El Rey Alfa encontró a una Omega albina y 6 cachorros congelándose — “Dime quién fue”

PARTE 1

Le ordenaron abandonar a los seis cachorros en la nieve porque los consideraban defectuosos.

Era hizo exactamente lo contrario.

Los envolvió con mantas robadas, los ató contra su pecho y escapó de Silver Creek durante la peor tormenta de la década.

Dos de los pequeños eran mestizos. Luna había nacido ciega y Jack tenía una pata rota. Solo Toby y Mia eran hijos biológicos de Era, pero eso no importaba. Desde el momento en que los sacó de la sala de sacrificios, todos se convirtieron en su familia.

Era llevaba horas avanzando entre la ventisca. Su fina chaqueta estaba congelada y la nieve le llegaba hasta las rodillas. Su loba albina se encontraba demasiado débil por la desnutrición para transformarse.

—Mamá, tengo frío —gimió Toby.

—Ya casi llegamos —mintió Era.

No sabía dónde estaba.

Solo sabía que debía alejarse del alfa Ronan, el hombre que había prometido matar a los cachorros si ella no lo hacía.

Su pie golpeó una roca enterrada y cayó. Los pequeños comenzaron a llorar. Era intentó levantarse, pero sus piernas dejaron de responder.

Se acurrucó alrededor de ellos, utilizando el último calor de su cuerpo para protegerlos.

—Lo siento —susurró—. Les he fallado.

Entonces la tierra comenzó a temblar.

Una figura gigantesca apareció entre la nieve: un lobo negro de casi dos metros de altura, cubierto de cicatrices plateadas y con ojos de oro fundido.

El poder que desprendía solo podía pertenecer a un alfa.

Era abrazó con más fuerza a los cachorros.

—Llévame a mí —proyectó mentalmente—. Pero déjalos vivir.

La bestia no atacó.

Olfateó las mantas y se transformó en un hombre enorme, de cabello oscuro y cuerpo marcado por antiguas batallas. No parecía sentir el frío.

—Has cruzado seis millas dentro de mi territorio —dijo—. ¿Están vivos?

Era asintió.

El desconocido vio sus manos azules, los moretones de su cuello y la sangre seca sobre su ropa. Un gruñido peligroso vibró en su pecho.

Dos guardias aparecieron detrás de él.

—Traigan el vehículo —ordenó—. Ahora.

El hombre alzó a Era junto con los seis cachorros. Al sentir el calor de su cuerpo, ella dejó de luchar.

—¿Quién envió a una madre al hielo? —preguntó.

Era perdió el conocimiento antes de responder.

Despertó en una cama enorme, conectada a varios monitores. La doctora Sterling estaba a su lado.

—¿Los cachorros?

—Están en incubadoras. Los seis sobrevivieron.

Era rompió a llorar.

Entonces una voz profunda llegó desde la puerta.

—Tú también sobreviviste, aunque alguien hizo todo lo posible para impedirlo.

El hombre que la había rescatado entró en la habitación. Ahora Era sabía quién era: Kalen Blackwood, Rey Alfa de la Alianza del Norte, el depredador más temido del continente.

Kalen pidió a la doctora que los dejara solos. Después se sentó junto a la cama.

—Encontramos quemaduras en tu espalda, marcas de látigo en tus piernas y el sello de Silver Creek en tu hombro.

Era bajó la mirada.

—¿Fue Ronan quien te hizo esto?

Ella sabía que una respuesta podía iniciar un conflicto entre dos territorios. Sin embargo, cuando levantó la vista, no encontró indiferencia en los ojos de Kalen.

Encontró una promesa de protección.

—Sí —susurró—. También ordenó matar a los cachorros. Dijo que éramos abominaciones.

Kalen sacó su comunicador.

—Silas, moviliza a la guardia de élite y convoca al consejo de guerra.

Era se incorporó, aterrorizada.

—¿Qué vas a hacer?

El Rey Alfa se detuvo en la puerta. Sus ojos dorados brillaron como los de la bestia que había encontrado en la tormenta.

—Voy a visitar a Ronan —respondió—. Y cuando termine con él, jamás volverá a llamar defectuoso a un niño.

PARTE 2

La orden de Kalen atravesó el castillo como un trueno.

Mientras los soldados se preparaban, Era permaneció en el ala médica recuperándose de la congelación. Pasaba cada momento junto a los cachorros.

Toby era el más pequeño. Luna nunca podría ver, pero reconocía la voz de Era. Jack comenzó a apoyar su pata después de recibir el primer tratamiento adecuado de su vida. Sam, Leo y Mia ya comían sin ayuda.

La doctora Sterling le contó que Kalen visitaba la guardería todas las noches.

—Se queda frente al cristal observándolos —dijo—. También encargó la mejor leche que pudo encontrar en la ciudad.

—¿Por qué le importan tanto?

—Quizá no sean los únicos que encontró durante aquella tormenta.

Poco después, Ronan se comunicó con el castillo. Acusó a Era de haber robado “propiedad perteneciente a Silver Creek” y exigió la devolución de los cachorros.

Kalen no envió su ejército.

En cambio, invitó a Ronan a presentarse personalmente.

—Vendrá mañana con sus dos oficiales principales —le explicó a Era durante la cena—. Quiero que exponga sus reclamaciones delante de mi consejo.

El miedo hizo que ella dejara caer el tenedor.

—Me matará.

Kalen se colocó frente a ella.

—No puede tocarte aquí.

—No sabes de lo que es capaz. Posee una fuerza extraña. Algo oscuro que no pertenece a un lobo normal.

Kalen le sostuvo los brazos sin lastimarla.

—Yo también sé algo que no me has contado.

Era contuvo la respiración.

—Ronan fue tu compañero predestinado.

El color desapareció de su rostro.

—¿Cómo lo sabes?

—Puedo percibir el rastro de un vínculo roto. Te rechazó, ¿verdad?

Las lágrimas llenaron los ojos violetas de Era.

—Cuando cumplí dieciocho años. Dijo que una omega albina contaminaría su linaje. Después me convirtió en criada para recordarme que nadie más me aceptaría.

Kalen le secó una lágrima con el pulgar.

—Entonces fue un necio. El destino puso delante de él algo extraordinario y solo pudo ver el color de tu pelaje.

—¿Y tú qué ves?

Los ojos del rey ardieron.

—Veo a una mujer que atravesó una tormenta mortal por seis niños. Mi lobo llevaba años en silencio, Era. Cuando te encontró, rugió.

A la mañana siguiente, Ronan entró en el gran salón acompañado por su beta, Corg, y otro oficial.

Era permanecía a la derecha del trono. Vestía terciopelo azul oscuro y llevaba el cabello blanco trenzado con hilos plateados.

Ronan tardó un instante en reconocerla.

—Te han disfrazado muy bien, pequeño fantasma.

Kalen se levantó.

—Cuida tu lengua. Estás en mi casa.

Ronan reclamó a Era y a los cachorros como miembros de Silver Creek. Kalen respondió que les había concedido asilo bajo la ley del norte.

Ronan miró a Era.

—Arrodíllate.

La orden alfa golpeó la habitación. Durante años, aquella voz había sido suficiente para doblegarla.

Esta vez permaneció de pie.

—No.

La sorpresa desfiguró el rostro de Ronan.

—Te ordeno que te arrodilles.

—Ella ya no te pertenece —declaró Kalen—. Rompiste cualquier autoridad sobre ella cuando rechazaste el vínculo.

Ronan cambió de estrategia.

—Quédate con la omega. Pero los cachorros pertenecen a mi manada. Si no los devuelves, presentaré una denuncia ante el Alto Consejo.

—¿Por qué los quieres ahora? —preguntó Era—. Hace unos días ordenaste sacrificarlos.

Ronan sonrió.

—Los asuntos internos de Silver Creek no te conciernen.

En ese momento, Era comprendió la verdad.

—No querías matarlos.

El gran salón quedó en silencio.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Kalen.

—Vi los registros en su oficina antes de escapar. Ronan vende cachorros con variantes genéticas a laboratorios humanos. Los llama sujetos defectuosos para poder hacerlos desaparecer sin levantar sospechas.

El rostro de Ronan palideció.

—¡Mentirosa!

Se transformó en el aire y saltó hacia Era.

Kalen lo atrapó antes de que llegara hasta ella. Lo estrelló contra el suelo y presionó una mano sobre su garganta.

—¿Vendes niños?

—No puedes demostrar nada —logró responder Ronan.

—Yo puedo acceder a sus archivos —dijo Era—. Recuerdo las contraseñas.

Kalen ordenó encarcelar a Ronan y a sus oficiales.

Los análisis de la doctora Sterling revelaron otra verdad. Ronan llevaba años consumiendo Shadow Bane, un suero ilegal que aumentaba la fuerza y aceleraba las transformaciones, pero destruía progresivamente la mente del usuario.

Era comprendió que necesitaban una confesión antes de que la abstinencia lo matara.

Pidió entrar en su celda.

—Es demasiado peligroso —protestó Kalen.

—Ronan todavía cree que soy débil. Déjame utilizar su arrogancia contra él.

Kalen aceptó con la condición de que Silas vigilara desde la puerta.

Ronan caminaba por la celda como un animal herido. Tenía los ojos enrojecidos y las manos temblorosas.

—Tú provocaste esto —escupió al verla—. Kalen solo te utiliza para quedarse con mi territorio.

Las palabras tocaron el miedo más profundo de Era, pero no retrocedió.

—He recuperado los archivos. Si no confiesas, los enviaré a todas las familias de Silver Creek. Sabrán que vendiste a sus hijos para pagar tus drogas.

Ronan quedó inmóvil.

—¿Qué quieres?

—Renunciarás a todo derecho sobre los seis cachorros. Abdicarás y confesarás ante el consejo.

—Prefiero morir.

Era se volvió hacia la puerta.

—Entonces muere. Los archivos serán públicos antes del anochecer.

—¡Espera!

La voz de Ronan perdió toda su arrogancia.

—Dame una dosis y firmaré.

—No recibirás más droga. La doctora aliviará el dolor con un sedante. Esa es mi única oferta.

Ronan terminó aceptando.

Cuando Era salió, sus piernas cedieron. Kalen la sostuvo antes de que tocara el suelo.

—Estaba aterrorizada —admitió ella.

—Y aun así entraste. Eso es valentía.

Kalen le tomó el rostro entre las manos.

—Ronan se equivocaba. No quiero su territorio. Te quiero a ti.

—¿Por qué?

—Porque protegiste a quienes no podían protegerse. Porque sigues viendo valor donde otros solo ven defectos. Pero no voy a reclamarte sin que tú lo decidas.

Antes de que Era pudiera responder, una explosión sacudió el ala oeste del castillo.

Las alarmas comenzaron a sonar.

Kalen irrumpió en la guardería medio transformado.

—Han roto el perímetro. Silas llevará a Era y a los cachorros al refugio subterráneo.

—¿Quién nos ataca?

—Criaturas alteradas con Shadow Bane.

En el pasillo apareció una bestia con forma vagamente humana, pelaje gris y músculos deformados por el suero. Las balas de plata apenas conseguían frenarla.

Kalen se lanzó contra ella mientras Silas conducía a Era, Harper y los seis pequeños hasta la habitación de seguridad.

La puerta blindada se cerró.

Durante horas escucharon la batalla sobre sus cabezas. Entonces las luces se apagaron y la cerradura electrónica comenzó a desactivarse.

—Eso es imposible —susurró Silas—. Solo dos personas tienen el código.

La puerta se abrió.

Corg apareció con una pistola.

Disparó contra Silas, hiriéndolo en el hombro y en una pierna. Después avanzó hacia Era.

—Ronan nunca dirigió los laboratorios. Yo lo hice. Esos cachorros poseen los marcadores genéticos que necesito para perfeccionar el suero.

—Estás enfermo.

—Soy un visionario. Entrégamelos y quizá te permita vivir.

Era abrazó a los pequeños.

—Ven a buscarlos.

Corg guardó el arma, convencido de que una omega no podía enfrentarse a él. Cuando intentó agarrarla, Era se agachó y le clavó en la pierna una jeringa de plata que había ocultado en su manga.

Corg rugió y la lanzó contra la pared.

Recuperó la pistola y apuntó a su cabeza.

Un disparo atravesó la habitación.

Corg cayó.

Detrás de él apareció un enorme lobo negro cubierto de sangre. Kalen regresó a su forma humana y corrió hacia Era.

—¿Te ha tocado? ¿Estás herida?

—Estamos bien. Ayuda a Silas.

Mientras los médicos atendían al guardia, Kalen estrechó a Era contra su pecho. El rey más temido del norte estaba temblando.

—Pensé que había llegado demasiado tarde.

—Siempre regresaste por mí.

—Siempre regresaré.

La conspiración terminó con la muerte de Corg y la destrucción de los laboratorios. Ronan no sobrevivió al daño que el Shadow Bane había causado en su cuerpo.

Cuando las familias de Silver Creek conocieron la verdad, aceptaron la autoridad temporal de Blackwood y liberaron a todos los niños retenidos por razones genéticas.

Los seis cachorros quedaron legalmente bajo la tutela de Era.

Semanas después, el gran salón fue decorado con rosas blancas. Kalen esperó frente al altar mientras Era avanzaba con Toby en brazos y los otros cinco pequeños caminando detrás.

Antes de completar la ceremonia, Kalen le hizo una última pregunta.

—Era, ¿me aceptas porque así lo deseas?

Ella sostuvo su mirada.

—Te acepto como compañero, protector y rey. Pero nunca como dueño.

Kalen sonrió.

—Entonces te acepto como compañera, igual y reina.

Cuando sellaron el vínculo, una luz plateada brotó del cuerpo de Era. Las vidrieras vibraron y todas las velas del salón se encendieron.

Su sombra apareció sobre el suelo.

No era la sombra de una mujer.

Era la de una gigantesca loba blanca.

La sacerdotisa cayó de rodillas.

—La Elegida de la Luna —susurró—. La loba que nace una vez cada mil años para sanar la tierra y unir a las manadas.

La llamaron defectuosa durante toda su vida.

En realidad, era la más extraordinaria de todas.

Kalen tomó su mano y la levantó ante la multitud.

—Contemplen a la Loba Blanca del Norte. Su reina.

Aquella noche, los seis cachorros durmieron juntos en un nido de almohadas dentro de los aposentos reales. Kalen le mostró a Era los documentos de adopción.

—Ya son nuestros hijos. Todos ellos.

Era contempló la nieve desde el balcón.

—Caminé seis millas creyendo que iba hacia mi muerte.

Kalen la abrazó por detrás y besó su cabello blanco.

—No caminabas hacia la muerte —susurró—. Caminabas hacia tu hogar.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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