El Rey Vampiro Contrató 9 Cuidadoras, Pero su Madre las Rechazó… Hasta que Llegó Grace

PARTE 1

Casian Bale podía controlar empresas, resolver disputas entre familias vampíricas y hacer callar una sala llena de hombres poderosos con una sola mirada.

Pero había algo que el Rey Vampiro de Norteamérica no podía controlar:

a su propia madre.

Margaret Bale había despedido a nueve cuidadoras.

La primera duró varios días.

La quinta apenas una tarde.

La novena no sobrevivió ni siquiera una hora.

—No necesito una enfermera siguiéndome con aparatos —protestó Margaret cuando Casian intentó convencerla otra vez.

—Necesito saber que estás bien cuando yo no estoy.

—Yo necesito a mi hijo aquí, no a otra desconocida vigilándome.

Aquellas palabras lo golpearon más de lo que quiso admitir.

Margaret llevaba años viuda. Desde la muerte de su esposo se había vuelto más silenciosa y su salud era menos estable. Casian estaba convencido de que contratar a alguien era la solución.

Entonces llegó la candidata número diez.

Grace Harper tenía veintisiete años, había abandonado sus estudios de enfermería para cuidar a su abuela enferma y llevaba varios años trabajando como cuidadora privada.

Casian esperaba encontrar otra discusión cuando regresó a casa.

Pero al abrir la puerta escuchó algo que hacía mucho tiempo no oía.

La risa de su madre.

La encontró sentada frente a un espejo mientras Grace le cepillaba lentamente el cabello plateado.

—Mi abuela decía que cada cabello blanco se había ganado su lugar —comentaba Grace.

Margaret rio.

—Tu abuela era una mujer inteligente.

Casian se quedó mirando desde la puerta.

Grace lo vio.

No bajó la mirada.

No pareció intimidada por su piel extremadamente pálida ni por aquel extraño poder que hacía que la mayoría de los humanos se sintieran incómodos cerca de él.

Simplemente sonrió.

—Tú debes ser Casian.

Margaret anunció inmediatamente:

—Esta se queda.

Casian revisó el expediente.

—No terminaste enfermería.

—Mi abuela enfermó. Dejé la escuela para cuidarla.

—¿Te arrepientes?

—No. Me alegra haber estado con ella.

Después Casian intentó duplicar su salario.

Grace se negó.

Él ofreció triplicarlo.

Volvió a decir que no.

—No me pagas por sobrevivir a tu madre. Me pagas para cuidarla. Mi tarifa es justa.

Casian estaba acostumbrado a personas que querían su dinero, contactos o poder.

Grace no parecía querer nada.

Y todavía había algo más extraño.

Margaret explicó por qué había elegido a Grace.

—Todas las demás me preguntaron por mis medicinas. Grace me preguntó por mi esposo. Me preguntó qué música me gustaba y quién era yo antes de convertirme en “la anciana madre de alguien”.

Casian no supo qué responder.

Grace comenzó a trabajar.

Y la mansión cambió.

Margaret volvió a pasear por el jardín.

Cocinaba.

Escuchaba música.

Incluso volvió a bailar.

Grace nunca la trataba como una enferma indefensa. Si Margaret necesitaba ayuda, estaba allí. Si podía hacer algo sola, la dejaba hacerlo.

Casian también cambió.

Comenzó a regresar antes.

Primero se dijo que era para ver a su madre.

Después dejó de mentirse.

Quería escuchar a Grace reír.

Quería saber qué había hecho durante el día.

Quería verla sentada en su cocina.

Una noche se sorprendió observándola mientras lavaban juntos unas tazas.

Grace lo descubrió.

—¿Por qué me miras así?

—Estoy intentando entenderte.

—Eso suena incómodo.

—Lo es.

Grace rio.

Casian también.

Fue entonces cuando comprendió que estaba entrando en un territorio mucho más peligroso que cualquier guerra.

Pero Grace también estaba observándolo.

Había notado que Casian nunca desayunaba.

Que evitaba la luz directa.

Que su piel estaba siempre fría.

Que parecía tener poco más de treinta años, pero hablaba de acontecimientos antiguos como si los hubiera presenciado.

Una tarde se sentaron juntos en el jardín.

Grace lo miró fijamente.

—¿Cuántos años tienes realmente?

Casian dejó de respirar por costumbre.

—¿Por qué preguntas eso?

—Porque hay algo que todos saben sobre ti menos yo.

Él intentó explicar que existían familias antiguas escondidas entre los humanos.

Grace permaneció en silencio unos segundos.

Después abrió mucho los ojos.

—Espera…

Casian la observó.

Grace señaló su piel pálida, su rechazo al sol y sus extraños hábitos.

Entonces hizo la pregunta que podía destruir todo lo que había empezado a sentir:

—Casian… ¿estás intentando decirme que eres un vampiro?

PARTE 2

Casian no vio miedo en sus ojos.

Aquello fue lo primero que lo sorprendió.

—Sí.

Grace parpadeó.

—¿Y Margaret?

—Humana. Mi padre era vampiro. Yo nací entre ambos mundos.

Grace procesó aquello.

Después preguntó:

—¿Y también eres realmente rey?

Casian cerró los ojos.

—Escuchaste eso.

—Dos hombres te llamaron “Su Majestad”.

—Mi padre gobernaba antes que yo.

Grace permaneció inmóvil.

Casian esperaba verla recoger sus cosas.

—La mayoría de los humanos se marcharían ahora.

—¿Quieres que me vaya?

—No.

La respuesta salió demasiado rápido.

Grace sonrió.

—Entonces me quedo.

—¿No tienes miedo?

Grace pensó unos segundos.

—Te he visto dejar que tu madre haga trampa jugando cartas porque ganar la hace feliz. Plantaste margaritas porque ella te lo pidió. Cruzaste la ciudad entera buscando un pastel que quería comer.

Se encogió de hombros.

—Me cuesta tenerle miedo a ese hombre.

Casian sintió algo aflojarse dentro de él.

Su relación continuó cambiando.

Margaret fue la primera en notarlo.

—Te gusta Grace.

—No.

—Has vuelto temprano cuatro veces esta semana.

—Vivo aquí.

—Compraste los rollos de canela que le gustan.

Casian guardó silencio.

Margaret sonrió triunfante.

Pero también le dio una advertencia.

—Ella trabaja para ti. Si alguna vez le dices lo que sientes, asegúrate de que pueda rechazarte sin perder su trabajo.

Casian tomó aquellas palabras en serio.

Esperó.

Y cuando finalmente habló con Grace, lo hizo con más nervios que frente a cualquier consejo vampírico.

—Me importas.

Grace lo miró sorprendida.

—Nada cambiará con tu trabajo —continuó rápidamente—. Si no sientes lo mismo, puedes decirlo. No volveré a mencionarlo.

Grace tardó varios segundos.

Después sonrió.

—Hablas demasiado cuando estás nervioso.

—Lo estoy descubriendo.

Ella dio un paso hacia él.

—Tú también me gustas.

Casian quedó completamente inmóvil.

Grace rio.

—¿Vas a responder?

—Estoy verificando que escuché correctamente.

Pero Grace tenía sus propios temores.

No por los vampiros.

Por la diferencia entre sus vidas.

Ella venía de una familia trabajadora. Había abandonado la universidad. Llegaba casi siempre en autobús.

Él tenía una fortuna, empresas y una corte secreta.

—Vivimos en mundos diferentes.

—Sí —respondió Casian.

Grace pareció sorprendida.

—Pero no te estoy pidiendo que entres en todo mi mundo. Solo te estoy preguntando si quieres cenar conmigo.

Aceptó.

Su primera cita fue sencilla.

Sin escoltas.

Sin salones privados.

Sin vampiros importantes observándolos.

Casian estaba tan nervioso que pasó varios minutos mirando un menú al revés.

Grace no pudo dejar de reír.

Después llegaron más cenas.

Paseos nocturnos.

Conversaciones interminables.

Grace le contó que quería terminar enfermería.

Casian le mostró unos viejos dibujos arquitectónicos que llevaba años escondiendo.

Ella lo animó a volver a dibujar.

Él la animó a regresar a estudiar.

Cuando finalmente se besaron, Casian pidió permiso primero.

Grace tocó después su mejilla helada.

—Realmente estás frío.

—Te lo advertí.

—Pensé que hablabas emocionalmente.

Casian tuvo que reír.

Pero la vida no se volvió perfecta de repente.

Margaret sufrió un problema de salud que obligó a llevarla al hospital.

Casian volvió inmediatamente a su vieja costumbre: tratar de controlar todo.

Grace permaneció junto a él.

Le recordó que amar a alguien no significaba poder impedir que todo le ocurriera.

Margaret regresó a casa cansada, pero recuperándose.

Aquel susto cambió algo en Casian.

Comenzó a delegar responsabilidades.

Descubrió que el mundo vampírico no se derrumbaba porque él cenara con su madre.

Grace, por su parte, empezó a buscar programas para terminar sus estudios.

Y Casian comenzó a comprender que lo que sentía ya no era simplemente atracción.

Era hogar.

Un día compró un anillo.

No eligió una joya digna de un rey.

Eligió algo sencillo.

Algo que Grace realmente llevaría.

Margaret descubrió el anillo antes de la propuesta.

—No le digas nada —advirtió Casian.

—No lo haré.

—Estás disfrutando demasiado esto.

—Muchísimo.

La propuesta ocurrió en la sala de la mansión.

Grace estaba viendo una película con Margaret.

Casian se acercó.

Tomó sus manos.

—Llegaste aquí porque pensé que mi madre necesitaba alguien que la vigilara.

Margaret puso los ojos en blanco.

—Pero en realidad necesitaba a alguien que la viera.

Grace comenzó a emocionarse.

Casian sacó la pequeña caja.

—Mientras ayudabas a mi madre a volver a vivir… hiciste lo mismo conmigo.

Grace ya estaba llorando.

—Hiciste que volviera a casa. Que dibujara otra vez. Que recordara que mi vida podía ser algo más que deber, trabajo y distancia.

Margaret intervino desde el sofá:

—No arruines el discurso.

Grace soltó una carcajada entre lágrimas.

Casian respiró profundamente.

—Grace Harper, ¿quieres casarte conmigo?

—Sí.

Respondió antes de que pudiera terminar.

Casian colocó el anillo en su dedo.

Margaret se levantó inmediatamente para abrazarlos a ambos.

Aquella noche celebraron en la cocina con un pastel que ya estaba empezado.

Nada de banquetes reales.

Nada de ceremonias vampíricas.

Casian no habría querido otra cosa.

Más tarde, Grace le hizo la pregunta que ambos habían evitado.

—¿Te preocupa que yo sea humana?

—Constantemente.

Ella envejecería.

Él no lo haría de la misma manera.

Pero Casian se negó a convertir ese miedo en una decisión tomada por ella.

—Algún día podrás decidir cuánto quieres permanecer en tu mundo y cuánto en el mío. Incluso cuánto tiempo quieres seguir siendo humana. Pero será tu elección.

Grace apoyó la cabeza sobre su hombro.

Y allí estaba la verdadera diferencia entre el hombre que Casian había sido y el que ahora era.

Antes intentaba proteger a todos controlándolo todo.

Grace le había enseñado algo distinto.

A veces cuidar significaba escuchar.

Dar espacio.

Dejar elegir.

Todo había comenzado porque Margaret Bale despidió a nueve cuidadoras.

Casian pensó que la número diez finalmente resolvería el problema de su madre.

Nunca imaginó que Grace Harper no llegaría a aquella mansión para cuidar solamente a Margaret.

Sin darse cuenta, también encontró a un hombre que había vivido demasiado tiempo como rey y demasiado poco como hijo.

Y Casian comprendió finalmente por qué su madre había reconocido algo especial en Grace desde el primer día:

las otras cuidadoras habían entrado en la casa buscando una paciente.

Grace había entrado buscando a una persona.

Y terminó encontrando una familia.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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