Durmió en su cama por error, y entonces el jefe de la mafia le propuso un trato que nadie esperaba.
Durmió en su cama por error, y entonces el jefe de la mafia le propuso un trato que nadie esperaba.

PARTE 1
Nunca imaginé que un simple error de una tarjeta de hotel pudiera cambiar mi vida para siempre.
Aquella noche en Chicago yo no buscaba aventuras, secretos ni problemas. Solo quería dormir.
Había pasado casi dos días trabajando sin descanso como coordinadora de un enorme evento benéfico llamado “Opulent Winds of Change”. Había corrido de un lado a otro, solucionando problemas, atendiendo invitados y sobreviviendo con café y pura fuerza de voluntad.
Cuando el último invitado abandonó el salón de eventos pasada la medianoche, sentí que mi cuerpo ya no podía más.
La empresa había reservado una habitación para mí en el hotel. La habitación 414.
El gerente nocturno me entregó una tarjeta magnética dentro de una pequeña funda de cartón. Estaba tan cansado como yo y ninguno de los dos notó que había un pequeño error en la impresión.
Subí al cuarto piso arrastrando los pies, apenas mirando los números dorados de las puertas.
Pasé mi tarjeta por la cerradura.
La luz se volvió verde.
La puerta se abrió.
Entré sin pensar.
La habitación estaba completamente oscura. Tenía un aroma extraño, una mezcla de madera fina y una bebida costosa. Pero yo estaba demasiado agotada para preguntarme si algo no estaba bien.
Me quité los zapatos, dejé mi ropa en el suelo y me acosté en aquella enorme cama.
No sabía que no estaba en mi habitación.
No sabía que había entrado en el lugar equivocado.
Y mucho menos sabía que esa equivocación me pondría frente al hombre más peligroso de Chicago.
Horas después desperté de una forma que jamás olvidaré.
No escuché una alarma.
No escuché una llamada.
Sentí algo frío cerca de mí y abrí los ojos aterrada.
Frente a mí estaba un hombre que parecía sacado de una revista de lujo, pero con la mirada de alguien acostumbrado a vivir rodeado de peligro.
Tenía ojos grises, una expresión fría y una presencia que llenaba toda la habitación.
—No grites —dijo con una voz baja y firme—. Dime quién te envió.
No entendía nada.
Mi corazón golpeaba mi pecho con fuerza.
—¿Quién eres? —pregunté temblando—. Yo solo soy Chloe Henderson. Trabajo organizando eventos. Mi habitación es la 414.
El hombre me observó en silencio.
Entonces otra persona salió del baño.
Era un hombre enorme vestido de traje oscuro. En su mano tenía la funda de mi tarjeta.
—Está diciendo la verdad, jefe —dijo—. La funda dice 414, pero la tarjeta abre esta habitación.
El hombre frente a mí bajó lentamente la mirada.
Por primera vez pareció darse cuenta de que yo no era una amenaza.
Soltó una pequeña risa amarga.
—Una equivocación de hotel… increíble.
Entonces escuchamos golpes fuertes en la puerta.
—¡Departamento de Policía de Chicago! ¡Abra inmediatamente!
La expresión del hombre cambió.
Ya no parecía confundido.
Parecía alguien calculando cada movimiento.
Se acercó a mí y habló en voz baja.
—Escúchame con atención, Chloe. Anoche ocurrió algo terrible en este hotel. Un hombre llamado Vincent Moretti apareció en otra habitación y ahora creen que yo estoy involucrado.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
—¿Y yo qué tengo que ver con eso?
Él me miró fijamente.
—A las tres de la mañana tú estabas aquí.
Negué con la cabeza.
—No puedo mentir por ti.
La puerta seguía recibiendo golpes.
Él se acercó un poco más.
—Ya estás involucrada. Porque eres la única persona que puede demostrar que yo no estaba solo.
No podía creer lo que estaba escuchando.
Un desconocido me estaba pidiendo que arriesgara mi vida por él.
Entonces la puerta comenzó a abrirse.
Y antes de que los detectives entraran, él susurró las palabras que cambiarían mi destino:
—Chloe, desde este momento tienes que hacer que todos crean que nosotros pasamos la noche juntos.
PARTE 2
La puerta se abrió y tres detectives entraron en la habitación.
El primero era un hombre llamado Rayburn. Su mirada recorrió el lugar con una seguridad arrogante, como si ya hubiera decidido que Dominic era culpable.
Yo permanecía sentada en la cama, intentando controlar el miedo.
Dominic caminaba por la habitación con una tranquilidad impresionante.
—Detective Rayburn —dijo con una calma absoluta—. ¿A qué debo esta visita tan inesperada?
El detective no respondió a su provocación.
Miró alrededor hasta detenerse en mí.
—¿Quién es ella?
Sentí que mi garganta se cerraba.
Ese era el momento.
Podía decir la verdad.
Podía explicar que todo había sido un error.
Pero algo dentro de mí recordó la forma en que Dominic había hablado. Recordé que no conocía las reglas de ese mundo. No sabía quién decía la verdad y quién estaba mintiendo.
Respiré profundamente.
—Él estuvo conmigo toda la noche.
Las palabras salieron antes de que pudiera arrepentirme.
Rayburn me observó con sospecha.
—Señorita, si alguien la está obligando a decir eso, todavía puede hablar.
Lo miré directamente.
—No estoy mintiendo.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Dominic me observó como si no esperara que yo realmente lo ayudara.
Finalmente los detectives se marcharon, pero Rayburn dejó una amenaza antes de salir.
—Esto no termina aquí, Castile.
Cuando la puerta se cerró, me levanté inmediatamente.
—Lo hice. Mentí por ti. Ahora déjame ir.
Dominic permaneció mirando la ciudad desde la ventana.
Entonces me dijo algo que me dejó paralizada.
—La policía revisará las cámaras. Descubrirán que entraste aquí por error. También descubrirán quién eres.
Fruncí el ceño.
—¿Quién soy?
Él giró lentamente.
—Una mujer que trabaja demasiado, que tiene una madre enferma y una enorme deuda médica.
Me quedé sin palabras.
¿Cómo sabía eso?
Dominic explicó que sus hombres habían investigado mientras yo dormía.
Me sentí invadida, pero también entendí que estaba frente a alguien que tenía poder suficiente para cambiar mi realidad.
Entonces sacó una pequeña caja de terciopelo y la dejó sobre la cama.
La abrí lentamente.
Dentro había un anillo de diamantes.
Mi respiración se detuvo.
—¿Qué significa esto?
Dominic me miró con seriedad.
—Significa que un simple encuentro accidental no será suficiente para protegernos.
Hizo una pausa.
—Necesitan creer que tienes una razón para defenderme.
No podía creer lo que estaba diciendo.
—No.
Su respuesta fue tranquila.
—A partir de hoy, Chloe Henderson, todos creerán que eres mi prometida.
Sentí que mi mundo se derrumbaba.
Yo solo quería una noche de descanso.
Ahora estaba atrapada en una mentira junto al hombre más famoso y temido de Chicago.
Pero Dominic cumplió su palabra.
En poco tiempo mi deuda desapareció. Mi madre recibió la mejor atención médica posible. Mi antigua vida quedó atrás y fui trasladada a un lugar que jamás imaginé conocer.
Un penthouse sobre la ciudad.
Vivir con Dominic era extraño.
Todos hablaban de él como un hombre frío e imposible de alcanzar.
Pero yo descubrí otra parte de él.
Recordaba cómo tomaba mi café.
Sabía qué comida me gustaba.
Nunca cruzaba mis límites.
La persona que todos temían parecía diferente cuando estábamos solos.
Pero esa pequeña sensación de seguridad desapareció una tarde lluviosa.
Mientras estaba en una boutique preparando mi vestido para la gala de compromiso, un desconocido entró por una puerta trasera.
Su mirada estaba llena de odio.
—Así que tú eres la mujer que estaba con Castile cuando mi hermano perdió todo —dijo.
Sentí miedo.
Era Lorenzo Moretti.
El enemigo de Dominic.
Me advirtió que esto apenas comenzaba y que yo también formaba parte de la guerra que se acercaba.
Cuando finalmente regresé al penthouse, Dominic me esperaba.
Al verme, su expresión cambió por completo.
Ya no era el hombre poderoso que todos temían.
Parecía alguien que realmente estaba preocupado por mí.
—Te hicieron daño —susurró.
Negué con la cabeza.
—Dominic, dime la verdad… ¿tú tuviste algo que ver con lo de Vincent Moretti?
Por primera vez vi cansancio en sus ojos.
—No, Chloe.
Se acercó lentamente.
—Alguien está intentando destruir a dos familias para quedarse con todo.
Entonces comprendí algo.
Yo había pensado que Dominic era el mayor peligro de mi vida.
Pero quizás el verdadero enemigo todavía estaba escondido.
Y la persona en quien más confiábamos estaba a punto de traicionarnos.