El rey Alfa ordena a su joven sirviente que se desnude, y entonces descubre que su pareja ha desaparecido.

El rey Alfa ordena a su joven sirviente que se desnude, y entonces descubre que su pareja ha desaparecido.

PARTE 1

Durante un año entero, el muchacho encargado de limpiar las chimeneas del castillo evitó mirar al Rey Alfa a los ojos.

Todos lo conocían como Ross.

Era flaco, casi nunca hablaba y siempre olía a jabón amargo y hierbas fuertes.

Lo que nadie sabía era que Ross no era un muchacho… y que el rey llevaba cinco años creyendo que esa persona estaba muerta.

La fortaleza de Ironhold permanecía rodeada de nieve durante casi todo el invierno.

Su gobernante, el rey Gideón, parecía haberse convertido en parte de aquel paisaje.

Frío.

Distante.

Imposible de acercar.

Cinco años atrás había encontrado los restos de un carruaje atacado en el paso de White Pine.

Dentro viajaba Rosalinda, la mujer que su lobo había reconocido como su compañera destinada apenas semanas antes.

Gideón nunca encontró su cuerpo.

Pero había sangre, madera destrozada y suficientes señales para convencerlo de que ella no había sobrevivido.

Desde aquella noche cambió por completo.

Rosalinda, sin embargo, seguía viva.

Había escapado del ataque lanzándose al río que atravesaba el desfiladero. Pasó días enferma y durante meses apenas pudo recuperar fuerzas.

Pero antes de escapar escuchó algo mucho más peligroso que cualquier amenaza.

Los hombres que atacaron su carruaje no trabajaban realmente para el enemigo al que todos culpaban.

El responsable estaba dentro del propio reino.

Lord Cedric.

El tío de Gideón.

Su consejero más cercano.

Rosalinda sabía que presentarse ante el rey sin pruebas podía terminar muy mal.

Cedric controlaba guardias, funcionarios y parte del consejo.

Así que hizo algo desesperado.

Se cortó el cabello.

Ocultó su cuerpo bajo ropa demasiado grande.

Cubrió su rostro con ceniza.

Y comenzó a utilizar una planta de olor intenso que prácticamente ocultaba su aroma natural.

Un año antes había conseguido entrar en Ironhold fingiendo ser un joven sirviente mudo.

Desde entonces vivía a pocos pasillos del hombre que alguna vez había prometido protegerla.

La situación cambió cuando llegó Lady Vivienne.

Cedric llevaba meses insistiendo en que Gideón debía casarse con ella para formar una alianza con otro territorio.

Vivienne llegó al castillo acompañada de decenas de guardias y tantos sirvientes que Ironhold parecía prepararse para una coronación.

Ese mismo día, el criado personal del rey fue descubierto robando.

El administrador necesitaba un reemplazo.

Y eligió a Ross.

Rosalinda sintió que el mundo se le venía encima.

A partir de entonces tenía que entrar todas las mañanas en la habitación de Gideón.

Encender el fuego.

Preparar su ropa.

Ordenar sus pertenencias.

Y mantenerse a pocos metros de él.

Durante los primeros días funcionó.

Gideón apenas miraba al pequeño sirviente.

Pero algo comenzó a cambiar.

Su lobo, silencioso desde hacía cinco años, empezó a inquietarse.

El rey dormía peor.

Se irritaba sin motivo.

Y cada vez que Ross entraba en una habitación, sentía una sensación inexplicable que desaparecía cuando el sirviente se marchaba.

Cedric también empezó a observar.

Uno de sus hombres descubrió que Ross salía algunas noches hacia los jardines.

No sabía que Rosalinda iba allí para recoger las hierbas que necesitaba para ocultar su aroma.

Cedric vio una oportunidad.

Una tarde se acercó a Gideón con una advertencia.

Le aseguró que el nuevo sirviente podía ser un espía.

Incluso afirmó que escondía bajo la ropa una marca relacionada con los enemigos responsables del ataque de White Pine.

Gideón reaccionó inmediatamente.

Aquella noche una tormenta golpeó la fortaleza.

Rosalinda estaba limpiando cerca de la chimenea cuando las puertas se abrieron.

Gideón entró empapado.

Ordenó a sus guardias quedarse afuera.

Después cerró la puerta.

Rosalinda sintió que le faltaba el aire.

El rey se acercó.

—Me dicen que ocultas algo.

Ella bajó la cabeza.

—También dicen que llevas una marca bajo la ropa.

Rosalinda retrocedió.

No podía permitir que la viera.

Porque aquella marca no pertenecía a ningún enemigo.

Era una pequeña luna creciente cerca de su clavícula.

La misma que Gideón había visto años atrás en su compañera.

—Muéstramela.

Rosalinda negó con la cabeza.

Gideón volvió a pedírselo.

Ella siguió sin moverse.

Entonces, después de un año fingiendo que no podía hablar, dejó escapar una sola palabra:

—No.

Gideón se quedó inmóvil.

Aquella voz no era la de un muchacho.

Rosalinda comprendió que ya no podía seguir escondiéndose.

Con las manos temblando, se quitó la vieja túnica.

El rey retrocedió sorprendido.

Ross nunca había sido un hombre.

Y cuando parte del aroma amargo de las hierbas desapareció de su piel, algo familiar llenó lentamente la habitación.

Gideón dejó de respirar.

Sus ojos bajaron hasta la pequeña luna creciente en la clavícula de aquella mujer.

La misma marca.

El mismo aroma que había perseguido en sus sueños durante cinco años.

Levantó la mirada hacia ella.

—Rosalinda…

PARTE 2

Rosalinda sintió que las piernas dejaban de sostenerla.

Por primera vez en años, Gideón pronunció su verdadero nombre.

El rey avanzó un paso, pero se detuvo inmediatamente al verla retroceder.

Toda la furia que había llevado consigo al entrar en la habitación desapareció.

—Creí que te había perdido.

Rosalinda apenas podía mirarlo.

Había imaginado aquella conversación cientos de veces.

Nunca había pensado que sucedería así.

Gideón volvió a percibir su aroma.

Ya no tenía dudas.

La conexión que había permanecido dormida durante cinco años regresó con tanta fuerza que ambos sintieron aquel reconocimiento imposible de explicar.

Pero Rosalinda levantó una mano.

—No podemos celebrar todavía.

Gideón frunció el ceño.

—¿Por qué te escondiste de mí?

Ella miró hacia la puerta cerrada.

—Porque la persona que ordenó atacar mi carruaje vive dentro de esta fortaleza.

El rostro de Gideón cambió.

—¿Quién?

Rosalinda tardó unos segundos en responder.

—Cedric.

El rey negó con la cabeza casi por instinto.

Cedric era hermano de su padre.

Había estado a su lado desde que era niño.

Había dirigido reuniones, organizado alianzas y lo había consolado después de la supuesta pérdida de Rosalinda.

Pero ella le contó lo que había escuchado aquella noche.

Los atacantes hablaban del pago.

De una boda que debía celebrarse.

Y del problema que representaba una compañera nacida fuera de las grandes familias.

Gideón comenzó a caminar hacia la puerta.

Rosalinda lo detuvo.

—Si lo acusas ahora, lo negará.

—Estás viva. Eso basta.

—No.

Ella sabía algo que él no.

Vivienne había llegado acompañada por demasiados hombres armados para tratarse solamente de una visita.

Además, durante cinco años Cedric había colocado personas leales a él en posiciones importantes.

Si Gideón reaccionaba impulsivamente, Cedric podía presentarlo ante el consejo como un rey dominado por el dolor y la confusión.

Rosalinda necesitaba que el traidor se descubriera solo.

Durante las siguientes cuarenta y ocho horas, el castillo creyó que Ross había sido arrestado.

Gideón anunció que el supuesto sirviente era un espía y que permanecería encerrado.

Cedric recibió la noticia con demasiada satisfacción.

Aquello confirmó aún más las sospechas.

Mientras tanto, Rosalinda permanecía oculta en una habitación privada.

Un médico de absoluta confianza trató las irritaciones que las hierbas habían provocado en su piel.

Por primera vez en mucho tiempo pudo bañarse sin cubrirse inmediatamente de ceniza.

Y Gideón empezó a preparar una trampa.

En la cena anterior al solsticio hizo un anuncio ante toda la corte.

—Mañana presentaré a la mujer que ocupará mi lado.

Vivienne sonrió.

Cedric también.

Los dos parecieron convencidos de que finalmente habían ganado.

La noche siguiente el gran salón estaba lleno.

Vivienne apareció con un vestido dorado y una pequeña tiara sobre el cabello, como si ya hubiera decidido el resultado.

Cedric esperaba junto a la escalera principal.

Gideón apareció solo.

El salón quedó en silencio.

Durante cinco años, explicó, todos habían creído una versión de lo ocurrido en White Pine.

Una versión que él también había aceptado.

Cedric comenzó a ponerse nervioso.

Entonces Gideón dijo:

—Pero algunas personas pueden ocultar una mentira durante años. No para siempre.

Las cortinas situadas detrás de él se abrieron.

Rosalinda apareció.

Ya no llevaba ceniza.

No había ropa de sirviente.

Su cabello dorado estaba arreglado y vestía azul oscuro.

Lo más importante era algo que ningún lobo presente podía ignorar.

Su verdadero aroma.

Un murmullo recorrió la sala.

Vivienne dejó caer su copa.

Cedric perdió el color del rostro.

—Eso es imposible.

Rosalinda bajó lentamente los escalones.

—¿Imposible que sobreviviera?

Cedric comprendió demasiado tarde su error.

Ella nunca había dicho todavía de qué había sobrevivido.

Gideón lo observó.

—Curiosa elección de palabras.

Cedric empezó a mirar hacia los hombres de Vivienne.

Varios llevaron instintivamente las manos hacia sus armas.

Pero los soldados leales al rey ya rodeaban el salón.

Rosalinda continuó hablando.

Recordó detalles del ataque que jamás habían aparecido en los informes oficiales.

El lugar exacto donde el carruaje fue obligado a detenerse.

La frase que uno de los hombres pronunció creyendo que ella ya no podía escucharlo.

Y un nombre.

El de Cedric.

Uno de los guardias contratados años atrás también había sido localizado.

Había aceptado declarar a cambio de protección.

Ya no quedaba una sola acusación.

Había pruebas.

Cedric miró a Gideón y comprendió que todo había terminado.

Intentó defender sus acciones diciendo que Rosalinda, una mujer sin una familia poderosa detrás, habría debilitado las alianzas del reino.

Él había querido que Gideón se casara con Vivienne.

Así tendría apoyo militar y político.

Pero para lograrlo primero necesitaba quitar del camino a la compañera que el destino había elegido.

Gideón permaneció en silencio.

No hubo una escena brutal.

No hacía falta.

Ordenó que Cedric fuera detenido y juzgado por el consejo real delante de representantes de todos los territorios.

Vivienne y sus hombres fueron escoltados fuera de Ironhold hasta que se determinara cuánto sabían realmente.

Cuando finalmente el salón volvió a estar en calma, Rosalinda miró a Gideón.

Ella esperaba que el rey la presentara inmediatamente como reina.

No ocurrió.

Gideón bajó hasta quedar frente a ella.

—Hace cinco años el destino decidió algo por nosotros.

Rosalinda lo observó.

—Pero tú ya has vivido demasiado tiempo escondiéndote porque otros hombres decidieron qué debía ocurrir con tu vida.

Él extendió la mano.

—Así que esta vez eliges tú.

Nadie habló.

Rosalinda recordó el río.

La fiebre.

Las noches durmiendo junto a los establos.

Las veces que había visto a Gideón pasar a pocos metros sin poder decir su nombre.

Después miró su mano.

Y la tomó.

No porque fuera rey.

Ni siquiera porque fueran compañeros destinados.

La tomó porque, cuando finalmente descubrió la verdad, Gideón no intentó convertir aquel vínculo en otra prisión.

Meses después Rosalinda aceptó ocupar su lugar a su lado.

Ironhold cambió lentamente.

Ella conocía demasiado bien cómo vivían los trabajadores invisibles del castillo para olvidarlos después de ponerse una corona.

Gareth, el administrador que un año antes había dado trabajo a un supuesto muchacho hambriento, casi se desmayó cuando descubrió quién había estado limpiando sus establos.

Rosalinda nunca permitió que nadie se burlara de él.

Al contrario.

—Si tú no hubieras dejado entrar a Ross —le dijo—, quizá Rosalinda nunca habría conseguido regresar.

Años después, los habitantes del norte seguían contando la historia del Rey Alfa que pasó meses caminando junto a su compañera sin reconocerla.

Pero Rosalinda siempre decía que aquella no era la parte más increíble.

Lo increíble era que había pasado cinco años escondiéndose de un enemigo poderoso…

y al final descubrió que el lugar más seguro para esconderse había sido justo debajo de sus ojos.

 

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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