El Alfa leyó su carta de amor de hace diez años ante toda la manada, sin saber que ella ya se había marchado.

El Alfa leyó su carta de amor de hace diez años ante toda la manada, sin saber que ella ya se había marchado.

PARTE 1

Amé a Lucien durante diez años.

Lo amé incluso cuando sabía que su corazón pertenecía a otra mujer.

Y cuando esa mujer regresó después de tres años, comprendí que toda la felicidad que había vivido a su lado quizá nunca había sido realmente mía.

Su nombre era Summer White.

Tres años atrás, ella había abandonado a Lucien la misma noche de su ceremonia de unión. Frente a toda la manada, Lucien quedó humillado y sin compañera.

Entonces yo di un paso al frente.

Me llamo Mia.

Era una Omega sin lobo interior, sin familia poderosa y sin nada que pudiera compararse con Summer. Pero llevaba años enamorada de Lucien en silencio.

Cuando aceptó unirse conmigo, pensé que el destino finalmente me había visto.

Durante tres años fue bueno conmigo.

Recordaba mi cumpleaños, me abrazaba cuando tenía miedo de las tormentas y nunca me dejaba viajar sola. Poco a poco cometí el error más peligroso de todos:

creí que había aprendido a amarme.

Entonces Summer regresó.

En nuestro aniversario llamó a Lucien borracha, llorando y diciendo que lamentaba haberlo abandonado.

Vi cómo temblaban sus manos al sostener el teléfono.

No necesitaba escuchar nada más.

—Ve con ella —le dije.

Lucien me miró sorprendido.

—Mia…

—Está bien.

Sonreí mientras mi corazón se rompía.

En cuanto salió, fui al ayuntamiento y solicité la terminación de nuestro vínculo.

Cuando le entregué los documentos para que los firmara, estaba hablando por teléfono. Ni siquiera los leyó.

Firmó.

Solo faltaban unos días para que todo fuera oficial.

Lucien todavía no sabía que había firmado nuestro equivalente a un divorcio.

Aquella noche volvió a recogerme mientras llovía.

En el auto preguntó:

—Mia, ¿qué eran exactamente esos papeles que me hiciste firmar?

Mi corazón se detuvo.

Abrí la boca para responder.

Pero su teléfono sonó.

Summer.

Estaba borracha y decía haberse lastimado el pie.

Lucien le respondió con dureza:

—Tengo compañera. Mia es mi compañera. Deja de llamarme así.

Por un instante sentí una esperanza absurda.

Entonces Summer comenzóó a llorar.

Vi el rostro de Lucien cambiar.

Conocía demasiado bien esa expresión.

Culpa.

Preocupación.

Sentimientos que todavía no había enterrado.

—Puedes ir —dije.

—Mia…

Abrí la puerta del auto bajo la lluvia.

—Yo volveré sola.

Vi cómo su coche desaparecía.

Más tarde le escribí:

“Los documentos están en la guantera. Léelos.”

Su respuesta llegó poco después.

“No necesito leerlos. Si tú quieres que firme algo, firmaré. Confío en ti.”

Me quedé mirando la pantalla.

Ni siquiera ahora tenía curiosidad.

Abrí las redes sociales y vi una publicación de Summer.

Estaba recostada cómodamente en un sofá.

En una esquina de la fotografía aparecía la muñeca de un hombre.

Reconocí el reloj.

Era de Lucien.

El mensaje decía:

“Qué bonito es tener a alguien que siempre viene a cuidarte.”

No lloré.

Simplemente comencé a empacar.

Lucien regresó al día siguiente con un pastel.

—¿Olvidaste qué día es?

Era mi cumpleaños.

Durante tres años nunca lo había olvidado.

Encendió las velas y sonrió.

—Pide un deseo.

Cerré los ojos.

Y pedí silenciosamente:

“Espero que seas feliz con Summer.”

Después añadí algo que jamás habría imaginado desear años atrás:

“Y espero no volver a verte.”

Lucien me abrazó.

Intentó besarme.

Durante unos segundos me permití recordar al hombre del que me había enamorado.

Aquella noche dormimos juntos por última vez.

A la mañana siguiente iría al ayuntamiento a recoger el certificado definitivo de terminación del vínculo.

Y después tomaría un avión para empezar una nueva vida.

Pero antes de marcharme, Lucien me pidió una última cosa.

—Mañana hay una reunión de antiguos alumnos —dijo—. Summer estará allí. Quizá sea mejor que no vayas.

Asentí.

Horas después me llamó desde el hotel.

—Mia, manché mi traje. ¿Puedes traerme otro?

Lo llevé.

Cuando llegué frente al salón, escuché voces detrás de la puerta.

—Lucien —bromeó uno de sus amigos—, si Summer volvió y todavía la quieres, ¿por qué no rompes el vínculo con esa Omega?

Todos rieron.

Summer habló después.

—Yo también quiero saberlo, Lucien.

Hubo silencio.

Yo permanecí afuera con el traje entre mis manos.

Entonces Lucien respondió:

—Me uní con Mia. Tengo una responsabilidad con ella. No voy a abandonarla.

Sentí que algo dentro de mí se apagaba.

No había dicho que me amaba.

Había dicho que era su responsabilidad.

Y por primera vez comprendí algo que debería haber entendido muchos años atrás:

yo jamás había querido que Lucien se quedara conmigo por obligación.

Quería que me eligiera.

Dejé el traje en recepción y regresé a casa.

Preparé su comida favorita.

Coloqué sobre su escritorio el certificado oficial que terminaba nuestro vínculo.

Después esperé.

Lucien nunca llegó.

Cuando mi vuelo estaba a punto de salir, mi teléfono recibió una fotografía enviada por Summer.

Lucien estaba cocinando para ella.

En tres años jamás había cocinado para mí.

Tomé mi maleta.

Salí de nuestra casa.

Y antes de abordar el avión le envié mi último mensaje:

“Sé bueno con Summer. Les deseo felicidad.”

Apagué el teléfono.

No sabía que, media hora después, Lucien recibiría una llamada que cambiaría su vida.

El avión en el que todos creían que yo viajaba…

acababa de estrellarse.

Y mi nombre aparecía en la lista de pasajeros.

PARTE 2

Lucien dejó caer el teléfono.

—Eso es imposible.

Su asistente insistió:

—Alfa, tenemos la lista de pasajeros. El nombre de Luna Mia aparece allí.

Lucien negó con la cabeza.

—Mia está en casa.

Entonces recibió una segunda fotografía.

Era el certificado de terminación del vínculo que yo había dejado sobre su escritorio.

Sus manos comenzaron a temblar.

Solo entonces entendió qué documentos había firmado sin leer.

Nuestra unión había terminado.

Y aparentemente yo también había desaparecido para siempre.

Lucien regresó desesperadamente a la casa.

Encontró la mesa preparada.

Su comida favorita estaba intacta.

Mis cosas habían desaparecido.

Abrió armarios, cajones, habitaciones.

Nada.

Por primera vez comprendió que yo llevaba días preparándome para marcharme.

Summer intentó llamarlo.

Él apenas respondió.

—Mia estaba en ese avión.

Hubo un extraño silencio al otro lado.

—Lo siento —dijo Summer.

Pero Lucien detectó algo en su tono.

Casi alivio.

Colgó.

Durante los días siguientes se obsesionó con encontrar mi cuerpo.

Los equipos de rescate revisaron la zona del accidente.

No encontraron nada.

—Está viva —repetía Lucien—. Mia está viva.

Sus hombres intentaron convencerlo de aceptar la realidad.

Él se negó.

Mientras tanto, yo estaba cientos de kilómetros al sur.

Una tormenta había obligado a modificar mi vuelo en el último momento.

El avión que originalmente debía tomar se había estrellado.

Yo había sobrevivido únicamente porque el clima cambió mi ruta.

Durante semanas no contacté con nadie de mi antigua vida.

Volví a algo que había amado antes de conocer a Lucien:

la fotografía.

Caminaba por pueblos, montañas y humedales con mi cámara.

Por primera vez en una década mi vida no giraba alrededor de un Alfa.

Una editorial local vio mi trabajo y me ofreció empleo como fotógrafa.

Aquella oportunidad me devolvió algo que había perdido:

mi identidad.

Un día, mientras fotografiaba aves migratorias, conocí a Cody Smith.

También era fotógrafo.

No me preguntó quién era mi compañero.

No preguntó por mi rango.

Solo observó mis imágenes y dijo:

—Tus fotografías tienen vida.

Empezamos a coincidir con frecuencia.

Hablábamos durante horas.

Con él podía ser simplemente Mia.

No “la compañera del Alfa Lucien”.

No “la Omega que reemplazó a Summer”.

Solo yo.

Pero Lucien seguía buscando.

Meses después, uno de sus hombres encontró una pista.

Una mujer de un pequeño pueblo afirmaba haberme visto.

Lucien salió inmediatamente.

Summer intentó detenerlo.

—¡No vayas! —gritó—. ¡Estoy aquí! ¡Yo regresé por ti!

Lucien la apartó.

—Lo nuestro terminó hace años.

Summer comenzó a llorar.

Luego sacó un cuchillo de plata y amenazó con hacerse daño.

Lucien ordenó a sus guardias que la detuvieran.

—Llévenla de aquí.

Y siguió buscando.

Una tarde regresé a mi apartamento después de fotografiar con Cody.

Entonces lo vi.

Lucien estaba frente a mi puerta.

Parecía agotado.

Cuando me vio, sus ojos se llenaron de vida.

—¡Mia!

Corrió hacia mí.

Intentó abrazarme.

Lo aparté.

—Alfa Lucien, por favor respete mi espacio.

Se quedó inmóvil.

—¿Alfa Lucien?

—Nuestro vínculo terminó.

Lucien miró a Cody alejándose por la calle.

—¿Quién es él?

—Eso ya no es asunto tuyo.

Intenté entrar.

Lucien tomó mi muñeca.

—¿Por qué te fuiste?

Lo miré finalmente.

—Porque escuché lo que dijiste durante la reunión.

Su rostro cambió.

—¿Qué escuchaste?

—Que nunca me abandonarías porque tenías una responsabilidad conmigo.

Lucien abrió la boca.

—Mia, yo…

—No quería responsabilidad.

Mi voz salió tranquila.

—Quería amor.

Él comenzó a negar con la cabeza.

—Te amo.

Solté una pequeña sonrisa.

—Ahora.

Lucien apretó los puños.

—No. Siempre te amé. Solo estaba confundido por Summer.

—Ese es precisamente el problema.

Lo miré directamente.

—Yo nunca estuve confundida respecto a ti.

Él quedó en silencio.

Entonces su teléfono sonó.

Summer había intentado hacerse daño nuevamente.

Lucien dudó.

Lo vi exactamente igual que aquella noche meses atrás.

Dividido.

—Ve —le dije.

—Mia, regresaré.

—No hace falta.

Cerré la puerta.

Días después Lucien regresó.

Esta vez tenía una expresión distinta.

—Summer mintió —dijo—. Fingió todo para obligarme a volver. La expulsé de mi vida.

Esperó alguna reacción.

No la hubo.

—Mia, ahora sí podemos empezar de nuevo.

Negué.

—No.

Su rostro palideció.

—Pero ya no existe Summer entre nosotros.

—Nunca se trató solamente de Summer.

Lucien pareció no comprender.

—Se trataba de mí perdiéndome lentamente mientras esperaba que finalmente me eligieras.

Cody apareció poco después.

Lucien volvió a tomar mi mano.

—Mia, por favor.

Cody se interpuso.

—Ella ya respondió.

Lucien observó nuestras manos, nuestra cercanía, y algo en su expresión se quebró.

Finalmente me soltó.

Se alejó como un hombre que acababa de comprender que algunas cosas no pueden recuperarse simplemente porque uno se arrepienta.

Cuando desapareció, Cody me preguntó:

—¿Estás bien?

—Sí.

Y lo estaba.

Entonces Cody respiró profundamente.

—Mia, me gustas.

Me sorprendió.

—Cody…

—No tienes que responder ahora. Sé lo que has vivido.

Lo miré.

—No estoy preparada para otra relación.

Él sonrió.

—Entonces no tengamos una.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Viaja. Fotografía. Vive. Yo puedo esperar.

Aquellas palabras hicieron algo que las promesas desesperadas de Lucien ya no podían hacer.

Me hicieron sonreír.

Poco después recibí un nuevo encargo.

Debía viajar para fotografiar una migración de alces.

Subí al tren con mi cámara y mi equipaje.

Cuando llegué a mi asiento, encontré a Cody frente a mí.

—¿Qué haces aquí?

Él levantó su cámara.

—Pensé que podrías necesitar otro fotógrafo.

—¿Viniste solo por eso?

Sonrió.

—También prometí acompañarte a conocer el mundo.

Miré por la ventana.

El tren comenzó a avanzar.

Durante mucho tiempo había creído que perder a Lucien significaba perder mi única oportunidad de ser amada.

Ahora entendía lo contrario.

Alejarme de él había sido la primera vez que realmente había elegido amarme a mí misma.

Tomé mi cámara.

Cody señaló las montañas que aparecían a lo lejos.

—Mira.

Levanté el objetivo.

Por primera vez, cuando pensé en mi futuro, no vi a Lucien.

No vi a Summer.

No vi la manada que me había hecho sentir inferior por no tener un lobo interior.

Vi carreteras.

Montañas.

Ciudades que todavía no conocía.

Miles de fotografías que todavía no había tomado.

Y una vida que, finalmente, me pertenecía.

Sonreí mientras presionaba el obturador.

No sabía dónde terminaría aquel viaje.

Pero por primera vez en muchos años…

no necesitaba saberlo.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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