El Rey Alfa encontró a una sirvienta dormida junto a una loba embarazada… y descubrió una traición dentro de su castillo
El Rey Alfa encontró a una sirvienta dormida junto a una loba embarazada… y descubrió una traición dentro de su castillo

PARTE 1
El rey Cedric regresó de la guerra buscando unas horas de paz.
En cambio, encontró a una joven sirvienta dormida sobre el heno y protegida por una enorme loba embarazada.
Cuando reconoció al animal, comprendió que la muerte de su hermano había sido una mentira.
Y el hombre que lo había asesinado estaba acercándose al establo en ese preciso instante.
Cedric Sullivan gobernaba el reino de Oakhaven y poseía la antigua sangre de los licántropos. Después de tres meses combatiendo en la frontera, regresó al Castillo Sullivan con la armadura dañada y el alma agotada.
Mientras sus soldados celebraban, él fue a visitar a su caballo de guerra. Sin embargo, al entrar en los establos percibió sangre y el olor de una loba desconocida.
Desenvainó la espada y avanzó hasta el último compartimento.
Allí descubrió a una muchacha vestida como mozo de cuadra, profundamente dormida sobre la paja. Una gigantesca loba plateada se interponía entre ella y cualquier peligro. Su vientre estaba hinchado por un embarazo avanzado y una de sus patas mostraba la cicatriz de una trampa.
Cedric liberó su aura alfa y le ordenó someterse.
La loba bajó la cabeza, pero se negó a abandonar a la joven.
El ruido despertó a Rowena Caldwell. Durante seis meses había vivido disfrazada de muchacho. Su padre, lord Thomas Caldwell, fue ejecutado por una falsa acusación de traición. Su tío Richard Buckley se apoderó de sus tierras y envió asesinos para eliminarla.
Rowena escapó, cortó su cabello y se ocultó trabajando en los establos reales.
Tres semanas antes había encontrado a la loba atrapada en el bosque. Aunque sabía que introducir una bestia salvaje en el castillo podía costarle la vida, la escondió, alimentó y curó sus heridas.
Al ver la espada del rey, Rowena se arrojó delante del animal.
—Castígueme a mí, majestad. Ella solo intenta proteger a sus cachorros.
Cedric percibió entonces su aroma a lavanda y pino. Su lobo interior rugió una sola palabra:
Compañera.
La mujer destinada del Rey Alfa no era una princesa, sino una fugitiva cubierta de barro que estaba dispuesta a morir por una loba.
Cedric ocultó su reacción y se arrodilló junto al animal. Cuando tocó su pelaje, reconoció un aroma familiar.
—Ella no es una loba salvaje —dijo—. Es lady Viven, la compañera de mi hermano Arthur.
Rowena palideció.
Cuatro meses antes, el reino recibió la noticia de que Arthur y Viven habían muerto durante un ataque de bandidos humanos. El carruaje apareció destruido y el capitán Allaric Harrington llevó personalmente la noticia al rey.
Pero Viven seguía viva.
Además, llevaba en su vientre al heredero de Arthur.
Si no había regresado al castillo, significaba que sabía que el asesino pertenecía a la corte. Alguien quería eliminar al hermano del rey y al niño con sangre real.
Entonces las puertas del establo comenzaron a abrirse.
—Majestad —llamó una voz elegante—. El Consejo requiere su presencia.
Era Allaric.
Al escucharlo, Viven retrocedió aterrorizada y trató de ocultarse detrás de Rowena. Su cuerpo temblaba y sus colmillos quedaron expuestos.
Cedric comprendió la verdad.
El hombre que había anunciado la muerte de Arthur era quien había ordenado la emboscada.
Cubrió rápidamente a Viven con una lona y sujetó a Rowena por los hombros.
—No digas una palabra —le susurró—. Si Allaric descubre que ambas están aquí, las matará antes del amanecer.
Los pasos del capitán se detuvieron justo al otro lado del compartimento.
Y la punta de su espada apareció lentamente entre las sombras.
PARTE 2
Cedric salió del compartimento y bloqueó la entrada con su enorme cuerpo.
Allaric inclinó la cabeza, pero sus fríos ojos azules se detuvieron en Rowena.
—¿Encontró algún problema, majestad?
—Solo un ladrón de comida —respondió el rey—. Lo llevaré a mis habitaciones para que trabaje como sirviente y pague su deuda.
Allaric propuso enviarlo a las mazmorras. Cedric se negó y le recordó que la palabra del rey era ley.
Cuando el capitán se marchó, trasladaron a Viven hasta las habitaciones reales utilizando pasadizos ocultos. Allí, junto al fuego, la loba pudo descansar.
Cedric pidió a Rowena que se bañara y se pusiera uno de los vestidos de su difunta madre. Cuando ella regresó, el barro había desaparecido y sus rasgos nobles resultaban imposibles de ocultar.
—Dime cómo terminó la hija de lord Caldwell limpiando establos.
Rowena explicó que su tío Richard había falsificado cartas para acusar a su padre de colaborar con los rebeldes. Tras la ejecución, se apropió de sus tierras e intentó matarla.
Cedric recordó que Richard Buckley llevaba un año colaborando estrechamente con Allaric.
—Trabajan juntos —concluyó Rowena—. Mi tío se queda con el este y Allaric debilita a la familia Sullivan para tomar el trono.
Un gemido interrumpió la conversación.
Viven se retorcía sobre las pieles. El esfuerzo del traslado había adelantado el parto.
Cedric quiso llamar al médico, pero Rowena lo detuvo.
—Allaric controla a los guardias. Si descubre que hay una mujer dando a luz aquí, estaremos atrapados.
Ella había ayudado en varios partos de animales y conocía las hierbas necesarias. Pidió agua caliente, telas limpias y un cuchillo.
Durante horas trabajó junto a la loba mientras Cedric utilizaba su aura para mantenerla tranquila. Finalmente, Rowena recibió entre sus manos a un bebé de cabello plateado.
El llanto del pequeño llenó la habitación.
Viven recuperó su forma humana, agotada, y abrazó al hijo que llevaría el nombre de su padre: Arthur.
Cedric contempló a Rowena, cubierta de sudor y con el vestido arruinado. Para él, parecía más valiente que cualquier guerrero de su ejército.
—Has salvado a mi familia y mi linaje —dijo mientras acariciaba su mejilla—. También eres mi compañera destinada. Te reconocí desde el momento en que percibí tu aroma en el establo.
Rowena contuvo el aliento.
Cedric apoyó la frente contra la suya.
—Eres mi futura luna. Derribaría este castillo piedra por piedra antes de permitir
Unos golpes estremecieron las puertas.
—Sabemos que oculta una bestia en sus habitaciones —gritó Allaric desde el corredor—. Abra inmediatamente.
El llanto del bebé reveló que no estaban solos.
Las puertas se hicieron pedazos y Allaric entró acompañado por seis guardias. Llevaba una ballesta cargada con una flecha de plata.
Al ver a Viven con el recién nacido y reconocer a Rowena, sonrió.
—Lord Buckley estará encantado de saber que encontré a su sobrina. Esta noche terminaremos con dos linajes.
Cedric dejó que su lobo emergiera parcialmente. Sus ojos se volvieron ámbar y de sus manos brotaron garras.
—La traición te queda muy mal, Allaric.
—No será traición cuando yo escriba la historia —respondió el capitán—. Maten a las mujeres y al niño. El rey es mío.
Los guardias atacaron.
Cedric derribó a los primeros, pero otro logró acercarse a Viven. Rowena tomó el atizador de la chimenea y lo golpeó antes de que pudiera alcanzar al bebé.
Allaric disparó.
La flecha de plata rozó el hombro del rey y lo obligó a caer sobre una rodilla. El capitán sacó una espada y avanzó para rematarlo.
—La línea Sullivan termina aquí.
Rowena lanzó el atizador contra sus piernas. Allaric perdió el equilibrio y Cedric aprovechó la abertura para sujetarlo por el cuello.
—La línea Sullivan sobrevivirá —gruñó.
Lo desarmó y lo redujo frente a los soldados. Al ver derrotado a su líder, los dos guardias restantes soltaron sus armas y se rindieron.
Allaric fue llevado a las mazmorras. Para evitar que el resto de la conspiración escapara, Cedric ordenó interrogarlo y reunir pruebas antes de anunciar públicamente lo ocurrido.
Los documentos encontrados en sus habitaciones demostraron que había contratado a los mercenarios que atacaron a Arthur y Viven. También aparecieron las cartas originales que demostraban la inocencia del padre de Rowena.
Richard Buckley fue arrestado en su fortaleza. Perdió las tierras robadas y fue juzgado por conspiración, asesinato y traición. El nombre de Thomas Caldwell quedó restaurado y Rowena recuperó su título.
Sin embargo, no regresó a la propiedad familiar.
Permaneció en el Castillo Sullivan para cuidar a Viven y al pequeño Arthur. También comenzó a participar en el Consejo, donde utilizó todo lo aprendido mientras vivía entre los sirvientes para mejorar las condiciones de quienes no tenían voz.
Cedric no la proclamó reina de inmediato. Sabía que Rowena había pasado demasiado tiempo huyendo de hombres que decidían su destino sin preguntarle.
Una noche se arrodilló ante ella en el mismo establo donde se conocieron.
—El vínculo dice que eres mi compañera —le explicó—, pero no quiero que una fuerza antigua elija por ti. Deseo que permanezcas porque este lugar también puede convertirse en tu hogar.
Rowena observó a la loba plateada, que descansaba cerca de su cachorro. Meses antes, ambas se habían protegido mutuamente sin saber si sobrevivirían.
—Me quedaré —respondió—. Pero gobernaré a tu lado, no detrás de ti.
—No aceptaría menos.
Durante la ceremonia de coronación, Viven entró en el gran salón llevando al pequeño Arthur. Toda la corte se inclinó cuando Cedric colocó el manto real sobre los hombros de Rowena.
La muchacha que alguna vez había dormido sobre el heno se convirtió en luna de Oakhaven.
No porque el rey la hubiera rescatado.
Sino porque, antes de conocer su verdadera identidad, ella había salvado a dos miembros de su familia y desenmascarado a los hombres que intentaban destruir su reino.
Cedric había ido a los establos buscando silencio después de una guerra.
Allí encontró a su compañera, a su sobrino y la batalla más importante de toda su vida.