El perro del Rey Vampiro se acercó únicamente a una camarera, y nadie pudo explicar por qué.

El perro del Rey Vampiro se acercó únicamente a una camarera, y nadie pudo explicar por qué.

PARTE 1

En el mundo sobrenatural existía una regla que todos conocían: nunca te acerques a Orion.

El enorme sabueso negro pertenecía al rey Kalian Verith, el gobernante de Noctis Vale, y durante más de un siglo había permanecido junto a él como una sombra silenciosa. No era un animal común. Era una criatura antigua, más vieja que muchas familias de vampiros, más inteligente que cualquier guardián entrenado y capaz de percibir cosas que otros seres jamás podían notar.

Muchos habían intentado ganarse su confianza.

Soldados reales habían fracasado. Nobles de grandes familias le habían ofrecido regalos únicos. Incluso vampiros antiguos con habilidades extraordinarias intentaron comprenderlo.

Pero Orion siempre hacía lo mismo.

Los observaba con sus intensos ojos dorados y luego se alejaba.

Para todos estaba claro que el sabueso solo había elegido a una persona: Kalian, el rey que lo encontró durante una antigua guerra y que, en lugar de verlo como una criatura peligrosa, decidió salvarlo.

Por eso, aquella noche en el restaurante Moonveil, nadie podía creer lo que estaba sucediendo.

Livia Marcel llevaba casi dos años trabajando allí. Conocía todo tipo de clientes: personas arrogantes, invitados difíciles y aquellos que creían que el dinero les daba derecho a tratar mal a los demás.

Pero Livia siempre mantenía la calma.

Aunque sus pies dolieran después de largas jornadas, aunque estuviera agotada, seguía sonriendo. Esa noche había sido especialmente complicada. Un cliente se había quejado por un pedido equivocado, un empleado no había llegado y la cocina estaba al límite.

Aun así, Livia tomó una bandeja y caminó hacia la zona privada del restaurante.

Sin saberlo, estaba acercándose a la mesa del ser más temido del mundo sobrenatural.

Kalian estaba sentado en silencio, vestido con un elegante abrigo oscuro. Su presencia hacía que todos mantuvieran distancia. Nadie quería llamar su atención.

A su lado estaba Orion.

Cuando Livia llegó a la mesa, no pensó en quién era él. Solo estaba haciendo su trabajo.

—Buenas noches. ¿Desean algo más? —preguntó con tranquilidad.

Kalian levantó la mirada. La mayoría de las personas se ponían nerviosas al encontrarse con sus ojos, pero Livia simplemente esperaba una respuesta.

—Nada más —respondió él.

Ella asintió y se dio la vuelta.

Entonces ocurrió algo imposible.

Orion se levantó.

El restaurante entero quedó en silencio.

Las conversaciones desaparecieron. Los vasos dejaron de moverse. Todos conocían la regla: Orion nunca se acercaba a desconocidos.

Livia se giró lentamente esperando algún peligro.

Pero el enorme sabueso solo caminó hacia ella.

Sus ojos dorados la observaron durante varios segundos. Después, bajó la cabeza y acercó su hocico a su mano, como si estuviera pidiendo permiso.

Livia dudó.

Con cuidado extendió los dedos y tocó su pelaje.

Y Orion permitió que lo hiciera.

Nadie respiraba en la sala.

Kalian se puso de pie por primera vez en toda la noche. Su expresión había cambiado completamente.

Porque aquello nunca había ocurrido.

Ni una sola vez.

Livia retiró la mano rápidamente.

—Lo siento. No quería molestarlo.

El rey la miró sorprendido.

—No lo has molestado.

Ella observó a su alrededor.

—Entonces… ¿por qué todos me miran así?

Nadie sabía cómo responder.

Porque todos entendían algo que ella todavía no.

El sabueso que había rechazado a ejércitos completos acababa de elegirla.

Y esa decisión cambiaría para siempre el destino del reino.

PARTE 2

A la mañana siguiente, Kalian ordenó investigar a Livia.

No porque creyera que ella fuera una amenaza, sino porque necesitaba entender algo que parecía imposible.

¿Por qué Orion?

¿Por qué una humana sin magia, sin apellido importante y sin conexión con el mundo sobrenatural había logrado algo que nadie más consiguió?

Su consejera, Saraphene Dorville, revisó todos los registros disponibles.

El resultado fue extraño.

Livia Marcel tenía veintiséis años. No pertenecía a ninguna familia poderosa. No tenía habilidades especiales. No existía ningún secreto oculto en su pasado.

Era simplemente una persona amable.

Y eso era precisamente lo que hacía todo más misterioso.

Durante siglos, Orion había detectado mentiras, peligros e intenciones ocultas. Pero con Livia no había mostrado rechazo. Al contrario, había elegido acercarse.

Kalian regresó al restaurante.

Cuando Livia lo vio, se sorprendió.

—¿Volvió?

—Sí.

Ella miró a Orion.

—¿Él vino a verme?

Kalian casi sonrió.

—Crees que fue decisión suya.

Livia respondió con naturalidad:

—Probablemente lo fue.

Aquella respuesta llamó su atención.

La mayoría pensaba que Orion pertenecía al rey. Pero Livia veía algo diferente.

Ella entendía que Orion no era una posesión.

Era alguien que elegía.

Con el paso de las semanas, Kalian permitió que Livia pasara tiempo con el sabueso. Primero la observó con desconfianza. Después empezó a notar algo que lo sorprendía.

Livia nunca trataba a Orion como una criatura poderosa o aterradora.

Lo trataba como un ser que tenía sentimientos.

Caminaba con él por los jardines del palacio, hablaba con él y se sentaba a su lado durante horas.

—Todos creen que eres aterrador —le decía—. Pero yo creo que solo estás solo.

Kalian escuchó esas palabras desde lejos.

Y comprendió que Livia no hablaba solamente de Orion.

También hablaba de él.

Poco después, Saraphene encontró antiguos documentos sobre el vínculo del sabueso real.

La leyenda decía que Orion no elegía al más fuerte ni al más poderoso.

Elegía a la persona capaz de recordar al gobernante aquello que había olvidado.

Kalian preguntó:

—¿Qué olvidé?

La respuesta fue sencilla.

—La compasión.

Durante siglos, el rey había gobernado con miedo y autoridad. Había protegido su reino, pero había olvidado cómo conectar con otros seres.

Y entonces una simple camarera había llegado a su vida.

La paz no duró mucho.

Cuando los rumores de que Orion había elegido a una humana llegaron a otros clanes de vampiros, una organización rival comenzó a observarla. Creían que Livia escondía algún poder secreto.

Pero estaban equivocados.

Su verdadero valor no estaba en lo que poseía.

Estaba en quién era.

Una noche, mientras regresaba de los jardines, Livia notó algo extraño.

Los pasillos estaban demasiado silenciosos.

Los guardias habían desaparecido.

Entonces Orion gruñó.

No era una advertencia común.

Era una señal de verdadero peligro.

Kalian apareció segundos después. Su expresión había cambiado. Ya no era el hombre tranquilo que Livia conocía.

Era el rey.

—Quédate detrás de mí.

Livia negó con la cabeza.

—Sé que quieres protegerme, pero no soy indefensa.

Por un instante, Kalian entendió por qué Orion la había elegido.

No porque no sintiera miedo.

Sino porque era capaz de avanzar a pesar de él.

Cuando el peligro llegó al palacio, todos esperaban una batalla de fuerza sobrenatural.

Nadie esperaba la valentía de una humana.

Livia ayudó a quienes estaban heridos sin importar quiénes eran.

Incluso cuando alguien le recordó que eran vampiros, ella respondió:

—Siguen necesitando ayuda.

Y esas simples palabras cambiaron algo dentro del rey.

Porque todos veían una corona.

Todos veían poder.

Pero Livia veía a una persona.

Con el tiempo, la historia de Orion se convirtió en una leyenda.

El sabueso que nunca confió en nadie había encontrado a alguien digno de su confianza.

Y el rey que tenía todo un reino a sus pies descubrió algo que jamás pudo conseguir con poder:

alguien que realmente lo comprendiera.

Porque a veces, la criatura que todos temen es la primera en reconocer un corazón bondadoso.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Recommended for You

View Archive arrow_forward