El alfa cruel desterró a su compañera ciega… hasta que el despiadado rey alfa se arrodilló ante ella bajo la lluvia.
El alfa cruel desterró a su compañera ciega… hasta que el despiadado rey alfa se arrodilló ante ella bajo la lluvia.

PARTE 1
Durante años, todos creyeron que una mujer rota no podía volver a levantarse.
Pero estaban equivocados.
Porque algunas almas no nacen para permanecer en la oscuridad.
Nacen para convertirse en una luz que nadie puede apagar.
Mi nombre es Cesily Neville.
Antes de que todos me llamaran débil, fui considerada la futura Luna del poderoso clan Warick.
Era la compañera destinada de Conrad, el Alfa de las Tierras Centrales.
Durante mi juventud, todos creían que mi futuro estaba escrito.
Yo estaría junto a él.
Gobernaría a su lado.
Sería la mujer que protegería y uniría a nuestro clan.
Pero entonces llegó la enfermedad.
Una terrible fiebre recorrió nuestros territorios y cambió mi vida para siempre.
Mi cuerpo logró sobrevivir gracias a mi naturaleza de loba, pero la enfermedad se llevó algo que jamás pude recuperar.
Mi vista.
Mis ojos, antes llenos de vida, quedaron cubiertos por un tono plateado.
Desde ese momento dejé de ver el mundo.
Pero aprendí a sentirlo de otra manera.
Podía escuchar pasos a distancia.
Reconocer aromas.
Sentir emociones escondidas en las voces de las personas.
Pensé que perder la vista sería mi mayor prueba.
Me equivoqué.
Mi verdadera prueba sería descubrir que la persona que prometió protegerme era quien más deseaba deshacerse de mí.
La noche del solsticio de invierno, todo Warick Keep estaba reunido.
Aunque no podía ver los grandes salones ni las banderas del clan, podía sentir la tensión en el aire.
Los murmullos.
Las miradas.
La compasión falsa de algunos.
El desprecio de otros.
Entonces escuché unos pasos acercándose.
No necesitaba ver para saber quién era.
Amelia.
Una noble del sur.
Hermosa.
Rica.
Con tierras y poder.
La mujer que todos consideraban una pareja mucho más conveniente para Conrad.
Sentada en mi lugar junto al Alfa, esperé sus palabras.
Pero nunca imaginé cuánto dolor podían causar.
Conrad se levantó.
El sonido de su silla golpeando el suelo hizo que todo el salón quedara en silencio.
—Un clan como Warick necesita fuerza —dijo con una voz fría—. Necesita una Luna capaz de luchar, liderar y proteger.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—Conrad… ¿qué estás haciendo?
Pero él no escuchó mi súplica.
—No puedo estar unido a alguien que ya no puede cumplir su papel.
Cada palabra era una herida.
—No puedo cargar con una Luna ciega y débil.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
Pero todavía esperaba que fuera una pesadilla.
Hasta que pronunció las palabras que cambiarían mi destino.
—Yo, Conrad de la Casa Warick, rechazo a Cesily Neville como mi compañera y como mi Luna.
El dolor fue indescriptible.
El vínculo entre compañeros no era una simple promesa.
Era una conexión de alma.
Y cuando él la rompió, sentí como si una parte de mí desapareciera.
Caí al suelo sin poder respirar.
Pero Conrad no mostró ninguna emoción.
—Guardias.
Su voz era fría.
—Quítenle el manto del clan. Será expulsada de estas tierras.
Un silencio aterrador llenó el salón.
Mi vieja cuidadora, Martha, corrió hacia mí.
—Mi señor, afuera hay una tormenta. Ella no sobrevivirá.
Entonces escuché la voz de Amelia.
Llena de satisfacción.
—Tal vez el invierno finalmente se encargue de lo que nosotros no pudimos.
Poco después, unas manos fuertes me levantaron.
Me arrastraron fuera del castillo.
Las enormes puertas de Warick Keep se abrieron.
El viento helado golpeó mi rostro.
Y antes de que pudiera prepararme…
Me arrojaron al suelo congelado.
La nieve y el barro cubrieron mi cuerpo.
La puerta se cerró detrás de mí.
Yo estaba sola.
Ciega.
Sin clan.
Sin compañero.
Sin nadie que me protegiera.
Pensé que aquel era el final de mi historia.
Pero entonces escuché algo en la oscuridad.
Un sonido profundo.
Un gruñido que hizo temblar la tierra.
No era un lobo común.
Era algo mucho más poderoso.
Y mientras una criatura desconocida se acercaba lentamente hacia mí…
Comprendí que tal vez mi vida no estaba terminando.
Tal vez apenas estaba comenzando.
PARTE 2
El rugido hizo que todo mi cuerpo se quedara inmóvil.
Incluso los lobos que me habían rodeado retrocedieron.
Yo no podía ver quién estaba frente a mí.
Pero podía sentirlo.
Su presencia era diferente.
Más fuerte que cualquier Alfa que hubiera conocido.
El aire cambió.
El miedo de los otros desapareció.
Solo quedó una sensación de poder absoluto.
Entonces escuché una voz.
—Mi Rey, la zona está segura.
Mi respiración se detuvo.
¿Rey?
Solo existía un hombre al que todos llamaban así.
El Rey del Norte.
Alistair Valois.
Un guerrero legendario conocido por su fuerza y por haber unido los territorios del norte.
Durante años había escuchado historias sobre él.
Decían que era frío.
Implacable.
Un hombre imposible de desafiar.
Y ahora estaba frente a mí.
Esperaba castigo.
Esperaba que me considerara una intrusa.
Pero ocurrió algo que nadie habría imaginado.
El hombre más temido del norte cayó de rodillas frente a mí.
Sentí sus manos levantarme con una delicadeza que no esperaba de alguien como él.
Me cubrió con su pesado manto real.
Su calor reemplazó el frío que había vivido durante días.
Entonces su voz cambió.
Ya no sonaba como un rey.
Sonaba como alguien herido por verme sufrir.
—¿Quién te hizo esto?
No pude responder inmediatamente.
Mis lágrimas cayeron.
—No puedo verte…
Mi voz se quebró.
—Estoy rota.
Hubo silencio.
Entonces sentí su mano tomando la mía.
—No estás rota.
Sus palabras fueron firmes.
—Te hicieron creer que tu valor dependía de tus ojos. Pero ellos estaban equivocados.
Por primera vez en mucho tiempo, alguien no me miraba como una carga.
Me veía como una persona.
Alistair me llevó a su reino.
Y allí ocurrió algo que jamás imaginé.
El hombre conocido como una bestia aprendió a cuidar mi corazón.
Mientras otros veían mi ceguera como una debilidad, él veía mis sentidos como una fortaleza.
Me enseñó que podía gobernar sin mirar un rostro.
Porque una verdadera reina no necesita ver para entender a su pueblo.
Con el paso del tiempo, descubrimos algo imposible.
El vínculo entre nosotros.
La conexión que la Luna había elegido.
Yo, la mujer que Warick había rechazado…
Era la compañera destinada del Rey del Norte.
Pero mi nueva vida todavía tendría una última prueba.
Durante una celebración en el norte, sentí un aroma familiar.
Uno que pertenecía a mi pasado.
Amelia.
Alguien había enviado a un hombre del sur con una intención oculta.
Mientras todos celebraban, mis sentidos detectaron algo peligroso.
El vino que ofrecían al rey no era normal.
Era una trampa.
Sin pensarlo, lancé mi mano y golpeé la copa antes de que Alistair pudiera beber.
El líquido cayó al suelo.
Y comenzó a quemar la madera.
Veneno.
Todos quedaron en silencio.
Alistair me miró sorprendido.
No como alguien que debía proteger.
Sino como alguien que acababa de salvarlo.
Ese día todos entendieron algo.
La mujer que Conrad había arrojado al barro no era débil.
Era la mujer que había protegido al rey más poderoso del continente.
Meses después, llegó el momento de regresar a Warick.
Conrad, desesperado por la caída de su clan, buscó ayuda del norte.
Nunca imaginó quién estaría esperando detrás de aquellas puertas.
Cuando entré en el gran salón, pude sentir su sorpresa.
El hombre que me había abandonado años atrás se quedó sin palabras.
Porque la mujer ciega que había considerado inútil ahora llevaba una corona.
Y caminaba al lado del Rey del Norte.
—Cesily… —susurró Conrad.
Pero esta vez yo no era la mujer que suplicaba amor.
Era una reina.
Y finalmente todos comprendieron la verdad:
No fue el invierno quien destruyó mi vida.
El invierno me dio la oportunidad de encontrar mi verdadero destino.