El Rey Alfa recibió a una Omega como premio de guerra… pero cuando vio sus cadenas tomó una decisión que nadie esperaba
El Rey Alfa recibió a una Omega como premio de guerra… pero cuando vio sus cadenas tomó una decisión que nadie esperaba

PARTE 1
El día que me entregaron al rey más temido del norte, todos esperaban que yo regresara convertida en una sombra de lo que era.
Nadie en el salón de Iron Ridge preguntó mi nombre. Nadie quiso saber mi historia. Para ellos, yo solamente era una pieza más dentro de un acuerdo de guerra.
Recuerdo perfectamente el frío de aquel lugar. Las paredes de piedra estaban cubiertas de humo y silencio. Mis manos temblaban mientras escuchaba cómo los hombres hablaban de mi futuro como si yo no estuviera presente.
Yo era Clare Whitmore, una sanadora Omega que durante años había vivido bajo las órdenes de personas que creían tener derecho a decidir por mí.
Aquella noche, después de perder una batalla, el líder de Iron Ridge decidió ofrecerme como parte de su rendición.
Como si una persona pudiera entregarse igual que una bolsa de monedas.
Frente a mí estaba Adrienne Westbrook, el Rey Alfa de Frostvale.
Había escuchado historias sobre él desde niña. Decían que era frío, imposible de vencer y que nadie se atrevía a desafiarlo.
Cuando sus ojos grises se encontraron con los míos, pensé que mi vida simplemente había cambiado de dueño.
Pero entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
Adrienne no sonrió.
No celebró su victoria.
No me miró como un premio.
Caminó hacia mí lentamente y, cuando estuvo frente a mí, hizo algo que dejó a todo el salón completamente en silencio.
Se arrodilló.
El hombre con más poder en aquellas tierras se colocó a mi altura.
—Mírame —dijo con una voz tranquila.
No pude hacerlo al principio. Mi cuerpo estaba acostumbrado a obedecer antes de pensar.
Durante años había aprendido que las órdenes siempre tenían consecuencias.
Pero él no levantó la voz.
No me obligó.
Simplemente esperó.
Cuando finalmente levanté la mirada, vi algo que nunca había visto en mis antiguos líderes.
Preocupación.
No por lo que yo podía darle.
Sino por lo que me habían hecho.
Adrienne tomó las cadenas que sujetaban mis muñecas, no mis manos.
Las abrió.
El sonido del metal cayendo al suelo llenó el salón.
Después tomó su propia capa y me la ofreció.
No intentó ponérmela.
Esperó a que yo decidiera aceptarla.
Era un gesto pequeño, pero para mí significaba algo enorme.
Por primera vez en mucho tiempo alguien me estaba dando una elección.
Luego Adrienne se volvió hacia Gavin Mercer, el hombre que había gobernado Iron Ridge.
—Dijiste que era una ofrenda —dijo.
Gavin intentó justificarlo diciendo que era una tradición, una regla de rendición.
Pero Adrienne solo respondió:
—Una persona no puede ser entregada como propiedad.
Nunca olvidaré la expresión de Gavin en ese momento.
Por primera vez parecía tener miedo.
Horas después viajaba hacia Frostvale dentro de la caravana del rey.
Yo esperaba una prisión diferente.
Esperaba nuevas cadenas.
Esperaba descubrir que todo aquello era solamente una estrategia.
Pero cada vez que alguien se acercaba demasiado, Adrienne recordaba a todos que debían respetar mi espacio.
Ni siquiera entró en la habitación que me dieron sin llamar primero.
Me entregó una llave.
—Esta habitación es tuya mientras estés aquí.
Lo miré confundida.
—¿Y si cierro la puerta?
—Entonces permanecerá cerrada.
—¿Y si usted quiere entrar?
Hubo un silencio.
Después respondió:
—Tendré que llamar.
Aquella frase parecía sencilla.
Pero para alguien que había pasado años sin poder decidir nada, era algo que no podía ignorar.
Aun así, había algo que me preocupaba.
Durante el viaje había empezado a sentirme extraña.
Una línea oscura apareció en mi piel.
Al principio pensé que era cansancio.
Tal vez miedo.
Tal vez mi cuerpo reaccionando después de tantos días difíciles.
Pero yo había visto algo parecido antes.
Era una señal de envenenamiento.
Y entonces entendí algo que cambió completamente mi forma de ver aquella entrega.
Gavin no me había enviado con Adrienne porque yo no valía nada.
Me había enviado porque esperaba que yo no sobreviviera.
Porque si algo me ocurría bajo el techo del Rey Alfa, todos creerían que Frostvale era responsable.
Y la guerra comenzaría nuevamente.
Cuando llegamos a Frostvale, descubrí algo todavía más extraño.
El hombre que todos llamaban monstruo ayudaba a los soldados heridos.
Preguntaba por las familias de sus hombres.
Escuchaba problemas que nadie le exigía escuchar.
No parecía el tirano que me habían descrito.
Pero mi miedo no desapareció tan fácilmente.
Esa noche desperté con frío.
La habitación estaba caliente, pero mis manos estaban heladas.
Levanté la manga de mi ropa.
La marca oscura había regresado.
Esta vez era más grande.
Hasta que escuché tres golpes en la puerta.
Me quedé inmóvil.
—Clare —escuché la voz de Adrienne al otro lado.
No abrí.
Esperé una orden.
Esperé que la puerta se moviera.
Pero no ocurrió nada.
—La señora Bell me dijo que no cenaste. Puedo dejar comida afuera.
Silencio.
Después escuché sus pasos alejándose.
Cuando abrí la puerta unos minutos después, encontré una bandeja y una pequeña nota.
Solo tenía tres palabras:
“Date tu tiempo.”
Miré el pasillo vacío sin entender nada.
El hombre que podía haber tomado cualquier cosa que quisiera estaba haciendo lo contrario.
Estaba esperando.
Pero mientras intentaba comprender quién era realmente Adrienne Westbrook, no sabía que el verdadero peligro ya estaba dentro de mí.
Y que el secreto escondido en mi bolsa de sanadora estaba a punto de cambiarlo todo.
PARTE 2
La mañana siguiente descubrí que ya no podía seguir fingiendo que no pasaba nada.
La marca oscura continuaba apareciendo y desapareciendo bajo mi piel.
Sabía que algo estaba mal.
Pero también sabía que decir la verdad significaba volver a quedar bajo el control de alguien más.
Durante tres días observé a Adrienne.
No entró en mi habitación.
No me hizo preguntas incómodas.
No intentó usar su posición para obligarme a confiar en él.
Eso era precisamente lo que más me confundía.
Yo sabía cómo actuaban los hombres con poder.
Siempre querían algo a cambio.
Pero él parecía diferente.
Una noche asistí a una cena en Frostvale.
No quería ir.
Todavía sentía que todos me miraban como la misma persona que había llegado con cadenas.
Pero decidí entrar.
No quería seguir escondiéndome.
Cuando estaba por sentarme, un líder llamado Voss se acercó.
Miró la capa de Adrienne que yo todavía conservaba.
—Curioso. Las costumbres de Frostvale han cambiado mucho.
Sus palabras parecían amables, pero conocía ese tono.
Era el mismo que había escuchado en Iron Ridge.
Antes de que pudiera alejarme, tomó mi muñeca.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.
Me quedé congelada.
Entonces una voz apareció detrás de él.
—Suéltala.
Adrienne no gritó.
No tuvo que hacerlo.
Voss soltó mi mano inmediatamente.
El rey se colocó entre nosotros, pero no me tocó.
Incluso en su enojo recordó mantener distancia.
Ese detalle hizo que algo dentro de mí cambiara.
Mi miedo comenzó a romperse.
Pero justo después ocurrió algo que no esperaba.
Sentí una sensación extraña.
Como si una parte de mí hubiera despertado después de muchos años dormida.
Escuché una palabra dentro de mi mente.
Una palabra que no entendía.
Y cuando miré a Adrienne, su expresión también había cambiado.
Él sabía algo.
Algo que no me había contado.
Esa misma noche decidí marcharme.
No porque odiara Frostvale.
Sino porque por primera vez en mi vida tenía miedo de algo diferente.
Tenía miedo de quedarme.
Antes de salir, recuperé el pequeño tubo metálico escondido en mi bolsa.
Un prisionero de Frostvale me lo había entregado semanas antes.
Me pidió que lo protegiera de Gavin.
Nunca había sabido qué contenía.
Solo sabía que era importante.
Pero no logré llegar muy lejos.
En el corredor escuché voces.
Eran Adrienne y Ethan, su segundo al mando.
Y había alguien más.
Un prisionero de Iron Ridge.
Entonces vi algo brillante en su mano.
Un objeto pequeño.
Una amenaza.
Grité el nombre de Adrienne justo a tiempo.
Pero no fue suficiente.
El atacante logró herirlo antes de que los guardias intervinieran.
Adrienne cayó contra la pared.
Y entonces lo sentí.
El veneno.
Era el mismo que estaba dentro de mí.
No pensé.
Corrí hacia él.
—No te acerques —me dijeron.
Pero yo sabía lo que estaba ocurriendo.
Puse mis manos cerca de la herida y utilicé mi poder de sanadora.
Nunca había sentido algo parecido.
El veneno parecía responder dentro de mí.
La marca oscura volvió a aparecer.
Más fuerte.
Adrienne abrió los ojos y lo primero que hizo no fue preocuparse por él.
Fue preocuparse por mí.
—Detente —dijo—. Te está haciendo daño.
Nadie en Iron Ridge había preguntado nunca cuánto me costaba salvar a otros.
Pero él sí.
Después de estabilizarlo, los médicos descubrieron la verdad.
La sustancia en mi cuerpo había sido colocada antes de llegar a Frostvale.
Recordé entonces la bebida que me dieron antes de la rendición.
La supuesta medicina para calmar mis nervios.
No era medicina.
Era una trampa.
Entonces abrimos el tubo metálico.
Dentro había una orden con el sello de Gavin Mercer.
El documento revelaba algo que cambiaba toda la historia.
La guerra no había comenzado por culpa de Frostvale.
Gavin había enviado a sus propios hombres para provocar el conflicto y después culpar al reino enemigo.
Me había enviado lejos porque pensaba que yo podía tener pruebas.
No era un regalo.
Era una forma de eliminar un problema.
Pero todavía quedaba un secreto.
La extraña conexión entre Adrienne y yo.
Finalmente me explicó la verdad.
Existía un vínculo antiguo que había reconocido a ambos.
Pero cuando pensé que nuevamente alguien intentaría decidir mi destino, Adrienne hizo algo inesperado.
Retrocedió.
—No voy a reclamarte.
Lo miré sorprendida.
—Podrías hacerlo.
—Sí —respondió—. Pero ya te quitaron la posibilidad de elegir una vez. Yo no haré lo mismo.
Al día siguiente Gavin llegó a Frostvale exigiendo que yo regresara.
Decía que la ley estaba de su lado.
Decía que yo pertenecía a Iron Ridge.
Pero esta vez no permanecí en silencio.
Entré al salón del consejo.
Con mis propias manos sostuve las pruebas.
Conté lo ocurrido.
Hablé de los prisioneros que había ayudado.
Hablé del veneno.
Hablé de la verdad.
Y por primera vez, todos escucharon a una Omega sin que nadie hablara por ella.
Los prisioneros confirmaron mi historia.
El documento fue verificado.
La mentira de Gavin cayó frente a todos.
Pero lo más importante no fue verlo perder su poder.
Fue darme cuenta de algo.
Durante años pensé que mi valor dependía de que alguien me eligiera.
Ahora entendía que mi valor siempre había estado conmigo.
Adrienne me dijo que podía marcharme.
Que ya nadie podía obligarme a quedarme.
La libertad que había soñado finalmente estaba frente a mí.
Lo miré.
El hombre que pudo haberme tomado todo decidió devolverme algo que nunca debieron quitarme.
Mi elección.
Di un paso hacia él.
—Primero me elijo a mí misma.
Adrienne sonrió.
—Bien.
Y solo después de eso, cuando ya no era una obligación ni una orden, tomé su mano.
Porque por primera vez en mi vida no estaba siendo entregada.
Estaba eligiendo.
Meses después, las antiguas leyes cambiaron.
Nadie volvería a ser usado como moneda de guerra.
Y cada vez que veía las marcas que alguna vez estuvieron en mis muñecas, recordaba algo importante:
La verdadera fuerza no está en controlar a otros.
Está en tener poder y aun así decidir proteger su libertad.