El Alfa enterró a su Luna y a su cachorro; cinco años después, un niño con su mismo rostro entró en su salón.
El Alfa enterró a su Luna y a su cachorro; cinco años después, un niño con su mismo rostro entró en su salón.

PARTE 1
Nunca imaginé que el hombre destinado a ser mi compañero de vida intentaría quitarme a mi propio hijo.
Sebastian Graham era mi pareja elegida por la diosa de la luna. Durante años creí que nuestro vínculo era algo sagrado, algo que nadie podría romper.
Yo era Olivia Sinclair, la Luna de nuestra manada y una oráculo capaz de escuchar los mensajes de la diosa de la luna. Gracias a mis visiones había salvado a nuestra gente de terremotos, ataques enemigos e incluso de intentos de asesinato contra Sebastian.
Pensé que todo lo que había sacrificado por él valía la pena.
Hasta que quedé embarazada.
Mi cachorro era la mayor bendición que había recibido. Cada noche colocaba mis manos sobre mi vientre y soñaba con el día en que podría verlo crecer.
Pero entonces Roxan Coleman regresó.
Ella era el amor de infancia de Sebastian.
Su cachorro tenía un problema cardíaco congénito y los sanadores dijeron que podría no sobrevivir. Entonces Sebastian llegó a mí con una petición que destruyó todo lo que creía sobre nuestro amor.
—Olivia… entrega nuestro cachorro a Roxan.
Me quedé completamente inmóvil.
Pensé que había escuchado mal.
—¿Quieres que le demos a nuestro hijo a otra mujer?
Sebastian bajó la mirada.
—Su manada la castigará si descubre que su cachorro no será fuerte. Roxan podría morir.
Por primera vez, vi algo en sus ojos que nunca había visto antes.
No era amor hacia mí.
Era culpa por ella.
Durante semanas insistió. Me decía que era la única forma de salvarla. Incluso intentó convencerme de que podríamos tener otro cachorro en el futuro.
Pero ese era mi hijo.
Nuestra sangre.
Nuestra vida.
—Sebastian, ¿y si nuestro cachorro crece pensando que nosotros no somos sus verdaderos padres? ¿Y si un día nos odia?
Por un momento pareció dudar.
Pero después volvió a elegirla.
—Sé que no es justo… pero no puedo dejar morir a Roxan.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
La última esperanza que tenía desapareció.
Entonces ocurrió algo que jamás imaginé.
Durante el control prenatal, descubrí que Sebastian había hecho algo imperdonable.
Había cambiado mi informe médico con el de Roxan.
Durante un mes entero había intentado robarme a mi hijo mientras fingía que todo era una decisión que yo debía tomar.
Cuando vi aquel documento con mi nombre y el diagnóstico que pertenecía al cachorro de Roxan…
mis manos comenzaron a temblar.
Sebastian ya había elegido.
Y esta vez…
yo también elegiría.
PARTE 2
Esa noche entendí que ya no podía seguir luchando por un hombre que estaba dispuesto a sacrificarme.
Había entregado mi poder, mi energía y mi vida por Sebastian y por la manada.
Pero para él, yo solo era alguien que podía ser reemplazada.
Mientras lloraba en silencio, recibí una llamada del Templo de la Luna.
Era Donovan Zeller, uno de los ancianos.
—Olivia, todavía estamos esperando tu respuesta. Ven al templo y acepta tu lugar como la nueva Oráculo Principal.
Durante mucho tiempo había rechazado esa oferta por Sebastian.
Pero ahora ya no tenía motivos para quedarme.
—Acepto.
Mi voz fue firme.
Por primera vez en mucho tiempo, estaba escogiendo mi propio camino.
El templo prometió ayudarme a eliminar la maldición de magia de sangre que había debilitado mi energía espiritual y proteger a mi cachorro.
También tenían una forma de romper mi vínculo con Sebastian sin dolor.
Era mi oportunidad de escapar.
Guardé la poción para cortar nuestro vínculo y esperé el momento adecuado.
Cuando Sebastian regresó, actuó como si nada hubiera pasado.
Me habló de Roxan, de su viaje con ella y de cómo debía acompañarla al Templo de la Luna para bendecir a su cachorro.
Después intentó abrazarme.
Pero esta vez di un paso atrás.
Su expresión cambió.
—¿Qué sucede, Olivia?
Bajé la mirada.
—Nada. Solo estoy cansada.
No podía decirle la verdad todavía.
No hasta estar completamente preparada.
Durante los días siguientes empaqué mis pertenencias y limpié nuestra casa.
Entonces comprendí algo doloroso.
Ese hogar solo había sido mío.
Yo había llenado cada habitación de recuerdos, flores y amor.
Sebastian nunca había cuidado nada.
Ni siquiera nuestra fotografía de boda tenía el mismo valor para él que la vieja imagen de Roxan y él cuando eran niños.
Cuando finalmente les conté a mis padres mi decisión, ellos quedaron devastados.
Pero al ver mi determinación, decidieron apoyarme.
También mi amiga Felicia se enfureció al saber la verdad.
—¡Sebastian intentó cambiar tu cachorro por el de otra mujer!
Pero yo ya no sentía odio.
Solo vacío.
Faltaban pocos días para irme.
Entonces llegó el momento de presentar oficialmente mi renuncia como Luna ante el consejo de ancianos.
Todos quedaron sorprendidos.
Pero yo sabía que ya no podía seguir siendo una sombra de mí misma.
Cuando regresé a casa, escuché risas.
Sebastian estaba allí.
Con Roxan.
Ella tomó mi brazo con una sonrisa falsa.
—Luna Olivia, gracias por permitir que Sebastian viajara conmigo. Me cuidó mucho.
Sebastian sonrió satisfecho.
—¿Ves? Te dije que esto ayudaría.
Los miré en silencio.
Ya no dolía.
Porque sabía que pronto desaparecería de sus vidas.
Esa noche, mientras cenábamos juntos por última vez, ocurrió algo inesperado.
Sebastian recordó que yo no comía perejil y pidió al camarero que no lo pusiera en mi plato.
Por un segundo, mi corazón quiso creer que todavía me amaba.
Pero Roxan sonrió.
—Qué curioso… también hacía eso conmigo cuando éramos niños.
Sus palabras destruyeron la última ilusión.
No era algo especial entre nosotros.
Era un recuerdo que pertenecía a ella.
Me levanté y fui al pasillo.
Entonces llamé a Donovan.
—Estoy lista. Me iré ahora.
Colgué.
Pero cuando me giré…
Sebastian estaba detrás de mí.
Había escuchado mis palabras.
Sus ojos estaban llenos de sospecha.
—¿Irte? ¿A dónde vas, Olivia?
Lo miré tranquila.
Él no sabía la verdad.
La persona que estaba a punto de marcharse…
era yo.