida para siempre.
Todo comenzó cuando un extraño llegó herido a mi tienda.
Llevaba un elegante abrigo oscuro, una mirada imposible de olvidar y una presencia que hacía sentir que el aire alrededor de él era diferente.
Su nombre era Damian Ashgrave.
El rey vampiro del norte.
Yo no sabía quién era. Solo vi a un hombre que necesitaba ayuda.
Lo cuidé, limpié sus heridas y, por alguna razón que todavía no puedo explicar, sentí que había algo entre nosotros desde el primer momento.
Después de aquella noche, Damian regresó.
Y volvió una y otra vez.
Me mostró un mundo que jamás pensé que existía. Un mundo de castillos antiguos, familias poderosas y criaturas que durante siglos los humanos solo habían conocido como leyendas.
Él me prometió que yo era diferente.
Me dijo que en sus cientos de años de existencia nunca había encontrado a alguien que pudiera hacerle sentir algo parecido.
Yo le creí.
Porque cuando me miraba, parecía que yo era la única persona en el mundo.
Hasta que una noche descubrí que estaba equivocada.
Entré a su habitación privada buscando hablar con él.
Pero encontré a Damian junto a Selenia, una mujer de la nobleza vampira que había estado destinada a convertirse en su pareja antes de que yo apareciera.
No necesité escuchar explicaciones.
No necesité que nadie me dijera qué significaba aquella escena.
Vi suficiente.
Me fui esa misma noche.
Sin despedirme.
Sin decirle el verdadero motivo por el que no podía quedarme.
Porque había algo que Damian no sabía.
Algo que no podía contarle.
Algo que podía destruirlo todo.
Durante meses, el reino vampiro habló de la humana que había desaparecido de la vida del rey.
Pero nadie logró encontrarme.
Tres años después llegué a las puertas del castillo Ravenswood.
El hogar de Alaric Thorne.
El mayor rival de Damian.
Necesitaba trabajo.
Necesitaba protección.
Y, sobre todo, necesitaba estar en un lugar donde Damian jamás pensara buscarme.
Solicité el puesto de doncella principal usando mi nuevo nombre.
Alina Marsh.
Esperaba pasar desapercibida.
Pensé que un señor vampiro frío y poderoso no tendría interés alguno en una simple sirvienta humana.
Me equivoqué.
Desde el momento en que crucé las puertas del castillo, sentí que algo era diferente.
Los pasillos eran enormes, llenos de retratos antiguos y sombras que parecían guardar secretos.
La administradora del castillo, Myra, me recibió con una mirada demasiado inteligente.
—Aquí hay reglas que debes respetar —me dijo—. Nunca entres al estudio privado de Lord Thorne. Nunca camines por el ala este después de medianoche. Y jamás hagas preguntas sobre lo que ocurre dentro de este castillo.
Acepté.
No tenía intención de descubrir nada.
Solo quería sobrevivir.
Pero mi primer día terminó de la peor manera posible.
Mientras llevaba una bandeja por uno de los corredores, choqué contra alguien.
El cristal cayó al suelo.
El vino se derramó.
Y cuando levanté la mirada, vi al hombre más imponente que había conocido después de Damian.
Alaric Thorne.
Su mirada gris parecía capaz de ver cosas que nadie más podía notar.
Me arrodillé rápidamente para recoger los pedazos.
—Lo siento, mi señor.
Pero antes de que pudiera levantarme, él tomó mi mano.
Había una pequeña herida en mi palma.
Nada grave.
Pero para un vampiro, el olor de la sangre humana no era algo fácil de ignorar.
Pensé que me castigaría.
Pensé que me expulsaría.
Pero Alaric solo me observó.
—Eres demasiado descuidada para trabajar en un castillo lleno de vampiros —dijo.
No sé de dónde salió mi valentía, pero respondí:
—Entonces quizá debería contratar sirvientes que no derramen vino, mi señor.
Por un instante pensé que había cometido un error.
Pero algo cambió en sus ojos.
Curiosidad.
Interés.
Como si por primera vez en mucho tiempo alguien hubiera logrado sorprenderlo.
—Pocas personas se atreven a hablarme así —murmuró.
Intenté alejarme.
Recordarme que había venido allí para esconderme.
Pero Alaric parecía notar cosas que yo quería mantener enterradas.
—No eres una simple sirvienta —dijo.
Mi corazón se detuvo.
—No sé a qué se refiere.
Él se acercó lentamente.
—Eso es precisamente lo interesante.
Antes de que pudiera responder, un ruido sacudió la entrada principal.
Las enormes puertas del castillo se abrieron.
Escuché voces.
Una voz que conocía demasiado bien.
Una voz que había intentado olvidar durante tres años.
Damian.
El rey vampiro del norte estaba en la entrada de Ravenswood.
Y estaba preguntando por una mujer llamada Alina Voss.
Sentí que el mundo se detenía.
Alaric me miró.
Ya no con curiosidad.
Ahora con certeza.
—Dime algo, Miss Marsh…
Su voz era tranquila, pero sus palabras hicieron que mi sangre se congelara.
—¿Por qué el rey Damian Ashgrave cruzaría medio continente para encontrar a una sirvienta que supuestamente nadie conoce?
No pude responder.
Porque en ese momento escuché los pasos de Damian acercándose por el pasillo.
Y entonces comprendí que mi nueva vida acababa de terminar.
PARTE 2
El silencio que quedó después de escuchar su voz fue más aterrador que cualquier amenaza.
Alaric permanecía a mi lado observándome.
No necesitaba que yo confesara nada.
Ya sabía que estaba ocultando algo.
Abajo, Damian exigía entrar al castillo.
Decía que había recibido información de que una mujer con mi descripción había cruzado esas puertas.
Mi respiración se volvió más rápida.
Tres años escapando.
Tres años construyendo una vida nueva.
Y todo estaba desapareciendo en unos minutos.
—Quédate aquí —dijo Alaric en voz baja.
No sonaba como una orden.
Sonaba como una promesa.
Bajó las escaleras y enfrentó al hombre que alguna vez fue mi mundo.
Los dos reyes quedaron frente a frente.
Dos enemigos antiguos.
Dos criaturas con suficiente poder para cambiar el destino de sus pueblos.
—Vine por ella —dijo Damian.
Alaric no apartó la mirada.
—Si ella no quiere verte, no puedes obligarla.
Aquellas palabras me sorprendieron.
Porque durante mucho tiempo pensé que todos los seres poderosos eran iguales.
Pensé que todos creían que podían decidir por otros.
Pero Alaric no lo hizo.
Entonces Damian me vio.
Bajé lentamente las escaleras.
No porque no tuviera miedo.
Sino porque ya estaba cansada de huir.
Sus ojos cambiaron al verme.
Durante un segundo vi al hombre que amé.
El hombre que me hizo creer en promesas imposibles.
—Alina…
Escuchar mi verdadero nombre en su voz me dolió más de lo que esperaba.
—Sí —respondí—. Soy yo.
Damian parecía no poder creerlo.
Dijo que me había buscado durante años.
Que había recorrido lugares donde nadie pensaría encontrarme.
Que necesitaba que regresara.
Pero yo solo podía recordar aquella noche.
—¿Regresar? —pregunté—. ¿Al lugar donde descubrí que no era suficiente para ti?
El dolor apareció en su rostro.
Me explicó que aquella noche no fue como yo había pensado.
Dijo que Selenia había llegado con información sobre una antigua profecía relacionada con su familia.
Que la situación había sido más complicada.
Pero para mí, la herida seguía siendo real.
Porque una relación no se rompe solamente por lo que ocurre.
También se rompe por lo que una persona siente cuando descubre que ya no puede confiar.
Alaric escuchaba en silencio.
Pero cuando habló, su voz fue firme.
—Parece que el rey del norte vino hasta aquí sin entender por qué una mujer decidió abandonarlo.
Damian lo miró con furia.
Durante siglos habían sido rivales.
Y yo estaba en medio de ellos.
—Ella me pertenece —dijo Damian.
Sentí una mezcla de tristeza y enojo.
Porque después de tres años, todavía hablaba como si yo fuera una posesión.
Di un paso adelante.
—No pertenezco a nadie.
Ambos quedaron en silencio.
—Me fui porque algo dentro de mí se rompió. Y construí una vida lejos de ti.
Por primera vez, Damian pareció realmente entender que podía perderme.
Pero entonces su mirada cambió.
Me observó con atención.
Demasiada atención.
Como si estuviera buscando una respuesta escondida.
—Has cambiado —dijo.
Sentí miedo.
—Tres años cambian a cualquier persona.
Pero Damian negó lentamente.
—No es solo eso.
Alaric también comenzó a observarme.
Y en ese momento entendí algo.
Ellos estaban cerca de descubrirlo.
El secreto que había protegido.
El motivo real por el que desaparecí.
Antes de que pudiera decir algo, Damian dio un paso atrás.
—Esto no termina aquí, Alina.
Después se marchó.
Pero sus últimas palabras quedaron flotando en mi mente.
Él sabía que yo escondía algo.
Cuando las puertas se cerraron, pensé que finalmente podría respirar.
Pero entonces Alaric se acercó.
Su expresión era diferente.
Más seria.
—Tres siglos rodeado de mentiras me han enseñado a reconocer cuando alguien oculta algo importante.
Sentí un nudo en la garganta.
—No sé de qué habla.
Alaric no respondió.
Solo miró hacia el pasillo que llevaba a mi habitación.
Y entonces ocurrió.
Un sonido pequeño rompió el silencio.
Un sonido que nadie más habría escuchado.
Pero un vampiro sí.
Un llanto suave.
Un llanto que venía de la habitación donde yo había guardado mi mayor secreto.
Alaric se quedó completamente inmóvil.
Sus ojos se abrieron lentamente.
Y yo comprendí que todo lo que había intentado proteger durante tres años estaba a punto de salir a la luz.
Porque dentro de aquella habitación no estaba solo mi pasado.
Estaba la única parte de Damian que él jamás había conocido.