El Rey Alfa esperaba que su ex-Luna suplicara en su boda; ella llegó embarazada junto al Rey Licántropo.

El Rey Alfa esperaba que su ex-Luna suplicara en su boda; ella llegó embarazada junto al Rey Licántropo.

Parte 1

Durante años pensé que mi vida no tenía ningún valor.

Mi nombre era Elara, pero en Thorn Reach nadie me veía como una persona. Para ellos yo era la chica que limpiaba los salones, doblaba las telas y desaparecía entre las sombras del castillo. Desde que era una niña había aprendido a caminar en silencio, a no llamar la atención y a aceptar cualquier orden sin preguntar.

Pero aquella noche todo cambió.

Me encontraba arrodillada en el gran salón del castillo, con cadenas de hierro alrededor de mis muñecas y tobillos. El frío de la piedra atravesaba mis rodillas mientras los estandartes de la coronación ondeaban sobre mi cabeza.

Al día siguiente, Kyle Dravitzka sería coronado como el nuevo Rey Alfa de los Territorios del Norte.

Y yo era la pieza que los ancianos querían destruir para completar su ceremonia.

Según las antiguas leyes, si el destino había unido al futuro rey con una compañera, esa unión debía romperse públicamente antes de que él pudiera recibir la corona. Querían que Kyle me mirara frente a todos y rechazara nuestro vínculo.

Querían demostrar que el futuro rey era lo bastante fuerte para abandonar aquello que la diosa había elegido.

Lo que nadie sabía era que yo no entendía por qué mi cuerpo reaccionaba de una manera extraña desde que llegué al salón.

Durante años me habían dicho que no tenía lobo. Que mi sangre era insignificante. Que no pertenecía a ningún linaje importante.

Pero cuando las enormes puertas del salón se abrieron y una nueva presencia entró en la habitación, todo mi cuerpo se quedó inmóvil.

Un aroma desconocido llenó el aire.

Cedro blanco. Humo de madera. Algo poderoso que parecía anunciar una tormenta.

Y dentro de mí, algo que llevaba dormido veintitrés años abrió los ojos.

Mi lobo.

El mismo lobo que todos aseguraban que no existía.

Intenté controlar la respiración mientras escuchaba sus pasos acercarse. No quería levantar la mirada. Sabía que si nuestros ojos se encontraban, algo cambiaría para siempre.

Pero él se detuvo frente a mí.

—¿Por qué estás encadenada? —preguntó.

Su voz era profunda, diferente a cualquier voz que hubiera escuchado antes. No sonaba como alguien acostumbrado a ordenar por crueldad. Sonaba como alguien que acababa de descubrir una injusticia que no podía aceptar.

Finalmente levanté la mirada.

Kyle Dravitzka no era como imaginaba.

No llevaba una corona. No vestía ropas elegantes. Tenía barro en sus botas, una cicatriz en el rostro y una mirada que parecía ver mucho más allá de mi apariencia.

Sus ojos se detuvieron en mis heridas.

En las marcas de las cadenas.

En años enteros de sufrimiento que yo había aprendido a esconder.

Entonces tomó el hierro entre sus manos.

Por un instante pensé que intentaría comprobar la fuerza de las cadenas.

Pero cuando sus dedos tocaron el metal, su expresión cambió.

La furia apareció en su rostro.

No era una furia contra mí.

Era contra quienes habían hecho aquello.

—¿Quién te puso esto? —preguntó en voz baja.

No pude responder inmediatamente.

Porque en ese momento comprendí algo aterrador.

El hombre que debía rechazarme frente a todo el reino estaba sintiendo exactamente lo mismo que yo.

El vínculo.

La conexión que la ceremonia debía destruir.

Kyle me miró como si acabara de encontrar algo que había estado buscando toda su vida.

Y entonces pronunció mi nombre.

—Elara…

La forma en que lo dijo hizo que mi corazón se detuviera.

Como si mi nombre fuera algo precioso.

Como si nunca antes hubiera pertenecido a nadie hasta ese momento.

Pero antes de que pudiera entender lo que ocurría, él se levantó lentamente y miró las cadenas una vez más.

Su expresión se volvió peligrosa.

—¿Quién te dijo que esta ceremonia debía realizarse? —preguntó.

Tragué saliva.

—El magistrado Orin.

El silencio que siguió fue diferente.

Porque por primera vez vi algo en los ojos del futuro rey.

No era duda.

Era sospecha.

Y entonces Kyle dio un paso atrás, como si acabara de descubrir que la coronación no era el único secreto escondido en Thorn Reach.

Parte 2

Kyle permaneció en silencio durante varios segundos.

Yo había visto muchas expresiones en las personas poderosas del castillo: desprecio, indiferencia, arrogancia.

Pero nunca había visto algo parecido a lo que apareció en su rostro.

Era la expresión de alguien que acababa de descubrir que había sido engañado.

—Orin te dijo que esta era la ley antigua —murmuró.

Asentí lentamente.

—Me dijo que mi único propósito era ayudarte a convertirte en rey.

Kyle cerró los ojos por un instante.

Cuando volvió a abrirlos, la calma había desaparecido.

—Una ley que obliga a un rey a rechazar el vínculo elegido por la diosa no es una ley que merezca obediencia.

Sus palabras me dejaron sin respuesta.

Porque nadie había hablado así por mí.

Nunca.

Toda mi vida había escuchado que debía aceptar mi lugar. Que debía agradecer cualquier pequeña muestra de compasión. Que una chica como yo no podía esperar nada más.

Pero Kyle me miraba como si yo fuera algo importante.

Como si mi existencia tuviera un significado que yo misma desconocía.

Esa noche regresó con comida y medicina para mis heridas.

No entendía por qué un hombre que tenía un reino esperando por él estaba sentado frente a mí, sosteniendo una taza para que pudiera beber porque mis manos seguían atrapadas por las cadenas.

Mientras curaba mis heridas, habló en voz baja.

—Hablé con los ancianos.

Mi corazón se detuvo.

—¿Y qué dijeron?

—Me dieron hasta el amanecer para aceptar la ceremonia.

Bajé la mirada.

Sabía lo que eso significaba.

Si Kyle no aceptaba la coronación, otros lucharían por el poder. El reino podía quedar dividido.

—Entonces debes hacerlo —susurré.

Él me miró confundido.

—¿Qué?

—Debes rechazarme. Debes tomar la corona.

Una tristeza extraña apareció en sus ojos.

—¿De verdad crees que no vales nada?

No respondí.

Porque durante veintitrés años esa había sido la única verdad que había conocido.

Kyle tomó mi mano con cuidado.

—Elara, alguien pasó años intentando convencerte de que eras insignificante.

Sus ojos bajaron hacia las marcas de las cadenas.

—Y ahora entiendo por qué.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué quieres decir?

Él observó las heridas provocadas por el metal con plata.

—La plata no afecta a alguien sin lobo.

El silencio llenó el salón.

Mi respiración se volvió irregular.

Porque yo también lo sabía.

Durante años había tenido sueños extraños.

Soñaba con nieve.

Con correr sobre cuatro patas bajo la luna.

Con una criatura blanca dentro de mí que esperaba despertar.

Kyle se quedó inmóvil.

—Dime la verdad, Elara. ¿Alguna vez sentiste que algo dentro de ti estaba esperando?

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

Por primera vez en mi vida, no sentí miedo de decirlo.

—Sí.

Una palabra.

Solo una palabra.

Pero cambió todo.

Kyle comprendió entonces que la historia que todos conocían era falsa.

Yo no era una sirvienta sin linaje.

Alguien había ocultado mi sangre.

Alguien había borrado mi identidad.

Y cuando comenzó a investigar mi pasado, descubrió un nombre que llevaba décadas desaparecido.

La antigua familia Veilenor.

La línea del Lobo Blanco.

Un linaje que, según las antiguas leyendas, podía unir territorios enemigos y cambiar el destino de todo el reino.

Yo había pasado mi vida creyendo que era nadie.

Pero la verdad era mucho más peligrosa.

Alguien había intentado esconderme porque sabía exactamente quién era.

Y mientras Kyle buscaba respuestas antes del amanecer, una última puerta del salón se abrió.

No era Orin.

No era un guardia.

Era uno de los ancianos que había participado en mi prueba de sangre cuando era niña.

Y al verme, su rostro perdió todo color.

Porque él sabía algo que nadie más sabía.

Sabía quién era realmente Elara.

Y sabía que mi despertar podía destruir los secretos que habían protegido durante veintitrés años.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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