El rey Alpha creía que ella era una mortal, hasta que lo salvó de las balas de plata…
El rey Alpha creía que ella era una mortal, hasta que lo salvó de las balas de plata…

PARTE 1
Durante tres años, todos en el reino pensaron que Genevieve era la persona más frágil dentro de los muros del castillo Highcliffe.
Nadie imaginaba que aquella joven de mirada tranquila escondía un secreto capaz de cambiar el destino de dos reinos.
El rey Alistister la había encontrado perdida en medio de un invierno terrible, sin fuerzas y sin nadie que la protegiera. Para todos, era solo una humana que había tenido suerte de sobrevivir. Pero él nunca supo que aquella mujer que parecía necesitar protección estaba ocultando una verdad mucho más grande.
Yo era conocido como el Rey Alfa del Norte. Mi pueblo me veía como un líder fuerte, alguien que no dudaba cuando debía tomar decisiones difíciles.
Pero había una persona frente a la que todas mis certezas desaparecían.
Genevieve.
Ella caminaba por los pasillos del castillo como si perteneciera a otro mundo. Mientras los guerreros entrenaban y los líderes discutían sobre amenazas en nuestras fronteras, ella cuidaba las plantas del jardín, leía libros antiguos y hablaba con una calma que desconcertaba incluso a los soldados más experimentados.
Muchos pensaban que era demasiado delicada para vivir entre nosotros.
Yo sabía que estaban equivocados.
Había algo en ella que no podía explicar.
Cuando la encontré años atrás, pensé que solo estaba salvando a una desconocida. Mi intención era ayudarla y enviarla lejos cuando estuviera recuperada.
Pero los días pasaron.
Después llegaron los meses.
Y sin darme cuenta, aquella mujer se convirtió en la única persona capaz de hacerme olvidar el peso de mi corona.
El problema era que mi pueblo esperaba que eligiera una reina Alfa. Esperaban una compañera con la misma fuerza que yo.
No una joven humana a la que todos consideraban vulnerable.
Una noche, mientras observaba el castillo desde la torre, mi consejero Arthur llegó con noticias preocupantes.
Una organización conocida como la Inquisición había comenzado a ganar poder. Sus seguidores creían que todos los seres diferentes debían desaparecer de sus tierras.
Además, alguien dentro de nuestro propio territorio estaba entregando información al enemigo.
La situación era cada vez más peligrosa.
Arthur me miró seriamente.
—No puedes mantenerla aquí para siempre. Tarde o temprano descubrirán que es importante para ti.
No respondí.
Porque en el fondo sabía algo que nunca había querido admitir.
Genevieve no era solo alguien bajo mi protección.
Mi instinto reconocía algo en ella.
Algo que mi mente no comprendía.
Mientras tanto, en su habitación, lejos de las miradas del castillo, Genevieve cerró la puerta y dejó caer aquella expresión tranquila que todos conocían.
Por primera vez en mucho tiempo, permitió que apareciera el cansancio.
Abrió un pequeño bolso escondido y sacó una mezcla de hierbas que llevaba años preparando.
No era una medicina común.
Era una forma de mantener oculto lo que realmente era.
Porque Genevieve no era una simple humana.
Ella pertenecía a una antigua familia de lobos blancos del Este, una línea real que muchos creían desaparecida.
Durante años había vivido escondiendo su verdadera naturaleza.
Había llegado al castillo con un propósito.
Buscar respuestas sobre el pasado de su familia.
Y acercarse al hijo del hombre responsable de una antigua tragedia.
Alistister.
Pero algo salió mal.
Cuando él la encontró en aquel bosque, cuando decidió protegerla sin pedir nada a cambio, Genevieve descubrió algo que nunca esperaba.
El hombre al que debía odiar no era como había imaginado.
Alistister no era igual que su padre.
Era un líder que protegía a los suyos.
Un hombre que cargaba con errores que no había cometido.
Y eso hizo que su misión se volviera mucho más complicada.
Porque ahora tenía que elegir entre la venganza que había planeado durante años…
o proteger a la persona que había cambiado completamente su forma de ver el mundo.
Esa noche escuchó una conversación desde lejos.
La guerra se acercaba.
La Inquisición estaba preparando un ataque contra Highcliffe.
Y lo peor era que uno de los aliados más cercanos del rey podía estar detrás de la traición.
Genevieve apretó los puños.
Sabía que si Alistister iba al campo de batalla sin conocer la verdad, podría caer en una trampa.
Pero revelar quién era realmente significaba destruir la única vida tranquila que había construido.
Por primera vez en años, tuvo miedo.
No por ella.
Por él.
Tres días después, el ejército del Norte salió hacia la frontera.
Genevieve insistió en acompañarlos.
Alistister se negó al principio.
Pero entonces ella lo miró de una manera que él nunca había visto.
No era la mirada de una mujer asustada.
Era la mirada de alguien que llevaba demasiado tiempo escondiendo su verdadera fuerza.
Finalmente aceptó.
Durante el viaje, Genevieve sintió que algo extraño estaba ocurriendo.
El aire cambió.
Los animales comenzaron a inquietarse.
Y entonces percibió un olor imposible de ignorar.
Metal.
Pólvora.
Y algo que podía destruir la ventaja de los guerreros Alfa.
Ella abrió los ojos de golpe.
Desde la oscuridad del bosque llegó el primer sonido de una emboscada.
Y en ese instante comprendió que ya no podía seguir ocultándose.
Porque para salvar al hombre que había jurado proteger…
tendría que mostrarle al mundo quién era realmente.
PARTE 2
Porque en aquel momento, Genevieve dejó de intentar parecer débil.
La batalla había comenzado y todos esperaban que ella permaneciera dentro del carruaje, protegida por los guardias.
Pero cuando vio que Alistister estaba rodeado y que la traición venía desde dentro de sus propias filas, entendió que no había más tiempo para secretos.
Bajó del carruaje.
Los enemigos se quedaron inmóviles al verla avanzar.
Durante años habían visto a una joven silenciosa.
Una mujer que parecía necesitar ayuda.
Pero aquella imagen desapareció cuando su verdadera energía comenzó a revelarse.
Alistister también se quedó paralizado.
Por primera vez sintió que todo lo que creía saber sobre ella estaba incompleto.
Genevieve no era una humana perdida.
Era la última heredera de una antigua familia de lobos blancos.
La misma sangre real que muchos creían desaparecida.
Su transformación no fue una señal de destrucción.
Fue una declaración.
Durante años había vivido escondiendo su identidad porque sabía que muchas personas la juzgarían antes de conocerla.
Pero ahora ya no podía seguir huyendo.
Alistister comprendió algo importante.
La mujer que había protegido durante tres años nunca había sido débil.
Simplemente había elegido no mostrar su fuerza.
Juntos lograron resistir el ataque y descubrir la verdad detrás de la traición.
Uno de los antiguos aliados del rey había entregado información al enemigo esperando obtener poder.
Pero su plan fracasó cuando los dos líderes que nunca esperó ver unidos decidieron luchar del mismo lado.
Después del enfrentamiento, Genevieve finalmente tuvo que enfrentar la conversación que había evitado durante años.
Alistister la miró en silencio.
—Me ocultaste quién eras.
Ella bajó la mirada.
—Sí.
—¿Por qué?
Genevieve respiró profundamente.
Y por primera vez contó toda la verdad.
Había llegado al castillo buscando respuestas sobre su familia.
Al principio había pensado que Alistister era parte del pasado que quería enfrentar.
Pero con el tiempo descubrió que él no era responsable de las decisiones de otros.
Descubrió que detrás del título de Rey Alfa había un hombre que intentaba hacer lo correcto.
Alistister escuchó cada palabra.
Y aunque estaba herido por el secreto, también entendió algo.
Él tampoco había sido completamente honesto.
Había ocultado sus sentimientos.
Había fingido que Genevieve solo era alguien bajo su protección.
Cuando en realidad se había convertido en la persona más importante de su vida.
La noticia de la verdadera identidad de Genevieve llegó al consejo del reino.
Algunos tuvieron miedo.
Otros dudaron.
Pero cuando la vieron enfrentarse a las dificultades y proteger al mismo pueblo que alguna vez la consideró una extraña, comenzaron a cambiar de opinión.
Genevieve ya no era la joven misteriosa del castillo.
Era una líder.
Una mujer que había sobrevivido ocultando su verdadero poder y que finalmente había encontrado un lugar donde no tenía que fingir.
Con el paso del tiempo, el Norte y el Este dejaron atrás viejas diferencias.
Alistister continuó gobernando como rey.
Pero ya no lo hacía solo.
A su lado estaba Genevieve.
No como alguien que necesitaba protección.
Sino como una compañera que caminaba junto a él.
Muchos años después, cuando los niños del reino escuchaban la historia de la antigua reina del lobo blanco, siempre hacían la misma pregunta:
¿Cómo nadie descubrió antes quién era realmente?
Y la respuesta era sencilla.
Porque todos miraban lo que ella quería mostrar.
Veían una persona tranquila.
Veían una mujer aparentemente frágil.
Pero nadie imaginaba que detrás de esa calma se encontraba una fuerza que esperaba el momento correcto para despertar.
Y esa fue la mayor lección que dejó Genevieve:
A veces, la persona que parece necesitar ser salvada…
es la misma que un día termina salvando a todos los demás.