El Rey Alfa liberaba a todos, hasta que se detuvo frente a su celda
El Rey Alfa liberaba a todos, hasta que se detuvo frente a su celda

PARTE 1
Siete años en la oscuridad pueden convertir a una persona en algo irreconocible.
Celine Boss lo sabía mejor que nadie.
Durante siete años había vivido encadenada en las profundidades de Black Hollow, condenada por el asesinato de la Luna Maren, una mujer a la que juraba no haber tocado. Para el reino, Celine era una asesina. Para los guardias, un monstruo. Para ella misma, solo quedaba una verdad que repetía cada noche para no perder la razón:
Yo no la maté.
Aquella noche, algo cambió.
Los gritos de la prisión desaparecieron de repente.
Celine se incorporó sobre la losa de piedra que utilizaba como cama. Escuchó pasos apresurados, órdenes confusas y hombres huyendo por los corredores.
Luego llegaron los sonidos imposibles.
Cerraduras abriéndose.
Una tras otra.
Los prisioneros comenzaron a salir de sus celdas.
—¡Somos libres! —gritó alguien.
Celine corrió hacia la pequeña abertura de su puerta.
—¡Oye! ¿Qué está pasando?
Un preso se detuvo.
—La rebelión llegó a la capital. Los guardias huyeron.
Celine miró su propia puerta.
Seguía cerrada.
—La mía no se abrió.
El hombre acercó el rostro a los barrotes y la reconoció.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Tú eres Celine Boss.
Retrocedió.
—La asesina de la Luna.
—Yo no maté a nadie.
Pero ya estaba corriendo.
Uno tras otro, todos abandonaron Black Hollow.
Todos excepto ella.
Celine volvió a sentarse.
Claro.
Incluso cuando el reino se derrumbaba, alguien había recordado asegurarse de que ella permaneciera enterrada.
Pasó un tiempo imposible de medir hasta que escuchó nuevos pasos.
Esta vez no eran pasos de alguien huyendo.
Eran lentos.
Firmes.
Deliberados.
Una antorcha apareció frente a la celda.
Tras ella surgió un hombre alto vestido de negro, de hombros anchos y ojos gris pálido.
Celine lo reconoció inmediatamente.
Todo el norte conocía aquel rostro.
Cael Draven.
El rey Alpha.
—Celine Boss —dijo él.
Ella permaneció inmóvil.
—Siete años por un asesinato que no cometiste.
Celine soltó una risa amarga.
—Es extraño escuchar eso de un rey.
—Leí las transcripciones de tu juicio tres veces. No hubo testigos. No hubo pruebas físicas claras. Solo encontraron a la Luna muerta y un cuchillo que llevaba tu olor.
—Felicidades. Sabes leer.
Cael ignoró la provocación.
Sacó un manojo de llaves.
—Todas las puertas de esta prisión se abrieron durante la rebelión.
—Excepto la mía.
—Exactamente.
Introdujo una llave en la cerradura.
Celine se puso de pie.
—¿Viniste a ejecutarme personalmente?
—Vine a sacarte de aquí.
La cerradura cedió.
Después de siete años, la puerta se abrió con un simple clic.
Celine no se movió.
—¿Por qué?
Cael sacó un pergamino y lo desplegó frente a ella.
En el papel había un símbolo: una cabeza de lobo partida en dos, coronada por una luna creciente.
El corazón de Celine dio un golpe brutal.
Conocía esa marca.
La llevaba quemada en el hombro desde la noche de su arresto.
—¿Dónde conseguiste eso? —preguntó.
—En varios territorios atacados durante los últimos meses.
Cael guardó el pergamino.
—Aparece donde desaparecen personas. Donde aldeas enteras son destruidas. Y también aparece en los documentos secretos de tu condena.
Celine sintió que el aire se volvía frío.
—¿Qué quieres de mí?
—La verdad sobre la noche en que murió Maren.
—Ya se la dije al tribunal.
—El tribunal quería condenarte. Yo quiero saber por qué.
Cael abrió completamente la puerta y se apartó.
—Alguien se aseguró de que tu celda permaneciera cerrada incluso cuando todas las demás se abrieron.
Sus ojos grises se clavaron en los de ella.
—Eso significa que, después de siete años, alguien todavía tiene miedo de que Celine Boss salga con vida de Black Hollow.
Y entonces añadió:
—Quiero descubrir quién.
PARTE 2
Celine miró el pasillo abierto.
Durante siete años había soñado con atravesar aquella puerta.
Ahora que podía hacerlo, sus piernas no parecían recordar cómo era ser libre.
—Si voy contigo —dijo—, no soy tu prisionera.
Cael sacó un pequeño cuchillo y se lo ofreció con el mango hacia ella.
—Entonces no salgas como una.
Después le quitó las cadenas.
El metal cayó al suelo.
Celine se frotó las cicatrices de las muñecas y tomó el cuchillo.
Aquella fue la primera decisión libre que había tomado en siete años.
Siguió al rey.
Cuando atravesaron Black Hollow, encontraron a un anciano demasiado débil para escapar. Cael continuó caminando, pero Celine se detuvo y ayudó al hombre a levantarse.
—¿Qué haces? —preguntó el rey.
—Sobrevivir.
—Podrías dejarlo.
Celine sostuvo al anciano con más fuerza.
—Durante siete años todos hicieron exactamente eso conmigo.
Cael no respondió.
Simplemente esperó.
Cuando finalmente salieron al exterior, Celine vio el cielo.
Se quedó completamente quieta.
Estrellas.
Había olvidado cómo eran.
Respiró aire frío hasta que le dolieron los pulmones.
Y por primera vez en siete años no contó sus respiraciones.
Durante los días siguientes, Cael la llevó hasta una casa fortificada en las montañas. Allí la alimentó, curó sus heridas y comenzó a interrogarla.
Celine le contó todo.
La noche del asesinato había sido una guardia de bajo rango asignada al corredor sur de los aposentos de Luna Maren. Escuchó un grito y corrió hacia allí.
Encontró a Maren muerta.
El cuchillo estaba junto al cuerpo.
Cuando llegaron los demás guardias, el arma llevaba el olor de Celine.
—Alguien lo puso allí —dijo ella—. Alguien sabía exactamente cómo incriminarme.
También recordó algo más.
Antes de escuchar el grito había visto documentos sobre una mesa.
Investigaciones.
Nombres de niños desaparecidos.
Diagramas relacionados con antiguos linajes de lobos.
Y un nombre.
Doctor Elias Corvin.
Cael se puso rígido.
Corvin había sido médico de la corte. Oficialmente había muerto años atrás en un incendio.
Cael no lo creyó ni por un segundo.
Poco después encontraron una aldea destruida.
En el centro estaba grabado nuevamente el símbolo del lobo y la luna.
Y aquella noche fueron atacados.
No por soldados normales.
Por criaturas deformadas que parecían lobos, pero que habían sido alteradas de alguna forma para volverlas más grandes, rápidas y violentas.
Celine luchó junto a Cael.
Siete años de prisión habían debilitado su cuerpo, pero no habían borrado lo aprendido durante la guerra.
Sobrevivieron por poco.
Fue entonces cuando comprendieron la verdad.
Corvin había estado experimentando con niños pertenecientes a antiguos linajes.
Maren lo había descubierto.
Por eso había muerto.
Y Celine había sido utilizada como chivo expiatorio.
Pero todavía faltaba responder una pregunta:
¿Por qué mantenerla viva?
Regresaron en secreto a la capital y enfrentaron al Consejo Real.
Cael acusó a sus miembros de haber ocultado los experimentos.
El líder del consejo, Theron, negó todo.
Hasta que uno de los consejeros cometió un error.
Mencionó que el símbolo estaba relacionado con una antigua familia conocida como los Luna Alpha.
Celine sintió que algo dentro de ella se estremecía.
El linaje Luna Alpha había desaparecido siglos atrás. Según las historias, sus miembros poseían una capacidad extraordinaria para influir sobre otros lobos.
También tenían un derecho antiguo al liderazgo.
Un derecho capaz de desafiar incluso a la familia Draven.
Theron comprendió demasiado tarde cuánto había revelado.
Ordenó arrestar a Cael.
El rey y Celine escaparon a través de pasadizos bajo el palacio.
En las catacumbas encontraron finalmente al hombre que había destruido la vida de Celine.
Elias Corvin estaba vivo.
Y no estaba solo.
A su alrededor había jóvenes alterados por sus experimentos.
—He querido conocerte durante siete años —le dijo Corvin a Celine.
Ella sintió que la sangre se le congelaba.
—Tú mataste a Maren.
Corvin sonrió.
—Se estaba acercando demasiado a la verdad.
—Y me incriminaste.
—Eras perfecta. Una guardia sin familia. Nadie importante iba a hacer preguntas.
Entonces apareció Theron con mercenarios.
Y reveló la pieza que faltaba.
Había ordenado que Celine permaneciera viva porque sabía que ella era diferente.
Su encarcelamiento no había sido simplemente un castigo.
La marca de su hombro era un sello.
Algo destinado a mantener dormida una parte de ella.
Celine y Cael apenas consiguieron escapar. Una explosión los lanzó a las aguas de las alcantarillas y Cael perdió el conocimiento.
Celine pudo haberlo abandonado.
El rey era un hombre que pertenecía al sistema que la había destruido.
Pero lo agarró.
Nadó contra la corriente.
Lo arrastró hasta una plataforma y consiguió que respirara nuevamente.
Cuando Cael abrió los ojos, la miró sorprendido.
—Me salvaste.
Celine se dejó caer exhausta junto a él.
—No me sirves de nada muerto.
Por primera vez, Cael sonrió de verdad.
Desaparecieron durante varios días y permitieron que Theron anunciara al reino que ambos habían muerto.
En un antiguo refugio, Cael examinó la marca de Celine.
—Creo que puedo romper el sello.
—¿Y qué ocurrirá?
—No lo sé.
Celine pensó en Black Hollow.
En siete años preguntándose por qué había sido elegida.
—Hazlo.
Cuando el sello desapareció, el mundo cambió.
Celine podía sentir a los lobos a kilómetros de distancia.
No solo escucharlos.
Sentirlos.
Sus emociones.
Sus jerarquías.
Sus vínculos.
Intentó concentrarse en uno.
“Ven.”
Un lobo salvaje apareció poco después en el claro y se sentó obedientemente frente a ella.
Cael quedó inmóvil.
—Eres Luna Alpha.
Celine miró al animal.
Comprendió finalmente por qué la habían mantenido viva.
Corvin no quería matarla.
Quería utilizarla.
El Consejo necesitaba su sangre para perfeccionar soldados capaces de obedecer órdenes absolutas.
Celine liberó inmediatamente al lobo.
—No voy a convertir a nadie en esclavo.
Cael la observó.
—Ese poder podría darnos el reino.
Ella lo miró con frialdad.
—Pasé siete años siendo propiedad de otros. Prefiero perder antes que hacer lo mismo.
Algo cambió en los ojos del rey.
Respeto.
Quizá algo más.
Poco después, Riker, uno de los soldados leales a Cael, apareció gravemente herido.
Traía una noticia.
Theron planeaba aprovechar la Reunión de la Luna de Sangre, donde cientos de líderes de manada se reunirían, para eliminar a quienes pudieran oponerse al Consejo y culpar del ataque a la rebelión.
Tenían pocos días.
Celine, Cael y Riker regresaron clandestinamente al palacio.
Entraron en el antiguo laboratorio de Corvin.
Y allí encontraron la prueba que necesitaban.
Jaulas.
Documentos.
Registros.
Y decenas de niños utilizados en experimentos.
Corvin estaba preparando a una niña cuando Celine irrumpió.
—Se suponía que estabas muerta —dijo él.
Celine levantó el cuchillo.
—Hoy todos están teniendo sorpresas.
Mientras Riker liberaba a los niños, Cael mantuvo ocupados a los guardias.
Celine pudo sentir a todas las criaturas alteradas del complejo.
Podía obligarlas a obedecerla.
Pero no lo hizo.
En vez de ordenarles atacar, abrió sus mentes a algo que muchos jamás habían conocido.
Elección.
—No tienen que obedecerlo —les dijo—. Ni a él. Ni a mí.
Las criaturas se volvieron contra sus propios captores.
Corvin intentó huir, pero fue detenido.
Los documentos de su laboratorio demostraban años de experimentos, secuestros y acuerdos secretos con miembros del Consejo.
Esta vez Theron no podía enterrarlo.
Durante la Reunión de la Luna de Sangre, Cael apareció frente a todos los Alpha cuando el reino ya lo creía muerto.
A su lado caminaba Celine Boss.
La mujer que durante siete años habían llamado asesina.
Theron intentó declarar que todo era una mentira.
Entonces llevaron a Corvin.
Después aparecieron los niños supervivientes.
Riker presentó los registros.
Y finalmente el propio Corvin, intentando salvarse, confirmó que Theron había ordenado encubrir la muerte de Maren.
El reino conoció la verdad.
Celine no había asesinado a Luna Maren.
Había sido condenada deliberadamente para silenciar una investigación.
Theron perdió el apoyo de las manadas.
El Consejo cayó.
Pero cuando llegó el momento de decidir qué hacer con quienes la habían condenado, todos esperaban que Celine pidiera venganza.
No lo hizo.
—Quiero juicios —dijo—. Públicos. Con pruebas. Con derecho a defenderse.
Cael la miró sorprendido.
—Ellos no te dieron eso.
—Precisamente.
Celine observó a Theron.
—Si hago con ellos lo que hicieron conmigo, entonces Black Hollow ganó.
Aquella decisión cambió el reino más que cualquier batalla.
Black Hollow fue clausurada.
Los prisioneros fueron revisados uno por uno.
Los niños de Corvin recibieron tratamiento y protección.
Las antiguas estructuras del Consejo fueron desmanteladas.
Y la Reunión de la Luna de Sangre dejó de ser un lugar donde los poderosos dictaban sentencias. Se convirtió en un foro donde cualquiera podía presentar una injusticia sin miedo.
Tiempo después, Celine estaba sobre una plataforma junto a Cael.
Él ya no llevaba corona.
—La gente no sabe cómo llamarte —le dijo—. Ya no eres guardia. Ya no eres prisionera. Y llamarte simplemente superviviente parece demasiado poco.
—¿Qué propones?
Cael sostuvo su mirada.
—Mi reina.
Celine parpadeó.
—¿Eso fue una propuesta?
—Más o menos.
—Entonces hazlo correctamente.
Ante miles de personas, el rey Alpha Cael Draven se arrodilló.
—Celine Boss, me salvaste cuando pudiste dejarme morir. Salvaste a niños a quienes nunca habías conocido. Cuando tuviste poder para dominar, elegiste liberar. Y cuando pudiste vengarte, elegiste justicia.
Tomó su mano.
—No quiero a alguien detrás de mi trono. Quiero a alguien a mi lado. ¿Gobernarás conmigo?
Celine pensó en aquella celda.
En la mujer que contaba respiraciones para recordar que seguía viva.
En el nombre “monstruo” pronunciado tantas veces que casi había terminado creyéndolo.
Y miró al hombre arrodillado frente a ella.
—Sí.
Un año después, Celine regresó a Black Hollow.
La prisión ya no existía.
En sus ruinas habían construido un jardín.
En el centro había una piedra con los nombres de quienes habían sufrido allí.
Celine encontró el suyo.
Celine Boss. Condenada injustamente. Sobrevivió siete años. Demostró su inocencia.
Pasó los dedos sobre las palabras.
—Lo lograste —susurró a la mujer que había sido—. Sobreviviste.
Escuchó pasos detrás.
Era Cael.
No preguntó qué estaba pensando.
Simplemente se colocó a su lado y tomó su mano.
Celine contempló las flores creciendo donde antes solo había piedra y oscuridad.
El dolor no había desaparecido.
Probablemente nunca desaparecería por completo.
Pero ya no controlaba su vida.
Habían intentado convertirla en monstruo.
Habían intentado convertirla en arma.
Habían intentado enterrarla viva para proteger una mentira.
Y, aun así, había salido de Black Hollow no como aquello que sus enemigos temían…
sino como la reina que aquel reino necesitaba.
Esa noche, desde el balcón del palacio, Celine contempló las estrellas junto a Cael.
Durante siete años había contado respiraciones.
Ahora tenía algo diferente que contar.
Los días que llevaba siendo libre.
Y por primera vez, sintió que serían muchos.