El hijo del Rey Alfa nació sin la forma de un lobo, hasta que una sirvienta Omega produjo algo misterioso.

El hijo del Rey Alfa nació sin la forma de un lobo, hasta que una sirvienta Omega produjo algo misterioso.

PARTE 1

Los médicos lo llamaron una anomalía genética. La prensa, el final de una dinastía.

Pero la noche en que Caleb Blackwood cumplió dieciocho años, yo vi algo que nadie más quiso ver: sus venas no se volvieron negras por falta de magia.

Se estaban llenando de veneno.

Me llamo Rowan Hayes y, dentro de la Manada Greystone, yo era una omega. Limpiaba habitaciones, servía bebidas y caminaba con la cabeza baja. Para la familia real, era prácticamente invisible.

Aquella invisibilidad terminó salvándonos la vida.

Más de cuatrocientas personas se reunieron en el salón principal de la mansión para presenciar la primera transformación de Caleb, heredero del rey alfa Dominic Blackwood. Al dar la medianoche, su lobo debía despertar delante de todos.

Caleb permanecía sobre la plataforma, pálido y tembloroso. A su lado estaban su padre y Vivien, su madrastra, una mujer tan hermosa como fría.

—No me avergüences —le susurró Dominic, creyendo que nadie lo escuchaba.

Caleb cerró los ojos e intentó llamar a su bestia.

Su cuerpo se arqueó, pero no aparecieron garras ni pelaje. Cayó de rodillas y vomitó sobre el mármol. Después comenzó a toser hasta que sus labios se volvieron morados.

—No tiene lobo —murmuró alguien.

Vivien se acercó fingiendo preocupación. Le levantó el rostro, comprobó que sus ojos seguían siendo humanos y ocultó una fugaz sonrisa.

—Sáquenlo de aquí —ordenó Dominic—. No quiero volver a verlo.

Los guardias arrastraron a Caleb como si ya no fuera un príncipe. Cuando pasó junto a mí, percibí un olor dulce, metálico y abrasivo.

Plata.

Vivien limpió una mancha de su vestido con un pañuelo y lo arrojó al cesto. Esperé a que se marchara y lo recuperé. Entre la sangre había un residuo plateado que reconocí por mis años ayudando en la enfermería.

Alguien llevaba mucho tiempo envenenando a Caleb.

Tres días después lo enviaron a un cuarto húmedo junto a las calderas. Oficialmente seguía perteneciendo a la familia; en realidad, lo habían borrado.

Entré con una bandeja de comida y lo encontré acostado, mirando el techo.

—Déjala ahí —murmuró—. Soy una boca humana que la manada debe alimentar.

Coloqué el pañuelo frente a él.

—No eres humano. Tu lobo está atrapado detrás de una jaula de plata.

Caleb observó el residuo ennegrecido.

—Desde los doce años tengo dolores, fiebre y migrañas. El doctor Aris me daba un jarabe rojo todas las mañanas.

—Aris es amigo de la infancia de Vivien. Te han estado envenenando para impedir que te transformes.

Su rostro cambió cuando comprendió que su fracaso había sido planeado.

Le conté también que mi madre había sido la sanadora principal de la manada. Murió misteriosamente una semana después de que Vivien llegara a la mansión. Aris ocupó su puesto y todos dejaron de hacer preguntas.

—Necesitamos sus registros —le dije—. Si encuentro la fórmula, quizá pueda fabricar un antídoto.

Aquella noche aprovechamos una reunión del Consejo Lunar y entramos en el consultorio de Aris. Caleb logró engañar el lector biométrico utilizando su sangre real. Después descubrimos una caja fuerte detrás de un cuadro.

Dentro había dinero, pasaportes falsos y un diario.

Las páginas detallaban seis años de envenenamiento. Vivien había ordenado aumentar las dosis cada vez que Caleb mostraba señales de transformación. La última anotación era todavía peor: planeaban matarlo y fingir que se había quitado la vida por la vergüenza de haber nacido sin lobo.

También mencionaba un antídoto guardado en la cámara frigorífica del sótano.

Entonces se encendieron las luces.

El doctor Aris estaba en la puerta, sosteniendo una jeringa.

—Me ahorraron el viaje —dijo mientras cerraba con llave—. Justamente iba a matar al príncipe.

Y antes de que pudiéramos reaccionar, se lanzó sobre Caleb con la aguja dirigida a su corazón.

PARTE 2

Aris sujetó a Caleb por el cuello y lo estrelló contra el escritorio.

—Vivien necesita un heredero fuerte —escupió—. No un muchacho sentimental que siente compasión por las sirvientas.

Levantó la jeringa, pero yo agarré una licorera de cristal y la rompí contra su cabeza. El médico soltó a Caleb y se volvió hacia mí, furioso.

Su golpe me lanzó contra una estantería. Caí al suelo con la cabeza ensangrentada.

—¡Rowan! —gritó Caleb.

Aris tomó un abrecartas y se dispuso a atravesarle el pecho. En ese momento, la puerta se hizo pedazos.

Un enorme lobo gris entró y se abalanzó sobre el médico. Era Arthur, el viejo jardinero que vivía junto a las calderas y a quien todos consideraban un borracho inútil.

—Lleva a la muchacha al sótano —ordenó mediante el vínculo mental—. Yo lo detendré.

Caleb me levantó y corrió hacia el ascensor. Mientras descendíamos, recuperé la conciencia y le mostré algo que todavía apretaba entre los dedos: el reloj de Aris. Se lo había arrancado durante el golpe.

Dentro ocultaba la llave de la cámara frigorífica.

El nivel inferior parecía una fábrica de muerte. Había camillas, frascos de veneno y muestras de sangre almacenadas detrás de puertas blindadas. Encontramos el antídoto en una vitrina: un líquido transparente etiquetado como suero de pureza licántropa.

—Tienes que beberlo ahora —le dije.

Caleb sostuvo el frasco entre sus dedos.

—Sobreviviremos los dos.

Bebió su contenido de un solo trago.

Cayó de rodillas y comenzó a gritar. Sus venas se volvieron negras, después rojas. Un líquido metálico brotó de su boca y quemó el suelo. Seis años de plata estaban abandonando su organismo.

Entonces escuchamos el ascensor.

Garrick, jefe de seguridad, llegó con doce hombres armados. Yo apenas podía mantenerme en pie, pero tomé un bisturí y me coloqué delante de Caleb.

—Vamos —susurré—. Despierta.

Sus huesos comenzaron a romperse y reconstruirse. De su garganta salió un rugido tan profundo que hizo vibrar las paredes.

Cuando abrió los ojos, ya no eran humanos.

De entre el humo apareció un lobo negro gigantesco, de casi dos metros de altura, con ojos violetas. Era el Lobo del Eclipse, una criatura legendaria que no había aparecido en la familia Blackwood durante tres siglos.

Los guardias dispararon, pero Caleb se movió como una sombra. Destrozó sus armas sin matarlos y los derribó uno tras otro. Garrick me apuntó para obligarlo a rendirse, pero Caleb hizo caer sobre él una enorme estantería metálica.

Después se acercó y rozó mi hombro con el hocico.

—Eres hermoso —le dije, hundiendo los dedos en su pelaje.

Escapamos por un conducto industrial que desembocaba en el río. Caleb me llevó hasta una cabaña abandonada, pero mis heridas empeoraron. Apenas podía respirar.

Arthur le había hablado de Dorian Cross, un antiguo ejecutor del Consejo que ayudaba a lobos desterrados. Caleb robó una camioneta y me condujo hasta el bar que Dorian administraba en Seattle.

—Caleb Blackwood murió esta noche —afirmó Dorian al verlo.

—¿Parezco muerto?

Cuando Caleb mostró sus ojos violetas, el salón quedó en silencio.

Una curandera examinó mis heridas. Había respirado polvo de plata y mis pulmones comenzaban a fallar. Necesitaba sangre alfa para sobrevivir.

Caleb ofreció la suya sin dudar.

—Tu sangre podría crear un vínculo permanente —le advirtió Dorian.

—Ella arriesgó su vida por mí. Hágalo.

Cuando su sangre entró en mi cuerpo, sentí su fuerza y su dolor. Mi respiración se estabilizó, pero nuestros latidos quedaron conectados.

Caleb mostró entonces el diario de Aris. Dorian comprendió que aquel documento podía destruir el reinado de Dominic y Vivien.

La familia ya había anunciado la muerte de Caleb. Durante su funeral proclamarían heredero a Jackson, el sobrino violento de Dominic.

—Entonces asistiremos a mi funeral —dijo Caleb.

Dorian reunió a cincuenta lobos expulsados por el régimen. Caleb les prometió eliminar las leyes que perseguían a los mestizos, omegas y miembros sin manada.

Dos días después, las puertas del salón de Greystone estallaron en pleno homenaje. Dominic pronunciaba un discurso sobre la debilidad de su “difunto” hijo cuando Caleb entró acompañado por los desterrados.

—Eres pésimo pronunciando elogios, padre.

Vivien palideció.

—¡Se supone que estás muerto!

—Ese era el plan, ¿verdad?

Caleb mostró el diario ante las cámaras que transmitían la ceremonia. Leyó las dosis, las fechas y las órdenes de Vivien. También reveló que Dominic había permitido el tratamiento y encubierto sus consecuencias para proteger su autoridad.

Jackson se transformó y atacó, pero Caleb lo atrapó en el aire y lo arrojó contra el mármol. Después liberó al Lobo del Eclipse frente a toda la manada.

Dominic sacó un arma de plata y apuntó a su propio hijo. Yo lancé una bandeja contra su mano y desvié el disparo.

El rey me golpeó y cometió su último error.

Caleb apareció entre nosotros, aplastó el arma con una mano y desafió públicamente a su padre por el liderazgo. Dominic aceptó porque negarse habría destruido el poco honor que le quedaba.

El combate apenas duró unos segundos.

Caleb lo derribó y lo obligó a exponer el cuello en señal de rendición.

—Tu reinado de miedo ha terminado —declaró.

Vivien y Aris fueron arrestados por traición y tentativa de asesinato. Dominic perdió su título y fue encerrado en las mismas celdas donde planeaba ocultar a su hijo.

Frente a todo el Consejo, Caleb caminó hacia mí y se arrodilló.

—Tú me salvaste cuando todos me consideraban inútil.

—Solo saqué la basura —respondí.

Él rio, tomó mis manos endurecidas por años de limpiar los pisos de aquella familia y besó mis nudillos.

—Rowan Hayes, no estarás a mi lado como sirvienta, sino como mi igual.

Algunos nobles protestaron. Un rey alfa unido a una omega era algo impensable.

Caleb se volvió hacia ellos con los ojos violetas encendidos.

Nadie volvió a objetar.

Aquella noche, el príncipe que todos creían vacío recuperó su lobo y conquistó un reino. Pero también ocurrió algo que la historia oficial casi nunca menciona:

La muchacha invisible que encontró una prueba dentro de la basura finalmente fue vista por todos.

Y al lado del nuevo rey, encontró su propia corona.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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