El Rey Vampiro Halla a una Mujer Golpeada y Paralizada—Y Descubre Quién Es
El Rey Vampiro Halla a una Mujer Golpeada y Paralizada—Y Descubre Quién Es

Parte 1
La dejaron abandonada en una carretera solitaria, como si su vida no tuviera ningún valor.
Ana Bans pensó que aquella noche sería su último recuerdo: la lluvia golpeando su rostro, el barro bajo su cuerpo inmóvil y el dolor insoportable que le atravesaba la espalda. Los hombres que la habían atacado se fueron riendo, convencidos de que habían terminado con una simple camarera que nadie buscaría.
Pero cometieron un terrible error.
No sabían que aquella carretera era recorrida por alguien que llevaba siglos caminando entre las sombras.
Alister Thorn había visto caer imperios, guerras y generaciones enteras de humanos. Durante seiscientos años había sido el rey de los vampiros, una criatura que ya no esperaba sentir nada. La humanidad le parecía pequeña, frágil y predecible.
Hasta que encontró a Ana.
La tormenta golpeaba la ciudad de Seattle cuando su vehículo se detuvo en medio de la carretera. Al principio, Alister solo quería continuar su camino. No tenía interés en salvar a una desconocida. Los humanos siempre habían sido criaturas destinadas a romperse.
Pero entonces percibió algo extraño.
No era solamente el olor de la sangre.
Era una sensación que no había sentido en siglos.
Bajó del coche y caminó bajo la lluvia hasta encontrar a la joven tendida en el suelo. Su uniforme de camarera estaba roto, su rostro estaba cubierto de heridas y su cuerpo apenas respondía.
Sin embargo, cuando Ana abrió los ojos por un instante, Alister quedó completamente paralizado.
Aquellos ojos verdes con destellos dorados eran imposibles de olvidar.
Eran los mismos ojos que había visto cerrarse hacía siglos.
Los ojos de Isabela, la mujer que había amado y perdido durante una antigua epidemia.
—Isabela… —susurró sin poder creerlo.
Ana apenas podía respirar. Sus labios se movieron lentamente.
—Por favor… ayúdame…
Por primera vez en cientos de años, el corazón muerto de Alister pareció recordar cómo sentir.
No vio a una víctima.
Vio a alguien que había perdido una vez y que el destino parecía haberle devuelto.
La tomó entre sus brazos y la llevó a Blackwood Manner, su antigua fortaleza. Allí, los mejores médicos de su mundo descubrieron la gravedad de sus heridas.
La columna vertebral estaba destruida.
La médula estaba dañada.
Ana no volvería a caminar.
Cuando Alister escuchó esas palabras, una furia silenciosa comenzó a crecer dentro de él.
No era la ira fría de un rey vampiro.
Era la desesperación de alguien que acababa de encontrar algo precioso y estaba a punto de perderlo otra vez.
—Cúrenla —ordenó.
El doctor Sterling dudó.
—Mi señor, podemos salvar su vida, pero su cuerpo humano no resistirá una transformación. Es demasiado débil.
Alister apretó los puños.
—Entonces no la transformaré. Encontraré otra forma.
Mientras Ana permanecía inconsciente, Alister comenzó a investigar quién la había atacado. Pronto descubrió algo inquietante.
No había sido un simple asalto.
Los golpes habían sido calculados.
La lesión en su columna era una firma conocida.
El clan Bulov.
Sus antiguos enemigos.
La misma organización que durante siglos había buscado una forma de controlar el poder de ciertas líneas de sangre humanas.
Y entonces descubrió algo todavía peor.
El hombre con quien Ana había salido, Kyle, no era realmente un arquitecto.
Era alguien que la había estado observando.
Analizando.
Esperando descubrir qué había dentro de ella.
Cuando Alister revisó sus pertenencias encontró una pequeña fotografía, un recibo viejo y una etiqueta con su nombre.
Ana Bans.
Una mujer común que trabajaba largas horas, que apenas tenía dinero y que vivía con un pequeño gato llamado Miso.
Pero los enemigos de Alister no habían intentado destruirla por ser débil.
Lo habían hecho porque tenían miedo de lo que podía convertirse.
Cuando Ana despertó, descubrió una verdad que cambió completamente su mundo.
No estaba en un hospital.
Estaba en la mansión de un rey vampiro.
Y el hombre que la había salvado no era humano.
Alister entró en la habitación y la encontró llorando al descubrir que no podía mover sus piernas.
—Mi vida terminó —dijo Ana con la voz rota—. Ya no soy nadie.
Alister se acercó lentamente.
—No vuelvas a decir eso.
Ella levantó la mirada.
—¿Por qué te importa tanto una camarera sin nada?
Alister guardó silencio durante unos segundos.
Después tomó su mano.
—Porque durante seiscientos años busqué algo que creía perdido para siempre.
Ana sintió un escalofrío.
—¿Qué estás diciendo?
Los ojos de Alister se llenaron de una tristeza antigua.
—Que tú tienes los ojos de la única mujer que amé.
Ana no sabía si estaba escuchando una locura o una verdad imposible.
Pero antes de poder responder, una alarma atravesó la mansión.
Las paredes comenzaron a temblar.
El doctor Sterling apareció desesperado.
—Están aquí.
Alister se levantó lentamente.
Su expresión cambió.
La ternura desapareció.
Solo quedó el rey vampiro.
A través de la ventana, Ana vio cientos de figuras rodeando la mansión.
Y en medio de ellas había un hombre enorme sosteniendo un martillo cubierto de una energía oscura.
Alister miró a Ana por última vez.
—Quédate aquí.
—¿Quiénes son? —preguntó ella aterrada.
Él apretó la mandíbula.
—La familia del hombre que intentó matarte.
La puerta se cerró.
Y por primera vez en siglos, Blackwood Manner estaba a punto de entrar en guerra.
Parte 2
El sonido de la batalla comenzó a recorrer la mansión.
Cada golpe hacía temblar las paredes antiguas. Ana podía escuchar gritos, explosiones y el choque de armas desde los pasillos inferiores.
Nunca había imaginado que su vida terminaría así.
Ella solo era una camarera intentando pagar sus cuentas.
Ahora estaba atrapada en una guerra entre criaturas que nunca creyó que existieran.
El doctor Sterling miró por la ventana con preocupación.
—Ese hombre es Víctor Bulov. Es incluso más peligroso que su hijo.
Ana recordó a Kyle.
El hombre que parecía amable.
El hombre que le hacía preguntas extrañas sobre su salud.
Todo había sido una mentira.
No la estaba conociendo.
La estaba estudiando.
—¿Por qué yo? —preguntó Ana.
Sterling bajó la mirada.
—Porque tu sangre no es normal.
Entonces recordó algo que Alister había dicho antes.
Ella no era un accidente.
Era la razón por la que todos estaban allí.
En ese momento, una explosión sacudió la habitación.
Ana miró sus piernas inmóviles y sintió algo cambiar dentro de ella.
Durante toda su vida había sido alguien que aceptaba los golpes del destino.
Pero ya no.
No quería seguir siendo la persona que esperaba ser salvada.
—Ayúdame a levantarme —ordenó.
Sterling la miró sorprendido.
—No puede hacerlo. Podría morir.
Ana apretó los dientes.
—Alister está luchando por mí. Yo no voy a quedarme escondida mientras arriesga su vida.
Con esfuerzo, Sterling la colocó en una silla de ruedas y la llevó hasta el balcón.
Desde allí, Ana vio la verdadera naturaleza de aquel mundo.
Vampiros luchando bajo la tormenta.
Sombras moviéndose entre la oscuridad.
Y en el centro de todo estaba Alister.
El hombre que todos temían.
El rey que había gobernado durante siglos.
Pero él no estaba luchando por poder.
Estaba luchando por ella.
Víctor Bulov levantó su enorme martillo y sonrió.
—Después de tantos años, finalmente encontraste tu debilidad, Thorn.
Alister sostuvo su espada y respondió:
—No es mi debilidad.
Miró hacia la mansión.
—Es la razón por la que todavía tengo algo que proteger.
El enfrentamiento fue brutal.
Pero mientras observaba la batalla, Ana comenzó a sentir algo extraño.
Su sangre.
El frasco que Sterling había dejado en la habitación comenzó a brillar con una luz dorada.
No era sangre humana común.
Era algo que incluso los vampiros temían.
Cuando una gota de esencia vampírica tocó su sangre, ocurrió algo imposible.
La oscuridad desapareció.
Consumida por una energía brillante.
Sterling comprendió la verdad.
—Su sangre puede destruirlos.
Ana quedó paralizada.
Toda su vida había pensado que era una persona insignificante.
Pero aquellos que intentaron matarla sabían algo que ella desconocía.
Ella era una amenaza para los seres más poderosos del mundo.
Alister no la había salvado porque fuera débil.
La había salvado porque era única.
La puerta del balcón se abrió de golpe.
Alister apareció herido, pero todavía de pie.
Ana lo miró.
Por primera vez no vio un monstruo.
Vio al hombre que había regresado a buscarla después de perderla durante siglos.
—¿Ganaste? —preguntó ella.
Alister sonrió ligeramente.
—Todavía no.
Entonces miró la sangre brillante.
Y entendió que la verdadera batalla apenas comenzaba.
Porque ahora los Bulov sabían la verdad.
Ana Bans no era una simple camarera.
Era la llave capaz de cambiar el equilibrio entre humanos y vampiros para siempre.
Y todos los monstruos del mundo vendrían por ella.